Actualidad
Actualidad
Política
Política
Empresa
Empresa
Opinión
Opinión
Webinars
Webinars
Inmobiliaria
Inmobiliaria
Eventos
Eventos
Agenda Empresarial
Agenda Empresarial

Valentina Arenas: “Ningún sueño es demasiado grande”

Fotos: Cortesía
Ana González
21 de junio, 2026

Con apenas 22 años, Valentina Arenas se consolida como una de las principales promesas del salto ecuestre guatemalteco. La deportista nacional viene de obtener el primer lugar en el CSI2* Prix Barnes, disputado en Saint-Tropez, Francia, dentro del Longines Global Champions Tour, uno de los circuitos más prestigiosos de la disciplina. Actualmente continúa compitiendo al más alto nivel internacional y se prepara para representar a Guatemala en los próximos Juegos Centroamericanos y del Caribe.

La amazona guatemalteca destaca la disciplina, el trabajo en equipo y la humildad como pilares fundamentales de su carrera. Además, asegura que los caballos le han enseñado a escuchar, perseverar y mantener los pies sobre la tierra. La atleta atribuye sus logros al sacrificio, la constancia y el apoyo de su familia, en un recorrido donde cada competencia también ha sido un proceso de aprendizaje personal.

¿Qué siente al vivir hoy aquel sueño que parecía inalcanzable?

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER

—Lo que más me sorprende es que esto siempre fue un sueño que tuve desde que tengo memoria.

Crecí alrededor de caballos y, cuando era niña, llegar hasta aquí parecía algo inalcanzable. Era un sueño enorme que pensaba que se quedaría solo en eso.

Hoy estoy viajando por Europa, he competido en Estados Unidos y participo en pruebas de alto nivel contra jinetes que han estado en Juegos Olímpicos. Incluso ahora, todavía se siente un poco irreal.

Creo que todo ha sido resultado de la dedicación, del sacrificio y del apoyo de mi familia.

Hay momentos en los que todavía me cuesta creerlo. Las oportunidades que estoy viviendo hoy son cosas que nunca imaginé cuando tenía 10 años.

No tengo palabras para explicar lo agradecida que estoy. Era un sueño que pensé que siempre sería un sueño y ahora que lo estoy viviendo sigue pareciéndome algo increíble.

.

¿A qué edad comenzó su relación con los caballos?

—Hace muchos años acompañaba a mi tío, a mi prima y después a mi hermana cuando iban a montar.

Yo los observaba a todos y creo que, alrededor de los tres años, ya estaba sobre un caballo.

Desde entonces, los caballos han formado parte de mi vida.

¿A qué edad participó en su primera competencia internacional oficial?

—Participé en competencias internacionales de la categoría Children cuando tenía entre 13 y 15 años.

Eran competencias dirigidas a jóvenes jinetes.

Sin embargo, las pruebas internacionales que otorgaban puntos para el ranking mundial comenzaron para mí alrededor de los 19 años.

Realmente fue hace relativamente poco tiempo.

¿Qué la llevó a decidir que quería dedicarse profesionalmente a la equitación?

—Siempre supe que quería dedicarme a esto.

Mientras fuera posible y tuviéramos los recursos para hacerlo, mi intención era hacer de la equitación mi profesión.

Cuando ingresé a la universidad me di cuenta de que estaba intentando cumplir con dos mundos al mismo tiempo.

No era especialmente buena estudiante, los números me costaban mucho y tampoco disfrutaba lo que estaba estudiando.

Lo hacía más por compromiso que por verdadera pasión.

Llegó un momento en el que sentía mucha ansiedad porque intentaba cumplir con la universidad y con los caballos al mismo tiempo.

Sentía que estaba haciendo ambas cosas a medias y que no podía dedicarme plenamente a ninguna.

Cuando decidí dejar la universidad, mis padres me apoyaron porque sabían que mi prioridad eran los caballos.

Sin embargo, también me enseñaron la importancia de tener un plan B.

Por eso próximamente estudiaré cocina y cosmetología, dos áreas que también me gustan mucho.

.




¿Cómo es realmente la vida de una atleta ecuestre de alto rendimiento?

—En este deporte hay todo un equipo detrás.

Mis logros son tan míos como de la persona que cuida a mi caballo y de mis padres que me apoyan.

Es una vida de mucho sacrificio.

No se trata únicamente de entrenar. Usted está trabajando con otro ser vivo que necesita atención todos los días.

Los caballos también son atletas.

Uno tiene la responsabilidad de que ellos estén en su mejor condición física y mental.

Por eso es un deporte tan exigente.

Monto seis veces por semana y he tenido que sacrificar viajes familiares, actividades con amigos y muchas otras experiencias.

Pero sé que todo vale la pena.

¿Está dedicada completamente al deporte o también continúa estudiando?

—Actualmente estoy dedicada al cien por ciento a los caballos.

Ingresé a la universidad cuando vivía en Florida, pero me resultó muy difícil equilibrar los estudios con el deporte.

Faltaba constantemente por competencias y entrenamientos.

Después me trasladé a Europa y decidí concentrarme completamente en mi carrera deportiva.

Sin embargo, sí tengo previsto iniciar algunos cursos más flexibles para seguir aprendiendo y desarrollando otras habilidades.

¿Quién es Mágico, el caballo que hoy la acompaña en competencia?

—Mágico tiene 10 años y lleva conmigo poco más de un año.

Es relativamente nuevo dentro de mi equipo.

Tengo otros caballos desde hace seis o siete años, pero él es uno de los más recientes.

Llevamos aproximadamente un año y medio trabajando juntos.

.




¿Qué enseñanzas le han dejado los caballos durante todos estos años?

—Los caballos me han enseñado muchísimas cosas.

Sobre todo, me han enseñado a mantener los pies sobre la tierra y a ser humilde.

Como no puede hablar con ellos, aprende a escucharlos de otra manera: observándolos y entendiendo cómo actúan.

La relación no consiste únicamente en montar y regresar a casa.

Hay que pasar tiempo con ellos, cuidarlos y construir un vínculo.

También me han enseñado a estar presente.

Ellos siempre están comunicando algo y uno debe aprender a escucharlos.

Creo que esa conexión me ha convertido en una persona más disciplinada, trabajadora y consciente.

¿Qué siente cuando entra a una pista representando a Guatemala?

—Guatemala me parece uno de los países más espectaculares del mundo.

Me encanta mi país y poder representarlo en Estados Unidos o en Europa me produce muchísima emoción.

Cuando entro a la pista y veo la bandera de Guatemala junto a las demás banderas, siento algo muy especial.

Y cuando las cosas salen bien y escucho el himno nacional, la emoción es todavía mayor.

Los triunfos en este nivel son difíciles de conseguir.

Por eso, cuando llegan, tienen un significado enorme.

Me llena saber que puedo representar a mi país desde el otro lado del mundo.

Es una mezcla de gratitud, satisfacción y orgullo.

.




¿Cómo recupera la confianza cuando una competencia no sale como esperaba?

—En este deporte es muy fácil compararse con los demás.

Pero siempre trato de recordar que estoy compitiendo junto a otro ser vivo.

Hay factores que uno no puede controlar.

A veces el caballo simplemente no tiene su mejor día y eso también es válido.

Si siento que ambos dimos lo mejor de nosotros y las cosas no salieron, trato de aceptarlo.

Una competencia no define al jinete ni tampoco al caballo.

Lo que más me ayuda es recordar que no nos define como binomio.

Siempre habrá otra oportunidad para mejorar.

¿Qué está aprendiendo hoy que no habría comprendido hace cinco o seis años?

—Hace algunos años no me daba cuenta de todo lo que sucede detrás de escena.

Hoy comprendo mucho mejor los cuidados que requieren los caballos.

Hay que estar pendiente de tratamientos, recuperación, veterinarios, dentistas, quiroprácticos y muchos otros detalles.

Ellos también son atletas y requieren una atención extraordinaria.

Además, he tenido la oportunidad de entrenar con personas que han logrado grandes cosas dentro del mundo ecuestre.

Intento aprender de todos.

De los jinetes, de los entrenadores y de quienes trabajan diariamente con los caballos.

Es un deporte que me ha enseñado disciplina, responsabilidad y la importancia de estar presente.

¿Cuál es la principal enseñanza que le ha dejado el deporte?

—Ser humilde.

También me ha enseñado a soñar en grande.

La perseverancia, la disciplina y la humildad son valores fundamentales.

Sobre todo, me ha enseñado a no rendirme.

Este es un deporte en el que se invierte dinero y esfuerzo.

Hay momentos en los que parece que nada está dando resultado.

Pero si realmente quiere algo y trabaja por ello, eventualmente llegará.

Por eso creo que nunca hay que rendirse.

.




¿Qué competencias tiene por delante en los próximos meses?

—Actualmente estoy compitiendo en Italia.

Después participaré en otra competencia tres estrellas en Sariego, España.

Posteriormente, Mágico tendrá un período de descanso antes de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Allí representaré a Guatemala junto con otros integrantes del equipo nacional.

La competencia se realizará en República Dominicana y estoy muy emocionada.

Será mi segunda participación en este evento.

La primera fue en 2023.

Ahora me siento mucho más preparada y con mayor experiencia.

¿Qué le diría a los jóvenes que creen que sus sueños son imposibles?

—Ningún sueño es demasiado grande.

Soñar es una de las cosas más bonitas que existen, pero también hay que trabajar por esos sueños.

Hay que invertir tiempo, esfuerzo, disciplina y corazón.

Yo siempre recomiendo ver los sueños como metas.

Si trabaja constantemente para alcanzarlos y hace todo lo posible por conseguirlos, es muy probable que lleguen.

No basta con soñar.

También hay que actuar.

Ese sería mi mensaje: no existe ningún sueño demasiado grande.

Valentina Arenas: “Ningún sueño es demasiado grande”

Fotos: Cortesía
Ana González
21 de junio, 2026

Con apenas 22 años, Valentina Arenas se consolida como una de las principales promesas del salto ecuestre guatemalteco. La deportista nacional viene de obtener el primer lugar en el CSI2* Prix Barnes, disputado en Saint-Tropez, Francia, dentro del Longines Global Champions Tour, uno de los circuitos más prestigiosos de la disciplina. Actualmente continúa compitiendo al más alto nivel internacional y se prepara para representar a Guatemala en los próximos Juegos Centroamericanos y del Caribe.

La amazona guatemalteca destaca la disciplina, el trabajo en equipo y la humildad como pilares fundamentales de su carrera. Además, asegura que los caballos le han enseñado a escuchar, perseverar y mantener los pies sobre la tierra. La atleta atribuye sus logros al sacrificio, la constancia y el apoyo de su familia, en un recorrido donde cada competencia también ha sido un proceso de aprendizaje personal.

¿Qué siente al vivir hoy aquel sueño que parecía inalcanzable?

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER

—Lo que más me sorprende es que esto siempre fue un sueño que tuve desde que tengo memoria.

Crecí alrededor de caballos y, cuando era niña, llegar hasta aquí parecía algo inalcanzable. Era un sueño enorme que pensaba que se quedaría solo en eso.

Hoy estoy viajando por Europa, he competido en Estados Unidos y participo en pruebas de alto nivel contra jinetes que han estado en Juegos Olímpicos. Incluso ahora, todavía se siente un poco irreal.

Creo que todo ha sido resultado de la dedicación, del sacrificio y del apoyo de mi familia.

Hay momentos en los que todavía me cuesta creerlo. Las oportunidades que estoy viviendo hoy son cosas que nunca imaginé cuando tenía 10 años.

No tengo palabras para explicar lo agradecida que estoy. Era un sueño que pensé que siempre sería un sueño y ahora que lo estoy viviendo sigue pareciéndome algo increíble.

.

¿A qué edad comenzó su relación con los caballos?

—Hace muchos años acompañaba a mi tío, a mi prima y después a mi hermana cuando iban a montar.

Yo los observaba a todos y creo que, alrededor de los tres años, ya estaba sobre un caballo.

Desde entonces, los caballos han formado parte de mi vida.

¿A qué edad participó en su primera competencia internacional oficial?

—Participé en competencias internacionales de la categoría Children cuando tenía entre 13 y 15 años.

Eran competencias dirigidas a jóvenes jinetes.

Sin embargo, las pruebas internacionales que otorgaban puntos para el ranking mundial comenzaron para mí alrededor de los 19 años.

Realmente fue hace relativamente poco tiempo.

¿Qué la llevó a decidir que quería dedicarse profesionalmente a la equitación?

—Siempre supe que quería dedicarme a esto.

Mientras fuera posible y tuviéramos los recursos para hacerlo, mi intención era hacer de la equitación mi profesión.

Cuando ingresé a la universidad me di cuenta de que estaba intentando cumplir con dos mundos al mismo tiempo.

No era especialmente buena estudiante, los números me costaban mucho y tampoco disfrutaba lo que estaba estudiando.

Lo hacía más por compromiso que por verdadera pasión.

Llegó un momento en el que sentía mucha ansiedad porque intentaba cumplir con la universidad y con los caballos al mismo tiempo.

Sentía que estaba haciendo ambas cosas a medias y que no podía dedicarme plenamente a ninguna.

Cuando decidí dejar la universidad, mis padres me apoyaron porque sabían que mi prioridad eran los caballos.

Sin embargo, también me enseñaron la importancia de tener un plan B.

Por eso próximamente estudiaré cocina y cosmetología, dos áreas que también me gustan mucho.

.




¿Cómo es realmente la vida de una atleta ecuestre de alto rendimiento?

—En este deporte hay todo un equipo detrás.

Mis logros son tan míos como de la persona que cuida a mi caballo y de mis padres que me apoyan.

Es una vida de mucho sacrificio.

No se trata únicamente de entrenar. Usted está trabajando con otro ser vivo que necesita atención todos los días.

Los caballos también son atletas.

Uno tiene la responsabilidad de que ellos estén en su mejor condición física y mental.

Por eso es un deporte tan exigente.

Monto seis veces por semana y he tenido que sacrificar viajes familiares, actividades con amigos y muchas otras experiencias.

Pero sé que todo vale la pena.

¿Está dedicada completamente al deporte o también continúa estudiando?

—Actualmente estoy dedicada al cien por ciento a los caballos.

Ingresé a la universidad cuando vivía en Florida, pero me resultó muy difícil equilibrar los estudios con el deporte.

Faltaba constantemente por competencias y entrenamientos.

Después me trasladé a Europa y decidí concentrarme completamente en mi carrera deportiva.

Sin embargo, sí tengo previsto iniciar algunos cursos más flexibles para seguir aprendiendo y desarrollando otras habilidades.

¿Quién es Mágico, el caballo que hoy la acompaña en competencia?

—Mágico tiene 10 años y lleva conmigo poco más de un año.

Es relativamente nuevo dentro de mi equipo.

Tengo otros caballos desde hace seis o siete años, pero él es uno de los más recientes.

Llevamos aproximadamente un año y medio trabajando juntos.

.




¿Qué enseñanzas le han dejado los caballos durante todos estos años?

—Los caballos me han enseñado muchísimas cosas.

Sobre todo, me han enseñado a mantener los pies sobre la tierra y a ser humilde.

Como no puede hablar con ellos, aprende a escucharlos de otra manera: observándolos y entendiendo cómo actúan.

La relación no consiste únicamente en montar y regresar a casa.

Hay que pasar tiempo con ellos, cuidarlos y construir un vínculo.

También me han enseñado a estar presente.

Ellos siempre están comunicando algo y uno debe aprender a escucharlos.

Creo que esa conexión me ha convertido en una persona más disciplinada, trabajadora y consciente.

¿Qué siente cuando entra a una pista representando a Guatemala?

—Guatemala me parece uno de los países más espectaculares del mundo.

Me encanta mi país y poder representarlo en Estados Unidos o en Europa me produce muchísima emoción.

Cuando entro a la pista y veo la bandera de Guatemala junto a las demás banderas, siento algo muy especial.

Y cuando las cosas salen bien y escucho el himno nacional, la emoción es todavía mayor.

Los triunfos en este nivel son difíciles de conseguir.

Por eso, cuando llegan, tienen un significado enorme.

Me llena saber que puedo representar a mi país desde el otro lado del mundo.

Es una mezcla de gratitud, satisfacción y orgullo.

.




¿Cómo recupera la confianza cuando una competencia no sale como esperaba?

—En este deporte es muy fácil compararse con los demás.

Pero siempre trato de recordar que estoy compitiendo junto a otro ser vivo.

Hay factores que uno no puede controlar.

A veces el caballo simplemente no tiene su mejor día y eso también es válido.

Si siento que ambos dimos lo mejor de nosotros y las cosas no salieron, trato de aceptarlo.

Una competencia no define al jinete ni tampoco al caballo.

Lo que más me ayuda es recordar que no nos define como binomio.

Siempre habrá otra oportunidad para mejorar.

¿Qué está aprendiendo hoy que no habría comprendido hace cinco o seis años?

—Hace algunos años no me daba cuenta de todo lo que sucede detrás de escena.

Hoy comprendo mucho mejor los cuidados que requieren los caballos.

Hay que estar pendiente de tratamientos, recuperación, veterinarios, dentistas, quiroprácticos y muchos otros detalles.

Ellos también son atletas y requieren una atención extraordinaria.

Además, he tenido la oportunidad de entrenar con personas que han logrado grandes cosas dentro del mundo ecuestre.

Intento aprender de todos.

De los jinetes, de los entrenadores y de quienes trabajan diariamente con los caballos.

Es un deporte que me ha enseñado disciplina, responsabilidad y la importancia de estar presente.

¿Cuál es la principal enseñanza que le ha dejado el deporte?

—Ser humilde.

También me ha enseñado a soñar en grande.

La perseverancia, la disciplina y la humildad son valores fundamentales.

Sobre todo, me ha enseñado a no rendirme.

Este es un deporte en el que se invierte dinero y esfuerzo.

Hay momentos en los que parece que nada está dando resultado.

Pero si realmente quiere algo y trabaja por ello, eventualmente llegará.

Por eso creo que nunca hay que rendirse.

.




¿Qué competencias tiene por delante en los próximos meses?

—Actualmente estoy compitiendo en Italia.

Después participaré en otra competencia tres estrellas en Sariego, España.

Posteriormente, Mágico tendrá un período de descanso antes de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Allí representaré a Guatemala junto con otros integrantes del equipo nacional.

La competencia se realizará en República Dominicana y estoy muy emocionada.

Será mi segunda participación en este evento.

La primera fue en 2023.

Ahora me siento mucho más preparada y con mayor experiencia.

¿Qué le diría a los jóvenes que creen que sus sueños son imposibles?

—Ningún sueño es demasiado grande.

Soñar es una de las cosas más bonitas que existen, pero también hay que trabajar por esos sueños.

Hay que invertir tiempo, esfuerzo, disciplina y corazón.

Yo siempre recomiendo ver los sueños como metas.

Si trabaja constantemente para alcanzarlos y hace todo lo posible por conseguirlos, es muy probable que lleguen.

No basta con soñar.

También hay que actuar.

Ese sería mi mensaje: no existe ningún sueño demasiado grande.

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?