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¿Dónde está el Oro?

Amilcar R. Álvarez |
23 de julio, 2026

Y lo demás que perdimos…

Hay algo que siempre me ha gustado desde niño, platicar con las personas mayores. Siempre tienen algo que enseñar. Recuerdo una mañana que fuimos con mi papá a ver a mi abuelo, "Papito Arturo". Yo tenía diecinueve años y él ochenta y cinco. Yo llegué lleno de entusiasmo y le dije: "Mire, tengo un negocio. Quiero comprar ganado y necesito invertir cien mil quetzales con un amigo que tiene una finca". Guardó silencio durante unos segundos. Yo esperaba ansioso su respuesta. Finalmente me dijo: "Estás joven, vas a tener muchas oportunidades en tu vida". Creo que fue el "no" más elegante que he recibido.

También disfrutaba muchísimo conversar con mi "abuelazo". Nunca permitió que le dijéramos "abuelito"; decía que ese era un nombre para viejitos débiles y aseguraba que todavía tenía mucha fuerza. Me hablaba de su niñez, de los años que pasó en un internado durante su juventud y de las aventuras que vivió cuando se escapaba. También me decía que yo había heredado el talento para la música de mi tatarabuelo, Mónico de León, quien fue compositor de marchas fúnebres, entre ellas "La Reseña", que cada año acompaña las procesiones de Semana Santa. Pero siempre que tenía oportunidad, me hablaba de los tiempos de Jorge Ubico.

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Recordaba la paridad entre el quetzal y el dólar, la seguridad que él vivió en las calles de la ciudad y una economía estable. También mencionaba las obras públicas que llevó a cabo durante aquella época, como el Palacio Nacional, el Edificio de Correos y Telégrafos, el edificio de Caminos, los edificios que hoy albergan los museos de la zona 13 y las emblemáticas pasarelas ubicadas rumbo al aeropuerto, que para él simbolizaban una época de prosperidad.

Sin embargo, hay un tema que, hasta el día de hoy, sigue llamando mi atención. Mi abuelo me contaba que Guatemala tenía reservas de oro guardadas en las bóvedas del Banco Central de Guatemala, donde trabajó siendo muy joven. Tras la reforma monetaria de 1946, esa institución pasó a llamarse Banco de Guatemala. ¿Qué pasó con esas reservas? ¿Dónde está el oro?

Al momento de la renuncia de Jorge Ubico, las reservas de oro ascendían a casi un millón de onzas troy. Ese saldo quedó registrado contablemente un día antes de que dejara el cargo. El economista guatemalteco José Molina Calderón explica que esas reservas sufrieron dos grandes reducciones: la primera, de aproximadamente 177 mil onzas troy, destinadas al pago de la denominada "Deuda Inglesa"; la segunda, como consecuencia del swap de oro autorizado por la Junta Monetaria en 1985, que permitió obtener aproximadamente 30 millones de dólares para enfrentar la crisis cambiaria que atravesaba el país.

Actualmente sobreviven alrededor de 221 mil onzas troy de las reservas acumuladas durante el gobierno de Jorge Ubico, compuestas principalmente por monedas de oro recolectadas durante la década de 1930 y resguardadas físicamente en las bóvedas del Banco de Guatemala.

Según los reportes oficiales más recientes del Banco de Guatemala, las reservas de oro del país ascienden actualmente a 15.51 toneladas de oro fino, con un valor aproximado de dos mil millones de dólares. De ese total, aproximadamente 7.2 toneladas (unas 221 mil onzas troy) corresponden a oro físico resguardado en las bóvedas del Banco de Guatemala. El resto está representado por certificados internacionales "Good Delivery", custodiados por el Banco de Pagos Internacionales (BIS), en Basilea, Suiza, y por ScotiaMocatta, en Nueva York.

Si el oro acumulado durante el gobierno de Jorge Ubico se hubiera conservado y se sumara a las reservas actuales, Guatemala podría contar con un patrimonio cercano a los cinco mil millones de dólares. Pero, más allá de cuánto oro queda en Guatemala o cuánto podría valer hoy, me da tristeza pensar que el país está muy lejos de ser aquel que mi abuelo me describía cuando recordaba su juventud. Él me hablaba de una Guatemala segura, próspera y llena de oportunidades. El oro no es el único tesoro que perdimos. También perdimos la Guatemala que mi abuelo conoció.

Y lo demás que perdimos…

Hay algo que siempre me ha gustado desde niño, platicar con las personas mayores. Siempre tienen algo que enseñar. Recuerdo una mañana que fuimos con mi papá a ver a mi abuelo, "Papito Arturo". Yo tenía diecinueve años y él ochenta y cinco. Yo llegué lleno de entusiasmo y le dije: "Mire, tengo un negocio. Quiero comprar ganado y necesito invertir cien mil quetzales con un amigo que tiene una finca". Guardó silencio durante unos segundos. Yo esperaba ansioso su respuesta. Finalmente me dijo: "Estás joven, vas a tener muchas oportunidades en tu vida". Creo que fue el "no" más elegante que he recibido.

También disfrutaba muchísimo conversar con mi "abuelazo". Nunca permitió que le dijéramos "abuelito"; decía que ese era un nombre para viejitos débiles y aseguraba que todavía tenía mucha fuerza. Me hablaba de su niñez, de los años que pasó en un internado durante su juventud y de las aventuras que vivió cuando se escapaba. También me decía que yo había heredado el talento para la música de mi tatarabuelo, Mónico de León, quien fue compositor de marchas fúnebres, entre ellas "La Reseña", que cada año acompaña las procesiones de Semana Santa. Pero siempre que tenía oportunidad, me hablaba de los tiempos de Jorge Ubico.

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Recordaba la paridad entre el quetzal y el dólar, la seguridad que él vivió en las calles de la ciudad y una economía estable. También mencionaba las obras públicas que llevó a cabo durante aquella época, como el Palacio Nacional, el Edificio de Correos y Telégrafos, el edificio de Caminos, los edificios que hoy albergan los museos de la zona 13 y las emblemáticas pasarelas ubicadas rumbo al aeropuerto, que para él simbolizaban una época de prosperidad.

Sin embargo, hay un tema que, hasta el día de hoy, sigue llamando mi atención. Mi abuelo me contaba que Guatemala tenía reservas de oro guardadas en las bóvedas del Banco Central de Guatemala, donde trabajó siendo muy joven. Tras la reforma monetaria de 1946, esa institución pasó a llamarse Banco de Guatemala. ¿Qué pasó con esas reservas? ¿Dónde está el oro?

Al momento de la renuncia de Jorge Ubico, las reservas de oro ascendían a casi un millón de onzas troy. Ese saldo quedó registrado contablemente un día antes de que dejara el cargo. El economista guatemalteco José Molina Calderón explica que esas reservas sufrieron dos grandes reducciones: la primera, de aproximadamente 177 mil onzas troy, destinadas al pago de la denominada "Deuda Inglesa"; la segunda, como consecuencia del swap de oro autorizado por la Junta Monetaria en 1985, que permitió obtener aproximadamente 30 millones de dólares para enfrentar la crisis cambiaria que atravesaba el país.

Actualmente sobreviven alrededor de 221 mil onzas troy de las reservas acumuladas durante el gobierno de Jorge Ubico, compuestas principalmente por monedas de oro recolectadas durante la década de 1930 y resguardadas físicamente en las bóvedas del Banco de Guatemala.

Según los reportes oficiales más recientes del Banco de Guatemala, las reservas de oro del país ascienden actualmente a 15.51 toneladas de oro fino, con un valor aproximado de dos mil millones de dólares. De ese total, aproximadamente 7.2 toneladas (unas 221 mil onzas troy) corresponden a oro físico resguardado en las bóvedas del Banco de Guatemala. El resto está representado por certificados internacionales "Good Delivery", custodiados por el Banco de Pagos Internacionales (BIS), en Basilea, Suiza, y por ScotiaMocatta, en Nueva York.

Si el oro acumulado durante el gobierno de Jorge Ubico se hubiera conservado y se sumara a las reservas actuales, Guatemala podría contar con un patrimonio cercano a los cinco mil millones de dólares. Pero, más allá de cuánto oro queda en Guatemala o cuánto podría valer hoy, me da tristeza pensar que el país está muy lejos de ser aquel que mi abuelo me describía cuando recordaba su juventud. Él me hablaba de una Guatemala segura, próspera y llena de oportunidades. El oro no es el único tesoro que perdimos. También perdimos la Guatemala que mi abuelo conoció.

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