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PNC desmantela red de cámaras usadas por pandillas para vigilar operativos

.
Luis Gonzalez
06 de mayo, 2026

Durante años, la Policía Nacional Civil creyó conocer cada esquina, cada callejón y cada sombra de los barrios más violentos de la capital.

Qué destacar. Los patrullajes eran constantes, las rutas bien calculadas y los operativos planeados al detalle.

  • Sin embargo, lo que no sabían era que cada uno de sus pasos era observado, registrado en silencio por ojos electrónicos ocultos entre postes, bajo el control absoluto de las pandillas.
  • En operativos interinstitucionales recientes, esa verdad salió a la luz. Primero fue en la zona 18, y el 6 de abril, 24 cámaras de videovigilancia instaladas ilegalmente fueron desinstaladas en el barrio El Gallito, zona 3, y en la colonia Reyna Barrios, zona 13.
  • Eran dispositivos modestos, pero suficientes para mantener un dominio total del territorio. Para los mareros, la tecnología se había convertido en un arma tan poderosa como un fusil.

En el radar. En El Gallito, agentes de la PNC retiraron varias cámaras y una caja de gabinete de almacenamiento, el corazón del sistema clandestino.

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  • Desde allí, presuntamente, integrantes de la mara Salvatrucha observaban en tiempo real la vida del barrio: quién entraba, quién salía, y cuándo aparecían las patrullas.
  • Cada movimiento policial era anticipado; cada operativo, neutralizado antes de comenzar. La autoridad caminaba creyéndose invisible, cuando en realidad era el objetivo principal de la vigilancia.
  • El segundo golpe se dio en la colonia Reyna Barrios, zona 13. Investigadores de la DIPANDA, junto con unidades especializadas, desmantelaron 10 cámaras más, instaladas sin autorización y conectadas a una red improvisada pero eficaz.

Cómo funciona. Desde balcones y esquinas estratégicas, los pandilleros controlaban accesos, calles principales y puntos de fuga.

  • La colonia, sin saberlo, vivía bajo un régimen de observación permanente impuesto por el crimen.
  • La escena se repite en otros puntos de la ciudad. En la zona 18, operativos similares revelaron que las pandillas habían perfeccionado este sistema de vigilancia ilegal.
  • Las cámaras no solo advertían sobre la presencia policial; también servían para intimidar a los vecinos, reforzar el control territorial y facilitar delitos como la extorsión y los ataques armados. Era una ciudad paralela, gobernada desde pantallas ocultas.

Por qué importa. Para la PNC, el hallazgo fue contundente. Mientras los agentes intentaban imponer el orden, los pandilleros ya los estaban observando, aprendiendo sus rutinas, midiendo sus tiempos, anticipando sus estrategias.

  • La tecnología, que en manos del Estado busca prevención y seguridad, había sido apropiada por estructuras criminales para fortalecer el miedo y la violencia.
  • La desinstalación de las cámaras no solo significó quitar cables y tornillos. Fue recuperar el control simbólico del espacio público, romper la ilusión de dominio criminal y recordarle a las pandillas que el Estado sigue presente.
  • Las autoridades advirtieron que estos operativos continuarán y llamaron a la población a denunciar la presencia de dispositivos sospechosos.

En conclusión. En esta guerra silenciosa, los ojos electrónicos han caído.

  • Y con ellos, una parte del control que los pandilleros ejercían desde la sombra.
  • Pero la lección quedó clara: en las calles, ya no solo se pelea con armas, sino con información, vigilancia y tecnología.

PNC desmantela red de cámaras usadas por pandillas para vigilar operativos

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Luis Gonzalez
06 de mayo, 2026

Durante años, la Policía Nacional Civil creyó conocer cada esquina, cada callejón y cada sombra de los barrios más violentos de la capital.

Qué destacar. Los patrullajes eran constantes, las rutas bien calculadas y los operativos planeados al detalle.

  • Sin embargo, lo que no sabían era que cada uno de sus pasos era observado, registrado en silencio por ojos electrónicos ocultos entre postes, bajo el control absoluto de las pandillas.
  • En operativos interinstitucionales recientes, esa verdad salió a la luz. Primero fue en la zona 18, y el 6 de abril, 24 cámaras de videovigilancia instaladas ilegalmente fueron desinstaladas en el barrio El Gallito, zona 3, y en la colonia Reyna Barrios, zona 13.
  • Eran dispositivos modestos, pero suficientes para mantener un dominio total del territorio. Para los mareros, la tecnología se había convertido en un arma tan poderosa como un fusil.

En el radar. En El Gallito, agentes de la PNC retiraron varias cámaras y una caja de gabinete de almacenamiento, el corazón del sistema clandestino.

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  • Desde allí, presuntamente, integrantes de la mara Salvatrucha observaban en tiempo real la vida del barrio: quién entraba, quién salía, y cuándo aparecían las patrullas.
  • Cada movimiento policial era anticipado; cada operativo, neutralizado antes de comenzar. La autoridad caminaba creyéndose invisible, cuando en realidad era el objetivo principal de la vigilancia.
  • El segundo golpe se dio en la colonia Reyna Barrios, zona 13. Investigadores de la DIPANDA, junto con unidades especializadas, desmantelaron 10 cámaras más, instaladas sin autorización y conectadas a una red improvisada pero eficaz.

Cómo funciona. Desde balcones y esquinas estratégicas, los pandilleros controlaban accesos, calles principales y puntos de fuga.

  • La colonia, sin saberlo, vivía bajo un régimen de observación permanente impuesto por el crimen.
  • La escena se repite en otros puntos de la ciudad. En la zona 18, operativos similares revelaron que las pandillas habían perfeccionado este sistema de vigilancia ilegal.
  • Las cámaras no solo advertían sobre la presencia policial; también servían para intimidar a los vecinos, reforzar el control territorial y facilitar delitos como la extorsión y los ataques armados. Era una ciudad paralela, gobernada desde pantallas ocultas.

Por qué importa. Para la PNC, el hallazgo fue contundente. Mientras los agentes intentaban imponer el orden, los pandilleros ya los estaban observando, aprendiendo sus rutinas, midiendo sus tiempos, anticipando sus estrategias.

  • La tecnología, que en manos del Estado busca prevención y seguridad, había sido apropiada por estructuras criminales para fortalecer el miedo y la violencia.
  • La desinstalación de las cámaras no solo significó quitar cables y tornillos. Fue recuperar el control simbólico del espacio público, romper la ilusión de dominio criminal y recordarle a las pandillas que el Estado sigue presente.
  • Las autoridades advirtieron que estos operativos continuarán y llamaron a la población a denunciar la presencia de dispositivos sospechosos.

En conclusión. En esta guerra silenciosa, los ojos electrónicos han caído.

  • Y con ellos, una parte del control que los pandilleros ejercían desde la sombra.
  • Pero la lección quedó clara: en las calles, ya no solo se pelea con armas, sino con información, vigilancia y tecnología.

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