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Estado y Economía

Redacción República
01 de octubre, 2014

En mis dos artículos anteriores propuse



una participación de estado en la economía de 20%, en base a las propuestas



hechas por economistas de mercado de talla, como Milton Friedman, David Romer y



Robert Barro. Este nivel de ingresos



permitiría el estado guatemalteco dedicarse a la provisión de bienes públicos,



empezando con los de prioridad, como la seguridad, luego el estado de derecho,



imperio de la ley, certeza jurídica, cumplimiento de contratos, y luego las



prioridades secundarias como la educación, salud, la infraestructura, y



reducción de la pobreza, entre otros mecanismos de compensación social.





A muchos apegados a la economía



normativa, lo que quisieran ver, les molestara la priorización de la seguridad



por encima de las tareas consideradas vulgarmente como mas humanas, como las de



educación, salud y disminución de la pobreza.



Sin embargo, la realidad es que un gobierno es nada mas que un monopolio



del uso legitimo de la fuerza, en función del interés colectivo por superar el



problema de acción colectiva en la provisión de la primera necesidad de todo



ser humano, vivir. Si el gobierno no



cumple con esa tarea, difícilmente podrá cumplir con las demás, porque no será



gobierno.





¿Será necesario que el gobierno acapare



la quinta parte de la economía? A mi gusto, no, pero soy un guatemalteco entre



muchos otros, y la mayoría pediría mas estado que menos. No obstante la recomendación de la regla de



20%, la realidad es que a los que no les gustó mi propuesta no tienen porque preocuparse. Es muy poco probable que Guatemala apueste



por una modificación constitucional para solo el tema fiscal, para limitar los



ingresos y gasto público al 20% de la economía.



Lo que si vamos a tener es un estado mayor al 20% del PIB, y dentro de poco



tiempo, sin ninguna de los limites de crecimiento y obligaciones de calidad en



el gasto publico al que también se ha llamado.

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Ahora bien, ¿como llegar al 20%? Fácil.



Un impuesto único, regresivo, tipo Impuesto sobre el Valor Agregado



(IVA) del 15%, quitando todo otro impuesto.



Este sistema impositivo tendría la enorme ventaja de ser simple y fácil



de entender, y, para bien del estado (si no el publico), fácil de



recaudar. Un IVA del 15% lo pagarían



todos, incluso los de la economía informal, por lo que recaudación seria mayor



al 15%. Es cierto lo que dirán los



críticos, un impuesto único es regresivo, le pesa mas a los pobres pagar el 20%



de sus ingresos que a los ricos pagar la misma proporción. No obstante, eso se puede compensar haciendo



del gasto público francamente progresivo.



Igual, los que pagan mas impuestos, no usan los servicios públicos, y



esto no se limita a los ricos, sino una tremenda parte de la clase media. En teoría, si funcionasen las instituciones



públicas mínimamente bien, debería de sobrar recursos como para brindar a los



mas necesitados servicios públicos en mayor cantidad y calidad de lo que han



pagado.





¿Como gastar el 20%? Idealmente, bien. Para que esto suceda, se debe mejorar



sustancialmente la calidad de las instituciones públicas de Guatemala. En el último Índice de Competitividad Global



elaborado por el Foro Económico Mundial, Guatemala califico 78 de 144 paises,



pero en el rubro particular de Confianza Pública en los Políticos, Guatemala



perdió casi 40 escaños, bajando a 137 de 144 países. En pocas palabras, los guatemaltecos no



confían en sus Instituciones Públicas, y por algo será.





¿En que gastar los 20%? En primer lugar, seguridad. Por mas que el gobierno jure que las cosas



van mejorando, la verdad es que mejorar desde los peores niveles mundiales en



materia de seguridad. En segundo lugar,



orden y certeza jurídica. Un país en



donde masacres terroristas pasan por protesta social y reos encarcelados por



casos de alto impacto matan a otros reos a balazos dentro de la cárcel no tiene



imperio de la ley, ni mucho menos certeza jurídica como para retener inversión



nacional, ni hablar de atraer inversión extranjera directa. En tercer lugar, educación. Un pueblo sin educación será fácilmente



manipulable por los lideres negativos que hoy pasan como emprendedores



políticos. Sin un pueblo educado, toda



esperanza de una republica por encima de una democracia populista se



pierde.

Estado y Economía

Redacción República
01 de octubre, 2014

En mis dos artículos anteriores propuse



una participación de estado en la economía de 20%, en base a las propuestas



hechas por economistas de mercado de talla, como Milton Friedman, David Romer y



Robert Barro. Este nivel de ingresos



permitiría el estado guatemalteco dedicarse a la provisión de bienes públicos,



empezando con los de prioridad, como la seguridad, luego el estado de derecho,



imperio de la ley, certeza jurídica, cumplimiento de contratos, y luego las



prioridades secundarias como la educación, salud, la infraestructura, y



reducción de la pobreza, entre otros mecanismos de compensación social.





A muchos apegados a la economía



normativa, lo que quisieran ver, les molestara la priorización de la seguridad



por encima de las tareas consideradas vulgarmente como mas humanas, como las de



educación, salud y disminución de la pobreza.



Sin embargo, la realidad es que un gobierno es nada mas que un monopolio



del uso legitimo de la fuerza, en función del interés colectivo por superar el



problema de acción colectiva en la provisión de la primera necesidad de todo



ser humano, vivir. Si el gobierno no



cumple con esa tarea, difícilmente podrá cumplir con las demás, porque no será



gobierno.





¿Será necesario que el gobierno acapare



la quinta parte de la economía? A mi gusto, no, pero soy un guatemalteco entre



muchos otros, y la mayoría pediría mas estado que menos. No obstante la recomendación de la regla de



20%, la realidad es que a los que no les gustó mi propuesta no tienen porque preocuparse. Es muy poco probable que Guatemala apueste



por una modificación constitucional para solo el tema fiscal, para limitar los



ingresos y gasto público al 20% de la economía.



Lo que si vamos a tener es un estado mayor al 20% del PIB, y dentro de poco



tiempo, sin ninguna de los limites de crecimiento y obligaciones de calidad en



el gasto publico al que también se ha llamado.

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Ahora bien, ¿como llegar al 20%? Fácil.



Un impuesto único, regresivo, tipo Impuesto sobre el Valor Agregado



(IVA) del 15%, quitando todo otro impuesto.



Este sistema impositivo tendría la enorme ventaja de ser simple y fácil



de entender, y, para bien del estado (si no el publico), fácil de



recaudar. Un IVA del 15% lo pagarían



todos, incluso los de la economía informal, por lo que recaudación seria mayor



al 15%. Es cierto lo que dirán los



críticos, un impuesto único es regresivo, le pesa mas a los pobres pagar el 20%



de sus ingresos que a los ricos pagar la misma proporción. No obstante, eso se puede compensar haciendo



del gasto público francamente progresivo.



Igual, los que pagan mas impuestos, no usan los servicios públicos, y



esto no se limita a los ricos, sino una tremenda parte de la clase media. En teoría, si funcionasen las instituciones



públicas mínimamente bien, debería de sobrar recursos como para brindar a los



mas necesitados servicios públicos en mayor cantidad y calidad de lo que han



pagado.





¿Como gastar el 20%? Idealmente, bien. Para que esto suceda, se debe mejorar



sustancialmente la calidad de las instituciones públicas de Guatemala. En el último Índice de Competitividad Global



elaborado por el Foro Económico Mundial, Guatemala califico 78 de 144 paises,



pero en el rubro particular de Confianza Pública en los Políticos, Guatemala



perdió casi 40 escaños, bajando a 137 de 144 países. En pocas palabras, los guatemaltecos no



confían en sus Instituciones Públicas, y por algo será.





¿En que gastar los 20%? En primer lugar, seguridad. Por mas que el gobierno jure que las cosas



van mejorando, la verdad es que mejorar desde los peores niveles mundiales en



materia de seguridad. En segundo lugar,



orden y certeza jurídica. Un país en



donde masacres terroristas pasan por protesta social y reos encarcelados por



casos de alto impacto matan a otros reos a balazos dentro de la cárcel no tiene



imperio de la ley, ni mucho menos certeza jurídica como para retener inversión



nacional, ni hablar de atraer inversión extranjera directa. En tercer lugar, educación. Un pueblo sin educación será fácilmente



manipulable por los lideres negativos que hoy pasan como emprendedores



políticos. Sin un pueblo educado, toda



esperanza de una republica por encima de una democracia populista se



pierde.

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