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¿De qué necesitamos independizarnos?

205 años después de romper con el dominio español, Guatemala enfrenta otras formas de dependencia que todavía limitan su libertad.

Melanie Müllers |
16 de septiembre, 2026

Ayer Guatemala se vistió de azul y blanco, las calles se llenaron de banderas, las escuelas de música, las familias de orgullo y las antorchas volvieron a recorrer el país. Conmemoramos 205 años desde aquel 15 de septiembre de 1821 en que Centroamérica declaró su independencia de España.

Pero quizá este aniversario debería llevarnos a una pregunta menos cómoda: ¿De qué necesitamos independizarnos hoy?

Porque la independencia no puede ser solamente un acontecimiento histórico, es una condición que debe vivirse todos los días. Guatemala dejó atrás el dominio colonial, pero todavía enfrenta dependencias que condicionan la libertad de millones de guatemaltecos. Dependemos de instituciones que muchas veces no funcionan como deberían, de una justicia que necesita recuperar credibilidad, de una seguridad que todavía no logra contener plenamente al crimen organizado, de una economía donde demasiadas personas trabajan en la informalidad y de un gobierno cuya capacidad para responder a las necesidades de los guatemaltecos sigue siendo insuficiente.

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¿Puede llamarse plenamente libre un ciudadano que tiene miedo de salir de su casa? ¿Es verdaderamente independiente una persona que no encuentra oportunidades para trabajar y progresar? ¿Puede hablarse de libertad cuando una familia debe elegir entre comer, estudiar o atender una emergencia médica?

La independencia política fue un primer paso, la verdadera independencia de una nación se construye cuando sus ciudadanos pueden decidir sobre su futuro sin que la pobreza, la violencia, la corrupción o la falta de oportunidades decidan por ellos.

También necesitamos independizarnos de una cultura peligrosa, aquella que espera que todo lo resuelva el gobierno. Un país verdaderamente libre necesita ciudadanos responsables, empresas que generen oportunidades, instituciones que cumplan la ley y un gobierno que haga aquello que le corresponde: garantizar seguridad, justicia, infraestructura, educación y reglas claras.

La libertad tampoco significa ausencia de reglas, al contrario, sin Estado de Derecho, la libertad termina perteneciendo al más fuerte, al más rico, al más violento o al que tiene mejores conexiones. Por eso la certeza jurídica no es un concepto reservado para abogados o empresarios, es una condición indispensable para que cualquier guatemalteco pueda construir un proyecto de vida.

Tenemos otra independencia que debemos conquistar, la independencia de nuestras propias divisiones.

Guatemala no puede seguir atrapada en la lógica de nosotros contra ellos, Indígenas contra no indígenas, empresarios contra trabajadores, sector público contra sector privado, izquierda contra derecha, capital contra interior. Una nación no se construye eliminando las diferencias, sino aprendiendo a convivir con ellas bajo una misma ley y alrededor de objetivos comunes.

Este año, el fuego patrio volvió a encenderse frente al Palacio Nacional de la Cultura como parte de las celebraciones de los 205 años de independencia. El Ministerio de Cultura recordó que entre los valores asociados a esta fecha están la libertad, la soberanía, la identidad y la unión centroamericana. Qué importante sería que esos valores dejaran de ser solamente palabras ceremoniales.

Porque la independencia no se mide únicamente por la ausencia de un poder extranjero, se mide también por la capacidad de una sociedad para gobernarse a sí misma, respetar sus leyes, proteger a sus ciudadanos y crear oportunidades para que cada persona pueda elegir su propio destino.

Guatemala no necesita otra independencia de España, necesita una independencia más profunda de la corrupción, del miedo, de la impunidad, de la pobreza de oportunidades, del clientelismo y de la resignación.

Hoy podemos celebrar 205 años de historia, pero mañana comienza la tarea de construir los próximos 205 y esa independencia la construiremos nosotros.

¿De qué necesitamos independizarnos?

205 años después de romper con el dominio español, Guatemala enfrenta otras formas de dependencia que todavía limitan su libertad.

Melanie Müllers |
16 de septiembre, 2026

Ayer Guatemala se vistió de azul y blanco, las calles se llenaron de banderas, las escuelas de música, las familias de orgullo y las antorchas volvieron a recorrer el país. Conmemoramos 205 años desde aquel 15 de septiembre de 1821 en que Centroamérica declaró su independencia de España.

Pero quizá este aniversario debería llevarnos a una pregunta menos cómoda: ¿De qué necesitamos independizarnos hoy?

Porque la independencia no puede ser solamente un acontecimiento histórico, es una condición que debe vivirse todos los días. Guatemala dejó atrás el dominio colonial, pero todavía enfrenta dependencias que condicionan la libertad de millones de guatemaltecos. Dependemos de instituciones que muchas veces no funcionan como deberían, de una justicia que necesita recuperar credibilidad, de una seguridad que todavía no logra contener plenamente al crimen organizado, de una economía donde demasiadas personas trabajan en la informalidad y de un gobierno cuya capacidad para responder a las necesidades de los guatemaltecos sigue siendo insuficiente.

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También necesitamos independizarnos de una cultura peligrosa, aquella que espera que todo lo resuelva el gobierno. Un país verdaderamente libre necesita ciudadanos responsables, empresas que generen oportunidades, instituciones que cumplan la ley y un gobierno que haga aquello que le corresponde: garantizar seguridad, justicia, infraestructura, educación y reglas claras.

La libertad tampoco significa ausencia de reglas, al contrario, sin Estado de Derecho, la libertad termina perteneciendo al más fuerte, al más rico, al más violento o al que tiene mejores conexiones. Por eso la certeza jurídica no es un concepto reservado para abogados o empresarios, es una condición indispensable para que cualquier guatemalteco pueda construir un proyecto de vida.

Tenemos otra independencia que debemos conquistar, la independencia de nuestras propias divisiones.

Guatemala no puede seguir atrapada en la lógica de nosotros contra ellos, Indígenas contra no indígenas, empresarios contra trabajadores, sector público contra sector privado, izquierda contra derecha, capital contra interior. Una nación no se construye eliminando las diferencias, sino aprendiendo a convivir con ellas bajo una misma ley y alrededor de objetivos comunes.

Este año, el fuego patrio volvió a encenderse frente al Palacio Nacional de la Cultura como parte de las celebraciones de los 205 años de independencia. El Ministerio de Cultura recordó que entre los valores asociados a esta fecha están la libertad, la soberanía, la identidad y la unión centroamericana. Qué importante sería que esos valores dejaran de ser solamente palabras ceremoniales.

Porque la independencia no se mide únicamente por la ausencia de un poder extranjero, se mide también por la capacidad de una sociedad para gobernarse a sí misma, respetar sus leyes, proteger a sus ciudadanos y crear oportunidades para que cada persona pueda elegir su propio destino.

Guatemala no necesita otra independencia de España, necesita una independencia más profunda de la corrupción, del miedo, de la impunidad, de la pobreza de oportunidades, del clientelismo y de la resignación.

Hoy podemos celebrar 205 años de historia, pero mañana comienza la tarea de construir los próximos 205 y esa independencia la construiremos nosotros.

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