El terremoto en Venezuela fue, sin duda, un desastre natural: un doblete sísmico. En junio, con pocos días de diferencia, ocurrieron eventos similares en Italia, Kazajistán, Japón, Estados Unidos, China, Indonesia y Filipinas. Sin embargo, sólo en Venezuela se convirtió en una hipertragedia. Aunque el cataclismo telúrico responde al proceso natural y previsible de acomodación de las placas tectónicas, la hipercatástrofe es consecuencia de 27 años de socialismo.
El socialismo es una ideología producto de mentes insensatas e irrazonables, de hombres deshonestos y de mala fe. Ya indiqué antes que actuar de mala fe es pretender engañarse uno mismo, y la deshonestidad es fingir que la realidad es distinta de cómo es, no es sólo evasión, sino que es no encarar la realidad.
Fingen los socialistas que el individuo no es un fin en sí mismo, sino que el medio para los fines de otros y, por tanto, sacrificable en aras del fin del gobernante. Si el déspota quiere robarse parte del territorio de su vecino usa a los jóvenes de su país como si fueran soldaditos de plomo en un juego macabro sin que le importe un comino si mueren en el proceso de satisfacer su capricho.
Fingen los socialistas que no existe causalidad necesaria entre la libertad del individuo de actuar de acuerdo con su mejor juicio para buscar conseguir aquello que le es de provecho y alcanzar así su prosperidad, por lo que se le puede quitar la libertad, sin que la prosperidad disminuya pues la consideran un fenómeno puramente accidental.
Fingen los socialistas que la sociedad, la asociación voluntaria para cooperar, no es un medio para que cada asociado alcance sus propios fines, sino al revés, la sociedad es el fin y el individuo el medio para alcanzar los fines de la sociedad, es decir, los fines del gobernante.
Fingen los socialistas que la cooperación mediante la división del trabajo para producir bienes y el intercambio comercial de estos bienes producidos no es la causa de la riqueza, insistiendo en que la riqueza está ahí para ser redistribuida por el gobierno.
Fingen los socialistas que el precio de un bien no es las cantidades acordadas entre los negociantes para que se dé el intercambio, sino que lo establecido por mandato del gobernante.
Fingen los socialistas que los precios no dan información de lo que los consumidores demandan indicando por donde debe conducirse los esfuerzos productivos, sino que la decisión de que y cuanto producir puede tomarla arbitrariamente un funcionario gubernamental sin la consecuencia de desperdiciar y despilfarrar recursos.
Fingen los socialistas que la escasez de recursos no existe por lo que basta con imprimir más moneda para que todos aumenten su riqueza, sin la consecuencia de que la moneda se devalúe.
Fingen los socialistas que el afán de lucro no es la causa de todos los bienes, sino la causa de todos los males, no encarando que la consecuencia de eliminar el afán de lucro en la comunidad es causa del empobrecimiento del pueblo. Porque el afán de lucro es la causa de todos los bienes, literalmente, causa de todos los bienes materiales e inmateriales que se intercambian en el mercado para mejorar la calidad de vida de quienes participan en este proceso mercantil. Porque el afán de lucro es el afán de crear valor para el consumidor, pues quien pretende lucrar sólo puede hacerlo sirviendo a su prójimo, ofreciéndole aquello que mejor les sirva a sus fines.
Fingen los socialistas que como el afán de lucro es lo que mueve a los empresarios, estos en lugar de ser los benefactores, son los enemigos del pueblo y, por eso, las obras deben hacerlas el gobierno quien no actúa por ese ‘afán de lucro’.
Fingen los socialistas que construir edificios sin afán de lucro, pero con afán de expoliación, de robarse los recursos asignados a dichas obras, en un mar de corrupción, es la manera moral de proveer vivienda a los venezolanos, y milagrosamente, no se desplomarán en caso de un terremoto, teniendo columnas mal reforzadas con hierro liso y pocos o sin estribos, con concreto de mala calidad, elementos estructurales con núcleos de duroport, sin estudios de suelos, cimentación deficiente, etc., y pesimamente construidos.
Fingen los socialistas que esto no pasará porque prodigiosamente no habrá terremotos, aun cuando los expertos han anunciado y explicado que este fenómeno natural se da cada cincuenta años aproximadamente, por lo que no hace falta aprovisionarse para un desastre así.
Fingen los socialistas que de alguna manera maravillosa no habrá miles de muertos y heridos por causa de esta imprudente irresponsabilidad.
La raíz de todos los males es la insensatez. En una tragedia como esta donde cada minuto cuenta, vemos al gobierno socialista, por medio de sus militares y policías, que en lugar de estar ayudando con las labores de rescate, está impidiendo que la ayuda internacional llegue a Venezuela, como con los bomberos de Medellín retenidos horas en la frontera; bloqueando la entrada a los médicos que intentan ayudar a los heridos; entorpeciendo a los mismos habitantes que quieren ayudar a sus prójimos obligándolos a registrarse para obtener un permiso para entrar a la Guaira e informándoles que deben regresar al día siguiente porque no hay sistema, como si las víctimas soterradas tuvieran todo el tiempo del mundo para esperar; cerrando los centros de acopio organizados por la oposición; en fin, haciendo todo lo contrario a lo que aconseja la sensatez, la prudencia y la benevolencia.
La hipertragedia continúa por causa de la insensatez socialista.
El terremoto en Venezuela fue, sin duda, un desastre natural: un doblete sísmico. En junio, con pocos días de diferencia, ocurrieron eventos similares en Italia, Kazajistán, Japón, Estados Unidos, China, Indonesia y Filipinas. Sin embargo, sólo en Venezuela se convirtió en una hipertragedia. Aunque el cataclismo telúrico responde al proceso natural y previsible de acomodación de las placas tectónicas, la hipercatástrofe es consecuencia de 27 años de socialismo.
El socialismo es una ideología producto de mentes insensatas e irrazonables, de hombres deshonestos y de mala fe. Ya indiqué antes que actuar de mala fe es pretender engañarse uno mismo, y la deshonestidad es fingir que la realidad es distinta de cómo es, no es sólo evasión, sino que es no encarar la realidad.
Fingen los socialistas que el individuo no es un fin en sí mismo, sino que el medio para los fines de otros y, por tanto, sacrificable en aras del fin del gobernante. Si el déspota quiere robarse parte del territorio de su vecino usa a los jóvenes de su país como si fueran soldaditos de plomo en un juego macabro sin que le importe un comino si mueren en el proceso de satisfacer su capricho.
Fingen los socialistas que no existe causalidad necesaria entre la libertad del individuo de actuar de acuerdo con su mejor juicio para buscar conseguir aquello que le es de provecho y alcanzar así su prosperidad, por lo que se le puede quitar la libertad, sin que la prosperidad disminuya pues la consideran un fenómeno puramente accidental.
Fingen los socialistas que la sociedad, la asociación voluntaria para cooperar, no es un medio para que cada asociado alcance sus propios fines, sino al revés, la sociedad es el fin y el individuo el medio para alcanzar los fines de la sociedad, es decir, los fines del gobernante.
Fingen los socialistas que la cooperación mediante la división del trabajo para producir bienes y el intercambio comercial de estos bienes producidos no es la causa de la riqueza, insistiendo en que la riqueza está ahí para ser redistribuida por el gobierno.
Fingen los socialistas que el precio de un bien no es las cantidades acordadas entre los negociantes para que se dé el intercambio, sino que lo establecido por mandato del gobernante.
Fingen los socialistas que los precios no dan información de lo que los consumidores demandan indicando por donde debe conducirse los esfuerzos productivos, sino que la decisión de que y cuanto producir puede tomarla arbitrariamente un funcionario gubernamental sin la consecuencia de desperdiciar y despilfarrar recursos.
Fingen los socialistas que la escasez de recursos no existe por lo que basta con imprimir más moneda para que todos aumenten su riqueza, sin la consecuencia de que la moneda se devalúe.
Fingen los socialistas que el afán de lucro no es la causa de todos los bienes, sino la causa de todos los males, no encarando que la consecuencia de eliminar el afán de lucro en la comunidad es causa del empobrecimiento del pueblo. Porque el afán de lucro es la causa de todos los bienes, literalmente, causa de todos los bienes materiales e inmateriales que se intercambian en el mercado para mejorar la calidad de vida de quienes participan en este proceso mercantil. Porque el afán de lucro es el afán de crear valor para el consumidor, pues quien pretende lucrar sólo puede hacerlo sirviendo a su prójimo, ofreciéndole aquello que mejor les sirva a sus fines.
Fingen los socialistas que como el afán de lucro es lo que mueve a los empresarios, estos en lugar de ser los benefactores, son los enemigos del pueblo y, por eso, las obras deben hacerlas el gobierno quien no actúa por ese ‘afán de lucro’.
Fingen los socialistas que construir edificios sin afán de lucro, pero con afán de expoliación, de robarse los recursos asignados a dichas obras, en un mar de corrupción, es la manera moral de proveer vivienda a los venezolanos, y milagrosamente, no se desplomarán en caso de un terremoto, teniendo columnas mal reforzadas con hierro liso y pocos o sin estribos, con concreto de mala calidad, elementos estructurales con núcleos de duroport, sin estudios de suelos, cimentación deficiente, etc., y pesimamente construidos.
Fingen los socialistas que esto no pasará porque prodigiosamente no habrá terremotos, aun cuando los expertos han anunciado y explicado que este fenómeno natural se da cada cincuenta años aproximadamente, por lo que no hace falta aprovisionarse para un desastre así.
Fingen los socialistas que de alguna manera maravillosa no habrá miles de muertos y heridos por causa de esta imprudente irresponsabilidad.
La raíz de todos los males es la insensatez. En una tragedia como esta donde cada minuto cuenta, vemos al gobierno socialista, por medio de sus militares y policías, que en lugar de estar ayudando con las labores de rescate, está impidiendo que la ayuda internacional llegue a Venezuela, como con los bomberos de Medellín retenidos horas en la frontera; bloqueando la entrada a los médicos que intentan ayudar a los heridos; entorpeciendo a los mismos habitantes que quieren ayudar a sus prójimos obligándolos a registrarse para obtener un permiso para entrar a la Guaira e informándoles que deben regresar al día siguiente porque no hay sistema, como si las víctimas soterradas tuvieran todo el tiempo del mundo para esperar; cerrando los centros de acopio organizados por la oposición; en fin, haciendo todo lo contrario a lo que aconseja la sensatez, la prudencia y la benevolencia.
La hipertragedia continúa por causa de la insensatez socialista.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: