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Más leyes menos fiscalización

Redacción República
01 de septiembre, 2014

La semana pasada Ramón Benjamín



Tobar, jefe de la Superintendencia de Bancos (Sib), dio declaraciones respecto



a la urgencia de eliminar el secreto bancario en Guatemala. Dijo que si la Ley



del Secreto Bancario salía, es decir era aprobada en el Congreso, sería un



éxito para la Sib y para la Superintendencia de Administración Tributaria



(SAT), ya que ésta última tendría la facultad de pedir información para



identificar a quienes fueran sospechosos de no pagar cabalmente sus impuestos.

El principio detrás de esta ley



es dar mayor poder a los burócratas para conseguir sus fines, en este caso los



ingresos de los tributarios mediante el registro no sólo de sus bolsillos, sino



también de sus cuentas bancarias, colchón, cochinito y cualquier otro lugar



donde pueda “guardar sus ingresos”.

Aunado a esto, también la semana



pasada, personal de la SAT tuvo la



genial idea de hacer encuestas obligatorias dentro del sistema declaraguate que



se utiliza para llenar los formularios para pagar los impuestos. Estas encuestas no tendrían mayor relevancia



si no fuera por las preguntas y en especial las opciones de respuesta.

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Cómo ejemplo de dichas encuestas:



¿Qué sanción debería aplicarse a quienes declaran en forma deshonesta? A.



embargarle sus bienes, B. imponerles una multa, C. Enviarlos a la cárcel. La



opción a no responder o descartar las respuestas ni siquiera existe.

¿Tendrá alguna validez este tipo



de encuestas? Si el propósito de las mismas es intimidar al tributario (que por



cierto ya está pagando impuestos) o usar esta información para después concluir



que son los mismos tributarios quienes imploran ser castigados y no es la SAT



la que pide al Congreso mayor poder y mayores castigos, entonces la encuesta



está diseñada perfectamente.

Lo que siempre me ha llamado la



atención en estos casos, es la severidad de las penas contra el tributario y la



suavidad con la que se trata a los



políticos. Por lo general las peticiones de los burócratas encargados de



exprimirle hasta el último centavo al tributario son para obtener mayor poder



discrecional, se quejan constantemente que las leyes no son lo suficientemente



estrictas y por ello no logran satisfacer sus deseos (voraces) de recaudación.

Muy pocas veces hemos oído a los



burócratas pedir leyes más rigurosas para castigar a los funcionarios



corruptos, aquellos que se roban nuestro dinero. ¿Por qué tanto celo por



obtener el dinero que está en los bolsillos del tributario y poco interés en



vigilar cómo lo gastan los políticos? ¿Será que el dinero pierde valor al



llegar a las arcas de la nación y no



importa cómo se utilice?

Si hacemos un recuento de



reformas y leyes aprobadas por el Congreso para fiscalizar al ciudadano y para



fiscalizar al político ¿cuál cree que sea mayor? Si analizamos el contenido de



dichas leyes ¿cuál cree que sea más severa con los castigos? ¿Cuál considera



que tiene mayores recursos del presupuesto? ¿Alguna vez, algún político ha



hablado de imitar las “buenas prácticas” de la SAT en la Contraloría General de



Cuentas? Solo con ese cambio se “elevaría la percepción de riesgo” para los



corruptos.

Esto me recuerda a la Rebelión de



Atlas cuando Francisco D’Anconia le dice a Dagny: “El dinero se desplaza hacia



canales que lo transportarán no a los más productivos, sino a los más



corruptos. Según las normas del tiempo, quien ofrece menos es quien gana”.

Al parecer nos estamos



acostumbrando a desperdiciar nuestro talento y energía al permitir que nos



traten como siervos-tributarios sin derecho alguno. Entonces, sólo por



curiosidad ¿cómo respondería la encuesta de la SAT?

@Md30

Más leyes menos fiscalización

Redacción República
01 de septiembre, 2014

La semana pasada Ramón Benjamín



Tobar, jefe de la Superintendencia de Bancos (Sib), dio declaraciones respecto



a la urgencia de eliminar el secreto bancario en Guatemala. Dijo que si la Ley



del Secreto Bancario salía, es decir era aprobada en el Congreso, sería un



éxito para la Sib y para la Superintendencia de Administración Tributaria



(SAT), ya que ésta última tendría la facultad de pedir información para



identificar a quienes fueran sospechosos de no pagar cabalmente sus impuestos.

El principio detrás de esta ley



es dar mayor poder a los burócratas para conseguir sus fines, en este caso los



ingresos de los tributarios mediante el registro no sólo de sus bolsillos, sino



también de sus cuentas bancarias, colchón, cochinito y cualquier otro lugar



donde pueda “guardar sus ingresos”.

Aunado a esto, también la semana



pasada, personal de la SAT tuvo la



genial idea de hacer encuestas obligatorias dentro del sistema declaraguate que



se utiliza para llenar los formularios para pagar los impuestos. Estas encuestas no tendrían mayor relevancia



si no fuera por las preguntas y en especial las opciones de respuesta.

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¿Qué sanción debería aplicarse a quienes declaran en forma deshonesta? A.



embargarle sus bienes, B. imponerles una multa, C. Enviarlos a la cárcel. La



opción a no responder o descartar las respuestas ni siquiera existe.

¿Tendrá alguna validez este tipo



de encuestas? Si el propósito de las mismas es intimidar al tributario (que por



cierto ya está pagando impuestos) o usar esta información para después concluir



que son los mismos tributarios quienes imploran ser castigados y no es la SAT



la que pide al Congreso mayor poder y mayores castigos, entonces la encuesta



está diseñada perfectamente.

Lo que siempre me ha llamado la



atención en estos casos, es la severidad de las penas contra el tributario y la



suavidad con la que se trata a los



políticos. Por lo general las peticiones de los burócratas encargados de



exprimirle hasta el último centavo al tributario son para obtener mayor poder



discrecional, se quejan constantemente que las leyes no son lo suficientemente



estrictas y por ello no logran satisfacer sus deseos (voraces) de recaudación.

Muy pocas veces hemos oído a los



burócratas pedir leyes más rigurosas para castigar a los funcionarios



corruptos, aquellos que se roban nuestro dinero. ¿Por qué tanto celo por



obtener el dinero que está en los bolsillos del tributario y poco interés en



vigilar cómo lo gastan los políticos? ¿Será que el dinero pierde valor al



llegar a las arcas de la nación y no



importa cómo se utilice?

Si hacemos un recuento de



reformas y leyes aprobadas por el Congreso para fiscalizar al ciudadano y para



fiscalizar al político ¿cuál cree que sea mayor? Si analizamos el contenido de



dichas leyes ¿cuál cree que sea más severa con los castigos? ¿Cuál considera



que tiene mayores recursos del presupuesto? ¿Alguna vez, algún político ha



hablado de imitar las “buenas prácticas” de la SAT en la Contraloría General de



Cuentas? Solo con ese cambio se “elevaría la percepción de riesgo” para los



corruptos.

Esto me recuerda a la Rebelión de



Atlas cuando Francisco D’Anconia le dice a Dagny: “El dinero se desplaza hacia



canales que lo transportarán no a los más productivos, sino a los más



corruptos. Según las normas del tiempo, quien ofrece menos es quien gana”.

Al parecer nos estamos



acostumbrando a desperdiciar nuestro talento y energía al permitir que nos



traten como siervos-tributarios sin derecho alguno. Entonces, sólo por



curiosidad ¿cómo respondería la encuesta de la SAT?

@Md30

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