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Bukele: ¿el síntoma o la cura?

.
Amilcar R. Álvarez |
12 de marzo, 2026

El Salvador nos ha demostrado que sí se puede recuperar un país.

El haber sido papá joven me enseñó que cuando un niño se enferma, la fiebre es un síntoma que avisa que el cuerpo se está defendiendo de un ataque bacteriano, y que medicamentos como el Tylenol o el Cataflán únicamente atacan el síntoma, mas no la enfermedad, que en la mayoría de los casos debe ser tratada con antibiótico.

Esta analogía la aplico a nuestro hermano país, El Salvador, que pasó de ser uno de los países más violentos del mundo a uno con las tasas de criminalidad más bajas de la región. Estuvo enfermo de violencia, como lo está hoy en día nuestro país, Guatemala.

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No creo que haya un solo guatemalteco que no sueñe con poder salir a caminar por la calle con su celular o su computadora sin el temor de ser asaltado. ¿Cuántas personas salieron una mañana de su casa a trabajar y nunca volvieron porque las mataron por robarles el celular?

Nos quejamos de que cada día el tráfico está peor porque ya no caben los carros, pero pocas veces pensamos que una de las causas de que haya tantos carros es que nadie quiere andar a pie por temor a ser asaltado, por lo que prefiere movilizarse en vehículo antes que usar el transporte público.

Desde el inicio de la era democrática hemos escuchado las mismas promesas: acabar con la inseguridad en el país. Pero en la vecindad ya nos dieron una lección de cómo se hace. ¿Hay otras formas de hacerlo? No lo creo.

Todo esto me hace reflexionar: ¿por qué Guatemala no ha podido hacerlo? Somos el país del “casi”. Como dice mi padre: “casi es pariente de tal vez”. Casi llegamos al mundial, casi tenemos un estadio moderno, casi tenemos un aeropuerto de primer mundo. El Salvador incluso ya fue dos veces al mundial y nosotros… seguiremos sin ir pero siempre “casi vamos”.  Salvo que Irán no vaya, los de nuestra selección tal vez irán… aunque sea por invitación.

Somos un país rico. Basta con irse a parar un rato en Las Chinamas y ver los camiones pasar de Guatemala hacia El Salvador cargados de frutas, verduras, flores y muchos otros productos que allá no producen, no por falta de trabajo, sino por el clima y por el tamaño de su territorio.

En una visita a El Salvador, hubo una frase que dijo el empresario guatemalteco Juan José Gutiérrez durante un encuentro con el presidente Nayib Bukele:

“Usted, presidente Bukele, resolvió todos los problemas que nos aquejan y no nos dejan producir a nosotros en Guatemala y en Honduras.”

Con la riqueza que tiene nuestro país y con la economía de Guatemala, ¿cuánto podríamos producir si se resolviera el problema de la inseguridad?

De aquí surge la pregunta: ¿está Bukele atacando el síntoma o la enfermedad? ¿A cuántas personas hemos escuchado decir: “queremos un presidente como Bukele que venga a acabar con las maras”? Tal vez podríamos empezar por mandar presos al CECOT y pagarle por tenerlos allí; probablemente nos saldría más barato como país.

En mi opinión, el haber controlado la violencia acabando con las maras en El Salvador es como bajar la fiebre. Bukele ya logró lo más difícil. Ahora toca trabajar en que la población de esa cárcel vaya disminuyendo conforme, con el paso del tiempo, los criminales que hoy están allí vayan desapareciendo.

El verdadero reto está en crear nuevas oportunidades de educación y salud, abrir el país a nuevas inversiones extranjeras y generar las condiciones necesarias para sacar a las familias de la pobreza, no regalando dinero, sino creando oportunidades reales.

Hoy Bukele tiene un desafío aún más grande, uno cuyos resultados no se verán mañana ni el próximo año, sino en veinte años: construir una nueva nación donde todos puedan crecer, desarrollarse y tener las mismas oportunidades.

La fiebre ya bajó. Ahora toca el antibiótico: hacer que esta paz que disfrutan hoy nuestros hermanos salvadoreños se pueda perpetuar en el futuro, incluso cuando él ya no esté en el poder.

El Salvador nos ha demostrado que sí se puede recuperar un país. Ahora la pregunta ya no es si es posible, sino por qué nosotros seguimos sin hacerlo. Guatemala tiene todo para ser una de las naciones más prósperas de la región; lo único que nos falta es el valor político para tomar las decisiones difíciles que cambian la historia.

Y si no lo hacemos, seguiremos siendo espectadores… como en todos los mundiales de fútbol.

«¡Salve, cara parens, dulcis Guatimala, salve!»

 

Bukele: ¿el síntoma o la cura?

Amilcar R. Álvarez |
12 de marzo, 2026
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El Salvador nos ha demostrado que sí se puede recuperar un país.

El haber sido papá joven me enseñó que cuando un niño se enferma, la fiebre es un síntoma que avisa que el cuerpo se está defendiendo de un ataque bacteriano, y que medicamentos como el Tylenol o el Cataflán únicamente atacan el síntoma, mas no la enfermedad, que en la mayoría de los casos debe ser tratada con antibiótico.

Esta analogía la aplico a nuestro hermano país, El Salvador, que pasó de ser uno de los países más violentos del mundo a uno con las tasas de criminalidad más bajas de la región. Estuvo enfermo de violencia, como lo está hoy en día nuestro país, Guatemala.

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No creo que haya un solo guatemalteco que no sueñe con poder salir a caminar por la calle con su celular o su computadora sin el temor de ser asaltado. ¿Cuántas personas salieron una mañana de su casa a trabajar y nunca volvieron porque las mataron por robarles el celular?

Nos quejamos de que cada día el tráfico está peor porque ya no caben los carros, pero pocas veces pensamos que una de las causas de que haya tantos carros es que nadie quiere andar a pie por temor a ser asaltado, por lo que prefiere movilizarse en vehículo antes que usar el transporte público.

Desde el inicio de la era democrática hemos escuchado las mismas promesas: acabar con la inseguridad en el país. Pero en la vecindad ya nos dieron una lección de cómo se hace. ¿Hay otras formas de hacerlo? No lo creo.

Todo esto me hace reflexionar: ¿por qué Guatemala no ha podido hacerlo? Somos el país del “casi”. Como dice mi padre: “casi es pariente de tal vez”. Casi llegamos al mundial, casi tenemos un estadio moderno, casi tenemos un aeropuerto de primer mundo. El Salvador incluso ya fue dos veces al mundial y nosotros… seguiremos sin ir pero siempre “casi vamos”.  Salvo que Irán no vaya, los de nuestra selección tal vez irán… aunque sea por invitación.

Somos un país rico. Basta con irse a parar un rato en Las Chinamas y ver los camiones pasar de Guatemala hacia El Salvador cargados de frutas, verduras, flores y muchos otros productos que allá no producen, no por falta de trabajo, sino por el clima y por el tamaño de su territorio.

En una visita a El Salvador, hubo una frase que dijo el empresario guatemalteco Juan José Gutiérrez durante un encuentro con el presidente Nayib Bukele:

“Usted, presidente Bukele, resolvió todos los problemas que nos aquejan y no nos dejan producir a nosotros en Guatemala y en Honduras.”

Con la riqueza que tiene nuestro país y con la economía de Guatemala, ¿cuánto podríamos producir si se resolviera el problema de la inseguridad?

De aquí surge la pregunta: ¿está Bukele atacando el síntoma o la enfermedad? ¿A cuántas personas hemos escuchado decir: “queremos un presidente como Bukele que venga a acabar con las maras”? Tal vez podríamos empezar por mandar presos al CECOT y pagarle por tenerlos allí; probablemente nos saldría más barato como país.

En mi opinión, el haber controlado la violencia acabando con las maras en El Salvador es como bajar la fiebre. Bukele ya logró lo más difícil. Ahora toca trabajar en que la población de esa cárcel vaya disminuyendo conforme, con el paso del tiempo, los criminales que hoy están allí vayan desapareciendo.

El verdadero reto está en crear nuevas oportunidades de educación y salud, abrir el país a nuevas inversiones extranjeras y generar las condiciones necesarias para sacar a las familias de la pobreza, no regalando dinero, sino creando oportunidades reales.

Hoy Bukele tiene un desafío aún más grande, uno cuyos resultados no se verán mañana ni el próximo año, sino en veinte años: construir una nueva nación donde todos puedan crecer, desarrollarse y tener las mismas oportunidades.

La fiebre ya bajó. Ahora toca el antibiótico: hacer que esta paz que disfrutan hoy nuestros hermanos salvadoreños se pueda perpetuar en el futuro, incluso cuando él ya no esté en el poder.

El Salvador nos ha demostrado que sí se puede recuperar un país. Ahora la pregunta ya no es si es posible, sino por qué nosotros seguimos sin hacerlo. Guatemala tiene todo para ser una de las naciones más prósperas de la región; lo único que nos falta es el valor político para tomar las decisiones difíciles que cambian la historia.

Y si no lo hacemos, seguiremos siendo espectadores… como en todos los mundiales de fútbol.

«¡Salve, cara parens, dulcis Guatimala, salve!»

 

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