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Ernesto Cofiño: el legado del médico que cambió la salud infantil en Guatemala

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Gérman Gómez
05 de julio, 2026

El doctor Ernesto Guillermo Cofiño Ubico ocupa un lugar destacado en la medicina guatemalteca. Su trayectoria profesional transformó la atención pediátrica del país y dejó una huella profunda en la salud pública, la docencia universitaria y la asistencia social. Su trabajo combinó el rigor científico con un fuerte compromiso humano y espiritual.  

Miles de niños y familias recibieron atención gracias a las instituciones que impulsó o fortaleció. Décadas después de su muerte, la Iglesia católica reconoció sus virtudes heroicas y le otorgó el título de venerable. 

Este sábado 11 de julio, a las 10:30 de la mañana, la Iglesia Santa María Reina de la Familia, en Cayalá, celebrará una Santa Misa en acción de gracias por el traslado de sus restos. Así, marca un nuevo capítulo en la memoria de un hombre que dedicó su vida entera al servicio del país. Su causa de canonización avanza en Roma desde hace más de dos décadas. 

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La vida como pediatra 

El Dr. Cofiño nació en la Ciudad de Guatemala el 5 de junio de 1899. En 1917 terminó el bachillerato y entró a la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), pero los terremotos de esos años obligaron a cerrarla. La inestabilidad política del momento también lo empujó a buscar otro camino. En 1919 viajó a Francia e inició estudios de Medicina en la Universidad de La Sorbona.  

Ahí dirigió su tesis doctoral el Dr. Robert Debré, una de las figuras fundadoras de la pediatría moderna. Esa formación europea marca el rumbo de toda su carrera posterior. De regreso en Guatemala, se convirtió en el impulsor de la pediatría. En los años treinta creó la primera cátedra de Pediatría en la Facultad de Medicina de la USAC. 

Su interés no se limitó al consultorio. En 1940 asume la dirección médica de la Sociedad Protectora del Niño, cargo que ocupa hasta 1946. Entre 1945 y 1946 dirige también la Lucha Nacional contra la Tuberculosis, una de las principales causas de muerte infantil en esa época. En 1942 impulsó la creación del Sanatorio Antituberculoso Infantil de San Juan Sacatepéquez, un espacio pensado para atender a niños de escasos recursos. 

Su proyección profesional 

En 1949 viajó a Francia y a los Países Bajos junto a su esposa. Al regresar a Guatemala, trae consigo la vacuna antituberculosa BCG. Gracias a esa gestión, el país logra salvar miles de vidas infantiles en las décadas siguientes. En 1951 asumió la dirección del Centro Educativo Asistencial, antiguo Hospicio Nacional, cargo que mantiene hasta 1955. Desde ese puesto, reorganiza por completo el sistema de atención a la niñez desamparada.  

En 1954 recibe el nombramiento de interventor de la Asociación de Guarderías Infantiles de Bienestar Social. Durante tres años dirige Cáritas de Guatemala, donde organiza la distribución de alimentos en barrios de escasos recursos. Su gestión llega a beneficiar a cerca de 90 000 personas. También participó en la fundación de la Asociación Pediátrica de Guatemala (ASOPEDIA).  

Recibió varios reconocimientos: fue nombrado miembro honorario de la Northwest Pediatric Society y actuó como delegado de Guatemala ante el Instituto Interamericano del Niño. En 1969 la USAC le otorgó la Medalla de Oro, y en 1979 el Colegio de Médicos y Cirujanos de Guatemala lo nombra miembro honorario. A toda esa obra suma su labor médica en el Hospital General San Juan de Dios, donde atendió durante años a pacientes de escasos recursos. 

Su legado espiritual 

En 1953 conoce al P. Antonio Rodríguez, recién llegado a Guatemala para desarrollar la labor apostólica del Opus Dei, con quien establece una relación de dirección espiritual. En 1956 descubre su propia vocación en la Obra y se incorpora como miembro supernumerario. Es decir, como laico casado que combina su vida familiar y profesional con un compromiso espiritual. Durante una peregrinación a Roma, conoce a San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, encuentro que refuerza su compromiso espiritual. 

Tras el terremoto de 1976, impulsó y cofundó la Fundación para el Desarrollo Integral (FUDI), que trabaja en la reconstrucción de la aldea Sajcavillá, cerca de San Juan Sacatepéquez. A los 80 años, un cáncer le obliga a someterse a una cirugía que le retira tres cuartas partes del maxilar inferior. Aun así, vive doce años más y continúa su labor de servicio hasta el final de su vida. 

La dimensión familiar del Dr. Cofiño resulta inseparable de su vocación profesional. Se casa con Clemencia Samayoa en 1933 y forma con ella una familia de cinco hijos: Ernesto, Clotilde Clemencia, Sofía, Roberto y José Luis. Su esposa, maestra de profesión, lo acompañó en buena parte de su trabajo social, incluidas las jornadas de fin de semana en el centro para niños tuberculosos. Él solía decir que la profesión y la vida familiar forman un solo bloque inseparable. A la muerte de su esposa, en 1963, redobla la atención hacia sus hijos sin abandonar el cuidado de los enfermos y los pobres. 

Los últimos años de vida y el camino a los altares 

Muere en la Ciudad de Guatemala el 17 de octubre de 1991, a los 92 años. Los últimos años de vida enfrenta con serenidad un cáncer diagnosticado en 1981, que reaparece en junio de ese último año. En el 2000 se abre el proceso diocesano sobre su vida, sus virtudes y su fama de santidad. Durante esa fase, un tribunal entrevista a 45 testigos a lo largo de 58 sesiones.  

En 2002, el Vaticano concede el decreto de validez jurídica de ese proceso. Años más tarde, en 2021, el Dicasterio para las Causas de los Santos recibe un documento de 771 páginas sobre su vida. Un año después, la Santa Sede responde de forma positiva sobre el ejercicio heroico de sus virtudes. El 14 de diciembre de 2023, el papa Francisco autoriza la publicación del decreto que declara venerable al Dr. Ernesto Cofiño, primer paso formal hacia una eventual beatificación. 

Durante más de veinte años, la Iglesia estudió en Roma su vida y los favores atribuidos a su intercesión. El postulador, el relator y los consultores revisaron su causa con rigor histórico, teológico y jurídico. Al final, obispos y cardenales confirmaron el decreto que lo declara venerable. Con este paso inicia una nueva etapa.  

Ahora la Iglesia debe comprobar un milagro atribuido a su intercesión. Si lo reconoce, podrá avanzar hacia la beatificación y permitir un culto público limitado. Un segundo milagro abriría el camino hacia la canonización y al culto público universal. 

Hoy, más de tres décadas después de su muerte, su figura sigue viva en la memoria de médicos, familias y comunidades de todo el país. El traslado de sus restos y la misa de este 11 de julio en Cayalá renuevan ese vínculo entre su legado médico, su obra social y la fe que sostuvo cada una de sus decisiones. 

Ernesto Cofiño: el legado del médico que cambió la salud infantil en Guatemala

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Gérman Gómez
05 de julio, 2026

El doctor Ernesto Guillermo Cofiño Ubico ocupa un lugar destacado en la medicina guatemalteca. Su trayectoria profesional transformó la atención pediátrica del país y dejó una huella profunda en la salud pública, la docencia universitaria y la asistencia social. Su trabajo combinó el rigor científico con un fuerte compromiso humano y espiritual.  

Miles de niños y familias recibieron atención gracias a las instituciones que impulsó o fortaleció. Décadas después de su muerte, la Iglesia católica reconoció sus virtudes heroicas y le otorgó el título de venerable. 

Este sábado 11 de julio, a las 10:30 de la mañana, la Iglesia Santa María Reina de la Familia, en Cayalá, celebrará una Santa Misa en acción de gracias por el traslado de sus restos. Así, marca un nuevo capítulo en la memoria de un hombre que dedicó su vida entera al servicio del país. Su causa de canonización avanza en Roma desde hace más de dos décadas. 

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La vida como pediatra 

El Dr. Cofiño nació en la Ciudad de Guatemala el 5 de junio de 1899. En 1917 terminó el bachillerato y entró a la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), pero los terremotos de esos años obligaron a cerrarla. La inestabilidad política del momento también lo empujó a buscar otro camino. En 1919 viajó a Francia e inició estudios de Medicina en la Universidad de La Sorbona.  

Ahí dirigió su tesis doctoral el Dr. Robert Debré, una de las figuras fundadoras de la pediatría moderna. Esa formación europea marca el rumbo de toda su carrera posterior. De regreso en Guatemala, se convirtió en el impulsor de la pediatría. En los años treinta creó la primera cátedra de Pediatría en la Facultad de Medicina de la USAC. 

Su interés no se limitó al consultorio. En 1940 asume la dirección médica de la Sociedad Protectora del Niño, cargo que ocupa hasta 1946. Entre 1945 y 1946 dirige también la Lucha Nacional contra la Tuberculosis, una de las principales causas de muerte infantil en esa época. En 1942 impulsó la creación del Sanatorio Antituberculoso Infantil de San Juan Sacatepéquez, un espacio pensado para atender a niños de escasos recursos. 

Su proyección profesional 

En 1949 viajó a Francia y a los Países Bajos junto a su esposa. Al regresar a Guatemala, trae consigo la vacuna antituberculosa BCG. Gracias a esa gestión, el país logra salvar miles de vidas infantiles en las décadas siguientes. En 1951 asumió la dirección del Centro Educativo Asistencial, antiguo Hospicio Nacional, cargo que mantiene hasta 1955. Desde ese puesto, reorganiza por completo el sistema de atención a la niñez desamparada.  

En 1954 recibe el nombramiento de interventor de la Asociación de Guarderías Infantiles de Bienestar Social. Durante tres años dirige Cáritas de Guatemala, donde organiza la distribución de alimentos en barrios de escasos recursos. Su gestión llega a beneficiar a cerca de 90 000 personas. También participó en la fundación de la Asociación Pediátrica de Guatemala (ASOPEDIA).  

Recibió varios reconocimientos: fue nombrado miembro honorario de la Northwest Pediatric Society y actuó como delegado de Guatemala ante el Instituto Interamericano del Niño. En 1969 la USAC le otorgó la Medalla de Oro, y en 1979 el Colegio de Médicos y Cirujanos de Guatemala lo nombra miembro honorario. A toda esa obra suma su labor médica en el Hospital General San Juan de Dios, donde atendió durante años a pacientes de escasos recursos. 

Su legado espiritual 

En 1953 conoce al P. Antonio Rodríguez, recién llegado a Guatemala para desarrollar la labor apostólica del Opus Dei, con quien establece una relación de dirección espiritual. En 1956 descubre su propia vocación en la Obra y se incorpora como miembro supernumerario. Es decir, como laico casado que combina su vida familiar y profesional con un compromiso espiritual. Durante una peregrinación a Roma, conoce a San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, encuentro que refuerza su compromiso espiritual. 

Tras el terremoto de 1976, impulsó y cofundó la Fundación para el Desarrollo Integral (FUDI), que trabaja en la reconstrucción de la aldea Sajcavillá, cerca de San Juan Sacatepéquez. A los 80 años, un cáncer le obliga a someterse a una cirugía que le retira tres cuartas partes del maxilar inferior. Aun así, vive doce años más y continúa su labor de servicio hasta el final de su vida. 

La dimensión familiar del Dr. Cofiño resulta inseparable de su vocación profesional. Se casa con Clemencia Samayoa en 1933 y forma con ella una familia de cinco hijos: Ernesto, Clotilde Clemencia, Sofía, Roberto y José Luis. Su esposa, maestra de profesión, lo acompañó en buena parte de su trabajo social, incluidas las jornadas de fin de semana en el centro para niños tuberculosos. Él solía decir que la profesión y la vida familiar forman un solo bloque inseparable. A la muerte de su esposa, en 1963, redobla la atención hacia sus hijos sin abandonar el cuidado de los enfermos y los pobres. 

Los últimos años de vida y el camino a los altares 

Muere en la Ciudad de Guatemala el 17 de octubre de 1991, a los 92 años. Los últimos años de vida enfrenta con serenidad un cáncer diagnosticado en 1981, que reaparece en junio de ese último año. En el 2000 se abre el proceso diocesano sobre su vida, sus virtudes y su fama de santidad. Durante esa fase, un tribunal entrevista a 45 testigos a lo largo de 58 sesiones.  

En 2002, el Vaticano concede el decreto de validez jurídica de ese proceso. Años más tarde, en 2021, el Dicasterio para las Causas de los Santos recibe un documento de 771 páginas sobre su vida. Un año después, la Santa Sede responde de forma positiva sobre el ejercicio heroico de sus virtudes. El 14 de diciembre de 2023, el papa Francisco autoriza la publicación del decreto que declara venerable al Dr. Ernesto Cofiño, primer paso formal hacia una eventual beatificación. 

Durante más de veinte años, la Iglesia estudió en Roma su vida y los favores atribuidos a su intercesión. El postulador, el relator y los consultores revisaron su causa con rigor histórico, teológico y jurídico. Al final, obispos y cardenales confirmaron el decreto que lo declara venerable. Con este paso inicia una nueva etapa.  

Ahora la Iglesia debe comprobar un milagro atribuido a su intercesión. Si lo reconoce, podrá avanzar hacia la beatificación y permitir un culto público limitado. Un segundo milagro abriría el camino hacia la canonización y al culto público universal. 

Hoy, más de tres décadas después de su muerte, su figura sigue viva en la memoria de médicos, familias y comunidades de todo el país. El traslado de sus restos y la misa de este 11 de julio en Cayalá renuevan ese vínculo entre su legado médico, su obra social y la fe que sostuvo cada una de sus decisiones. 

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