Donde faltaban instrumentos, sobraban ganas de hacer música
Tigres Latín Band nació con pocos instrumentos y muchos sueños. El nombre llegó después, inspirado en unos niños que nunca dejaron de luchar.
Llanos de Azacualpilla Palencia, una pequeña comunidad ubicada a 24 kilómetros de la ciudad de Guatemala, la música encontró un espacio para crecer. Allí nació Tigres Latín Band, una agrupación escolar que comenzó en 2008 con pocos instrumentos, esfuerzo y el respaldo de las familias.
La historia empezó con Lizett Valladares, maestra de profesión y exalumna del Instituto Normal para Señoritas Centro América (INCA). Su paso por una banda de guerra le dejó una inquietud. Quería crear una agrupación en la escuela. Pero buscaba algo distinto. Quería una banda latina.
Lizett habló con su compañero director de la escuela de Llanos de Azacualpilla Jornada Vespertina, Cristian Morales. La idea tomó forma gracias al apoyo de su esposo y de algunos amigos. Ellos donaron cuatro redoblantes. Después, con sacrificio, compraron una lira y un bombo.
Así nació la agrupación. Sus primeros integrantes tenían entre 9 y 10 años. Tres años después llegó el nombre Tigres. Los alumnos mostraban carácter y entusiasmo. Ensayaban bajo el sol y la lluvia. No querían detenerse. El nombre reflejó esa actitud.
Para la profesora, las distintas generaciones han mostrado el mismo espíritu. Son niños aguerridos que disfrutan la música y asumen cada presentación con entusiasmo.
La propuesta también marcó una diferencia frente a las bandas de guerra. Valladares explica que estas tienen una estructura más militar y un repertorio más limitado. La banda latina ofrece mayor libertad musical. Los directores pueden adaptar canciones y buscar sonidos que motiven a los jóvenes.
Su primera participación ocurrió en 2008. El colegio Manantial del Saber los invitó a un ensamble musical. Ese pequeño trofeo marcó el inicio de una trayectoria que luego los llevó a varias competencias.
En Palencia obtuvieron el tercer lugar en una final. Después llegaron más invitaciones. También alcanzaron espacios frente a agrupaciones con mayor trayectoria.
Más allá de los trofeos
Lizett les ha enseñado a los alumnos que el mejor triunfo son los aplausos. La meta es disfrutar la música y entregar una buena presentación. El trofeo queda como un reconocimiento adicional.
Cada viaje exige esfuerzo. Los padres de familia organizan ventas o reúnen dinero para cubrir el transporte. Un piloto de la comunidad suele trasladarlos a las actividades. La docente también busca recursos para ofrecer refacciones a los integrantes.
A ese esfuerzo se sumó Kender Córdova Rosales. Tiene 19 años. Es estudiante y trabajador administrativo. Su experiencia en otra banda latina le permitió aportar ideas al grupo. Hoy comparte la dirección musical con Lizett.
Ambos tienen personalidades distintas. Aun así, encontraron una forma de trabajar juntos. Su relación tiene una base clara: respeto. Hablan sobre los cambios, escuchan sus propuestas y toman decisiones en conjunto.
Kender también aportó una de las melodías más representativas del grupo: “Amárrame”. La escuchó en una banda latina de San Marcos y quiso llevarla a Azacualpilla. El problema era adaptar las notas de trompeta a una agrupación sin instrumentos de viento.
Lizett consiguió las notas. Kender las adaptó para lira, bombos, redoblantes y triples. Los jóvenes aprendieron la melodía y la hicieron parte de su repertorio. Desde entonces, “Amárrame” se convirtió en una de las favoritas.
La inclusión también forma parte de la identidad de la agrupación. Los instructores adaptan los instrumentos cuando un integrante lo necesita. Una niña aprendió a tocar con señas visuales. Otro alumno mantiene su lugar pese a las dificultades para ejecutar el bombo.
Para Kender, las competencias representan uno de los mayores retos. Tigres Latín Band se enfrenta a grupos grandes y con más experiencia. Los jóvenes ensayan durante horas y buscan mejorar en cada presentación.
Valladares recuerda que comenzaron con cuatro redoblantes, una lira y un bombo. Incluso conoció a una maestra que inició con botes de leche y recipientes de agua como instrumentos. Según ella, no hay que esperar las condiciones perfectas para empezar, pues el sacrificio forma parte del camino
Hoy Tigres Latín Band busca que sus integrantes sigan aprendiendo y que nuevos alumnos encuentren un espacio en la música. Para sus directores, el legado está en cada joven que aprende, participa y descubre que puede llegar más lejos de lo que imaginaba.
Donde faltaban instrumentos, sobraban ganas de hacer música
Tigres Latín Band nació con pocos instrumentos y muchos sueños. El nombre llegó después, inspirado en unos niños que nunca dejaron de luchar.
Llanos de Azacualpilla Palencia, una pequeña comunidad ubicada a 24 kilómetros de la ciudad de Guatemala, la música encontró un espacio para crecer. Allí nació Tigres Latín Band, una agrupación escolar que comenzó en 2008 con pocos instrumentos, esfuerzo y el respaldo de las familias.
La historia empezó con Lizett Valladares, maestra de profesión y exalumna del Instituto Normal para Señoritas Centro América (INCA). Su paso por una banda de guerra le dejó una inquietud. Quería crear una agrupación en la escuela. Pero buscaba algo distinto. Quería una banda latina.
Lizett habló con su compañero director de la escuela de Llanos de Azacualpilla Jornada Vespertina, Cristian Morales. La idea tomó forma gracias al apoyo de su esposo y de algunos amigos. Ellos donaron cuatro redoblantes. Después, con sacrificio, compraron una lira y un bombo.
Así nació la agrupación. Sus primeros integrantes tenían entre 9 y 10 años. Tres años después llegó el nombre Tigres. Los alumnos mostraban carácter y entusiasmo. Ensayaban bajo el sol y la lluvia. No querían detenerse. El nombre reflejó esa actitud.
Para la profesora, las distintas generaciones han mostrado el mismo espíritu. Son niños aguerridos que disfrutan la música y asumen cada presentación con entusiasmo.
La propuesta también marcó una diferencia frente a las bandas de guerra. Valladares explica que estas tienen una estructura más militar y un repertorio más limitado. La banda latina ofrece mayor libertad musical. Los directores pueden adaptar canciones y buscar sonidos que motiven a los jóvenes.
Su primera participación ocurrió en 2008. El colegio Manantial del Saber los invitó a un ensamble musical. Ese pequeño trofeo marcó el inicio de una trayectoria que luego los llevó a varias competencias.
En Palencia obtuvieron el tercer lugar en una final. Después llegaron más invitaciones. También alcanzaron espacios frente a agrupaciones con mayor trayectoria.
Más allá de los trofeos
Lizett les ha enseñado a los alumnos que el mejor triunfo son los aplausos. La meta es disfrutar la música y entregar una buena presentación. El trofeo queda como un reconocimiento adicional.
Cada viaje exige esfuerzo. Los padres de familia organizan ventas o reúnen dinero para cubrir el transporte. Un piloto de la comunidad suele trasladarlos a las actividades. La docente también busca recursos para ofrecer refacciones a los integrantes.
A ese esfuerzo se sumó Kender Córdova Rosales. Tiene 19 años. Es estudiante y trabajador administrativo. Su experiencia en otra banda latina le permitió aportar ideas al grupo. Hoy comparte la dirección musical con Lizett.
Ambos tienen personalidades distintas. Aun así, encontraron una forma de trabajar juntos. Su relación tiene una base clara: respeto. Hablan sobre los cambios, escuchan sus propuestas y toman decisiones en conjunto.
Kender también aportó una de las melodías más representativas del grupo: “Amárrame”. La escuchó en una banda latina de San Marcos y quiso llevarla a Azacualpilla. El problema era adaptar las notas de trompeta a una agrupación sin instrumentos de viento.
Lizett consiguió las notas. Kender las adaptó para lira, bombos, redoblantes y triples. Los jóvenes aprendieron la melodía y la hicieron parte de su repertorio. Desde entonces, “Amárrame” se convirtió en una de las favoritas.
La inclusión también forma parte de la identidad de la agrupación. Los instructores adaptan los instrumentos cuando un integrante lo necesita. Una niña aprendió a tocar con señas visuales. Otro alumno mantiene su lugar pese a las dificultades para ejecutar el bombo.
Para Kender, las competencias representan uno de los mayores retos. Tigres Latín Band se enfrenta a grupos grandes y con más experiencia. Los jóvenes ensayan durante horas y buscan mejorar en cada presentación.
Valladares recuerda que comenzaron con cuatro redoblantes, una lira y un bombo. Incluso conoció a una maestra que inició con botes de leche y recipientes de agua como instrumentos. Según ella, no hay que esperar las condiciones perfectas para empezar, pues el sacrificio forma parte del camino
Hoy Tigres Latín Band busca que sus integrantes sigan aprendiendo y que nuevos alumnos encuentren un espacio en la música. Para sus directores, el legado está en cada joven que aprende, participa y descubre que puede llegar más lejos de lo que imaginaba.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: