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El 2027 ya empezó

“Sigo escuchando en mi mente la pregunta que me hizo el doctor Suger”

Amilcar R. Álvarez |
20 de agosto, 2026

En una de las campañas del doctor Eduardo Suger para postularse como presidente, me invitaron a escuchar una charla de él. Al final, cuando todos se fueron, me quedé platicando un buen rato. En algún momento le dije: “Aunque usted gane la Presidencia, no va a poder resolver los problemas del país, porque la falla está en el sistema”. Él me contestó: “¿Y usted qué sugiere?”. “¡Una dictadura!”, le respondí.

Se quedó pensando unos segundos y me contestó. Pero esa respuesta me la voy a guardar. Han pasado muchos años desde aquella conversación y hoy, cuando Guatemala empieza nuevamente a pensar en quiénes quieren gobernarla, la pregunta del doctor vuelve a tener sentido.

La primera vuelta está prevista para el domingo 27 de junio y la segunda, para el 22 de agosto. Muchos de quienes quieren inscribirse como candidatos hoy se están haciendo esta pregunta: “¿Cómo hago campaña sin hacer campaña?”. Algunos son muy creativos; otros publican videos hablando sobre la coyuntura nacional. Pero aquí surge una disyuntiva muy grande entre lo que le gusta a la gente y lo que necesita Guatemala.

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Desde Aristóteles hasta Max Weber, pasando por Maquiavelo y Montesquieu, el pensamiento político ha insistido en ciertas cualidades esenciales del buen gobernante: integridad, capacidad, criterio, carácter, respeto por los límites del poder y responsabilidad por sus decisiones. El problema es que, aunque hubiera un candidato que reuniera todas esas cualidades, y muchas otras más, eso no significa que ganaría las elecciones.

Y como el objetivo de quien aspira a la Presidencia es conseguir los votos suficientes para ser elegido, los candidatos terminan dándole a la gente, es decir, a los electores, lo que les gusta. Esto es muy fácil de comprobar. Basta entrar a TikTok y ver cuántos “likes” obtiene una persona haciendo planteamientos coherentes y realistas sobre la situación del país, y compararla con otros que hacen el ridículo y consiguen miles de “likes” y seguidores hasta convertirse en “influencers”.

Tenemos entonces, por un lado, a los electores, muchos de los cuales terminarán votando por quien tenga la mejor campaña de marketing o por quien tenga más dinero para financiarla. Y, por el otro, tenemos la calidad de los candidatos que el sistema pone frente a esos electores. ¿Cuál es la solución entonces? Tal vez una sería que los partidos políticos propongan mejores candidatos, pero el sistema actual dificulta que eso pase.

México ofrece una opción muy interesante a sus ciudadanos. Desde la reforma constitucional de 2012, los ciudadanos pueden aspirar a cargos de elección popular, incluida la Presidencia de la República, sin ser postulados por un partido político. Esto no significa que la candidatura sea automática: quien pretenda competir de manera independiente debe cumplir requisitos rigurosos. Pero el modelo mexicano parte de una premisa interesante: los partidos son instrumentos fundamentales de la democracia, que no

necesariamente deben tener el monopolio de decidir quién puede presentarse ante los ciudadanos para pedir su voto.

Un modelo como el mexicano podría ser una opción para Guatemala. No garantiza mejores candidatos, pero abre la puerta para que personas capaces que no encuentran espacio en los partidos políticos puedan participar. Creo que ha llegado el momento de poner sobre la mesa la discusión de si nuestro sistema electoral debe seguir teniendo una única puerta de entrada para quien aspire a la Presidencia. Han pasado más de 20 años desde aquella conversación. Hoy, ante las elecciones que se aproximan, sigo escuchando en mi mente la pregunta que me hizo el doctor Suger: “¿Y usted qué sugiere?”.

El 2027 ya empezó

“Sigo escuchando en mi mente la pregunta que me hizo el doctor Suger”

Amilcar R. Álvarez |
20 de agosto, 2026

En una de las campañas del doctor Eduardo Suger para postularse como presidente, me invitaron a escuchar una charla de él. Al final, cuando todos se fueron, me quedé platicando un buen rato. En algún momento le dije: “Aunque usted gane la Presidencia, no va a poder resolver los problemas del país, porque la falla está en el sistema”. Él me contestó: “¿Y usted qué sugiere?”. “¡Una dictadura!”, le respondí.

Se quedó pensando unos segundos y me contestó. Pero esa respuesta me la voy a guardar. Han pasado muchos años desde aquella conversación y hoy, cuando Guatemala empieza nuevamente a pensar en quiénes quieren gobernarla, la pregunta del doctor vuelve a tener sentido.

La primera vuelta está prevista para el domingo 27 de junio y la segunda, para el 22 de agosto. Muchos de quienes quieren inscribirse como candidatos hoy se están haciendo esta pregunta: “¿Cómo hago campaña sin hacer campaña?”. Algunos son muy creativos; otros publican videos hablando sobre la coyuntura nacional. Pero aquí surge una disyuntiva muy grande entre lo que le gusta a la gente y lo que necesita Guatemala.

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Desde Aristóteles hasta Max Weber, pasando por Maquiavelo y Montesquieu, el pensamiento político ha insistido en ciertas cualidades esenciales del buen gobernante: integridad, capacidad, criterio, carácter, respeto por los límites del poder y responsabilidad por sus decisiones. El problema es que, aunque hubiera un candidato que reuniera todas esas cualidades, y muchas otras más, eso no significa que ganaría las elecciones.

Y como el objetivo de quien aspira a la Presidencia es conseguir los votos suficientes para ser elegido, los candidatos terminan dándole a la gente, es decir, a los electores, lo que les gusta. Esto es muy fácil de comprobar. Basta entrar a TikTok y ver cuántos “likes” obtiene una persona haciendo planteamientos coherentes y realistas sobre la situación del país, y compararla con otros que hacen el ridículo y consiguen miles de “likes” y seguidores hasta convertirse en “influencers”.

Tenemos entonces, por un lado, a los electores, muchos de los cuales terminarán votando por quien tenga la mejor campaña de marketing o por quien tenga más dinero para financiarla. Y, por el otro, tenemos la calidad de los candidatos que el sistema pone frente a esos electores. ¿Cuál es la solución entonces? Tal vez una sería que los partidos políticos propongan mejores candidatos, pero el sistema actual dificulta que eso pase.

México ofrece una opción muy interesante a sus ciudadanos. Desde la reforma constitucional de 2012, los ciudadanos pueden aspirar a cargos de elección popular, incluida la Presidencia de la República, sin ser postulados por un partido político. Esto no significa que la candidatura sea automática: quien pretenda competir de manera independiente debe cumplir requisitos rigurosos. Pero el modelo mexicano parte de una premisa interesante: los partidos son instrumentos fundamentales de la democracia, que no

necesariamente deben tener el monopolio de decidir quién puede presentarse ante los ciudadanos para pedir su voto.

Un modelo como el mexicano podría ser una opción para Guatemala. No garantiza mejores candidatos, pero abre la puerta para que personas capaces que no encuentran espacio en los partidos políticos puedan participar. Creo que ha llegado el momento de poner sobre la mesa la discusión de si nuestro sistema electoral debe seguir teniendo una única puerta de entrada para quien aspire a la Presidencia. Han pasado más de 20 años desde aquella conversación. Hoy, ante las elecciones que se aproximan, sigo escuchando en mi mente la pregunta que me hizo el doctor Suger: “¿Y usted qué sugiere?”.

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