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El Mundial de Irán, entre política y rutina deportiva

Arte: Arath García / República.
María José Aresti
26 de junio, 2026

Irán llegó al partido contra Egipto con una carga que no aparece en la tabla del Grupo G. Antes de pisar el césped de Seattle, la selección jugó otro Mundial: el de los vuelos cortos, las entradas condicionadas, los permisos migratorios, los visados incompletos y una base de concentración fuera del país donde disputa sus partidos.

El cruce del 26 de junio cerró su fase de grupos y resumió una tensión logística que solo la selección iraní vive: compite en una Copa del Mundo organizada parcialmente por EE. UU., en medio de una relación bilateral marcada por sanciones, restricciones diplomáticas y controles de movilidad.

Irán llegó con dos puntos, después del empate 2-2 ante Nueva Zelanda y del 0-0 contra Bélgica. Egipto lidera el grupo con cuatro puntos tras vencer 3-1 a Nueva Zelanda.

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Pero el camino hasta Seattle no se explica solo con fútbol. El primer campamento iraní estaba previsto en Arizona, pero la federación movió la base a Tijuana, México, después de que Washington rechazara alojar al equipo durante todo el torneo. La lógica fue reducir complicaciones de visado y mantener la presencia en EE. UU. al mínimo. La selección duerme y entrena en México; cruza a territorio estadounidense para competir.

Esa operación volvió política la rutina deportiva. Reuters reportó que las autoridades estadounidenses permitieron a los jugadores ingresar al país el día antes de cada partido, pero no toda la delegación recibió el mismo trato. Varios miembros del cuerpo administrativo y técnico siguieron pendientes de autorización. 

En un mundial moderno, esos puestos no son decorativos: sostienen análisis, logística, comunicación, seguridad, alimentación, recuperación y coordinación diaria.

El técnico Amir Ghalenoei lo ha planteado como un desgaste real. Después de los primeros partidos dijo que los cambios de viaje afectaron físicamente al equipo. Antes del duelo con Egipto, insistió en que Irán busca enfocarse en el partido, aunque la conferencia volvió a girar alrededor de restricciones y política. Irán juega su Mundial entre Seattle, Tijuana y Washington.

Su paso por el torneo dejó un contexto insólito para este Mundial: la logística también fue un rival. Cada traslado, autorización y cambio de base mostró que la política no quedó afuera del estadio; ha viajado con la selección hasta el último partido del grupo.

El Mundial de Irán, entre política y rutina deportiva

Arte: Arath García / República.
María José Aresti
26 de junio, 2026

Irán llegó al partido contra Egipto con una carga que no aparece en la tabla del Grupo G. Antes de pisar el césped de Seattle, la selección jugó otro Mundial: el de los vuelos cortos, las entradas condicionadas, los permisos migratorios, los visados incompletos y una base de concentración fuera del país donde disputa sus partidos.

El cruce del 26 de junio cerró su fase de grupos y resumió una tensión logística que solo la selección iraní vive: compite en una Copa del Mundo organizada parcialmente por EE. UU., en medio de una relación bilateral marcada por sanciones, restricciones diplomáticas y controles de movilidad.

Irán llegó con dos puntos, después del empate 2-2 ante Nueva Zelanda y del 0-0 contra Bélgica. Egipto lidera el grupo con cuatro puntos tras vencer 3-1 a Nueva Zelanda.

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Pero el camino hasta Seattle no se explica solo con fútbol. El primer campamento iraní estaba previsto en Arizona, pero la federación movió la base a Tijuana, México, después de que Washington rechazara alojar al equipo durante todo el torneo. La lógica fue reducir complicaciones de visado y mantener la presencia en EE. UU. al mínimo. La selección duerme y entrena en México; cruza a territorio estadounidense para competir.

Esa operación volvió política la rutina deportiva. Reuters reportó que las autoridades estadounidenses permitieron a los jugadores ingresar al país el día antes de cada partido, pero no toda la delegación recibió el mismo trato. Varios miembros del cuerpo administrativo y técnico siguieron pendientes de autorización. 

En un mundial moderno, esos puestos no son decorativos: sostienen análisis, logística, comunicación, seguridad, alimentación, recuperación y coordinación diaria.

El técnico Amir Ghalenoei lo ha planteado como un desgaste real. Después de los primeros partidos dijo que los cambios de viaje afectaron físicamente al equipo. Antes del duelo con Egipto, insistió en que Irán busca enfocarse en el partido, aunque la conferencia volvió a girar alrededor de restricciones y política. Irán juega su Mundial entre Seattle, Tijuana y Washington.

Su paso por el torneo dejó un contexto insólito para este Mundial: la logística también fue un rival. Cada traslado, autorización y cambio de base mostró que la política no quedó afuera del estadio; ha viajado con la selección hasta el último partido del grupo.

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