Fátima Sofía, el arcoíris que llegó después de la tormenta
Los bebés arcoíris llegan después de una pérdida y traen consigo una esperanza que convive con el recuerdo.
Fátima Sofía nació en enero de 2021, en plena pandemia, cuando la incertidumbre se había convertido en parte de la vida cotidiana. Su llegada ocurrió cuatro años después de una pérdida que, para cualquier madre, representa uno de los dolores más difíciles de atravesar.
Andrés, mi hijo, tenía 11 años entonces y también había vivido la pérdida de sus hermanas. Para él, para mi y para mi esposo, la llegada de Fátima significó el comienzo de una nueva etapa y una nueva forma de mirar hacia adelante.
Antes de ella estuvieron sus hermanas, Fátima y Sofía. Ambas murieron en mi vientre el 17 de junio de 2017, cuando tenía cinco meses de embarazo. Desde entonces entendí que la pérdida de un hijo no tiene fecha de vencimiento. El tiempo ayuda a seguir adelante, pero no borra los sueños que quedaron pendientes ni los nombres que dejaron de pronunciarse demasiado pronto.
Cuando nació Fátima Sofía, decidí que llevaría el nombre de sus hermanas. No como una forma de reemplazarlas, porque eso es imposible, sino como un homenaje permanente a las dos vidas que dejaron una huella imborrable en nuestra familia. Cada vez que digo su nombre, también recuerdo a las niñas que no pude ver crecer.
Gracias por nacer
Hay una frase que le repito constantemente a mi hija: "Gracias por nacer". Todavía no comprende del todo lo que intento decirle con esas palabras, pero sí sabe que mi amor por ella no tiene límite. Algunas veces me pregunta por qué se lo digo tanto y solo sonrío. Poco a poco le he contado que tuvo dos hermanas que no pudieron llegar a este mundo. A su corta edad entiende apenas una parte de esa historia, pero con el tiempo irá descubriendo todo lo que significa.
Con los años he comprendido que el concepto de "bebé arcoíris" encierra una realidad profundamente humana. Son los niños que llegan después de una pérdida gestacional, neonatal o infantil. No borran la tormenta que ocurrió antes, pero representan la luz que aparece después de ella. Por eso, cada 21 de agosto, cuando se conmemora el Día del Bebé Arcoíris, varias familias recordamos a los hijos que partieron y celebramos a quienes llegaron para devolvernos la esperanza.
Fátima Sofía es mi bebé arcoíris. Su llegada no eliminó el dolor ni la ausencia de sus hermanas. Tampoco cerró por completo las heridas. Lo que hizo fue reconstruir partes de mi vida que creía perdidas. Con sus risas, sus ocurrencias, sus abrazos y su forma de descubrir el mundo, me enseñó que es posible volver a sonreír sin dejar de recordar.
Hoy, cuando la veo crecer, entiendo que la maternidad también está hecha de memoria. En ella conviven la alegría de tener a mi hija conmigo y el amor eterno por Fátima y Sofía. Porque una madre nunca deja de amar a los hijos que perdió, pero también aprende a agradecer cada día a quienes llegaron para recordarle que, incluso después de la tormenta más oscura, siempre puede aparecer un arcoíris.
Fátima Sofía, el arcoíris que llegó después de la tormenta
Los bebés arcoíris llegan después de una pérdida y traen consigo una esperanza que convive con el recuerdo.
Fátima Sofía nació en enero de 2021, en plena pandemia, cuando la incertidumbre se había convertido en parte de la vida cotidiana. Su llegada ocurrió cuatro años después de una pérdida que, para cualquier madre, representa uno de los dolores más difíciles de atravesar.
Andrés, mi hijo, tenía 11 años entonces y también había vivido la pérdida de sus hermanas. Para él, para mi y para mi esposo, la llegada de Fátima significó el comienzo de una nueva etapa y una nueva forma de mirar hacia adelante.
Antes de ella estuvieron sus hermanas, Fátima y Sofía. Ambas murieron en mi vientre el 17 de junio de 2017, cuando tenía cinco meses de embarazo. Desde entonces entendí que la pérdida de un hijo no tiene fecha de vencimiento. El tiempo ayuda a seguir adelante, pero no borra los sueños que quedaron pendientes ni los nombres que dejaron de pronunciarse demasiado pronto.
Cuando nació Fátima Sofía, decidí que llevaría el nombre de sus hermanas. No como una forma de reemplazarlas, porque eso es imposible, sino como un homenaje permanente a las dos vidas que dejaron una huella imborrable en nuestra familia. Cada vez que digo su nombre, también recuerdo a las niñas que no pude ver crecer.
Gracias por nacer
Hay una frase que le repito constantemente a mi hija: "Gracias por nacer". Todavía no comprende del todo lo que intento decirle con esas palabras, pero sí sabe que mi amor por ella no tiene límite. Algunas veces me pregunta por qué se lo digo tanto y solo sonrío. Poco a poco le he contado que tuvo dos hermanas que no pudieron llegar a este mundo. A su corta edad entiende apenas una parte de esa historia, pero con el tiempo irá descubriendo todo lo que significa.
Con los años he comprendido que el concepto de "bebé arcoíris" encierra una realidad profundamente humana. Son los niños que llegan después de una pérdida gestacional, neonatal o infantil. No borran la tormenta que ocurrió antes, pero representan la luz que aparece después de ella. Por eso, cada 21 de agosto, cuando se conmemora el Día del Bebé Arcoíris, varias familias recordamos a los hijos que partieron y celebramos a quienes llegaron para devolvernos la esperanza.
Fátima Sofía es mi bebé arcoíris. Su llegada no eliminó el dolor ni la ausencia de sus hermanas. Tampoco cerró por completo las heridas. Lo que hizo fue reconstruir partes de mi vida que creía perdidas. Con sus risas, sus ocurrencias, sus abrazos y su forma de descubrir el mundo, me enseñó que es posible volver a sonreír sin dejar de recordar.
Hoy, cuando la veo crecer, entiendo que la maternidad también está hecha de memoria. En ella conviven la alegría de tener a mi hija conmigo y el amor eterno por Fátima y Sofía. Porque una madre nunca deja de amar a los hijos que perdió, pero también aprende a agradecer cada día a quienes llegaron para recordarle que, incluso después de la tormenta más oscura, siempre puede aparecer un arcoíris.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: