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Educación y timo certificado

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Luis Figueroa |
27 de marzo, 2026

“Johnny Can’t Read” es el título de una canción ochentera de Don Henley que no sólo aborda el analfabetismo, sino el respeto que el cantante le tiene a la lectura.

En Guatemala, Juanito no sabe leer, ¿y cómo sabemos eso? Por los resultados de la Evaluación de Graduandos 2025 recién publicada que confirma que el sistema estatista de educación chapín es un embeleco, un timo, una estafa y un engaño para los estudiantes y para sus padres. Si bien es cierto que 74% de los evaluados estudiaron en colegios privados y 20% en el sector estatal, todo el sistema es estatista porque el sector privado en la educación solo puede operar por permiso y bajo la estricta supervisión del sector gubernamental. Los grandes distorsionadores son el Ministerio de Educacion, su burocrácia y el Currículo Nacional Base.

Dicha evaluación de conocimientos y habilidades en las áreas de lectura y matemáticas, así como en competencias básicas para la vida, muestra que 65% de los evaluados tiene resultados entre insatisfactorios y mejorables en materia de lectura, y que 84% de los evaluados tiene resultados entre insatisfactorios y mejorables en materia de matemáticas. Eso quiere decir que en cuanto a lectura, solo 3 de cada 10 evaluados tienen resultados entre satisfactorio y excelente; y ni 2 de cada 10 tiene resultados entre satisfactorio y excelente en matemáticas. Eso sí, 7 de cada 10 tienen internet y computadora. 7 de cada 10 afirma que le gusta leer. El engaño es tal que 9 de cada 10 evaluados piensa que su preparación fue la necesaria. 87% de los evaluados fueron de áreas urbanas, en tanto que 13% fueron del área rural. ¡Apuesto una ceja a que si el porcentaje urbano hubiera sido menor, los resultados habrían sido peores!

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Esos chicos que no saben leer ni pueden hacer cuentas van a querer ganarse la vida, entrar al mercado laboral y competir. ¡Van a querer ir a la universidad y graduarse de médicos, ingenieros y abogados sin las herramientas más básicas, a pesar de que pasaron horas, días, semanas, meses y años en el sistema educativo! Eso es un desperdicio, ¿o no?

Eso sí, la “costra nostra” de esa burocracia de la educación que se hace llamar magisterio exige bonos, quiere aumentos salariales y quiere no ser evaluada. En 2025 la huelga del sindicato de burócratas de la educación (también conocido como de maestros) impidió que fueran otorgadas 40% de las becas de idioma inglés que iba a otorgar el ministerio del ramo. El ecosistema de la educación estatal causa muchos daños en las vidas de los jóvenes.

Claro que el problema no es de ahora, ni es local. “Johnny Can’t Read” nos cuenta que el problema viene de lejos. Recientemente el Financial Times advirtió que la falta de hábito de lectura está afectando al aprendizaje y que, como los estudiantes leen menos, se distraen más, tienen dificultades para procesar textos largos o complejos. En consecuencia, tienen dificultades para desarrollar el pensamiento crítico y la capacidad de análisis. En aquellas condiciones se cría una cultura del menor esfuerzo en la que cualquier método educativo que exija disciplina, perseverancia y atención es tratado como “vintage”.

Estas situaciones que se dan en otras latitudes también encuentran un campo fértil en la educación estatizada, donde el ambiente burocratizado es asfixiante porque el burócrata (en la oficina o en el aula) no actúa según su propio juicio o mejor convicción, sino que debe cumplir estrictamente lo que ordenan esas normas; porque las actividades burocráticas no generan un valor de mercado en dinero ni se evalúan por ingresos vs. costos; porque el éxito no se mide por la aprobación de los clientes, sino por la obediencia estricta a procedimientos y normas aunque estas sean irracionales o contraproducentes; porque el margen de acción del burócrata está seriamente restringido por las regulaciones y su iniciativa individual queda casi anulada; porque entre burócratas (en la oficina o en el aula) lo más importante es no salirse de las normas, evitar riesgos y no innovar, porque cualquier desviación puede ser sancionada o malentendida; y porque en el ambiente burocrático —sin el incentivo del lucro y sin precios de mercado— no hay forma racional de asignar recursos ni de evaluar si una decisión fue buena o mala.

¿Entonces? Tanto para Johnny como para Juanito la solución está en despolitizar y desconcentrar la educación. Está en facilitar la competencia. Está en respetar a los padres y a los niños. La libertad de elegir cómo y dónde aprender no es un lujo: es la única forma de romper este ciclo de mediocridad disfrazada de progreso.

Si te interesan estos temas visita luisfi61.com/

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“Johnny Can’t Read” es el título de una canción ochentera de Don Henley que no sólo aborda el analfabetismo, sino el respeto que el cantante le tiene a la lectura.

En Guatemala, Juanito no sabe leer, ¿y cómo sabemos eso? Por los resultados de la Evaluación de Graduandos 2025 recién publicada que confirma que el sistema estatista de educación chapín es un embeleco, un timo, una estafa y un engaño para los estudiantes y para sus padres. Si bien es cierto que 74% de los evaluados estudiaron en colegios privados y 20% en el sector estatal, todo el sistema es estatista porque el sector privado en la educación solo puede operar por permiso y bajo la estricta supervisión del sector gubernamental. Los grandes distorsionadores son el Ministerio de Educacion, su burocrácia y el Currículo Nacional Base.

Dicha evaluación de conocimientos y habilidades en las áreas de lectura y matemáticas, así como en competencias básicas para la vida, muestra que 65% de los evaluados tiene resultados entre insatisfactorios y mejorables en materia de lectura, y que 84% de los evaluados tiene resultados entre insatisfactorios y mejorables en materia de matemáticas. Eso quiere decir que en cuanto a lectura, solo 3 de cada 10 evaluados tienen resultados entre satisfactorio y excelente; y ni 2 de cada 10 tiene resultados entre satisfactorio y excelente en matemáticas. Eso sí, 7 de cada 10 tienen internet y computadora. 7 de cada 10 afirma que le gusta leer. El engaño es tal que 9 de cada 10 evaluados piensa que su preparación fue la necesaria. 87% de los evaluados fueron de áreas urbanas, en tanto que 13% fueron del área rural. ¡Apuesto una ceja a que si el porcentaje urbano hubiera sido menor, los resultados habrían sido peores!

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Eso sí, la “costra nostra” de esa burocracia de la educación que se hace llamar magisterio exige bonos, quiere aumentos salariales y quiere no ser evaluada. En 2025 la huelga del sindicato de burócratas de la educación (también conocido como de maestros) impidió que fueran otorgadas 40% de las becas de idioma inglés que iba a otorgar el ministerio del ramo. El ecosistema de la educación estatal causa muchos daños en las vidas de los jóvenes.

Claro que el problema no es de ahora, ni es local. “Johnny Can’t Read” nos cuenta que el problema viene de lejos. Recientemente el Financial Times advirtió que la falta de hábito de lectura está afectando al aprendizaje y que, como los estudiantes leen menos, se distraen más, tienen dificultades para procesar textos largos o complejos. En consecuencia, tienen dificultades para desarrollar el pensamiento crítico y la capacidad de análisis. En aquellas condiciones se cría una cultura del menor esfuerzo en la que cualquier método educativo que exija disciplina, perseverancia y atención es tratado como “vintage”.

Estas situaciones que se dan en otras latitudes también encuentran un campo fértil en la educación estatizada, donde el ambiente burocratizado es asfixiante porque el burócrata (en la oficina o en el aula) no actúa según su propio juicio o mejor convicción, sino que debe cumplir estrictamente lo que ordenan esas normas; porque las actividades burocráticas no generan un valor de mercado en dinero ni se evalúan por ingresos vs. costos; porque el éxito no se mide por la aprobación de los clientes, sino por la obediencia estricta a procedimientos y normas aunque estas sean irracionales o contraproducentes; porque el margen de acción del burócrata está seriamente restringido por las regulaciones y su iniciativa individual queda casi anulada; porque entre burócratas (en la oficina o en el aula) lo más importante es no salirse de las normas, evitar riesgos y no innovar, porque cualquier desviación puede ser sancionada o malentendida; y porque en el ambiente burocrático —sin el incentivo del lucro y sin precios de mercado— no hay forma racional de asignar recursos ni de evaluar si una decisión fue buena o mala.

¿Entonces? Tanto para Johnny como para Juanito la solución está en despolitizar y desconcentrar la educación. Está en facilitar la competencia. Está en respetar a los padres y a los niños. La libertad de elegir cómo y dónde aprender no es un lujo: es la única forma de romper este ciclo de mediocridad disfrazada de progreso.

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