El 4 de julio celebran los norteamericanos su declaración de independencia, el día del año 1776 en que los Estados norteamericanos rompieron su vínculo político con el Estado de la Gran Bretaña quedando así libres de toda lealtad a la Corona Británica.
Esta declaración fue resultado del deterioro de las relaciones entre Gran Bretaña y las colonias americanas desde 1763, cuando el Parlamento británico aumentó los impuestos coloniales. Uno de ellos fue la Ley del Sello, un impuesto directo aplicado a las trece colonias que exigía que la mayoría de los materiales impresos se publicaran en papel sellado producido en Londres y marcado con un sello fiscal en relieve. La medida buscaba controlar la libertad de prensa en las colonias y financiar los gastos de la guerra de los Siete Años entre Gran Bretaña y Francia por los territorios de Canadá. Como consecuencia, muchos periódicos no pudieron asumir los costos de esta censura económica y desaparecieron; entre los más importantes se encontraba The Spectator.
Luego vinieron las leyes de Townshend de 1767, que impusieron gravámenes a varios productos y reforzaron el control del comercio. La resistencia de los colonos a estas medidas derivó en la masacre de Boston en 1770. Tras ese hecho, la mayoría de los impuestos fue derogada, pero en 1773 se restablecieron, lo que provocó el motín del té en Boston. En respuesta, el Parlamento británico aprobó las leyes coercitivas para castigar a las colonias. En 1774, Thomas Jefferson redactó Una visión general de los derechos de la América Británica, con el fin de que el Primer Congreso Continental solicitara al rey Jorge III la anulación de dichas leyes.
En este documento defendieron su derecho a comerciar libremente, gobernarse mediante sus propios congresos, recibir igualdad ante la ley —es decir, el mismo trato que los habitantes de Gran Bretaña— y apoyar la promulgación de leyes justas dictadas por los colonos, en lugar de obstaculizarlas. Un ejemplo es el siguiente párrafo:
«Por lo tanto, ahora es el gran deber de su majestad retomar el ejercicio de su poder de veto y evitar la aprobación de leyes por cualquier legislatura del imperio que puedan perjudicar los derechos e intereses de otra. Sin embargo, esto no excusará el ejercicio indiscriminado de este poder que hemos visto practicar a su majestad sobre las leyes de las legislaturas americanas. Por las razones más insignificantes, y a veces sin ninguna razón imaginable, su majestad ha rechazado leyes de tendencia sumamente beneficiosa. La abolición de la esclavitud doméstica es el gran objetivo deseado en esas colonias donde, desgraciadamente, se introdujo en su estado infantil. Pero antes de la liberación de los esclavos que tenemos, es necesario excluir todas las importaciones futuras desde África. Sin embargo, nuestros intentos repetidos de lograr esto mediante prohibiciones y la imposición de impuestos que podrían equivaler a una prohibición, han sido hasta ahora frustrados por el veto de su majestad: prefiriendo así la ventaja inmediata de algunos corsarios británicos a los intereses duraderos de los estados americanos y a los derechos de la humanidad profundamente heridos por esta infame práctica.»
Sin embargo, el rey hizo caso omiso a las peticiones de los colonos provocando como respuesta el inicio de la guerra en las batallas de Lexington en 1775. Así que en 1776 los colonos deciden desligarse del Estado Británico y lo declaran en el insigne documento con las célebres palabras inscriptas en el Monumento a Thomas Jefferson en Washington D.C.:
Sostenemos que estas verdades son evidentes:
Que todos los hombres han sido creados iguales,
Que han sido dotados por su creador con ciertos derechos inalienables,
entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
Que para resguardar estos derechos
se instituyen gobiernos entre los hombres derivando su justo poder del consentimiento de los gobernados…
A mis amigos norteamericanos les deseo muy feliz aniversario de 250 años de republicanismo.
El 4 de julio celebran los norteamericanos su declaración de independencia, el día del año 1776 en que los Estados norteamericanos rompieron su vínculo político con el Estado de la Gran Bretaña quedando así libres de toda lealtad a la Corona Británica.
Esta declaración fue resultado del deterioro de las relaciones entre Gran Bretaña y las colonias americanas desde 1763, cuando el Parlamento británico aumentó los impuestos coloniales. Uno de ellos fue la Ley del Sello, un impuesto directo aplicado a las trece colonias que exigía que la mayoría de los materiales impresos se publicaran en papel sellado producido en Londres y marcado con un sello fiscal en relieve. La medida buscaba controlar la libertad de prensa en las colonias y financiar los gastos de la guerra de los Siete Años entre Gran Bretaña y Francia por los territorios de Canadá. Como consecuencia, muchos periódicos no pudieron asumir los costos de esta censura económica y desaparecieron; entre los más importantes se encontraba The Spectator.
Luego vinieron las leyes de Townshend de 1767, que impusieron gravámenes a varios productos y reforzaron el control del comercio. La resistencia de los colonos a estas medidas derivó en la masacre de Boston en 1770. Tras ese hecho, la mayoría de los impuestos fue derogada, pero en 1773 se restablecieron, lo que provocó el motín del té en Boston. En respuesta, el Parlamento británico aprobó las leyes coercitivas para castigar a las colonias. En 1774, Thomas Jefferson redactó Una visión general de los derechos de la América Británica, con el fin de que el Primer Congreso Continental solicitara al rey Jorge III la anulación de dichas leyes.
En este documento defendieron su derecho a comerciar libremente, gobernarse mediante sus propios congresos, recibir igualdad ante la ley —es decir, el mismo trato que los habitantes de Gran Bretaña— y apoyar la promulgación de leyes justas dictadas por los colonos, en lugar de obstaculizarlas. Un ejemplo es el siguiente párrafo:
«Por lo tanto, ahora es el gran deber de su majestad retomar el ejercicio de su poder de veto y evitar la aprobación de leyes por cualquier legislatura del imperio que puedan perjudicar los derechos e intereses de otra. Sin embargo, esto no excusará el ejercicio indiscriminado de este poder que hemos visto practicar a su majestad sobre las leyes de las legislaturas americanas. Por las razones más insignificantes, y a veces sin ninguna razón imaginable, su majestad ha rechazado leyes de tendencia sumamente beneficiosa. La abolición de la esclavitud doméstica es el gran objetivo deseado en esas colonias donde, desgraciadamente, se introdujo en su estado infantil. Pero antes de la liberación de los esclavos que tenemos, es necesario excluir todas las importaciones futuras desde África. Sin embargo, nuestros intentos repetidos de lograr esto mediante prohibiciones y la imposición de impuestos que podrían equivaler a una prohibición, han sido hasta ahora frustrados por el veto de su majestad: prefiriendo así la ventaja inmediata de algunos corsarios británicos a los intereses duraderos de los estados americanos y a los derechos de la humanidad profundamente heridos por esta infame práctica.»
Sin embargo, el rey hizo caso omiso a las peticiones de los colonos provocando como respuesta el inicio de la guerra en las batallas de Lexington en 1775. Así que en 1776 los colonos deciden desligarse del Estado Británico y lo declaran en el insigne documento con las célebres palabras inscriptas en el Monumento a Thomas Jefferson en Washington D.C.:
Sostenemos que estas verdades son evidentes:
Que todos los hombres han sido creados iguales,
Que han sido dotados por su creador con ciertos derechos inalienables,
entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
Que para resguardar estos derechos
se instituyen gobiernos entre los hombres derivando su justo poder del consentimiento de los gobernados…
A mis amigos norteamericanos les deseo muy feliz aniversario de 250 años de republicanismo.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: