Cuando viajas por “los caminos polvorientos de la patria”, no es raro encontrar que en las inmediaciones de muchas poblaciones hay tiraderos de basura junto a las carreteras y ahí llegan camiones a depositar desechos. Por supuesto que las cunetas de muchas carreteras también están llenas de todo tipo de basura.
Eso no es raro porque si caminas por las calles de muchas poblaciones vas a encontrar lo mismo: basura, basura, basura. Incluso en los patios de las casas: llantas usadas, baldes rotos, latas de leche en polvo, trapos, alguna bicicleta vieja y más basura.
Date una vuelta por la fiesta patronal de casi cualquier pueblo y lo que vas a ver por todas partes son hojas de tamales, elotes desgranados, pañales usados y otras inmundicias.
Sin ir muy lejos, una vez a la semana, al otro lado de la calle de mi casa, amanecen bolsas negras llenas de basura. Sospecho que por la cantidad no se trata de residuos domésticos y apuesto una ceja a que los responsables de ese abuso son de alguna empresa a la que no le costaría mucho pagar un servicio de extracción de basura. En casa de mis padres y en las casas de mis abuelas, desde que yo era niño, llegaban los basureros con sus costales y se llevaban la basura en camiones amarillos. Mi tía abuela, Baby, una vez detuvo el carro en el que íbamos porque uno de mis primos arrojó un envoltorio en la carretera. La cultura de disponer bien de la basura se aprende desde que uno es chico.
Cuento esto porque la semana pasada participé en buena parte del “República Summit” de Sostenibilidad 2026: La basura, el reto pendiente. En esa actividad se expusieron datos escalofriantes y culminó con una observación inquietante: Fíjate que todos somos responsables de la basura. Tú, y yo. Todos.
A partir de ahí, te comparto otras ideas que se expusieron durante el encuentro: el manejo apropiado de la basura es un problema político y constituye una deuda del gobierno y de las municipalidades con los electores y los tributarios; pero la solución va por la vía de los incentivos y no por la de los castigos. Las leyes punitivas no van a cambiar la cultura de la gente, ni la de las autoridades a cargo del asunto.
El panel que escuché estuvo integrado por representantes de “la cadena ignorada” que limpia la ciudad: los recolectores y transportistas de desechos sólidos, así como los recicladores base. Los miembros de esta cadena que ya existe, no deben ser ignorados en cualquier solución que sea explorada.
El que mucho abarca, poco aprieta: los guatemaltecos podemos reducir sustancialmente el impacto de la basura si tan solo hubiera incentivos para tratar lo biodegradable. Y hablando de incentivos, el sector privado sería un aliado estratégico en cualquier ruta que se explore para el manejo de residuos.
Durante mi permanencia en el foro también escuché siete modelos que tienen impactos positivos en el manejo de la basura: Proverde, Castillo Hermanos, BAC, Cayalá, Desarrollo en Movimiento, Revo y Grupo AG. Esos modelos muestran diferentes vías para gestionar residuos: coprocesamiento, reciclaje de plástico, financiamiento sostenible, valorización urbana, rescate de alimentos, recuperación de vidrio y reciclaje de chatarra. Todos con visiones de largo plazo.
Haces ratos un amigo le preguntó a un alcalde que por qué había tanta basura en las afueras del pueblo; y lo que el munícipe contestó fue: “Es que aquí no hay río”. ¿Ves? En todo caso, el manejo de la basura no se va a arreglar con proyectos aislados. Este asunto desagradable requiere de una estrategia nacional capaz de inspirar e integrar a las personas, empresas, municipalidades y autoridades. Porque la basura no desaparece; solo cambia de lugar cuando no se administra con responsabilidad.
Lo cierto es que la basura no se arregla con discursos, ni con proyectos aislados. Mientras no se alineen los incentivos para que la gente, las empresas y las municipalidades hagan lo correcto porque les conviene, y no solo porque les multan, seguiremos viendo vertederos junto a las carreteras y bolsas negras frente a las casas. Cadenas de soluciones ya existen; lo que falta es dejarlas trabajar y construir sobre lo que ya da resultados.
Si te interesan estos temas visita luisfi61.com
Cuando viajas por “los caminos polvorientos de la patria”, no es raro encontrar que en las inmediaciones de muchas poblaciones hay tiraderos de basura junto a las carreteras y ahí llegan camiones a depositar desechos. Por supuesto que las cunetas de muchas carreteras también están llenas de todo tipo de basura.
Eso no es raro porque si caminas por las calles de muchas poblaciones vas a encontrar lo mismo: basura, basura, basura. Incluso en los patios de las casas: llantas usadas, baldes rotos, latas de leche en polvo, trapos, alguna bicicleta vieja y más basura.
Date una vuelta por la fiesta patronal de casi cualquier pueblo y lo que vas a ver por todas partes son hojas de tamales, elotes desgranados, pañales usados y otras inmundicias.
Sin ir muy lejos, una vez a la semana, al otro lado de la calle de mi casa, amanecen bolsas negras llenas de basura. Sospecho que por la cantidad no se trata de residuos domésticos y apuesto una ceja a que los responsables de ese abuso son de alguna empresa a la que no le costaría mucho pagar un servicio de extracción de basura. En casa de mis padres y en las casas de mis abuelas, desde que yo era niño, llegaban los basureros con sus costales y se llevaban la basura en camiones amarillos. Mi tía abuela, Baby, una vez detuvo el carro en el que íbamos porque uno de mis primos arrojó un envoltorio en la carretera. La cultura de disponer bien de la basura se aprende desde que uno es chico.
Cuento esto porque la semana pasada participé en buena parte del “República Summit” de Sostenibilidad 2026: La basura, el reto pendiente. En esa actividad se expusieron datos escalofriantes y culminó con una observación inquietante: Fíjate que todos somos responsables de la basura. Tú, y yo. Todos.
A partir de ahí, te comparto otras ideas que se expusieron durante el encuentro: el manejo apropiado de la basura es un problema político y constituye una deuda del gobierno y de las municipalidades con los electores y los tributarios; pero la solución va por la vía de los incentivos y no por la de los castigos. Las leyes punitivas no van a cambiar la cultura de la gente, ni la de las autoridades a cargo del asunto.
El panel que escuché estuvo integrado por representantes de “la cadena ignorada” que limpia la ciudad: los recolectores y transportistas de desechos sólidos, así como los recicladores base. Los miembros de esta cadena que ya existe, no deben ser ignorados en cualquier solución que sea explorada.
El que mucho abarca, poco aprieta: los guatemaltecos podemos reducir sustancialmente el impacto de la basura si tan solo hubiera incentivos para tratar lo biodegradable. Y hablando de incentivos, el sector privado sería un aliado estratégico en cualquier ruta que se explore para el manejo de residuos.
Durante mi permanencia en el foro también escuché siete modelos que tienen impactos positivos en el manejo de la basura: Proverde, Castillo Hermanos, BAC, Cayalá, Desarrollo en Movimiento, Revo y Grupo AG. Esos modelos muestran diferentes vías para gestionar residuos: coprocesamiento, reciclaje de plástico, financiamiento sostenible, valorización urbana, rescate de alimentos, recuperación de vidrio y reciclaje de chatarra. Todos con visiones de largo plazo.
Haces ratos un amigo le preguntó a un alcalde que por qué había tanta basura en las afueras del pueblo; y lo que el munícipe contestó fue: “Es que aquí no hay río”. ¿Ves? En todo caso, el manejo de la basura no se va a arreglar con proyectos aislados. Este asunto desagradable requiere de una estrategia nacional capaz de inspirar e integrar a las personas, empresas, municipalidades y autoridades. Porque la basura no desaparece; solo cambia de lugar cuando no se administra con responsabilidad.
Lo cierto es que la basura no se arregla con discursos, ni con proyectos aislados. Mientras no se alineen los incentivos para que la gente, las empresas y las municipalidades hagan lo correcto porque les conviene, y no solo porque les multan, seguiremos viendo vertederos junto a las carreteras y bolsas negras frente a las casas. Cadenas de soluciones ya existen; lo que falta es dejarlas trabajar y construir sobre lo que ya da resultados.
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