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La paradoja de la IA: más productividad, menos retorno

La adopción de inteligencia artificial avanza en las empresas, pero convertir productividad y eficiencia en ganancias sigue siendo el gran desafío

Redacción
01 de septiembre, 2026
La inteligencia artificial ya pasó de la etapa experimental al centro de la operación empresarial. Las compañías amplían su uso con agentes autónomos y herramientas de codificación, mientras buscan traducir las mejoras de productividad en resultados financieros sostenibles. Sin embargo, los costos de implementación y la dificultad para transformar procesos completos siguen frenando el retorno esperado de la inversión.
 
Por qué importa. La encuesta global más reciente de McKinsey muestra que la IA gana terreno en prácticamente todas las áreas de negocio. Las organizaciones reportan mejoras notables en productividad individual y toma de decisiones, pero los beneficios financieros avanzan con mucha más lentitud. La diferencia entre eficiencia personal y rentabilidad corporativa plantea uno de los grandes desafíos tecnológicos de esta década.
  • Ocho de cada diez encuestados afirman que la IA mejora su productividad diaria. Además, la mitad considera que la tecnología contribuye a tomar decisiones más informadas, reflejando una adopción cada vez más integrada en las tareas de trabajo.
  • La IA ya no se limita a chatbots. Las empresas incorporan agentes capaces de ejecutar procesos y actuar de forma autónoma en distintos flujos operativos, ampliando significativamente el alcance de la automatización empresarial.
  • Según la investigación, la confianza empresarial en la tecnología continúa creciendo pese a que los retornos financieros siguen avanzando a un ritmo menor que las expectativas iniciales del mercado.
Datos clave. El despliegue de herramientas más sofisticadas avanza especialmente entre grandes corporaciones. Los agentes de IA y los sistemas de codificación automatizada comienzan a modificar decisiones estratégicas sobre compras tecnológicas, desarrollo interno y asignación de recursos. El fenómeno es una señal de que la inteligencia artificial empieza a cambiar la estructura operativa de las organizaciones.
  • El 40% de las empresas con ingresos superiores a USD 1000M reporta estar escalando agentes de IA, frente al 27% registrado un año antes. Entre compañías más pequeñas la cifra permanece en 22%.
  • Cerca de dos de cada diez organizaciones ya amplían el uso de agentes para programación. En las grandes empresas, esa proporción alcanza 31%, convirtiéndose en una de las aplicaciones con mayor crecimiento reciente.
  • Un 32% de los encuestados indicó que dejó de adquirir ciertos productos o funcionalidades de software porque ahora puede desarrollarlos internamente mediante herramientas de codificación impulsadas por inteligencia artificial.
Punto de fricción. Aunque la adopción aumenta, los costos asociados comienzan a generar tensiones. El gasto operativo necesario para sostener sistemas avanzados de IA limita su expansión en algunas organizaciones. Al mismo tiempo, el impacto económico agregado sigue lejos de reflejar la magnitud de las inversiones realizadas durante los últimos años.
  • Aproximadamente una de cada cinco organizaciones afirma que los costos operativos vinculados a la IA, incluidos los gastos en procesamiento y consumo de servicios, ya restringen nuevas implementaciones tecnológicas.
  • Solo el 37% de los encuestados atribuye parte de su EBIT al uso de inteligencia artificial, una proporción prácticamente idéntica a la reportada en la medición anterior de McKinsey.
  • Los llamados “high performers” representan apenas cerca del 6% del total. Son compañías que vinculan al menos el 5% de su EBIT a la IA y describen su impacto como significativo.
Lo que sigue. La experiencia de las empresas más exitosas revela que el verdadero valor de la IA no surge únicamente de incorporar nuevas herramientas. El diferencial aparece cuando las organizaciones rediseñan procesos completos y alinean liderazgo, estrategia y ejecución alrededor de la tecnología. Ese parece ser el camino para convertir eficiencia en crecimiento sostenido.
  • Los mejores resultados provienen de compañías que usan la IA para impulsar innovación y crecimiento, además de reducir costos o automatizar tareas específicas dentro de sus operaciones.
  • McKinsey señala que las organizaciones líderes transforman flujos de trabajo completos en lugar de insertar inteligencia artificial sobre estructuras tradicionales ya existentes.
  • Como resume la firma de consultoría, el desafío consiste en pasar de la productividad individual al impacto financiero sostenible. La adopción tecnológica, por sí sola, no garantiza mejores resultados empresariales.

La paradoja de la IA: más productividad, menos retorno

La adopción de inteligencia artificial avanza en las empresas, pero convertir productividad y eficiencia en ganancias sigue siendo el gran desafío

Redacción
01 de septiembre, 2026
La inteligencia artificial ya pasó de la etapa experimental al centro de la operación empresarial. Las compañías amplían su uso con agentes autónomos y herramientas de codificación, mientras buscan traducir las mejoras de productividad en resultados financieros sostenibles. Sin embargo, los costos de implementación y la dificultad para transformar procesos completos siguen frenando el retorno esperado de la inversión.
 
Por qué importa. La encuesta global más reciente de McKinsey muestra que la IA gana terreno en prácticamente todas las áreas de negocio. Las organizaciones reportan mejoras notables en productividad individual y toma de decisiones, pero los beneficios financieros avanzan con mucha más lentitud. La diferencia entre eficiencia personal y rentabilidad corporativa plantea uno de los grandes desafíos tecnológicos de esta década.
  • Ocho de cada diez encuestados afirman que la IA mejora su productividad diaria. Además, la mitad considera que la tecnología contribuye a tomar decisiones más informadas, reflejando una adopción cada vez más integrada en las tareas de trabajo.
  • La IA ya no se limita a chatbots. Las empresas incorporan agentes capaces de ejecutar procesos y actuar de forma autónoma en distintos flujos operativos, ampliando significativamente el alcance de la automatización empresarial.
  • Según la investigación, la confianza empresarial en la tecnología continúa creciendo pese a que los retornos financieros siguen avanzando a un ritmo menor que las expectativas iniciales del mercado.
Datos clave. El despliegue de herramientas más sofisticadas avanza especialmente entre grandes corporaciones. Los agentes de IA y los sistemas de codificación automatizada comienzan a modificar decisiones estratégicas sobre compras tecnológicas, desarrollo interno y asignación de recursos. El fenómeno es una señal de que la inteligencia artificial empieza a cambiar la estructura operativa de las organizaciones.
  • El 40% de las empresas con ingresos superiores a USD 1000M reporta estar escalando agentes de IA, frente al 27% registrado un año antes. Entre compañías más pequeñas la cifra permanece en 22%.
  • Cerca de dos de cada diez organizaciones ya amplían el uso de agentes para programación. En las grandes empresas, esa proporción alcanza 31%, convirtiéndose en una de las aplicaciones con mayor crecimiento reciente.
  • Un 32% de los encuestados indicó que dejó de adquirir ciertos productos o funcionalidades de software porque ahora puede desarrollarlos internamente mediante herramientas de codificación impulsadas por inteligencia artificial.
Punto de fricción. Aunque la adopción aumenta, los costos asociados comienzan a generar tensiones. El gasto operativo necesario para sostener sistemas avanzados de IA limita su expansión en algunas organizaciones. Al mismo tiempo, el impacto económico agregado sigue lejos de reflejar la magnitud de las inversiones realizadas durante los últimos años.
  • Aproximadamente una de cada cinco organizaciones afirma que los costos operativos vinculados a la IA, incluidos los gastos en procesamiento y consumo de servicios, ya restringen nuevas implementaciones tecnológicas.
  • Solo el 37% de los encuestados atribuye parte de su EBIT al uso de inteligencia artificial, una proporción prácticamente idéntica a la reportada en la medición anterior de McKinsey.
  • Los llamados “high performers” representan apenas cerca del 6% del total. Son compañías que vinculan al menos el 5% de su EBIT a la IA y describen su impacto como significativo.
Lo que sigue. La experiencia de las empresas más exitosas revela que el verdadero valor de la IA no surge únicamente de incorporar nuevas herramientas. El diferencial aparece cuando las organizaciones rediseñan procesos completos y alinean liderazgo, estrategia y ejecución alrededor de la tecnología. Ese parece ser el camino para convertir eficiencia en crecimiento sostenido.
  • Los mejores resultados provienen de compañías que usan la IA para impulsar innovación y crecimiento, además de reducir costos o automatizar tareas específicas dentro de sus operaciones.
  • McKinsey señala que las organizaciones líderes transforman flujos de trabajo completos en lugar de insertar inteligencia artificial sobre estructuras tradicionales ya existentes.
  • Como resume la firma de consultoría, el desafío consiste en pasar de la productividad individual al impacto financiero sostenible. La adopción tecnológica, por sí sola, no garantiza mejores resultados empresariales.

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