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El socialismo jamás funcionará

«Los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad privada».

Warren Orbaugh |
17 de agosto, 2026

El socialismo jamás funcionará. Y no es porque no haya personas bien intencionadas (que las hay algunas) que pretendan con su implementación mejorar las condiciones de vida de los individuos. Es porque el problema del socialismo o comunismo es epistémico. Su teoría está llena de falencias, de errores lógicos que hacen imposible su aplicación. En otras palabras, el socialismo o comunismo es una mala teoría. Y, por tanto, también resulta mala en la práctica. Sus fracasos no se deben a que haya sido mal aplicada y que el bondadoso genio que vendrá en el futuro si la aplicará bien, dando los resultados anhelados. La verdad es que siempre ha sido bien aplicada y los resultados nefastos son congruentes con una teoría desacertada.

El socialismo o comunismo no distingue entre sociedad y comunidad. Una comunidad es una agrupación de personas aliadas por un fin o interés que tienen en común. Una sociedad, en cambio, es una agrupación de personas que ven en esta alianza un medio para alcanzar cada uno su propio fin o interés privado.

La cooperación comunal para alcanzar determinado fin se da mediante la división de tareas. El jefe, capataz o dirigente responsable de alcanzar el fin común asigna las diferentes tareas a los comunitarios según su criterio. La relación entre jefe y operarios es por medio de un vínculo de naturaleza hegemónica, donde la cooperación se da en virtud de mando y subordinación, por lo que la relación es asimétrica, donde el primero manda y el segundo obedece. Es un tipo de arreglo eficaz para fabricar productos, bienes materiales y espirituales, como, por ejemplo, edificios, automóviles, computadoras, trajes, panes, conciertos filarmónicos, victorias deportivas o marciales, etc.

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La cooperación social, a diferencia de la cooperación comunal, busca alcanzar un sin número de fines individuales mediante la división del trabajo y el intercambio de bienes y servicios. La cooperación se da en virtud de contrato y coordinación voluntaria, en donde la relación entre individuos cooperantes es por medio de un vínculo de naturaleza contractual, y por tanto de relación simétrica entre partes. Implica siempre la actuación cooperativa con miras a que todos los partícipes puedan alcanzar sus propios fines que son diferentes para cada uno. Para concertar la cooperación cada uno considera el provecho ajeno como medio para alcanzar el propio. Y aquí es donde está el meollo del asunto. En la ciudad se dan los dos sistemas de cooperación: una cooperación comunal para fabricar productos y una cooperación social, que mediante la conversación que se da en el mercado por el intercambio de bienes y servicios le permite al asociado cooperante descubrir que puede ser de provecho ajeno.

Esta conversación consiste en que un potencial vendedor ofrece su producto demandando por este una cantidad de dinero a un potencial comprador. El probable comprador regatea la cantidad que requiere el vendedor por su producto, ofreciendo otra cantidad dineraria menor a cambio del bien demandado. Al acordar una cantidad que satisface a ambos para hacer la transacción, establecen el precio con el que las dos partes ganan y, por tanto, se da el intercambio. Esta conversación puede ser directa, como una negociación entre partes en un momento dado. Pero también puede ser indirecta, como cuando el abarrotero pone una etiqueta al producto que ofrece indicando cuánto dinero demanda por este, y el potencial comprador responde no comprando. Al notar que su producto no se vende, ante la posibilidad de que se eche a perder, cambia la etiqueta solicitando una cantidad menor de dinero por el producto ofertado para ver si el probable comprador acepta la nueva cantidad y hace la transacción. De ser así, establecen el precio del producto en cuestión. Lo que los mueve a intercambiar es la ganancia que cada uno espera de la transacción. Para ello ambos han hecho un cálculo económico. Es un negocio donde ambas partes ganan.

Una parte importante de este proceso es que al establecer precios por los productos se está informando a otros potenciales productores que cosas son las que más requieren los consumidores y cuanto están dispuestos a pagar por estas. Como al productor también lo mueve el afán de lucro, calcula sus costes para decidir por donde encauzar su actividad productiva.

Un pilar fundamental del mercado es la propiedad privada, pues sólo se puede intercambiar lo que es de uno, y sólo la propiedad privada que se negocia permite establecer precios, y por tanto informar por donde encauzar los esfuerzos productivos a la luz del cálculo económico que busca la ganancia, es decir, la creación de riqueza.

El socialismo o comunismo parte de premisas que no reconocen este hecho fundamental del mercado. Más bien todo lo contrario. Condena el lucro, la propiedad privada y el comercio:

«Los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad privada». [...] «Por libertad, en las condiciones actuales de producción burguesa, se entiende la libertad de comercio, la libertad de comprar y vender. … Las declamaciones sobre la libertad de compraventa, lo mismo que las demás bravatas liberales, … sólo tienen sentido aplicadas a la compraventa encadenada y al burgués sojuzgado de la Edad Media: pero no ante la abolición comunista de compraventa, de las relaciones de producción burguesa y de la propia burguesía». [Karl Marx. Manifiesto del partido comunista.]

Sin la información que proporciona el mercado por medio de los precios, quien lidera la cooperación comunal no puede hacer cálculo económico ni saber por dónde encauzar su esfuerzo productivo.

Continuará.

El socialismo jamás funcionará

«Los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad privada».

Warren Orbaugh |
17 de agosto, 2026

El socialismo jamás funcionará. Y no es porque no haya personas bien intencionadas (que las hay algunas) que pretendan con su implementación mejorar las condiciones de vida de los individuos. Es porque el problema del socialismo o comunismo es epistémico. Su teoría está llena de falencias, de errores lógicos que hacen imposible su aplicación. En otras palabras, el socialismo o comunismo es una mala teoría. Y, por tanto, también resulta mala en la práctica. Sus fracasos no se deben a que haya sido mal aplicada y que el bondadoso genio que vendrá en el futuro si la aplicará bien, dando los resultados anhelados. La verdad es que siempre ha sido bien aplicada y los resultados nefastos son congruentes con una teoría desacertada.

El socialismo o comunismo no distingue entre sociedad y comunidad. Una comunidad es una agrupación de personas aliadas por un fin o interés que tienen en común. Una sociedad, en cambio, es una agrupación de personas que ven en esta alianza un medio para alcanzar cada uno su propio fin o interés privado.

La cooperación comunal para alcanzar determinado fin se da mediante la división de tareas. El jefe, capataz o dirigente responsable de alcanzar el fin común asigna las diferentes tareas a los comunitarios según su criterio. La relación entre jefe y operarios es por medio de un vínculo de naturaleza hegemónica, donde la cooperación se da en virtud de mando y subordinación, por lo que la relación es asimétrica, donde el primero manda y el segundo obedece. Es un tipo de arreglo eficaz para fabricar productos, bienes materiales y espirituales, como, por ejemplo, edificios, automóviles, computadoras, trajes, panes, conciertos filarmónicos, victorias deportivas o marciales, etc.

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La cooperación social, a diferencia de la cooperación comunal, busca alcanzar un sin número de fines individuales mediante la división del trabajo y el intercambio de bienes y servicios. La cooperación se da en virtud de contrato y coordinación voluntaria, en donde la relación entre individuos cooperantes es por medio de un vínculo de naturaleza contractual, y por tanto de relación simétrica entre partes. Implica siempre la actuación cooperativa con miras a que todos los partícipes puedan alcanzar sus propios fines que son diferentes para cada uno. Para concertar la cooperación cada uno considera el provecho ajeno como medio para alcanzar el propio. Y aquí es donde está el meollo del asunto. En la ciudad se dan los dos sistemas de cooperación: una cooperación comunal para fabricar productos y una cooperación social, que mediante la conversación que se da en el mercado por el intercambio de bienes y servicios le permite al asociado cooperante descubrir que puede ser de provecho ajeno.

Esta conversación consiste en que un potencial vendedor ofrece su producto demandando por este una cantidad de dinero a un potencial comprador. El probable comprador regatea la cantidad que requiere el vendedor por su producto, ofreciendo otra cantidad dineraria menor a cambio del bien demandado. Al acordar una cantidad que satisface a ambos para hacer la transacción, establecen el precio con el que las dos partes ganan y, por tanto, se da el intercambio. Esta conversación puede ser directa, como una negociación entre partes en un momento dado. Pero también puede ser indirecta, como cuando el abarrotero pone una etiqueta al producto que ofrece indicando cuánto dinero demanda por este, y el potencial comprador responde no comprando. Al notar que su producto no se vende, ante la posibilidad de que se eche a perder, cambia la etiqueta solicitando una cantidad menor de dinero por el producto ofertado para ver si el probable comprador acepta la nueva cantidad y hace la transacción. De ser así, establecen el precio del producto en cuestión. Lo que los mueve a intercambiar es la ganancia que cada uno espera de la transacción. Para ello ambos han hecho un cálculo económico. Es un negocio donde ambas partes ganan.

Una parte importante de este proceso es que al establecer precios por los productos se está informando a otros potenciales productores que cosas son las que más requieren los consumidores y cuanto están dispuestos a pagar por estas. Como al productor también lo mueve el afán de lucro, calcula sus costes para decidir por donde encauzar su actividad productiva.

Un pilar fundamental del mercado es la propiedad privada, pues sólo se puede intercambiar lo que es de uno, y sólo la propiedad privada que se negocia permite establecer precios, y por tanto informar por donde encauzar los esfuerzos productivos a la luz del cálculo económico que busca la ganancia, es decir, la creación de riqueza.

El socialismo o comunismo parte de premisas que no reconocen este hecho fundamental del mercado. Más bien todo lo contrario. Condena el lucro, la propiedad privada y el comercio:

«Los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad privada». [...] «Por libertad, en las condiciones actuales de producción burguesa, se entiende la libertad de comercio, la libertad de comprar y vender. … Las declamaciones sobre la libertad de compraventa, lo mismo que las demás bravatas liberales, … sólo tienen sentido aplicadas a la compraventa encadenada y al burgués sojuzgado de la Edad Media: pero no ante la abolición comunista de compraventa, de las relaciones de producción burguesa y de la propia burguesía». [Karl Marx. Manifiesto del partido comunista.]

Sin la información que proporciona el mercado por medio de los precios, quien lidera la cooperación comunal no puede hacer cálculo económico ni saber por dónde encauzar su esfuerzo productivo.

Continuará.

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