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Balance Global 2026: la advertencia de McKinsey.

Redacción
17 de agosto, 2026
La economía mundial sigue mostrando señales de crecimiento, pero detrás de las cifras tradicionales emerge una realidad más compleja. El más reciente Balance Global de McKinsey Global Institute revela que la riqueza acumulada continúa expandiéndose, aunque cada vez más impulsada por valoraciones financieras y deuda. El desafío para 2026 será determinar si esa riqueza encuentra respaldo en productividad real o enfrenta una corrección que exponga sus desequilibrios.
 
Por qué importa. Más allá del PIB y la inflación, el Balance Global desarrollado por McKinsey Global Institute ofrece una fotografía más amplia de la salud económica mundial. El informe estima que el valor de los activos globales alcanzó cerca de 1.8 mil billones de dólares en 2025, un nuevo récord que refleja una expansión patrimonial cada vez más desligada de la actividad productiva que debería sostenerla.
  • El informe muestra que gran parte del crecimiento reciente provino del aumento en las valoraciones de activos financieros e inmobiliarios, más que de inversión productiva o formación de capital, elevando los niveles de riqueza contable a máximos históricos.
  • Según McKinsey Global Institute, el balance global incorpora principalmente bienes raíces, acciones, deuda, efectivo y depósitos, activos que concentran más de tres cuartas partes del valor total de la riqueza mundial.
  • La metodología busca responder una pregunta clave para inversionistas y empresas: cuánto de la riqueza registrada representa capacidad económica real y cuánto depende de expectativas de mercado potencialmente vulnerables.
 
Datos clave. Las dos mayores economías del planeta explican buena parte de la divergencia observada entre riqueza y economía real. Estados Unidos y China exhiben desequilibrios distintos, pero coinciden en una característica: la expansión de activos y deuda supera el ritmo de crecimiento de los fundamentos productivos, incrementando los riesgos para los próximos años.
  • En Estados Unidos, el valor de las acciones alcanzó 2.4 veces los activos netos corporativos, mientras las utilidades empresariales duplicaron su participación dentro del PIB en comparación con los niveles observados desde el año 2000.
  • En China, la deuda corporativa escaló hasta representar cerca del 80% de los activos reales, muy por encima del promedio global de 50%, en paralelo con la corrección que atraviesa su mercado inmobiliario.
  • En ambas economías, la deuda pública permanece cerca de máximos históricos, una condición que limita la capacidad de respuesta fiscal ante posibles desaceleraciones o eventos financieros adversos.
 
Entre líneas. La expansión del patrimonio de los hogares también muestra matices relevantes. Aunque la riqueza global de las familias alcanzó 570 billones de dólares, el informe advierte que el origen de ese crecimiento no siempre responde a la creación efectiva de nuevos activos productivos, sino a ganancias derivadas de valorizaciones financieras.
  • Apenas el 20% del incremento en la riqueza de los hogares provino de formación real de capital, mientras la mayor parte respondió a aumentos en precios de acciones y otros activos.
  • Estados Unidos y Canadá registraron avances impulsados principalmente por mercados bursátiles sólidos, reforzando la dependencia de los patrimonios familiares respecto al comportamiento de las bolsas.
  • China, Francia y Alemania enfrentaron retrocesos en riqueza de papel por la caída de precios inmobiliarios, mientras Reino Unido y Japón observaron aumentos vinculados principalmente al efecto de la inflación sobre los activos.
 
Lo que sigue. McKinsey plantea cuatro rutas posibles para la economía global durante los próximos años. La diferencia entre ellas es significativa: algunas permiten preservar riqueza y crecimiento, mientras otras implican ajustes que podrían deteriorar tanto el valor de los activos como la actividad económica.
  • El escenario más favorable es una aceleración de la productividad. Como señala Sven Smit, presidente de McKinsey Global Institute, este camino permite que el crecimiento real respalde las valoraciones existentes y fortalezca la sostenibilidad económica.
  • Otras rutas contemplan inflación sostenida, estancamiento secular o corrección del balance, escenarios que obligarían a absorber costos mediante menor crecimiento, pérdida de riqueza o ambos factores simultáneamente.
  • Para las empresas, el mensaje central es prepararse para una amplia variedad de resultados posibles, enfocando inversiones y estrategias en productividad, innovación y creación de valor respaldada por la economía real.

Balance Global 2026: la advertencia de McKinsey.

Redacción
17 de agosto, 2026
La economía mundial sigue mostrando señales de crecimiento, pero detrás de las cifras tradicionales emerge una realidad más compleja. El más reciente Balance Global de McKinsey Global Institute revela que la riqueza acumulada continúa expandiéndose, aunque cada vez más impulsada por valoraciones financieras y deuda. El desafío para 2026 será determinar si esa riqueza encuentra respaldo en productividad real o enfrenta una corrección que exponga sus desequilibrios.
 
Por qué importa. Más allá del PIB y la inflación, el Balance Global desarrollado por McKinsey Global Institute ofrece una fotografía más amplia de la salud económica mundial. El informe estima que el valor de los activos globales alcanzó cerca de 1.8 mil billones de dólares en 2025, un nuevo récord que refleja una expansión patrimonial cada vez más desligada de la actividad productiva que debería sostenerla.
  • El informe muestra que gran parte del crecimiento reciente provino del aumento en las valoraciones de activos financieros e inmobiliarios, más que de inversión productiva o formación de capital, elevando los niveles de riqueza contable a máximos históricos.
  • Según McKinsey Global Institute, el balance global incorpora principalmente bienes raíces, acciones, deuda, efectivo y depósitos, activos que concentran más de tres cuartas partes del valor total de la riqueza mundial.
  • La metodología busca responder una pregunta clave para inversionistas y empresas: cuánto de la riqueza registrada representa capacidad económica real y cuánto depende de expectativas de mercado potencialmente vulnerables.
 
Datos clave. Las dos mayores economías del planeta explican buena parte de la divergencia observada entre riqueza y economía real. Estados Unidos y China exhiben desequilibrios distintos, pero coinciden en una característica: la expansión de activos y deuda supera el ritmo de crecimiento de los fundamentos productivos, incrementando los riesgos para los próximos años.
  • En Estados Unidos, el valor de las acciones alcanzó 2.4 veces los activos netos corporativos, mientras las utilidades empresariales duplicaron su participación dentro del PIB en comparación con los niveles observados desde el año 2000.
  • En China, la deuda corporativa escaló hasta representar cerca del 80% de los activos reales, muy por encima del promedio global de 50%, en paralelo con la corrección que atraviesa su mercado inmobiliario.
  • En ambas economías, la deuda pública permanece cerca de máximos históricos, una condición que limita la capacidad de respuesta fiscal ante posibles desaceleraciones o eventos financieros adversos.
 
Entre líneas. La expansión del patrimonio de los hogares también muestra matices relevantes. Aunque la riqueza global de las familias alcanzó 570 billones de dólares, el informe advierte que el origen de ese crecimiento no siempre responde a la creación efectiva de nuevos activos productivos, sino a ganancias derivadas de valorizaciones financieras.
  • Apenas el 20% del incremento en la riqueza de los hogares provino de formación real de capital, mientras la mayor parte respondió a aumentos en precios de acciones y otros activos.
  • Estados Unidos y Canadá registraron avances impulsados principalmente por mercados bursátiles sólidos, reforzando la dependencia de los patrimonios familiares respecto al comportamiento de las bolsas.
  • China, Francia y Alemania enfrentaron retrocesos en riqueza de papel por la caída de precios inmobiliarios, mientras Reino Unido y Japón observaron aumentos vinculados principalmente al efecto de la inflación sobre los activos.
 
Lo que sigue. McKinsey plantea cuatro rutas posibles para la economía global durante los próximos años. La diferencia entre ellas es significativa: algunas permiten preservar riqueza y crecimiento, mientras otras implican ajustes que podrían deteriorar tanto el valor de los activos como la actividad económica.
  • El escenario más favorable es una aceleración de la productividad. Como señala Sven Smit, presidente de McKinsey Global Institute, este camino permite que el crecimiento real respalde las valoraciones existentes y fortalezca la sostenibilidad económica.
  • Otras rutas contemplan inflación sostenida, estancamiento secular o corrección del balance, escenarios que obligarían a absorber costos mediante menor crecimiento, pérdida de riqueza o ambos factores simultáneamente.
  • Para las empresas, el mensaje central es prepararse para una amplia variedad de resultados posibles, enfocando inversiones y estrategias en productividad, innovación y creación de valor respaldada por la economía real.

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