¿Guatemala tiene remedio?
Los mismos que exigen un gobierno limpio tiran basura y desperdician agua en sequía. Cultura, precios y voto en Guatemala.
Los mismos guatemaltecos que quieren un gobierno que no sea corrupto y que cumpla con la ley, son los chapines que no dudan en desperdiciar agua a guacalazos durante una sequía agrícola y alimentaria, y no dudan en arrojar toneladas de basura a las calles y a los tragantes, basura que luego termina en ríos, lagos y en el mar.
A mediados de septiembre de 2026, Guatemala enfrenta un déficit hídrico acumulado desde el inicio de la temporada lluviosa, una canícula más larga e intensa de lo habitual y temperaturas por encima de lo normal. El fenómeno no es uniforme en todo el país: hay un déficit de alrededor del 29 % respecto a lo normal en el Pacífico y el Altiplano Central, y de 17 % en Occidente; en julio, algunos departamentos del oriente registraron déficits de hasta 75 %. La reducción nacional rondó un tercio en la primera parte de la época lluviosa. La sequía tiene un impacto agrícola y humano.
Los guatemaltecos generamos unos 3.2 millones de toneladas de basura al año. En el vertedero del km 24, el 78 % de lo que entra viene de hogares; y hay unos 2,000 vertederos ilegales en todo el país. El tema de la basura no es sólo ambiental, sino de salud, competitividad, inversión, institucionalidad y turismo; y ya superó la capacidad de una sola organización, o municipalidad. Con respecto al plástico, el problema es el uso y la disposición, no su existencia. En los ríos Las Vacas y Motagua, por mencionar dos, el flujo masivo de basura y aguas negras llega al Caribe y a las Islas de la Bahía.
Te cuento esto porque durante la fiesta de las antorchas, que es una celebración chapina muy querida en el contexto de la conmemoración de la desvinculación de Guatemala de la monarquía hispánica, desde hace unos tres años surgió la costumbre cafre de lanzar bolsas plásticas con agua, o de lanzar guacalazos del líquido vital a quienes portan el fuego de la libertad.
Esa práctica se agravó el año pasado cuando grupos interesados repartieron bolsas con agua —gratuitas— en lugares estratégicos para facilitar y exacerbar la tiradera. Este año no se dio este fenómeno, pero la barbarie se enraizó entre algunos grupos sociales. En la noche del 14 de septiembre se desperdiciaron quién sabe cuántos galones de agua y se acumularon quién sabe cuántas toneladas de bolsas.
¿Por qué es que la gente puede desperdiciar así el agua? En primer lugar porque el precio del líquido vital es subsidiado. A falta de derechos de propiedad del agua y de un mercado de aguas, la gente no paga el precio real del agua. Por eso es que hay gente que lava con mangueras sus carros y se da el lujo de lanzar agua a los antorcheros. Encima, ningún gobierno tiene la autoridad moral, ni la capacidad de hacer que se cumpla una prohibición de lanzar agua.
¿Qué tipo de gente hace aquello? El mismo tipo de gente que en los patios de sus casas tiene tirados botes de leche, llantas usadas y otros desechos. Es el mismo tipo de gente que lleva la música a todo volumen en el bus y mete todos los watts cualquier domingo en el barrio. Es la gente que puede vivir en el desorden, el barullo y en la ausencia de reglas. Es la gente para quien la prudencia suena como cobardía y la gente que vive sus vidas entre pasiones vehementes e impulsos irresistibles que los empujan a actuar. Estos rasgos, digamos, son parte de una cultura de suciedad, ruido, irrespeto y cortoplacismo.
Y esa gente vota a todo lo ancho y a todo lo largo de Guatemala. Esa gente elige autoridades y exige políticas públicas. Esa gente, ¿son los más?
El remedio no cabe en un plan, ni en un discurso. Cabe, si cabe, cuando el agua tiene precio, la basura tiene costo y el que ensucia la calle no es el mismo que después exige un país limpio.
Si te interesan estos temas, visita luisfi61.com
¿Guatemala tiene remedio?
Los mismos que exigen un gobierno limpio tiran basura y desperdician agua en sequía. Cultura, precios y voto en Guatemala.
Los mismos guatemaltecos que quieren un gobierno que no sea corrupto y que cumpla con la ley, son los chapines que no dudan en desperdiciar agua a guacalazos durante una sequía agrícola y alimentaria, y no dudan en arrojar toneladas de basura a las calles y a los tragantes, basura que luego termina en ríos, lagos y en el mar.
A mediados de septiembre de 2026, Guatemala enfrenta un déficit hídrico acumulado desde el inicio de la temporada lluviosa, una canícula más larga e intensa de lo habitual y temperaturas por encima de lo normal. El fenómeno no es uniforme en todo el país: hay un déficit de alrededor del 29 % respecto a lo normal en el Pacífico y el Altiplano Central, y de 17 % en Occidente; en julio, algunos departamentos del oriente registraron déficits de hasta 75 %. La reducción nacional rondó un tercio en la primera parte de la época lluviosa. La sequía tiene un impacto agrícola y humano.
Los guatemaltecos generamos unos 3.2 millones de toneladas de basura al año. En el vertedero del km 24, el 78 % de lo que entra viene de hogares; y hay unos 2,000 vertederos ilegales en todo el país. El tema de la basura no es sólo ambiental, sino de salud, competitividad, inversión, institucionalidad y turismo; y ya superó la capacidad de una sola organización, o municipalidad. Con respecto al plástico, el problema es el uso y la disposición, no su existencia. En los ríos Las Vacas y Motagua, por mencionar dos, el flujo masivo de basura y aguas negras llega al Caribe y a las Islas de la Bahía.
Te cuento esto porque durante la fiesta de las antorchas, que es una celebración chapina muy querida en el contexto de la conmemoración de la desvinculación de Guatemala de la monarquía hispánica, desde hace unos tres años surgió la costumbre cafre de lanzar bolsas plásticas con agua, o de lanzar guacalazos del líquido vital a quienes portan el fuego de la libertad.
Esa práctica se agravó el año pasado cuando grupos interesados repartieron bolsas con agua —gratuitas— en lugares estratégicos para facilitar y exacerbar la tiradera. Este año no se dio este fenómeno, pero la barbarie se enraizó entre algunos grupos sociales. En la noche del 14 de septiembre se desperdiciaron quién sabe cuántos galones de agua y se acumularon quién sabe cuántas toneladas de bolsas.
¿Por qué es que la gente puede desperdiciar así el agua? En primer lugar porque el precio del líquido vital es subsidiado. A falta de derechos de propiedad del agua y de un mercado de aguas, la gente no paga el precio real del agua. Por eso es que hay gente que lava con mangueras sus carros y se da el lujo de lanzar agua a los antorcheros. Encima, ningún gobierno tiene la autoridad moral, ni la capacidad de hacer que se cumpla una prohibición de lanzar agua.
¿Qué tipo de gente hace aquello? El mismo tipo de gente que en los patios de sus casas tiene tirados botes de leche, llantas usadas y otros desechos. Es el mismo tipo de gente que lleva la música a todo volumen en el bus y mete todos los watts cualquier domingo en el barrio. Es la gente que puede vivir en el desorden, el barullo y en la ausencia de reglas. Es la gente para quien la prudencia suena como cobardía y la gente que vive sus vidas entre pasiones vehementes e impulsos irresistibles que los empujan a actuar. Estos rasgos, digamos, son parte de una cultura de suciedad, ruido, irrespeto y cortoplacismo.
Y esa gente vota a todo lo ancho y a todo lo largo de Guatemala. Esa gente elige autoridades y exige políticas públicas. Esa gente, ¿son los más?
El remedio no cabe en un plan, ni en un discurso. Cabe, si cabe, cuando el agua tiene precio, la basura tiene costo y el que ensucia la calle no es el mismo que después exige un país limpio.
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EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: