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Una discusión impostergable

Redacción República
19 de septiembre, 2014

A inicios de 2014,



Guatemala marcó un avance en la apertura del diálogo sobre drogas con la



instalación de la Comisión Nacional para la Reforma de la Política de Drogas.



Su misión es “formular propuestas de políticas públicas sobre drogas que tengan



una naturaleza integral, multidisciplinaria y respetuosa de los derechos



humanos y las libertades fundamentales”. Esto orientado hacia la “reducción de



la oferta y la demanda de drogas, control de drogas, lavado de activos,



extinción de dominio, narcotráfico y actividades criminales conexas, estructura



institucional y normativa en materia de drogas, política exterior y política de



drogas, género y drogas, así como extradición y cooperación judicial”.





De tal cuenta, la



Comisión ha trabajado los últimos meses en la realización de un análisis



profundo sobre cómo se afecta nuestro país a través de las distintas aristas que



se desprenden de esta problemática. Es de recordar que Guatemala es el país que



más ha contribuido a fomentar un debate respetuoso a nivel internacional. Nuestra



nación no es eminentemente consumidora ni productora, sino es un actor como



país de tránsito de cocaína y sus precursores, así como otros flujos ilícitos. De



hecho es una de las 22 naciones cuya producción o tráfico de drogas tiene mayor



impacto en Estados Unidos, según dio a conocer el presidente estadounidense Barack



Obama a inicios de esta semana.





La dificultad



fundamental que enfrenta Guatemala es la falta de información. Tal ausencia de



datos, obstaculiza la comprensión sólida y profunda del origen y desarrollo de



la narcoactividad en el país, el avance del debate, la creación de políticas



públicas que ayuden a mejorar la situación y, por consiguiente, la definición



de una ruta para salir de la crisis. A manera de ilustrar algunas de esas



brechas: (i) no existe una metodología fidedigna que nos permita entender



cuánta de la violencia está asociada al narcotráfico, (ii) no existen datos



precisos sobre cuántas hectáreas cultivadas de amapola existen (la información



disponible es altamente contradictoria), (iii) no existen sistemas confiables



para la recopilación de precios y pureza de drogas, (iv) no se conoce mayores



datos sobre el modus operandi de los



grupos del narcotráfico y su impacto en el sistema político y (v) no hay



información estadística actualizada sobre el consumo de drogas de nuestro país,



siendo la última encuesta de 2005.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER




Únicamente a través



de un diálogo profundo, con insumos técnicos claros y detallados, podremos



avanzar en la definición de un nuevo camino para enfrentar la situación. Por



ello es imperante que se priorice la recopilación de información fidedigna y



actual que ayude a aclarar el panorama. Históricamente, esta combinación de



ausencia de datos y de políticas propias, implicó simplemente adoptar el modelo



y los métricos prohibicionistas como buenos. Con mejores insumos en mano, debemos



de buscar las políticas responsables que reduzcan el daño total que se genera



no solo por el consumo sino por las políticas mismas. El proceso de diseño de



nuevas políticas por supuesto que deberá tomar en cuenta la fragilidad e incapacidad



institucional de nuestro Estado.





A pesar de la



ausencia de datos, no por ello podemos ignorar el poder corrosivo de las redes



criminales en nuestro país. Estos grupos utilizan la violencia, la corrupción y



la cooptación de instituciones para proteger sus rutas y negocios de



distribución. Negarlo sería tapar el sol



con un dedo.





Es de suma importancia que todos los



ciudadanos, miembros de la sociedad civil y actores políticos, colaboren en la



construcción de una política de drogas por, para y desde Guatemala. El problema



no es de unos pocos afectados, sino del país entero. Kofi Annan, séptimo



Secretario General de las Naciones Unidas y co-receptor del Premio Nobel de la



Paz de 2001, dijo en un reciente panel sobre políticas de drogas en el Foro



Económico Mundial en Davos, Suiza: “yo creo que las drogas han destruido muchas



vidas humanas. Pero, las malas políticas de estado han destruido muchísimas más



vidas”. Como República Democrática, Guatemala vela por la protección de la vida



humana, sin embargo el flagelo del narcotráfico pone en riesgo la seguridad e



integridad de los ciudadanos. Es momento



que pasemos de página e iniciemos una nueva discusión basada en información



técnica y enmarcada en las capacidades de ejecución de nuestro andamiaje



institucional.





www.salvadorpaiz.com

@salva_paiz

Una discusión impostergable

Redacción República
19 de septiembre, 2014

A inicios de 2014,



Guatemala marcó un avance en la apertura del diálogo sobre drogas con la



instalación de la Comisión Nacional para la Reforma de la Política de Drogas.



Su misión es “formular propuestas de políticas públicas sobre drogas que tengan



una naturaleza integral, multidisciplinaria y respetuosa de los derechos



humanos y las libertades fundamentales”. Esto orientado hacia la “reducción de



la oferta y la demanda de drogas, control de drogas, lavado de activos,



extinción de dominio, narcotráfico y actividades criminales conexas, estructura



institucional y normativa en materia de drogas, política exterior y política de



drogas, género y drogas, así como extradición y cooperación judicial”.





De tal cuenta, la



Comisión ha trabajado los últimos meses en la realización de un análisis



profundo sobre cómo se afecta nuestro país a través de las distintas aristas que



se desprenden de esta problemática. Es de recordar que Guatemala es el país que



más ha contribuido a fomentar un debate respetuoso a nivel internacional. Nuestra



nación no es eminentemente consumidora ni productora, sino es un actor como



país de tránsito de cocaína y sus precursores, así como otros flujos ilícitos. De



hecho es una de las 22 naciones cuya producción o tráfico de drogas tiene mayor



impacto en Estados Unidos, según dio a conocer el presidente estadounidense Barack



Obama a inicios de esta semana.





La dificultad



fundamental que enfrenta Guatemala es la falta de información. Tal ausencia de



datos, obstaculiza la comprensión sólida y profunda del origen y desarrollo de



la narcoactividad en el país, el avance del debate, la creación de políticas



públicas que ayuden a mejorar la situación y, por consiguiente, la definición



de una ruta para salir de la crisis. A manera de ilustrar algunas de esas



brechas: (i) no existe una metodología fidedigna que nos permita entender



cuánta de la violencia está asociada al narcotráfico, (ii) no existen datos



precisos sobre cuántas hectáreas cultivadas de amapola existen (la información



disponible es altamente contradictoria), (iii) no existen sistemas confiables



para la recopilación de precios y pureza de drogas, (iv) no se conoce mayores



datos sobre el modus operandi de los



grupos del narcotráfico y su impacto en el sistema político y (v) no hay



información estadística actualizada sobre el consumo de drogas de nuestro país,



siendo la última encuesta de 2005.

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Únicamente a través



de un diálogo profundo, con insumos técnicos claros y detallados, podremos



avanzar en la definición de un nuevo camino para enfrentar la situación. Por



ello es imperante que se priorice la recopilación de información fidedigna y



actual que ayude a aclarar el panorama. Históricamente, esta combinación de



ausencia de datos y de políticas propias, implicó simplemente adoptar el modelo



y los métricos prohibicionistas como buenos. Con mejores insumos en mano, debemos



de buscar las políticas responsables que reduzcan el daño total que se genera



no solo por el consumo sino por las políticas mismas. El proceso de diseño de



nuevas políticas por supuesto que deberá tomar en cuenta la fragilidad e incapacidad



institucional de nuestro Estado.





A pesar de la



ausencia de datos, no por ello podemos ignorar el poder corrosivo de las redes



criminales en nuestro país. Estos grupos utilizan la violencia, la corrupción y



la cooptación de instituciones para proteger sus rutas y negocios de



distribución. Negarlo sería tapar el sol



con un dedo.





Es de suma importancia que todos los



ciudadanos, miembros de la sociedad civil y actores políticos, colaboren en la



construcción de una política de drogas por, para y desde Guatemala. El problema



no es de unos pocos afectados, sino del país entero. Kofi Annan, séptimo



Secretario General de las Naciones Unidas y co-receptor del Premio Nobel de la



Paz de 2001, dijo en un reciente panel sobre políticas de drogas en el Foro



Económico Mundial en Davos, Suiza: “yo creo que las drogas han destruido muchas



vidas humanas. Pero, las malas políticas de estado han destruido muchísimas más



vidas”. Como República Democrática, Guatemala vela por la protección de la vida



humana, sin embargo el flagelo del narcotráfico pone en riesgo la seguridad e



integridad de los ciudadanos. Es momento



que pasemos de página e iniciemos una nueva discusión basada en información



técnica y enmarcada en las capacidades de ejecución de nuestro andamiaje



institucional.





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@salva_paiz

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