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Jaime Matus: Volcano Summit fortaleció el ecosistema de innovación

Luis Gonzalez
05 de agosto, 2026

Ingeniero guatemalteco, inversionista de capital de riesgo, Jaime Matus es cofundador de Cacao Capital y una de las figuras más influyentes en el ecosistema emprendedor de Centroamérica. Con experiencia en tecnología, telecomunicaciones e inversión en startups, integra la junta de asesores de Volcano Summit y lidera iniciativas para conectar talento regional con fondos de inversión internacionales. En esta entrevista, reflexiona sobre qué buscan los inversionistas, los mitos del financiamiento para emprendimientos y cómo Volcano Summit ha contribuido a transformar el ecosistema de innovación de la región.

¿Qué pesa más hoy para decidir invertir: una idea brillante o la química y resiliencia del equipo?

—En este tipo de emprendimientos, diría que definitivamente la química, la resiliencia y, sobre todo, la visión a largo plazo y la complementariedad de un equipo bien formado desde el día uno. Hay muchos emprendimientos con buenas ideas en papel, con grandes visiones, y ese es un punto de partida. Pero lo que realmente convierte una visión en una empresa escalable es un buen equipo y, sobre todo, la capacidad de ejecución.

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Es esa visión a largo plazo, pero sabiendo que el largo plazo se construye paso a paso. Cuando vemos estos emprendimientos desde Startup Avenue, uno de los criterios más importantes es precisamente el equipo: su complementariedad, su visión a largo plazo, su resiliencia y su capacidad de atraer talento, clientes e inversionistas. En los últimos años se ha vuelto una disciplina muy fuerte entender estas dinámicas para identificar qué emprendimientos vale la pena conectar con el ecosistema que representa Startup Avenue.

¿Cuál es el mito más grande que tienen los emprendedores de la región sobre conseguir financiamiento?

—Muchos emprendedores creen que levantar capital depende únicamente de tener una buena idea o un buen pitch. Pero la realidad es que va mucho más allá de eso.

También existe un mito muy fuerte: creer que cualquier emprendimiento puede levantar capital de riesgo. La realidad es que, inclusive en Latinoamérica, probablemente el 60 % de los emprendimientos que buscan este tipo de inversión podrían beneficiarse más de una estrategia de financiamiento diferente.

Además, Latinoamérica no es Silicon Valley. Allá existe capital de riesgo en todas las etapas y mercados mucho más grandes. En nuestra región debemos ser más disciplinados y rigurosos. Las oportunidades son enormes, pero las valuaciones deben responder a las realidades de cada mercado.

Por eso desarrollamos el VC Readiness Program, que ayuda a los emprendedores a entender cómo piensan los inversionistas y cómo prepararse para conseguir estos “matrimonios profesionales” de largo plazo. Levantar capital no es solo hacer un pitch; requiere una preparación profunda.

Dentro del ecosistema tecnológico, ¿qué problemas son los que más le interesan resolver?

—Latinoamérica tiene muchos desafíos por resolver en salud, educación, acceso a servicios financieros e infraestructura energética. Pero personalmente veo una gran oportunidad en ClimateTech, AgriTech, infraestructura y logística.

Somos una región que todavía depende mucho del sector agropecuario. Esos son sectores donde los emprendedores pueden resolver problemas estructurales, grandes y masivos. Ya vemos ejemplos como Boxful, que está resolviendo retos logísticos, o Ábaco, que facilita financiamiento para pequeñas y medianas empresas.

Si logramos movilizar más capital hacia tecnología climática, agricultura, infraestructura y logística, podemos impulsar un crecimiento económico importante y generar un impacto significativo en la región.

¿Qué diferencia a los emprendedores que sobreviven de los que logran escalar?

—Los emprendedores que se quedan en una escala pequeña suelen enfocarse en resolver problemas muy locales o de nicho y muchas veces no tienen una visión de largo plazo.

Quienes logran escalar tienen una visión global y quieren resolver problemas grandes. Pero, además, poseen resiliencia, disciplina y una enorme capacidad de ejecución. Entienden que el crecimiento se construye semana a semana, tarea por tarea.

Esa combinación de visión, disciplina y capacidad de ejecución es la que hemos visto repetirse en los emprendedores que logran dar un salto significativo.

Ha estado vinculado con Volcano Summit desde sus inicios. ¿Cómo ha evolucionado el evento?

—Tengo la fortuna de estar involucrado desde el día cero, cuando esta idea comenzó a estructurarse junto con Yannú y Marian.

Queríamos crear algo distinto a los eventos tradicionales. Después de haber conocido ecosistemas como Silicon Valley e Israel, entendimos que lo importante era construir comunidad, colaborar y cocrear.

Los primeros años fueron difíciles, pero hemos visto cómo ha evolucionado la mentalidad de inversionistas y emprendedores. Hoy existe una mejor comprensión sobre cómo funciona el capital de riesgo y cómo apoyar a empresas tecnológicas.

Después de casi una década, Volcano Summit ha generado más de 100 mil conexiones y una comunidad de más de 10 mil miembros de más de 45 países. Eso ha permitido reducir fronteras y fortalecer el ecosistema de innovación en la región.

¿Ha sido difícil mantener un evento de esta magnitud y alcance internacional?

—Hace cinco años habría dicho que era uno de los retos más difíciles, porque había que convencer a muchas personas de apostar por una idea disruptiva.

Hoy el desafío es diferente. Existe tanto interés por asistir que el reto es seleccionar y curar adecuadamente a la comunidad participante, considerando que el espacio tiene una capacidad limitada.

Volcano Summit se ha consolidado gracias a una combinación muy especial: el talento de las personas que participan, el entorno de Antigua Guatemala y una comunidad comprometida con construir un mejor futuro a través de la innovación, la tecnología y el emprendimiento.

Cacao Capital nació a partir de Volcano Summit. ¿Cómo ocurrió?

—Cacao Capital nació en la primera edición de Volcano Summit, en 2018.

Queríamos entender cómo movilizar capital hacia emprendimientos de alto potencial. Durante ese primer evento conocimos a dos emprendedores, un francés y un guatemalteco, y decidimos hacer nuestra primera inversión.

El nombre surgió porque pensamos en cuál había sido la moneda de intercambio de la civilización maya: el cacao. Así nació Cacao Capital.

Volcano ha sido responsable de que muchas iniciativas surgieran para fortalecer el ecosistema, incluyendo asociaciones, fondos y organizaciones orientadas a apoyar a emprendedores.

Antes de emprender, ¿a qué se dedicaba?

—Trabajé casi diecisiete años en el mundo corporativo, principalmente en tecnología y telecomunicaciones.

Siempre tuve la inquietud de emprender, pero fue a través de la experiencia de Volcano Summit que decidí dar el paso y dedicarme de lleno al desarrollo de emprendimientos y a la inversión en startups.

¿Cómo mide hoy el crecimiento de su empresa?

—Lo medimos de varias formas. Primero, por el crecimiento del equipo, que se ha multiplicado aproximadamente siete veces.

También por los ingresos y por la cantidad de empresas en las que hemos invertido directamente. Hoy son más de cincuenta compañías en toda la región.

Además, medimos cuántas conexiones hemos facilitado y cuánto capital se ha movilizado, porque buena parte de nuestro trabajo consiste precisamente en generar esas oportunidades de desarrollo.

¿Qué consejo le daría al joven que está pensando en emprender?

—Aprovechen al máximo los espacios de conexión.

Los proyectos crecen en la medida en que crece la red de personas que los rodea. En Latinoamérica es fundamental construir relaciones con inversionistas, corporativos, otros emprendedores, la academia y el sector público.

Si pudiera hablar con el Jaime que fundó Cacao Capital en 2018, le diría que aprovechara aún más las conexiones y las oportunidades para aprender de personas que están resolviendo grandes problemas. Esas relaciones pueden acelerar significativamente el crecimiento de cualquier proyecto.

Finalmente, ¿qué le dejó la influencia de su familia empresaria?

—Mucha de la inspiración para emprender vino de mis abuelos y de mis padres. Uno representaba el mundo corporativo y el otro el espíritu emprendedor y empresarial.

Esa combinación me marcó profundamente. Pero también entendí que hay personas que aparecen en el camino y te abren puertas que pueden cambiar el rumbo de un proyecto.

Para nosotros, Volcano Summit fue precisamente ese catalizador. Sin esas conexiones y sin esa comunidad, probablemente nuestra historia habría sido muy distinta y mucho más local. Hoy tenemos la oportunidad de trabajar con emprendimientos desde Silicon Valley hasta Brasil, y eso es resultado de esas pequeñas oportunidades que terminan haciendo una gran diferencia.

Jaime Matus: Volcano Summit fortaleció el ecosistema de innovación

Luis Gonzalez
05 de agosto, 2026

Ingeniero guatemalteco, inversionista de capital de riesgo, Jaime Matus es cofundador de Cacao Capital y una de las figuras más influyentes en el ecosistema emprendedor de Centroamérica. Con experiencia en tecnología, telecomunicaciones e inversión en startups, integra la junta de asesores de Volcano Summit y lidera iniciativas para conectar talento regional con fondos de inversión internacionales. En esta entrevista, reflexiona sobre qué buscan los inversionistas, los mitos del financiamiento para emprendimientos y cómo Volcano Summit ha contribuido a transformar el ecosistema de innovación de la región.

¿Qué pesa más hoy para decidir invertir: una idea brillante o la química y resiliencia del equipo?

—En este tipo de emprendimientos, diría que definitivamente la química, la resiliencia y, sobre todo, la visión a largo plazo y la complementariedad de un equipo bien formado desde el día uno. Hay muchos emprendimientos con buenas ideas en papel, con grandes visiones, y ese es un punto de partida. Pero lo que realmente convierte una visión en una empresa escalable es un buen equipo y, sobre todo, la capacidad de ejecución.

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Es esa visión a largo plazo, pero sabiendo que el largo plazo se construye paso a paso. Cuando vemos estos emprendimientos desde Startup Avenue, uno de los criterios más importantes es precisamente el equipo: su complementariedad, su visión a largo plazo, su resiliencia y su capacidad de atraer talento, clientes e inversionistas. En los últimos años se ha vuelto una disciplina muy fuerte entender estas dinámicas para identificar qué emprendimientos vale la pena conectar con el ecosistema que representa Startup Avenue.

¿Cuál es el mito más grande que tienen los emprendedores de la región sobre conseguir financiamiento?

—Muchos emprendedores creen que levantar capital depende únicamente de tener una buena idea o un buen pitch. Pero la realidad es que va mucho más allá de eso.

También existe un mito muy fuerte: creer que cualquier emprendimiento puede levantar capital de riesgo. La realidad es que, inclusive en Latinoamérica, probablemente el 60 % de los emprendimientos que buscan este tipo de inversión podrían beneficiarse más de una estrategia de financiamiento diferente.

Además, Latinoamérica no es Silicon Valley. Allá existe capital de riesgo en todas las etapas y mercados mucho más grandes. En nuestra región debemos ser más disciplinados y rigurosos. Las oportunidades son enormes, pero las valuaciones deben responder a las realidades de cada mercado.

Por eso desarrollamos el VC Readiness Program, que ayuda a los emprendedores a entender cómo piensan los inversionistas y cómo prepararse para conseguir estos “matrimonios profesionales” de largo plazo. Levantar capital no es solo hacer un pitch; requiere una preparación profunda.

Dentro del ecosistema tecnológico, ¿qué problemas son los que más le interesan resolver?

—Latinoamérica tiene muchos desafíos por resolver en salud, educación, acceso a servicios financieros e infraestructura energética. Pero personalmente veo una gran oportunidad en ClimateTech, AgriTech, infraestructura y logística.

Somos una región que todavía depende mucho del sector agropecuario. Esos son sectores donde los emprendedores pueden resolver problemas estructurales, grandes y masivos. Ya vemos ejemplos como Boxful, que está resolviendo retos logísticos, o Ábaco, que facilita financiamiento para pequeñas y medianas empresas.

Si logramos movilizar más capital hacia tecnología climática, agricultura, infraestructura y logística, podemos impulsar un crecimiento económico importante y generar un impacto significativo en la región.

¿Qué diferencia a los emprendedores que sobreviven de los que logran escalar?

—Los emprendedores que se quedan en una escala pequeña suelen enfocarse en resolver problemas muy locales o de nicho y muchas veces no tienen una visión de largo plazo.

Quienes logran escalar tienen una visión global y quieren resolver problemas grandes. Pero, además, poseen resiliencia, disciplina y una enorme capacidad de ejecución. Entienden que el crecimiento se construye semana a semana, tarea por tarea.

Esa combinación de visión, disciplina y capacidad de ejecución es la que hemos visto repetirse en los emprendedores que logran dar un salto significativo.

Ha estado vinculado con Volcano Summit desde sus inicios. ¿Cómo ha evolucionado el evento?

—Tengo la fortuna de estar involucrado desde el día cero, cuando esta idea comenzó a estructurarse junto con Yannú y Marian.

Queríamos crear algo distinto a los eventos tradicionales. Después de haber conocido ecosistemas como Silicon Valley e Israel, entendimos que lo importante era construir comunidad, colaborar y cocrear.

Los primeros años fueron difíciles, pero hemos visto cómo ha evolucionado la mentalidad de inversionistas y emprendedores. Hoy existe una mejor comprensión sobre cómo funciona el capital de riesgo y cómo apoyar a empresas tecnológicas.

Después de casi una década, Volcano Summit ha generado más de 100 mil conexiones y una comunidad de más de 10 mil miembros de más de 45 países. Eso ha permitido reducir fronteras y fortalecer el ecosistema de innovación en la región.

¿Ha sido difícil mantener un evento de esta magnitud y alcance internacional?

—Hace cinco años habría dicho que era uno de los retos más difíciles, porque había que convencer a muchas personas de apostar por una idea disruptiva.

Hoy el desafío es diferente. Existe tanto interés por asistir que el reto es seleccionar y curar adecuadamente a la comunidad participante, considerando que el espacio tiene una capacidad limitada.

Volcano Summit se ha consolidado gracias a una combinación muy especial: el talento de las personas que participan, el entorno de Antigua Guatemala y una comunidad comprometida con construir un mejor futuro a través de la innovación, la tecnología y el emprendimiento.

Cacao Capital nació a partir de Volcano Summit. ¿Cómo ocurrió?

—Cacao Capital nació en la primera edición de Volcano Summit, en 2018.

Queríamos entender cómo movilizar capital hacia emprendimientos de alto potencial. Durante ese primer evento conocimos a dos emprendedores, un francés y un guatemalteco, y decidimos hacer nuestra primera inversión.

El nombre surgió porque pensamos en cuál había sido la moneda de intercambio de la civilización maya: el cacao. Así nació Cacao Capital.

Volcano ha sido responsable de que muchas iniciativas surgieran para fortalecer el ecosistema, incluyendo asociaciones, fondos y organizaciones orientadas a apoyar a emprendedores.

Antes de emprender, ¿a qué se dedicaba?

—Trabajé casi diecisiete años en el mundo corporativo, principalmente en tecnología y telecomunicaciones.

Siempre tuve la inquietud de emprender, pero fue a través de la experiencia de Volcano Summit que decidí dar el paso y dedicarme de lleno al desarrollo de emprendimientos y a la inversión en startups.

¿Cómo mide hoy el crecimiento de su empresa?

—Lo medimos de varias formas. Primero, por el crecimiento del equipo, que se ha multiplicado aproximadamente siete veces.

También por los ingresos y por la cantidad de empresas en las que hemos invertido directamente. Hoy son más de cincuenta compañías en toda la región.

Además, medimos cuántas conexiones hemos facilitado y cuánto capital se ha movilizado, porque buena parte de nuestro trabajo consiste precisamente en generar esas oportunidades de desarrollo.

¿Qué consejo le daría al joven que está pensando en emprender?

—Aprovechen al máximo los espacios de conexión.

Los proyectos crecen en la medida en que crece la red de personas que los rodea. En Latinoamérica es fundamental construir relaciones con inversionistas, corporativos, otros emprendedores, la academia y el sector público.

Si pudiera hablar con el Jaime que fundó Cacao Capital en 2018, le diría que aprovechara aún más las conexiones y las oportunidades para aprender de personas que están resolviendo grandes problemas. Esas relaciones pueden acelerar significativamente el crecimiento de cualquier proyecto.

Finalmente, ¿qué le dejó la influencia de su familia empresaria?

—Mucha de la inspiración para emprender vino de mis abuelos y de mis padres. Uno representaba el mundo corporativo y el otro el espíritu emprendedor y empresarial.

Esa combinación me marcó profundamente. Pero también entendí que hay personas que aparecen en el camino y te abren puertas que pueden cambiar el rumbo de un proyecto.

Para nosotros, Volcano Summit fue precisamente ese catalizador. Sin esas conexiones y sin esa comunidad, probablemente nuestra historia habría sido muy distinta y mucho más local. Hoy tenemos la oportunidad de trabajar con emprendimientos desde Silicon Valley hasta Brasil, y eso es resultado de esas pequeñas oportunidades que terminan haciendo una gran diferencia.

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