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El caballero andante

"El caballero andante encarna la tensión entre el mundo que existe y aquel que, por justicia y esperanza, debería existir."

Gonzalo Chamorro |
02 de septiembre, 2026

La figura del caballero andante evoca al hombre que entrega su vida a la defensa de la justicia, la verdad y el amparo de los más vulnerables. Sale al encuentro del mundo para enfrentar peligros, reparar agravios y servir a una causa que lo excede. No lo mueven la ambición ni la comodidad, sino el honor, la valentía, la lealtad y esa cortesía que ennoblece aun los gestos más sencillos.

En la literatura medieval fue el héroe de noble estirpe y virtudes ejemplares; pero Cervantes, en Don Quijote de la Mancha, le concedió una hondura mayor: la del hombre que, incluso cuando la realidad parece desmentir sus sueños, se atreve a vivir de acuerdo con ellos. El caballero andante encarna, de ese modo, la tensión entre el mundo que existe y aquel que, por justicia y esperanza, debería existir.

Es, por tanto, mucho más que un guerrero errante: es una presencia moral. Es quien acepta renunciar a la tranquilidad, a la seguridad e incluso al reconocimiento público por aquello que considera digno de ser defendido. Su grandeza no radica solamente en triunfar, sino en permanecer fiel cuando llegan la derrota, la burla o la incomprensión. «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos», dice don Quijote; y custodiarla exige, con frecuencia, la noble temeridad de quienes se niegan a vivir de rodillas.

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Esas virtudes reconozco en mi buen amigo, el caballero andante Amable Sánchez Torres: poeta, teólogo, filósofo y amigo entrañable. Su palabra, ceñida a la disciplina y a la música del soneto, nos ha conducido hacia una belleza más íntima y luminosa; una belleza que no rehúye el dolor ni la nostalgia, sino que los atraviesa con la memoria de un paraíso perdido y siempre anhelado. En sus versos, el pensamiento se vuelve canto; y la fe, sin dejar de ser interrogación, se transforma en camino.

Don Amable ha recorrido ese camino con la serenidad de quien comprende que la vida no se mide por los honores recibidos, sino por el bien sembrado en los demás. Y si Antonio Machado escribió que «caminante, no hay camino, se hace camino al andar», él ha abierto el suyo con la pluma, la amistad, la contemplación y una inalterable gentileza del espíritu. Caballero andante de nuestro tiempo, no ha necesitado lanza ni armadura: le han bastado el soneto, la palabra precisa y un corazón dispuesto a recordar que, aun en medio de la intemperie, la belleza y la verdad continúan llamándonos por nuestro nombre.

A sus noventa y un años, este caballero emprende el regreso a la tierra que lo vio nacer: Morasverdes, Salamanca, España. Vuelve al origen después de haber dejado, con su ejemplo y su obra, una huella perdurable en quienes tuvimos el privilegio de leer sus poemas, escuchar sus reflexiones o asistir a sus magistrales cátedras en los territorios de la filosofía y las letras.

Su partida no borra la senda recorrida; por el contrario, la vuelve más visible. En la memoria de alumnos, amigos y lectores permanecerá la nobleza de una voz que enseñó a pensar sin perder el asombro y a descubrir en la belleza una forma de verdad. «Al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar», escribió Machado; pero hay caminos irrepetibles que quedan abiertos en el corazón de quienes tuvieron la dicha de transitarlos junto a un maestro. Así será el de don Amable: una ruta de amistad, soneto, sabiduría y hondura espiritual.

Este jueves 3 de septiembre, Guatemala acompañará la despedida de nuestro poeta. Y qué mejor manera de hacerlo que por medio de su obra más reciente —sin ser, por fortuna, la última—, “Tras las huellas de Unamuno”, pequeño libro en cuya elaboración tuve el honor de acompañarlo. Sus páginas nos acercan a Miguel de Unamuno, aquel hombre que hizo de la búsqueda de la verdad una tarea vital, sostenida con autenticidad, inquietud y valentía.

Don Amable ha concebido la palabra como «la casa donde cabe mi universo / y esto poco que soy entre Dios y la nada». En esa morada de la palabra nos recibe también este libro: como una invitación a pensar, a conversar y a reconocer que las preguntas decisivas no envejecen, sino que continúan reclamando nuestra atención.

Por ello, estimados lectores, los invito a la presentación de “Tras las huellas de Unamuno” y a escuchar, de viva voz, los versos de don Amable, a las cinco de la tarde en la Universidad Francisco Marroquín. Será una ocasión para agradecer la obra de un hombre de letras que parte hacia otros terruños, dejando entre nosotros la claridad de su inteligencia, la música de sus sonetos y la generosidad de su amistad.

Y cuando el viajero vuelva la mirada hacia estas tierras, acaso encuentre que su cabalgadura no se aleja del todo: seguirá andando en cada verso que despierte una conciencia, en cada alumno que busque la verdad y en cada amigo que comprenda que la cortesía también puede ser una forma de heroísmo. Porque hay hombres que parten de un lugar, pero permanecen en el horizonte; y don Amable, caballero de la palabra, seguirá cabalgando allí donde un alma necesite belleza para no rendirse ante la noche.

El caballero andante

"El caballero andante encarna la tensión entre el mundo que existe y aquel que, por justicia y esperanza, debería existir."

Gonzalo Chamorro |
02 de septiembre, 2026

La figura del caballero andante evoca al hombre que entrega su vida a la defensa de la justicia, la verdad y el amparo de los más vulnerables. Sale al encuentro del mundo para enfrentar peligros, reparar agravios y servir a una causa que lo excede. No lo mueven la ambición ni la comodidad, sino el honor, la valentía, la lealtad y esa cortesía que ennoblece aun los gestos más sencillos.

En la literatura medieval fue el héroe de noble estirpe y virtudes ejemplares; pero Cervantes, en Don Quijote de la Mancha, le concedió una hondura mayor: la del hombre que, incluso cuando la realidad parece desmentir sus sueños, se atreve a vivir de acuerdo con ellos. El caballero andante encarna, de ese modo, la tensión entre el mundo que existe y aquel que, por justicia y esperanza, debería existir.

Es, por tanto, mucho más que un guerrero errante: es una presencia moral. Es quien acepta renunciar a la tranquilidad, a la seguridad e incluso al reconocimiento público por aquello que considera digno de ser defendido. Su grandeza no radica solamente en triunfar, sino en permanecer fiel cuando llegan la derrota, la burla o la incomprensión. «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos», dice don Quijote; y custodiarla exige, con frecuencia, la noble temeridad de quienes se niegan a vivir de rodillas.

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Esas virtudes reconozco en mi buen amigo, el caballero andante Amable Sánchez Torres: poeta, teólogo, filósofo y amigo entrañable. Su palabra, ceñida a la disciplina y a la música del soneto, nos ha conducido hacia una belleza más íntima y luminosa; una belleza que no rehúye el dolor ni la nostalgia, sino que los atraviesa con la memoria de un paraíso perdido y siempre anhelado. En sus versos, el pensamiento se vuelve canto; y la fe, sin dejar de ser interrogación, se transforma en camino.

Don Amable ha recorrido ese camino con la serenidad de quien comprende que la vida no se mide por los honores recibidos, sino por el bien sembrado en los demás. Y si Antonio Machado escribió que «caminante, no hay camino, se hace camino al andar», él ha abierto el suyo con la pluma, la amistad, la contemplación y una inalterable gentileza del espíritu. Caballero andante de nuestro tiempo, no ha necesitado lanza ni armadura: le han bastado el soneto, la palabra precisa y un corazón dispuesto a recordar que, aun en medio de la intemperie, la belleza y la verdad continúan llamándonos por nuestro nombre.

A sus noventa y un años, este caballero emprende el regreso a la tierra que lo vio nacer: Morasverdes, Salamanca, España. Vuelve al origen después de haber dejado, con su ejemplo y su obra, una huella perdurable en quienes tuvimos el privilegio de leer sus poemas, escuchar sus reflexiones o asistir a sus magistrales cátedras en los territorios de la filosofía y las letras.

Su partida no borra la senda recorrida; por el contrario, la vuelve más visible. En la memoria de alumnos, amigos y lectores permanecerá la nobleza de una voz que enseñó a pensar sin perder el asombro y a descubrir en la belleza una forma de verdad. «Al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar», escribió Machado; pero hay caminos irrepetibles que quedan abiertos en el corazón de quienes tuvieron la dicha de transitarlos junto a un maestro. Así será el de don Amable: una ruta de amistad, soneto, sabiduría y hondura espiritual.

Este jueves 3 de septiembre, Guatemala acompañará la despedida de nuestro poeta. Y qué mejor manera de hacerlo que por medio de su obra más reciente —sin ser, por fortuna, la última—, “Tras las huellas de Unamuno”, pequeño libro en cuya elaboración tuve el honor de acompañarlo. Sus páginas nos acercan a Miguel de Unamuno, aquel hombre que hizo de la búsqueda de la verdad una tarea vital, sostenida con autenticidad, inquietud y valentía.

Don Amable ha concebido la palabra como «la casa donde cabe mi universo / y esto poco que soy entre Dios y la nada». En esa morada de la palabra nos recibe también este libro: como una invitación a pensar, a conversar y a reconocer que las preguntas decisivas no envejecen, sino que continúan reclamando nuestra atención.

Por ello, estimados lectores, los invito a la presentación de “Tras las huellas de Unamuno” y a escuchar, de viva voz, los versos de don Amable, a las cinco de la tarde en la Universidad Francisco Marroquín. Será una ocasión para agradecer la obra de un hombre de letras que parte hacia otros terruños, dejando entre nosotros la claridad de su inteligencia, la música de sus sonetos y la generosidad de su amistad.

Y cuando el viajero vuelva la mirada hacia estas tierras, acaso encuentre que su cabalgadura no se aleja del todo: seguirá andando en cada verso que despierte una conciencia, en cada alumno que busque la verdad y en cada amigo que comprenda que la cortesía también puede ser una forma de heroísmo. Porque hay hombres que parten de un lugar, pero permanecen en el horizonte; y don Amable, caballero de la palabra, seguirá cabalgando allí donde un alma necesite belleza para no rendirse ante la noche.

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