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El terremoto derrumbó máscaras

Warren Orbaugh |
13 de julio, 2026

El terremoto en Venezuela no sólo derrumbó edificios, también derrumbó máscaras. Sí, esas máscaras detrás de las que esconden los canallas sus verdaderas identidades, sus auténticas intenciones, su efectiva inmoralidad. Los socialistas son hombres deshonestos, de mala fe, y, sobre todo, de mala voluntad, que fingen ser ejemplos de moralidad y benevolencia. Pero son todo lo contrario. Ya indiqué antes que actuar de mala fe es pretender engañarse uno mismo, y la deshonestidad es fingir que la realidad es distinta de cómo es, y la mala voluntad es la voluntad de actuar mal, de comportarse violando los preceptos morales, de tratar a los demás, no como fines en sí mismos, sino que únicamente como medios para sus aviesos fines.

Mienten con total descaro. Chavez juraba y perjuraba cuando era candidato, en cada entrevista televisiva que le hicieran, que respetaría la propiedad privada y que trabajaría junto a la empresa privada para hacer prosperar a Venezuela. ¡Mentira! Era una máscara lo que mostraba al mundo.

Ofrecen jugar limpio y respetar los sufragios populares. Chavez prometió que si perdía las elecciones dimitiría respetando la voluntad del pueblo. ¡Mentira! Era una máscara lo que mostraba al mundo.

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Roban con total desfachatez. Chavez pregonaba contra la riqueza dándose ínfulas de superioridad moral. «Ser rico es malo» aseguró, mientras se apropiaba de la riqueza de quienes la crean. ¡Otra mentira monumental! Era una máscara lo que mostraba al mundo.

Pero tras el desastre en Venezuela, en lugar de socorrer a las víctimas, impidieron a rescatistas ingresar a aquellas áreas donde escondían el botín de sus fechorías. ¡Se cayeron las máscaras! ¡Quedaron desnudos ante el mundo! ¡Son unos vulgares ladrones!

Y es que como el socialismo es un sistema inmoral, un medio ideológico para robar amparado por un aparato legal, atrae a los peores, a aquellos ladrones, saqueadores y bandidos que reconocen en el sistema un vehículo para hacerse millonarios.

«Exprópiese esto, exprópiese aquello, exprópiese lo de más allá, exprópiese, exprópiese, exprópiese» vociferaba Chavez. Y aquellos individuos del pueblo, igual de corruptos, aunque cobardes, se regocijaban y aplaudían con la esperanza de conseguir algo del botín. Semejante inmoralidad la de estos ladrones que para fingirse morales se auto designaban socialistas. No se daban cuenta que sólo los ladrones con poder, sólo los que participaban en el gobierno, podían repartirse lo expoliado, y que los corruptos sin poder serían víctimas al final.

Bueno, el terremoto les dio una dosis de realidad. La verdad tarda, pero llega. Las máscaras se cayeron y las consecuencias deben afrontarse. A ver si ahora entienden los ilusos ingenuos de que el socialismo es un sistema inmoral que pervierte a las masas no pensantes y sacrifica, al final, a los mejores de la sociedad.

El terremoto derrumbó máscaras

Warren Orbaugh |
13 de julio, 2026

El terremoto en Venezuela no sólo derrumbó edificios, también derrumbó máscaras. Sí, esas máscaras detrás de las que esconden los canallas sus verdaderas identidades, sus auténticas intenciones, su efectiva inmoralidad. Los socialistas son hombres deshonestos, de mala fe, y, sobre todo, de mala voluntad, que fingen ser ejemplos de moralidad y benevolencia. Pero son todo lo contrario. Ya indiqué antes que actuar de mala fe es pretender engañarse uno mismo, y la deshonestidad es fingir que la realidad es distinta de cómo es, y la mala voluntad es la voluntad de actuar mal, de comportarse violando los preceptos morales, de tratar a los demás, no como fines en sí mismos, sino que únicamente como medios para sus aviesos fines.

Mienten con total descaro. Chavez juraba y perjuraba cuando era candidato, en cada entrevista televisiva que le hicieran, que respetaría la propiedad privada y que trabajaría junto a la empresa privada para hacer prosperar a Venezuela. ¡Mentira! Era una máscara lo que mostraba al mundo.

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Pero tras el desastre en Venezuela, en lugar de socorrer a las víctimas, impidieron a rescatistas ingresar a aquellas áreas donde escondían el botín de sus fechorías. ¡Se cayeron las máscaras! ¡Quedaron desnudos ante el mundo! ¡Son unos vulgares ladrones!

Y es que como el socialismo es un sistema inmoral, un medio ideológico para robar amparado por un aparato legal, atrae a los peores, a aquellos ladrones, saqueadores y bandidos que reconocen en el sistema un vehículo para hacerse millonarios.

«Exprópiese esto, exprópiese aquello, exprópiese lo de más allá, exprópiese, exprópiese, exprópiese» vociferaba Chavez. Y aquellos individuos del pueblo, igual de corruptos, aunque cobardes, se regocijaban y aplaudían con la esperanza de conseguir algo del botín. Semejante inmoralidad la de estos ladrones que para fingirse morales se auto designaban socialistas. No se daban cuenta que sólo los ladrones con poder, sólo los que participaban en el gobierno, podían repartirse lo expoliado, y que los corruptos sin poder serían víctimas al final.

Bueno, el terremoto les dio una dosis de realidad. La verdad tarda, pero llega. Las máscaras se cayeron y las consecuencias deben afrontarse. A ver si ahora entienden los ilusos ingenuos de que el socialismo es un sistema inmoral que pervierte a las masas no pensantes y sacrifica, al final, a los mejores de la sociedad.

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