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Cristha Fuentes, la diseñadora detrás de zapatos que cuentan historias

Fotografía: Diego Cabrera
Alicia Utrera
09 de enero, 2026

La luz entra sin esfuerzo por los ventanales de la tienda. Se desliza por las paredes claras y se posa con cuidado sobre cada par de zapatos. Todo está en su lugar, nada se siente rígido. Hay orden, sí, pero también calma. En medio del espacio está Cristha Fuentes quien camina lentamente, observa, acomoda un detalle mínimo y sonríe. No es pose, sino reflejo. “Desde que abrimos en este nuevo local en noviembre, siento que estoy en un sueño”, afirma. 

Fotografía: Diego Cabrera

No habla de zapatos como productos, sino de historias, de momentos, de personas. Por eso su marca se define con la frase Shoes with soul. “Nosotros hacemos el zapato y tú le das vida”, explica. Para ella, cada par empieza en el diseño, pero termina de construirse cuando alguien lo usa, lo camina y lo vuelve propio. 

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Esa claridad no apareció de golpe. Viene de lejos. “Yo fui de esas personas raras que siempre supo a qué se quería dedicar”, recuerda. Desde niña decía que quería ser diseñadora de modas, aunque en Guatemala el camino no fuera evidente. Sus padres la apoyaron, pero también le advirtieron que no sería fácil. Aun así, no esperó condiciones ideales. Mientras cursaba el bachillerato, estudiaba diseño los fines de semana. Más tarde entendió que, si quería dedicarse al calzado, tenía que inventarse su propia ruta. 

Fotografía: Diego Cabrera

Estudió diseño industrial para aplicar lo aprendido a los zapatos y, casi al mismo tiempo, empezó a emprender. “Me lancé así a diseñar los zapatos y publicarlos en redes”, menciona. Pronto se dio cuenta de que algo faltaba. “Ya tenía la parte creativa, pero la parte de negocios cero”. Entonces estudió administración, se formó en emprendimiento y aprendió a sostener lo que estaba creando. A los 19 fundó su marca. Hoy, 12 años después, sigue al frente, con la misma energía, pero con más certezas. 

El amor por los zapatos llegó casi sin darse cuenta. Al inicio pensó que diseñaría vestidos, pero algo siempre la desviaba hacia los accesorios. “Me di cuenta de que disfrutaba más al desarrollar los accesorios que el vestido”. La costumbre de su mamá de arreglar zapatos, de no desecharlos, la acercó al oficio. Cambiar colores, prolongar su vida, entender su estructura. “Yo dije: de aquí soy”. 

Fotografía: Diego Cabrera

Ese vínculo con lo artesanal sigue marcando su trabajo. Sus diseños no se producen en serie ni buscan repetirse. La personalización es clave. “Esa conexión hace que deje de ser un zapato común”, explica. Las clientas pueden adaptar modelos o, si ya conocen la marca, entrar al laboratorio creativo. Elegir materiales, probar, ajustar. “El proceso de hacer algo juntos hace que se vuelva más que una pieza de vestuario, más que un objeto de arte también”. 

Trabajar con artesanos fue una decisión consciente. No solo por técnica, sino por convicción. “He aprendido que la comunicación es clave”. Entender los tiempos, explicar con claridad, ponerse en el lugar del otro. También es una forma de resistencia. “He visto cómo se ha ido reduciendo el gremio del calzado en Guatemala, y yo quiero poner mi granito de arena para mantenerlo vivo”. 

Fotografía: Diego Cabrera

El equilibrio entre creatividad y realidad no siempre ha sido sencillo. Hubo ideas arriesgadas, propuestas complejas, momentos de duda. Con el tiempo aprendió a poner límites. “Hay que matar un poquito el ego”, admite. Diseñar también es entender costos, disponibilidad, mercado. No se trata de hacer lo más extravagante, sino lo que funcione sin perder identidad. 

Esa conciencia también la llevó a replantearse decisiones. En algún momento fue cuestionada por el uso de textiles tradicionales y decidió cambiar el rumbo. “Me encendieron un foco”. Pensar cómo honrar la artesanía de una forma más respetuosa se volvió parte de su evolución como diseñadora y empresaria. 

Fotografía: Diego Cabrera

Más allá de la moda, Cristha busca impacto. Durante la pandemia, su marca se convirtió en vehículo para apoyar causas sociales. “Ahí sentí que a la marca le faltaba ese sello final”, sostiene. Para ella, vender no es suficiente si no hay propósito. “La moda no es el fin, es la herramienta para generar riqueza en el país”. 

Quizá por eso una de las historias que más la conmueven no tiene que ver con pasarelas ni ferias internacionales, sino con el tiempo. “Le hemos hecho zapatos a muchas novias y años después nos piden zapatos para sus hijas”. Ahí entiende que su trabajo trasciende generaciones. Se vuelve parte de la vida de otras personas. 

Fotografía: Diego Cabrera

Hoy, en su tienda, se permite disfrutar el momento. No con prisa, no con ansiedad. “Me siento muy agradecida”. La frase es sencilla, pero pesa. Resume años de decisiones valientes, de aprendizaje constante y la idea de crear desde Guatemala, con propósito, detalle y alma. 

 

Cristha Fuentes, la diseñadora detrás de zapatos que cuentan historias

Fotografía: Diego Cabrera
Alicia Utrera
09 de enero, 2026

La luz entra sin esfuerzo por los ventanales de la tienda. Se desliza por las paredes claras y se posa con cuidado sobre cada par de zapatos. Todo está en su lugar, nada se siente rígido. Hay orden, sí, pero también calma. En medio del espacio está Cristha Fuentes quien camina lentamente, observa, acomoda un detalle mínimo y sonríe. No es pose, sino reflejo. “Desde que abrimos en este nuevo local en noviembre, siento que estoy en un sueño”, afirma. 

Fotografía: Diego Cabrera

No habla de zapatos como productos, sino de historias, de momentos, de personas. Por eso su marca se define con la frase Shoes with soul. “Nosotros hacemos el zapato y tú le das vida”, explica. Para ella, cada par empieza en el diseño, pero termina de construirse cuando alguien lo usa, lo camina y lo vuelve propio. 

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Esa claridad no apareció de golpe. Viene de lejos. “Yo fui de esas personas raras que siempre supo a qué se quería dedicar”, recuerda. Desde niña decía que quería ser diseñadora de modas, aunque en Guatemala el camino no fuera evidente. Sus padres la apoyaron, pero también le advirtieron que no sería fácil. Aun así, no esperó condiciones ideales. Mientras cursaba el bachillerato, estudiaba diseño los fines de semana. Más tarde entendió que, si quería dedicarse al calzado, tenía que inventarse su propia ruta. 

Fotografía: Diego Cabrera

Estudió diseño industrial para aplicar lo aprendido a los zapatos y, casi al mismo tiempo, empezó a emprender. “Me lancé así a diseñar los zapatos y publicarlos en redes”, menciona. Pronto se dio cuenta de que algo faltaba. “Ya tenía la parte creativa, pero la parte de negocios cero”. Entonces estudió administración, se formó en emprendimiento y aprendió a sostener lo que estaba creando. A los 19 fundó su marca. Hoy, 12 años después, sigue al frente, con la misma energía, pero con más certezas. 

El amor por los zapatos llegó casi sin darse cuenta. Al inicio pensó que diseñaría vestidos, pero algo siempre la desviaba hacia los accesorios. “Me di cuenta de que disfrutaba más al desarrollar los accesorios que el vestido”. La costumbre de su mamá de arreglar zapatos, de no desecharlos, la acercó al oficio. Cambiar colores, prolongar su vida, entender su estructura. “Yo dije: de aquí soy”. 

Fotografía: Diego Cabrera

Ese vínculo con lo artesanal sigue marcando su trabajo. Sus diseños no se producen en serie ni buscan repetirse. La personalización es clave. “Esa conexión hace que deje de ser un zapato común”, explica. Las clientas pueden adaptar modelos o, si ya conocen la marca, entrar al laboratorio creativo. Elegir materiales, probar, ajustar. “El proceso de hacer algo juntos hace que se vuelva más que una pieza de vestuario, más que un objeto de arte también”. 

Trabajar con artesanos fue una decisión consciente. No solo por técnica, sino por convicción. “He aprendido que la comunicación es clave”. Entender los tiempos, explicar con claridad, ponerse en el lugar del otro. También es una forma de resistencia. “He visto cómo se ha ido reduciendo el gremio del calzado en Guatemala, y yo quiero poner mi granito de arena para mantenerlo vivo”. 

Fotografía: Diego Cabrera

El equilibrio entre creatividad y realidad no siempre ha sido sencillo. Hubo ideas arriesgadas, propuestas complejas, momentos de duda. Con el tiempo aprendió a poner límites. “Hay que matar un poquito el ego”, admite. Diseñar también es entender costos, disponibilidad, mercado. No se trata de hacer lo más extravagante, sino lo que funcione sin perder identidad. 

Esa conciencia también la llevó a replantearse decisiones. En algún momento fue cuestionada por el uso de textiles tradicionales y decidió cambiar el rumbo. “Me encendieron un foco”. Pensar cómo honrar la artesanía de una forma más respetuosa se volvió parte de su evolución como diseñadora y empresaria. 

Fotografía: Diego Cabrera

Más allá de la moda, Cristha busca impacto. Durante la pandemia, su marca se convirtió en vehículo para apoyar causas sociales. “Ahí sentí que a la marca le faltaba ese sello final”, sostiene. Para ella, vender no es suficiente si no hay propósito. “La moda no es el fin, es la herramienta para generar riqueza en el país”. 

Quizá por eso una de las historias que más la conmueven no tiene que ver con pasarelas ni ferias internacionales, sino con el tiempo. “Le hemos hecho zapatos a muchas novias y años después nos piden zapatos para sus hijas”. Ahí entiende que su trabajo trasciende generaciones. Se vuelve parte de la vida de otras personas. 

Fotografía: Diego Cabrera

Hoy, en su tienda, se permite disfrutar el momento. No con prisa, no con ansiedad. “Me siento muy agradecida”. La frase es sencilla, pero pesa. Resume años de decisiones valientes, de aprendizaje constante y la idea de crear desde Guatemala, con propósito, detalle y alma. 

 

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