El socialismo jamas funcionará, cuarta parte.
«La teoría socialista sólo puede concebir relaciones de gana-pierde y su condena del mercado le impide descubrir que hay relaciones de gana-gana.»
Anteriormente indiqué como el socialismo jamás funcionará porque su teoría es tan desatinada que es imposible que su aplicación dé como resultado la prosperidad que promete. Al rechazar el mercado o cooperación social, no tiene como descubrir lo que ha de producirse por medio de la cooperación comunal para beneficiar a cada uno según su propio interés.
Y, sostener como principio básico la lucha de clases contradice toda posibilidad de cooperación social.
Tampoco ayuda su tercera premisa que es la abolición de la propiedad privada, pues sin ésta no hay mercado, porque uno no puede intercambiar si no posee bienes que ofrecer a cambio de lo que demanda el otro. Sin intercambio no se puede establecer ningún precio, que es el acuerdo, según las valoraciones subjetivas de quienes negocian, de la cantidad que uno está dispuesto a dar y el otro a aceptar por el bien negociado. Y sin precios, los individuos se quedan sin la información necesaria para saber que es útil producir.
Al no entender la función del mercado, los teóricos del socialismo o comunismo cometen otro error fundamental: suponer que el valor es intrínseco al objeto. Por eso supone que el valor de la mercancía y del trabajo es igual a los gastos de producción:
«Pero el precio de todo trabajo, como el de toda mercancía, es igual a los gastos de producción.» [Karl Marx. Manifiesto del partido comunista.]
El primer error es que este argumento de Marx es circular: ¿Cómo se establece el costo o gastos de producción si estos integran los precios del trabajo y del de la mercancía involucrada en la producción? Sin conocer previamente el precio de las mercancías que el productor necesita como materia prima, ni el precio del trabajo requerido para fabricar su obra, ¿cómo puede establecer cuanto le cuesta producir su artículo? El argumento del precio del socialismo o comunismo es un total sinsentido.
La realidad es al revés. El precio de la mercancía se establece en el mercado, donde los posibles consumidores indican si quieren o no, o cuanto quieren, el producto ofertado. Es el precio de mercado el que le sirve al productor para hacer su cálculo económico. En base a éste puede establecer si el costo o gasto de producción es mayor o menor al precio que obtendrá por su producto, arrojándole ganancias (si su costo es menor al precio de mercado) o pérdidas (si su costo es mayor al de mercado). Y es el precio de mercado y su cálculo de costos lo que le indica cuanto puede ofrecer por el trabajo involucrado en la producción de su mercancía.
El ‘valor intrínseco’ es otro disparate. Es un contrasentido suponer que las cosas tienen valor en sí mismas. ‘Valorar’ es una función lógica del entendimiento, una forma de pensar, una categoría de relación. Valorar es atribuirle importancia a un objeto al relacionar su posibilidad de uso para satisfacer un fin y entonces actuar para conseguirlo o conservarlo y así usarlo como medio para alcanzar el fin propuesto.
No hay valor sin alguien que piense al objeto en cuestión como un medio para alcanzar un fin. Y no hay valor sin alguien que lo considere tal. Una cosa se considera valiosa para alguien y para algo. El concepto de ‘valor’ no tiene sentido si no es así. Y por eso el valor es siempre subjetivo. Diferentes personas tienen diferentes fines y por tanto valoran la misma cosa de diferente manera. Y es esta realidad la que hace posible el intercambio de bienes. Al valorar uno más lo que el otro ofrece que lo que uno da a cambio, es que se produce el negocio. De esta manera ambos ganan. Los dos se enriquecen.
La teoría socialista o comunista sólo puede concebir relaciones de gana-pierde y su condena del mercado le impide descubrir que hay relaciones de gana-gana.
Continuará.
El socialismo jamas funcionará, cuarta parte.
«La teoría socialista sólo puede concebir relaciones de gana-pierde y su condena del mercado le impide descubrir que hay relaciones de gana-gana.»
Anteriormente indiqué como el socialismo jamás funcionará porque su teoría es tan desatinada que es imposible que su aplicación dé como resultado la prosperidad que promete. Al rechazar el mercado o cooperación social, no tiene como descubrir lo que ha de producirse por medio de la cooperación comunal para beneficiar a cada uno según su propio interés.
Y, sostener como principio básico la lucha de clases contradice toda posibilidad de cooperación social.
Tampoco ayuda su tercera premisa que es la abolición de la propiedad privada, pues sin ésta no hay mercado, porque uno no puede intercambiar si no posee bienes que ofrecer a cambio de lo que demanda el otro. Sin intercambio no se puede establecer ningún precio, que es el acuerdo, según las valoraciones subjetivas de quienes negocian, de la cantidad que uno está dispuesto a dar y el otro a aceptar por el bien negociado. Y sin precios, los individuos se quedan sin la información necesaria para saber que es útil producir.
Al no entender la función del mercado, los teóricos del socialismo o comunismo cometen otro error fundamental: suponer que el valor es intrínseco al objeto. Por eso supone que el valor de la mercancía y del trabajo es igual a los gastos de producción:
«Pero el precio de todo trabajo, como el de toda mercancía, es igual a los gastos de producción.» [Karl Marx. Manifiesto del partido comunista.]
El primer error es que este argumento de Marx es circular: ¿Cómo se establece el costo o gastos de producción si estos integran los precios del trabajo y del de la mercancía involucrada en la producción? Sin conocer previamente el precio de las mercancías que el productor necesita como materia prima, ni el precio del trabajo requerido para fabricar su obra, ¿cómo puede establecer cuanto le cuesta producir su artículo? El argumento del precio del socialismo o comunismo es un total sinsentido.
La realidad es al revés. El precio de la mercancía se establece en el mercado, donde los posibles consumidores indican si quieren o no, o cuanto quieren, el producto ofertado. Es el precio de mercado el que le sirve al productor para hacer su cálculo económico. En base a éste puede establecer si el costo o gasto de producción es mayor o menor al precio que obtendrá por su producto, arrojándole ganancias (si su costo es menor al precio de mercado) o pérdidas (si su costo es mayor al de mercado). Y es el precio de mercado y su cálculo de costos lo que le indica cuanto puede ofrecer por el trabajo involucrado en la producción de su mercancía.
El ‘valor intrínseco’ es otro disparate. Es un contrasentido suponer que las cosas tienen valor en sí mismas. ‘Valorar’ es una función lógica del entendimiento, una forma de pensar, una categoría de relación. Valorar es atribuirle importancia a un objeto al relacionar su posibilidad de uso para satisfacer un fin y entonces actuar para conseguirlo o conservarlo y así usarlo como medio para alcanzar el fin propuesto.
No hay valor sin alguien que piense al objeto en cuestión como un medio para alcanzar un fin. Y no hay valor sin alguien que lo considere tal. Una cosa se considera valiosa para alguien y para algo. El concepto de ‘valor’ no tiene sentido si no es así. Y por eso el valor es siempre subjetivo. Diferentes personas tienen diferentes fines y por tanto valoran la misma cosa de diferente manera. Y es esta realidad la que hace posible el intercambio de bienes. Al valorar uno más lo que el otro ofrece que lo que uno da a cambio, es que se produce el negocio. De esta manera ambos ganan. Los dos se enriquecen.
La teoría socialista o comunista sólo puede concebir relaciones de gana-pierde y su condena del mercado le impide descubrir que hay relaciones de gana-gana.
Continuará.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: