Actualidad
Actualidad
Política
Política
Empresa
Empresa
Opinión
Opinión
Webinars
Webinars
Inmobiliaria
Inmobiliaria
Eventos
Eventos
Agenda Empresarial
Agenda Empresarial
Descubre
Descubre

¿Está temblando más o estamos prestando más atención?

“No podemos predecir cuándo ocurrirá el próximo terremoto, pero sí podemos prestar atención y reducir nuestra vulnerabilidad”.

Luis Diego Dávila | ldavila@unis.edu.gt |
09 de septiembre, 2026

En los últimos meses, los terremotos han vuelto a ocupar los titulares y las redes sociales en distintos lugares del mundo: 7 de junio en Filipinas, 24 de junio en Venezuela, 17 de julio en México y Guatemala, 10 de agosto en Colombia, y más en Perú, Indonesia, Tonga, Japón y otros países donde se han registrado eventos de magnitud alta. Esta actividad sísmica tan intensa en un periodo de tiempo limitado ha inquietado a muchas personas: ¿está aumentando la actividad sísmica de la Tierra? ¿Todos los terremotos están relacionados?

Las preguntas son comprensibles. Cuando ocurren varios terremotos en un periodo relativamente corto, nuestra primera impresión es que algo está cambiando. Las noticias, las redes sociales y las alertas tempranas hacen que tengamos conocimiento casi inmediato de eventos que ocurren a cientos o miles de kilómetros de distancia. Esta sobreinformación inmediata ha impulsado una mayor conciencia de la realidad mundial y en algunos casos incluso genera inquietud.

Sin embargo, la evidencia científica no indica que estemos entrando en una época de mayor actividad sísmica a escala global. Los terremotos forman parte del comportamiento natural de la Tierra. La teoría de las placas tectónicas es la respuesta más válida hasta el momento. Esta teoría señala que la superficie terrestre está fragmentada en placas tectónicas que se desplazan unas respecto a otras, interactuando entre sí, normalmente a velocidades de unos cuantos centímetros al año. Este desplazamiento se debe al intercambio y transferencia de calor desde el núcleo del planeta hasta la corteza terrestre, entre la litosfera y la astenosfera. Además, esta interacción entre placas genera esfuerzos que se acumulan y acaban produciendo rupturas que causan los terremotos.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER

Muchas veces, el problema está en nuestra percepción del tiempo. Los procesos geológicos ocurren en escalas temporales muy diferentes a las humanas. Un periodo de varios meses con una alta actividad sísmica nos puede parecer extraordinariamente activo, pero representa un instante para la historia geológica. Por tanto, un límite entre placas puede estar acumulando esfuerzos desde hace años, décadas o siglos, y tarde o temprano se superará el límite de resistencia de las rocas y se producirá una ruptura brusca: un terremoto.

Además, es necesario advertir que la capacidad actual de medición de los sismos ha incrementado considerablemente. A mayor densidad de redes sismológicas, mayor detalle y capacidad de medición, lo que permite tener una mayor definición de los eventos que ocurren. Por tanto, reforzar nuestra red sísmica es fundamental para registrar eventos que antes pasaban desapercibidos. Las nuevas tecnologías y medios de comunicación hacen posible conocerlos prácticamente en tiempo real.

Por tanto, no necesariamente están ocurriendo más terremotos, sino que estamos más preparados para medirlos y escucharlos. El desplazamiento de las placas tectónicas no es un fenómeno sincronizado a escala planetaria; las fallas de los Andes, del Caribe, del Pacífico responden a contextos tectónicos y desplazamientos muy diferentes. Sin embargo, estas inquietudes nos llevan a plantearnos algo más importante para Guatemala.

Nuestra realidad sísmica no depende de la actividad mundial para estar en riesgo. Nuestro país se encuentra en una de las regiones sísmicas más activas del planeta. Esta condición hace que los temblores y los terremotos formen parte de nuestra realidad y que estemos obligados a estudiarlos de manera permanente y cada vez con mayor detalle.

En esta región, la actividad sísmica no debería ser una noticia extraordinaria o un fenómeno anormal. Debería ser parte de nuestra planificación y prevención. La pregunta fundamental que debemos hacernos cuando vemos noticias de terremotos es si estamos haciendo lo suficiente para enfrentar el próximo. La amenaza sísmica no necesita aumentar para convertirse en una preocupación o un problema. El desafío está en que no disminuya nuestra percepción de riesgo cuando pase el tiempo y nos olvidemos de nuestra realidad sísmica.

¿Está temblando más o estamos prestando más atención?

“No podemos predecir cuándo ocurrirá el próximo terremoto, pero sí podemos prestar atención y reducir nuestra vulnerabilidad”.

Luis Diego Dávila | ldavila@unis.edu.gt |
09 de septiembre, 2026

En los últimos meses, los terremotos han vuelto a ocupar los titulares y las redes sociales en distintos lugares del mundo: 7 de junio en Filipinas, 24 de junio en Venezuela, 17 de julio en México y Guatemala, 10 de agosto en Colombia, y más en Perú, Indonesia, Tonga, Japón y otros países donde se han registrado eventos de magnitud alta. Esta actividad sísmica tan intensa en un periodo de tiempo limitado ha inquietado a muchas personas: ¿está aumentando la actividad sísmica de la Tierra? ¿Todos los terremotos están relacionados?

Las preguntas son comprensibles. Cuando ocurren varios terremotos en un periodo relativamente corto, nuestra primera impresión es que algo está cambiando. Las noticias, las redes sociales y las alertas tempranas hacen que tengamos conocimiento casi inmediato de eventos que ocurren a cientos o miles de kilómetros de distancia. Esta sobreinformación inmediata ha impulsado una mayor conciencia de la realidad mundial y en algunos casos incluso genera inquietud.

Sin embargo, la evidencia científica no indica que estemos entrando en una época de mayor actividad sísmica a escala global. Los terremotos forman parte del comportamiento natural de la Tierra. La teoría de las placas tectónicas es la respuesta más válida hasta el momento. Esta teoría señala que la superficie terrestre está fragmentada en placas tectónicas que se desplazan unas respecto a otras, interactuando entre sí, normalmente a velocidades de unos cuantos centímetros al año. Este desplazamiento se debe al intercambio y transferencia de calor desde el núcleo del planeta hasta la corteza terrestre, entre la litosfera y la astenosfera. Además, esta interacción entre placas genera esfuerzos que se acumulan y acaban produciendo rupturas que causan los terremotos.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER

Muchas veces, el problema está en nuestra percepción del tiempo. Los procesos geológicos ocurren en escalas temporales muy diferentes a las humanas. Un periodo de varios meses con una alta actividad sísmica nos puede parecer extraordinariamente activo, pero representa un instante para la historia geológica. Por tanto, un límite entre placas puede estar acumulando esfuerzos desde hace años, décadas o siglos, y tarde o temprano se superará el límite de resistencia de las rocas y se producirá una ruptura brusca: un terremoto.

Además, es necesario advertir que la capacidad actual de medición de los sismos ha incrementado considerablemente. A mayor densidad de redes sismológicas, mayor detalle y capacidad de medición, lo que permite tener una mayor definición de los eventos que ocurren. Por tanto, reforzar nuestra red sísmica es fundamental para registrar eventos que antes pasaban desapercibidos. Las nuevas tecnologías y medios de comunicación hacen posible conocerlos prácticamente en tiempo real.

Por tanto, no necesariamente están ocurriendo más terremotos, sino que estamos más preparados para medirlos y escucharlos. El desplazamiento de las placas tectónicas no es un fenómeno sincronizado a escala planetaria; las fallas de los Andes, del Caribe, del Pacífico responden a contextos tectónicos y desplazamientos muy diferentes. Sin embargo, estas inquietudes nos llevan a plantearnos algo más importante para Guatemala.

Nuestra realidad sísmica no depende de la actividad mundial para estar en riesgo. Nuestro país se encuentra en una de las regiones sísmicas más activas del planeta. Esta condición hace que los temblores y los terremotos formen parte de nuestra realidad y que estemos obligados a estudiarlos de manera permanente y cada vez con mayor detalle.

En esta región, la actividad sísmica no debería ser una noticia extraordinaria o un fenómeno anormal. Debería ser parte de nuestra planificación y prevención. La pregunta fundamental que debemos hacernos cuando vemos noticias de terremotos es si estamos haciendo lo suficiente para enfrentar el próximo. La amenaza sísmica no necesita aumentar para convertirse en una preocupación o un problema. El desafío está en que no disminuya nuestra percepción de riesgo cuando pase el tiempo y nos olvidemos de nuestra realidad sísmica.

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?