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El hombre que hizo bailar a Mandela

.
Marcos Jacobo Suárez Sipmann
22 de junio, 2026

El músico Abdullah Ibrahim no solo llenaba estadios, llenaba silencios. Algo mucho más difícil. El pianista y compositor sudafricano, una de las figuras esenciales del jazz del último medio siglo y una de las voces culturales más persistentes contra el apartheid, murió el pasado 15 de junio en Alemania a los 91 años.

Nacido en Ciudad del Cabo en 1934 como Adolph Johannes Brand, y conocido durante años como Dollar Brand, Ibrahim convirtió el piano en una especie de brújula moral. Su música mezcló jazz, melodías africanas, espiritualidad islámica y la memoria de los barrios segregados de Sudáfrica hasta crear un idioma propio, reconocible desde las primeras notas.⁠

Su composición más célebre, Mannenberg (1974), terminó siendo algo mucho más importante que una canción. Se transformó en banda sonora de la resistencia contra el apartheid, una melodía que sobrevivió a gobiernos, censuras y exilios. Aquella pieza instrumental dijo sobre la libertad bastante más que muchos discursos políticos de la época.

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La historia oficial suele recordar a Ibrahim por haber actuado en la toma de posesión de Nelson Mandela en 1994. Quizá resulte más interesante recordar lo contrario: que Mandela admiraba profundamente a Ibrahim. El líder sudafricano llegó a describirlo como una suerte de “Mozart sudafricano”, consciente de que algunas partituras habían ayudado a mantener viva la esperanza cuando las palabras resultaban peligrosas.

Descubierto en Europa por Duke Ellington, compañero ocasional de gigantes como John Coltrane, Ornette Coleman o Max Roach, Ibrahim grabó más de 70 discos y mantuvo una carrera de ocho décadas sin necesidad de reinventarse cada cinco años para seguir siendo relevante. Su secreto fue otro: permanecer fiel a una búsqueda que nunca dio por terminada.

Murió lejos de Sudáfrica, en Alemania, donde residía desde hacía años. Nunca dejó de llevar a su país en el corazón. Tal vez por eso sus mejores composiciones siguen sonando como una patria portátil: un lugar al que regresar cuando el mundo desafina.

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El hombre que hizo bailar a Mandela

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22 de junio, 2026

El músico Abdullah Ibrahim no solo llenaba estadios, llenaba silencios. Algo mucho más difícil. El pianista y compositor sudafricano, una de las figuras esenciales del jazz del último medio siglo y una de las voces culturales más persistentes contra el apartheid, murió el pasado 15 de junio en Alemania a los 91 años.

Nacido en Ciudad del Cabo en 1934 como Adolph Johannes Brand, y conocido durante años como Dollar Brand, Ibrahim convirtió el piano en una especie de brújula moral. Su música mezcló jazz, melodías africanas, espiritualidad islámica y la memoria de los barrios segregados de Sudáfrica hasta crear un idioma propio, reconocible desde las primeras notas.⁠

Su composición más célebre, Mannenberg (1974), terminó siendo algo mucho más importante que una canción. Se transformó en banda sonora de la resistencia contra el apartheid, una melodía que sobrevivió a gobiernos, censuras y exilios. Aquella pieza instrumental dijo sobre la libertad bastante más que muchos discursos políticos de la época.

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Descubierto en Europa por Duke Ellington, compañero ocasional de gigantes como John Coltrane, Ornette Coleman o Max Roach, Ibrahim grabó más de 70 discos y mantuvo una carrera de ocho décadas sin necesidad de reinventarse cada cinco años para seguir siendo relevante. Su secreto fue otro: permanecer fiel a una búsqueda que nunca dio por terminada.

Murió lejos de Sudáfrica, en Alemania, donde residía desde hacía años. Nunca dejó de llevar a su país en el corazón. Tal vez por eso sus mejores composiciones siguen sonando como una patria portátil: un lugar al que regresar cuando el mundo desafina.

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