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Tracy Francis, Senior Partner and Managing Partner Latin America, McKinsey & Company
27 de mayo, 2026
Si hablamos sobre negocios e inteligencia artificial (IA), la conversación a nivel local, regional y hasta global se centra en los líderes y el talento que desarrollan los modelos, controlan la infraestructura o capturan la atención del usuario final. Sin embargo, esta narrativa omite una realidad estructural más profunda. Me refiero a las arenas de competencia que hoy redefinen el crecimiento económico y que funcionan como sistemas interdependientes donde el valor se construye desde los cimientos.
Primero debo aclarar: ¿qué son estas arenas de competencia? Son aquellas industrias bajo clústeres de digitalización, inteligencia artificial, electrificación, hard tech y hasta nuevas fronteras de biotecnología que en los últimos años crecieron cerca de cuatro veces más rápido que otras industrias en valor de mercado y 10 veces más en ingresos en los últimos años. Sobre estas arenas, McKinsey & Company ha realizado sendos análisis.
Dentro de ellas, la base de la inteligencia artificial —compuesta por semiconductores, servicios en la nube y software especializado— ha generado alrededor de 500 mil millones de dólares en ingresos adicionales y más de 11 billones (trillions en inglés) en valor de mercado desde 2022.
A primera vista, América Latina parece estar al margen de esta dinámica. La región concentra alrededor del 5% del valor de mercado de estas arenas y cerca del 1% de los ingresos globales asociados. Este desbalance es una desventaja, sí, pero bien podría reinterpretarse y reconsiderar un punto vista un elemento fundamental. Es decir: su posición poco visible resulta cada vez más estratégica.
El punto de partida está en los recursos
América Latina concentra aproximadamente el 70% de las reservas globales de litio y cerca del 33% de las reservas de cobre. El litio es el componente central de las baterías que alimentan dispositivos, vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento energético. El cobre es crítico para la conducción eléctrica, la conectividad y la gestión térmica en centros de datos y chips avanzados. Incluso en aplicaciones de IA, los sistemas de cómputo intensivo dependen de grandes volúmenes de estos materiales para operar a escala.
La revolución de la IA descansa sobre una base física en la que América Latina ya tiene una posición dominante. El desafío radica en capturar mayor valor a lo largo de la cadena. La región puede evolucionar desde un rol extractivo hacia uno más
integrado, participando en procesos de transformación, manufactura avanzada e incluso en el desarrollo de infraestructura tecnológica asociada.
La importancia de la geopolítica regional
Aquí es donde el segundo vector estratégico cobra relevancia. En un entorno global marcado por tensiones geopolíticas, fragmentación comercial y competencia tecnológica, América Latina presenta una ventaja singular. La región mantiene una posición relativamente equilibrada en sus relaciones internacionales, con vínculos comerciales diversificados y una postura de neutralidad que la hace atractiva para las economías pioneras en el desarrollo de tecnologías de inteligencia artificial.
Esta condición no es menor. En un mundo multipolar, donde las cadenas de suministro se están rediseñando para ganar resiliencia, la capacidad de atraer inversión de múltiples orígenes se convierte en un activo estratégico. De hecho, los flujos de inversión extranjera directa hacia la región han crecido de forma significativa, pasando de 379 mil millones de dólares en el periodo 2018 a 2021 a 541 mil millones entre 2022 y 2025. Este aumento refleja una reconfiguración en la asignación global de capital que favorece a territorios con estabilidad relativa y acceso a recursos críticos.
La potencia de las cadenas de valor
La combinación de recursos estratégicos y posicionamiento geopolítico abre una tercera dimensión de oportunidad. América Latina puede convertirse en un nodo clave dentro de las nuevas cadenas de valor de las arenas de competencia. Esto implica atraer inversiones en manufactura avanzada, infraestructura digital, centros de datos y servicios tecnológicos basados en la IA, aprovechando tanto la proximidad a grandes mercados como la disponibilidad de insumos críticos.
Este enfoque también redefine el papel de las empresas locales. La pregunta ya no es cómo replicar a los gigantes tecnológicos globales, sino cómo insertarse de manera inteligente en ecosistemas que ya están en expansión.
Además, la integración en estas cadenas no se limita al sector tecnológico. Las arenas están transformando industrias tradicionales, desde manufactura hasta energía y logística. La adopción de inteligencia artificial, robótica y soluciones digitales puede impulsar mejoras significativas en productividad, un desafío estructural para la región.
¿Cómo podemos integrar estos tres elementos?
Para los líderes empresariales de América Latina, la oportunidad ya no consiste únicamente en participar en mercados locales protegidos o en esperar que la innovación llegue desde otros centros económicos. La aceleración de las arenas de competencia exige construir una posición activa dentro de las cadenas globales de valor asociadas con inteligencia artificial, cloud, semiconductores y electrificación.
Eso implica tomar decisiones concretas hoy. Las compañías de la región deben avanzar hacia asociaciones estratégicas con actores tecnológicos globales, invertir en capacidades de manufactura avanzada, desarrollar infraestructura digital y fortalecer talento especializado en automatización, analítica e inteligencia artificial.
También será clave participar más profundamente en procesos de transformación de minerales críticos como litio y cobre, capturando valor más allá de la extracción primaria. Como mencioné, América Latina tiene ventajas geopolíticas y recursos estratégicos que el mundo necesita. ¿Son las empresas capaces de actuar para integrarse a las arenas que están concentrando crecimiento, capital e innovación?
Los gobiernos corporativos también deberán replantear su visión de riesgo y escala. Las arenas están siendo dominadas por compañías capaces de invertir agresivamente durante largos ciclos y de construir ecosistemas completos alrededor de infraestructura, datos y tecnología. Frente a ello, las empresas latinoamericanas necesitan abandonar una lógica defensiva y comenzar a operar con mentalidad regional e internacional.
Implica impulsar hubs tecnológicos vinculados a data centers y servicios digitales, acelerar inversiones relacionadas con nearshoring y cadenas industriales estratégicas, así como incorporar inteligencia artificial y robótica en operaciones tradicionales para elevar productividad. Por último, la región debe aprovechar su relativa neutralidad geopolítica y su capacidad de atraer inversión desde Estados Unidos, China y otros mercados. Así se convertirá en un territorio clave para nuevas cadenas de suministro y plataformas industriales.
América Latina debe redefinir su papel en la economía global
Para los líderes empresariales, esto implica una revisión profunda de sus prioridades. Las decisiones de inversión deben considerar al mercado local y a la cadena global. Las alianzas estratégicas, la adopción y desarrollo de la IA, y la construcción de capacidades serán determinantes para capturar las oportunidades que están emergiendo.
Entenderlo a tiempo marcará la diferencia entre mantenerse invisible y participar marginalmente, o hacerse muy visible y convertirse en un actor relevante en la próxima etapa del crecimiento global.
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Tracy Francis, Senior Partner and Managing Partner Latin America, McKinsey & Company
27 de mayo, 2026
Si hablamos sobre negocios e inteligencia artificial (IA), la conversación a nivel local, regional y hasta global se centra en los líderes y el talento que desarrollan los modelos, controlan la infraestructura o capturan la atención del usuario final. Sin embargo, esta narrativa omite una realidad estructural más profunda. Me refiero a las arenas de competencia que hoy redefinen el crecimiento económico y que funcionan como sistemas interdependientes donde el valor se construye desde los cimientos.
Primero debo aclarar: ¿qué son estas arenas de competencia? Son aquellas industrias bajo clústeres de digitalización, inteligencia artificial, electrificación, hard tech y hasta nuevas fronteras de biotecnología que en los últimos años crecieron cerca de cuatro veces más rápido que otras industrias en valor de mercado y 10 veces más en ingresos en los últimos años. Sobre estas arenas, McKinsey & Company ha realizado sendos análisis.
Dentro de ellas, la base de la inteligencia artificial —compuesta por semiconductores, servicios en la nube y software especializado— ha generado alrededor de 500 mil millones de dólares en ingresos adicionales y más de 11 billones (trillions en inglés) en valor de mercado desde 2022.
A primera vista, América Latina parece estar al margen de esta dinámica. La región concentra alrededor del 5% del valor de mercado de estas arenas y cerca del 1% de los ingresos globales asociados. Este desbalance es una desventaja, sí, pero bien podría reinterpretarse y reconsiderar un punto vista un elemento fundamental. Es decir: su posición poco visible resulta cada vez más estratégica.
El punto de partida está en los recursos
América Latina concentra aproximadamente el 70% de las reservas globales de litio y cerca del 33% de las reservas de cobre. El litio es el componente central de las baterías que alimentan dispositivos, vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento energético. El cobre es crítico para la conducción eléctrica, la conectividad y la gestión térmica en centros de datos y chips avanzados. Incluso en aplicaciones de IA, los sistemas de cómputo intensivo dependen de grandes volúmenes de estos materiales para operar a escala.
La revolución de la IA descansa sobre una base física en la que América Latina ya tiene una posición dominante. El desafío radica en capturar mayor valor a lo largo de la cadena. La región puede evolucionar desde un rol extractivo hacia uno más
integrado, participando en procesos de transformación, manufactura avanzada e incluso en el desarrollo de infraestructura tecnológica asociada.
La importancia de la geopolítica regional
Aquí es donde el segundo vector estratégico cobra relevancia. En un entorno global marcado por tensiones geopolíticas, fragmentación comercial y competencia tecnológica, América Latina presenta una ventaja singular. La región mantiene una posición relativamente equilibrada en sus relaciones internacionales, con vínculos comerciales diversificados y una postura de neutralidad que la hace atractiva para las economías pioneras en el desarrollo de tecnologías de inteligencia artificial.
Esta condición no es menor. En un mundo multipolar, donde las cadenas de suministro se están rediseñando para ganar resiliencia, la capacidad de atraer inversión de múltiples orígenes se convierte en un activo estratégico. De hecho, los flujos de inversión extranjera directa hacia la región han crecido de forma significativa, pasando de 379 mil millones de dólares en el periodo 2018 a 2021 a 541 mil millones entre 2022 y 2025. Este aumento refleja una reconfiguración en la asignación global de capital que favorece a territorios con estabilidad relativa y acceso a recursos críticos.
La potencia de las cadenas de valor
La combinación de recursos estratégicos y posicionamiento geopolítico abre una tercera dimensión de oportunidad. América Latina puede convertirse en un nodo clave dentro de las nuevas cadenas de valor de las arenas de competencia. Esto implica atraer inversiones en manufactura avanzada, infraestructura digital, centros de datos y servicios tecnológicos basados en la IA, aprovechando tanto la proximidad a grandes mercados como la disponibilidad de insumos críticos.
Este enfoque también redefine el papel de las empresas locales. La pregunta ya no es cómo replicar a los gigantes tecnológicos globales, sino cómo insertarse de manera inteligente en ecosistemas que ya están en expansión.
Además, la integración en estas cadenas no se limita al sector tecnológico. Las arenas están transformando industrias tradicionales, desde manufactura hasta energía y logística. La adopción de inteligencia artificial, robótica y soluciones digitales puede impulsar mejoras significativas en productividad, un desafío estructural para la región.
¿Cómo podemos integrar estos tres elementos?
Para los líderes empresariales de América Latina, la oportunidad ya no consiste únicamente en participar en mercados locales protegidos o en esperar que la innovación llegue desde otros centros económicos. La aceleración de las arenas de competencia exige construir una posición activa dentro de las cadenas globales de valor asociadas con inteligencia artificial, cloud, semiconductores y electrificación.
Eso implica tomar decisiones concretas hoy. Las compañías de la región deben avanzar hacia asociaciones estratégicas con actores tecnológicos globales, invertir en capacidades de manufactura avanzada, desarrollar infraestructura digital y fortalecer talento especializado en automatización, analítica e inteligencia artificial.
También será clave participar más profundamente en procesos de transformación de minerales críticos como litio y cobre, capturando valor más allá de la extracción primaria. Como mencioné, América Latina tiene ventajas geopolíticas y recursos estratégicos que el mundo necesita. ¿Son las empresas capaces de actuar para integrarse a las arenas que están concentrando crecimiento, capital e innovación?
Los gobiernos corporativos también deberán replantear su visión de riesgo y escala. Las arenas están siendo dominadas por compañías capaces de invertir agresivamente durante largos ciclos y de construir ecosistemas completos alrededor de infraestructura, datos y tecnología. Frente a ello, las empresas latinoamericanas necesitan abandonar una lógica defensiva y comenzar a operar con mentalidad regional e internacional.
Implica impulsar hubs tecnológicos vinculados a data centers y servicios digitales, acelerar inversiones relacionadas con nearshoring y cadenas industriales estratégicas, así como incorporar inteligencia artificial y robótica en operaciones tradicionales para elevar productividad. Por último, la región debe aprovechar su relativa neutralidad geopolítica y su capacidad de atraer inversión desde Estados Unidos, China y otros mercados. Así se convertirá en un territorio clave para nuevas cadenas de suministro y plataformas industriales.
América Latina debe redefinir su papel en la economía global
Para los líderes empresariales, esto implica una revisión profunda de sus prioridades. Las decisiones de inversión deben considerar al mercado local y a la cadena global. Las alianzas estratégicas, la adopción y desarrollo de la IA, y la construcción de capacidades serán determinantes para capturar las oportunidades que están emergiendo.
Entenderlo a tiempo marcará la diferencia entre mantenerse invisible y participar marginalmente, o hacerse muy visible y convertirse en un actor relevante en la próxima etapa del crecimiento global.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: