Como internacionalista, siempre he creído que la multipolaridad en el sistema internacional representa muchos más riesgos que la unipolaridad; para quienes no son internacionalistas les explico, estos últimos dos conceptos hacen referencia a la cantidad de potencias rivales que hay en el sistema internacional. Es por eso que una doctrina como el America First que Trump planteaba al inicio de su mandato, a mi parecer, no era la adecuada para mantener la hegemonía estadounidense y con ella los valores occidentales que tanto agradezco como brújula moral del mundo libre.
Y así fue, durante los primeros años de la segunda etapa Trump vimos un mundo que parecía estar intentando reorganizarse sin su líder. Por un lado, teníamos al máximo rival (China), que, tomando una posición agresiva, se puso a competir con los aranceles que le imponía Trump mientras pujaba fuerte con todos sus recursos para intentar aprovechar la oportunidad y acercase lo más posible a la cuota de poder estadounidense. Por el otro lado teníamos a los aliados europeos que empezaban a planificar su futuro reduciendo la dependencia no solo económica, también militar, hacia Estados Unidos. Cada día se veía más probable una nueva era multipolar, hasta que en 2026 algo cambió.
No me pregunten si este era el plan desde el inicio o si se dio un timonazo en la política exterior del trumpismo porque es algo que no sé. Lo que sí les puedo decir es que estamos ante la resurrección de la doctrina Monroe y la Pax Americana, dos de las estrategias de política exterior que llevaron a Estados Unidos al puesto de hegemonía mundial que hoy todavía ostenta; o como al mismo Trump le gusta decir, llevaron a los Estados Unidos a ser grande.
Primero vimos la resurrección casi poética de la doctrina Monroe. Esta es una doctrina que al igual que el trumpismo, inició como una estrategia nacionalista que busca evitar la intervención extranjera. Sin embargo, con los años y la intervención del presidente Roosevelt se convirtió en la política con la que Estados Unidos aseguró su esfera de influencia en América y mantuvo lejos a las potencias extranjeras del continente. Esta doctrina es muy simple; trata de intervenir directamente en los países de la región que presentaran gran inestabilidad y un caos interno que pudiera ser aprovechado por otras potencias para entrar al continente. Hoy la doctrina Monroe está más viva que nunca en casos como la intervención en Venezuela, la presión a Cuba y la creación del nuevo grupo Shield Of The Americas.
Pero eso no es todo amigos, este año en Irán vimos en todo su esplendor lo que los analistas del siglo pasado llamaron La Pax Americana. Sin ser una doctrina oficial de la política exterior estadounidense este fue el término que se le dio a la estabilidad mundial girada en torno a los Estados Unidos. Para esto, los Estados Unidos promovieron la creación de diversas instituciones como la OTAN o el FMI que tenían la doble función de servir como apoyo para los aliados y mecanismo de presión para aquellos que buscaban conflicto. Esta nueva concepción del mundo llevó a la creación de doctrinas como la Carter que hoy se ve reflejada en la cantidad de bases militares estadounidenses en la región; y la Wolfowitz o la Bush que hoy permiten justificar ataques preventivos como el que estamos viendo en Irán. Y es que sí, el ataque a Irán responde a la lógica de impedir que una teocracia islamista que financia terroristas se haga con bombas nucleares; pero también, permitió demostrar una vez más la distancia entre el ejército estadounidense y los demás, mientras dejan a China sin uno de sus principales proveedores de petróleo y reafirman sus alianzas en la región y el mundo, logrando que países como el Reino Unido, Francia y Alemania cedieran sus bases para el conflicto. Me gustaría decir que fueron dos pájaros de un tiro, pero esto fue una parvada completa con un misil de B-2.
En conclusión, parece ser que el Gran Estados Unidos está de regreso y, si me lo preguntan a mí, en esta época de depravación e incertidumbre esta es la mejor noticia que puede haber para Occidente y los principios que nos sostienen. Primero, porque, como ya dije, la unipolaridad en el mundo trae consigo estabilidad y periodos de gran prosperidad económica. Además, los principios morales de la potencia hegemónica son los que tienden a predominar y hoy más que nunca es necesario que se exporte la lucha contra el progresismo que se está dando en los Estados Unidos.
Como internacionalista, siempre he creído que la multipolaridad en el sistema internacional representa muchos más riesgos que la unipolaridad; para quienes no son internacionalistas les explico, estos últimos dos conceptos hacen referencia a la cantidad de potencias rivales que hay en el sistema internacional. Es por eso que una doctrina como el America First que Trump planteaba al inicio de su mandato, a mi parecer, no era la adecuada para mantener la hegemonía estadounidense y con ella los valores occidentales que tanto agradezco como brújula moral del mundo libre.
Y así fue, durante los primeros años de la segunda etapa Trump vimos un mundo que parecía estar intentando reorganizarse sin su líder. Por un lado, teníamos al máximo rival (China), que, tomando una posición agresiva, se puso a competir con los aranceles que le imponía Trump mientras pujaba fuerte con todos sus recursos para intentar aprovechar la oportunidad y acercase lo más posible a la cuota de poder estadounidense. Por el otro lado teníamos a los aliados europeos que empezaban a planificar su futuro reduciendo la dependencia no solo económica, también militar, hacia Estados Unidos. Cada día se veía más probable una nueva era multipolar, hasta que en 2026 algo cambió.
No me pregunten si este era el plan desde el inicio o si se dio un timonazo en la política exterior del trumpismo porque es algo que no sé. Lo que sí les puedo decir es que estamos ante la resurrección de la doctrina Monroe y la Pax Americana, dos de las estrategias de política exterior que llevaron a Estados Unidos al puesto de hegemonía mundial que hoy todavía ostenta; o como al mismo Trump le gusta decir, llevaron a los Estados Unidos a ser grande.
Primero vimos la resurrección casi poética de la doctrina Monroe. Esta es una doctrina que al igual que el trumpismo, inició como una estrategia nacionalista que busca evitar la intervención extranjera. Sin embargo, con los años y la intervención del presidente Roosevelt se convirtió en la política con la que Estados Unidos aseguró su esfera de influencia en América y mantuvo lejos a las potencias extranjeras del continente. Esta doctrina es muy simple; trata de intervenir directamente en los países de la región que presentaran gran inestabilidad y un caos interno que pudiera ser aprovechado por otras potencias para entrar al continente. Hoy la doctrina Monroe está más viva que nunca en casos como la intervención en Venezuela, la presión a Cuba y la creación del nuevo grupo Shield Of The Americas.
Pero eso no es todo amigos, este año en Irán vimos en todo su esplendor lo que los analistas del siglo pasado llamaron La Pax Americana. Sin ser una doctrina oficial de la política exterior estadounidense este fue el término que se le dio a la estabilidad mundial girada en torno a los Estados Unidos. Para esto, los Estados Unidos promovieron la creación de diversas instituciones como la OTAN o el FMI que tenían la doble función de servir como apoyo para los aliados y mecanismo de presión para aquellos que buscaban conflicto. Esta nueva concepción del mundo llevó a la creación de doctrinas como la Carter que hoy se ve reflejada en la cantidad de bases militares estadounidenses en la región; y la Wolfowitz o la Bush que hoy permiten justificar ataques preventivos como el que estamos viendo en Irán. Y es que sí, el ataque a Irán responde a la lógica de impedir que una teocracia islamista que financia terroristas se haga con bombas nucleares; pero también, permitió demostrar una vez más la distancia entre el ejército estadounidense y los demás, mientras dejan a China sin uno de sus principales proveedores de petróleo y reafirman sus alianzas en la región y el mundo, logrando que países como el Reino Unido, Francia y Alemania cedieran sus bases para el conflicto. Me gustaría decir que fueron dos pájaros de un tiro, pero esto fue una parvada completa con un misil de B-2.
En conclusión, parece ser que el Gran Estados Unidos está de regreso y, si me lo preguntan a mí, en esta época de depravación e incertidumbre esta es la mejor noticia que puede haber para Occidente y los principios que nos sostienen. Primero, porque, como ya dije, la unipolaridad en el mundo trae consigo estabilidad y periodos de gran prosperidad económica. Además, los principios morales de la potencia hegemónica son los que tienden a predominar y hoy más que nunca es necesario que se exporte la lucha contra el progresismo que se está dando en los Estados Unidos.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: