El país volvió a sentir la fuerza de un sismo frente al Pacífico este viernes 17 de julio, con una intensidad de 7.4. Aunque el evento no permite anticipar un terremoto mayor, sí confirma que Guatemala permanece bajo una amenaza sísmica constante. Expertos advierten que varias fallas acumulan energía desde hace décadas. La preparación ciudadana es esencial para prevenir tragedias.
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Luis Diego Dávila, arquitecto y especialista en riesgo sísmico del Observatorio para las Ciudades de la Universidad del Istmo (UNIS), ofrece un panorama amplio del fenómeno.
Por qué importa. El reciente sismo no representa un hecho aislado. Forma parte de un proceso geológico permanente que ubica a Guatemala entre los países con mayor amenaza sísmica del continente. La coincidencia de grandes sistemas de fallas explica la frecuencia de estos eventos y obliga a fortalecer la prevención.
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Según Dávila, el movimiento podría provenir de la misma fuente que originó los terremotos de 2012 y, probablemente, el de San Marcos en 2014.
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Explicó que Guatemala concentra dos sistemas tectónicos mayores. La interacción entre las placas del Caribe y Norteamérica, y la subducción entre las placas de Cocos y Caribe a lo largo de la fosa Mesoamericana.
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A estos procesos se suman fallas locales, como Mixco, Santa Catarina Pinula y Jalpatagua. Aunque generan sismos importantes, su capacidad resulta menor frente a los grandes sistemas tectónicos.
Visto y no visto. Los terremotos responden a ciclos naturales de acumulación y liberación de energía. La ciencia los conoce como períodos de recurrencia. No permiten predecir fechas exactas, pero sí ayudan a identificar segmentos que permanecen sin liberar tensión durante décadas.
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La fosa mesoamericana registra una tasa de deslizamiento cercana a 78 milímetros por año. Ese movimiento acumula energía hasta producir terremotos de gran magnitud.
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El segmento responsable del sismo reciente coincide con la zona que produjo los eventos de 2012 y 2014, ambos frente al Pacífico.
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El tramo frente a Escuintla constituye un “gap sismológico”, pues no registra un gran terremoto desde hace más de medio siglo y continúa bajo observación científica.
Datos clave. La amenaza sísmica no depende únicamente de la actividad tectónica. También influyen la calidad de las construcciones y la exposición de la población. Esa diferencia explica por qué un mismo terremoto puede producir consecuencias muy distintas.
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Dávila aclaró que las normas sísmicas de la Asociación Guatemalteca de Ingeniería Estructural y Sísmica (AGIES) buscan evitar el colapso de los edificios y reducir la pérdida de vidas, no impedir cualquier daño estructural.
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El especialista sostuvo que el cumplimiento de esos estándares depende del trabajo responsable de ingenieros, arquitectos, constructores y supervisores durante todo el proceso de edificación.
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Agregó que las viviendas antiguas, las construidas sobre laderas, barrancos o terrenos susceptibles a licuefacción, presentan una vulnerabilidad considerablemente mayor durante un terremoto fuerte.
Lo que sigue. Dávila explicó que ningún modelo científico puede anunciar cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto. Sin embargo, los antecedentes históricos y la acumulación de energía justifican reforzar las medidas de preparación ciudadana y la cultura de prevención.
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Guatemala entra en un período comparable al previo al terremoto de 1976. Aclaró que se trata de una probabilidad histórica y no de una predicción.
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El experto recomendó mantener un plan familiar de emergencia, preparar la mochila de 72 horas y utilizar las aplicaciones de alerta desarrolladas por el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh).
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También aconsejó conservar la calma durante un sismo y permitir la inspección técnica de los edificios antes del reingreso, especialmente en estructuras de gran altura.
El país volvió a sentir la fuerza de un sismo frente al Pacífico este viernes 17 de julio, con una intensidad de 7.4. Aunque el evento no permite anticipar un terremoto mayor, sí confirma que Guatemala permanece bajo una amenaza sísmica constante. Expertos advierten que varias fallas acumulan energía desde hace décadas. La preparación ciudadana es esencial para prevenir tragedias.
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Luis Diego Dávila, arquitecto y especialista en riesgo sísmico del Observatorio para las Ciudades de la Universidad del Istmo (UNIS), ofrece un panorama amplio del fenómeno.
Por qué importa. El reciente sismo no representa un hecho aislado. Forma parte de un proceso geológico permanente que ubica a Guatemala entre los países con mayor amenaza sísmica del continente. La coincidencia de grandes sistemas de fallas explica la frecuencia de estos eventos y obliga a fortalecer la prevención.
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Según Dávila, el movimiento podría provenir de la misma fuente que originó los terremotos de 2012 y, probablemente, el de San Marcos en 2014.
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Explicó que Guatemala concentra dos sistemas tectónicos mayores. La interacción entre las placas del Caribe y Norteamérica, y la subducción entre las placas de Cocos y Caribe a lo largo de la fosa Mesoamericana.
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A estos procesos se suman fallas locales, como Mixco, Santa Catarina Pinula y Jalpatagua. Aunque generan sismos importantes, su capacidad resulta menor frente a los grandes sistemas tectónicos.
Visto y no visto. Los terremotos responden a ciclos naturales de acumulación y liberación de energía. La ciencia los conoce como períodos de recurrencia. No permiten predecir fechas exactas, pero sí ayudan a identificar segmentos que permanecen sin liberar tensión durante décadas.
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La fosa mesoamericana registra una tasa de deslizamiento cercana a 78 milímetros por año. Ese movimiento acumula energía hasta producir terremotos de gran magnitud.
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El segmento responsable del sismo reciente coincide con la zona que produjo los eventos de 2012 y 2014, ambos frente al Pacífico.
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El tramo frente a Escuintla constituye un “gap sismológico”, pues no registra un gran terremoto desde hace más de medio siglo y continúa bajo observación científica.
Datos clave. La amenaza sísmica no depende únicamente de la actividad tectónica. También influyen la calidad de las construcciones y la exposición de la población. Esa diferencia explica por qué un mismo terremoto puede producir consecuencias muy distintas.
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Dávila aclaró que las normas sísmicas de la Asociación Guatemalteca de Ingeniería Estructural y Sísmica (AGIES) buscan evitar el colapso de los edificios y reducir la pérdida de vidas, no impedir cualquier daño estructural.
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El especialista sostuvo que el cumplimiento de esos estándares depende del trabajo responsable de ingenieros, arquitectos, constructores y supervisores durante todo el proceso de edificación.
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Agregó que las viviendas antiguas, las construidas sobre laderas, barrancos o terrenos susceptibles a licuefacción, presentan una vulnerabilidad considerablemente mayor durante un terremoto fuerte.
Lo que sigue. Dávila explicó que ningún modelo científico puede anunciar cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto. Sin embargo, los antecedentes históricos y la acumulación de energía justifican reforzar las medidas de preparación ciudadana y la cultura de prevención.
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Guatemala entra en un período comparable al previo al terremoto de 1976. Aclaró que se trata de una probabilidad histórica y no de una predicción.
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El experto recomendó mantener un plan familiar de emergencia, preparar la mochila de 72 horas y utilizar las aplicaciones de alerta desarrolladas por el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh).
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También aconsejó conservar la calma durante un sismo y permitir la inspección técnica de los edificios antes del reingreso, especialmente en estructuras de gran altura.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: