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CREOMPAZ: así se forma un corresponsal de guerra en Guatemala

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Gérman Gómez
28 de junio, 2026

Una vez al año, en Cobán, Alta Verapaz, el Comando Regional de Entrenamiento de Operaciones de Mantenimiento de Paz (CREOMPAZ) abre sus puertas a periodistas de todo el país para formarlos como corresponsales de guerra. Allí, entre aulas, ejercicios prácticos y entrenamientos especializados, los participantes se preparan para acompañar misiones de paz, asistencia humanitaria y operaciones multinacionales avaladas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

CREOMPAZ busca fortalecer el criterio, la disciplina y la capacidad de respuesta ante escenarios complejos. Ese trabajo lo ha consolidado como un centro regional con proyección internacional, alineado con los estándares y la doctrina de las operaciones de paz. En la XI edición del Curso de Corresponsal de Guerra tuve la oportunidad de participar como periodista de República.

La formación se desarrolló del lunes 18 al viernes 22 de mayo, aunque el viaje hacia Cobán comenzó un día antes. Éramos 11 periodistas —seis hombres y cinco mujeres—. Nos reunimos el domingo a las 14:00 horas en el Estado Mayor y una hora después emprendimos el recorrido por vía terrestre. Viajamos junto a un grupo de oficiales que también asistiría a una capacitación: el XXIX Curso Internacional de Operaciones Psicológicas para Oficiales.

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Primer contacto con la vida militar

El viaje tomó más tiempo del previsto. Llegamos al comando a las 21:00 horas. Pese al cansancio del trayecto, el personal de CREOMPAZ nos recibió con la cena y los altos mandos nos dieron la bienvenida. Una hora después ya nos encontrábamos en los dormitorios, separados por grupos de hombres y mujeres. La jornada iniciaría al día siguiente, lunes, a las 6:30 de la mañana con el desayuno.

El desayuno se servía en el "Rancho", como se conoce al comedor de oficiales. Durante toda la semana, ese fue el punto de encuentro para desayunar, almorzar y cenar. Solo en dos ocasiones el esquema cambió. La comida era de buena calidad y la atención del personal, siempre amable. El almuerzo se servía a las 12:30 y la cena a las 18:30. Los horarios debían cumplirse con puntualidad, ya que antes y después de nosotros otros grupos utilizaban las instalaciones. Cada turno disponía de 30 minutos para comer.

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Las actividades académicas comenzaron el lunes. Recibimos clases teóricas y prácticas sobre la historia y el mandato de las operaciones de paz. También aprendimos conceptos de geolocalización y los diferentes estilos de comunicación empleados en el ámbito militar. La primera jornada concluyó a las 16:00 horas y, a partir de ese momento, tuvimos un espacio para realizar actividad física. Periodistas y militares compartimos una partida de voleibol.

Durante dos horas dejamos a un lado las aulas para competir en la cancha. Más tarde participamos en un espacio de convivencia en el Club de Oficiales de CREOMPAZ. Aquellas conversaciones, que se extendieron hasta las 21:00 horas, nos permitieron conocer mejor la vida militar y estrechar la relación con quienes compartían la capacitación. Después regresamos a los dormitorios y las pláticas entre periodistas continuaron hasta las 22:30 horas, e incluso más tarde. Esa dinámica se repetiría durante el resto de la semana.

El periodista entra al campo de combate

El martes inició con las últimas sesiones dedicadas a las Misiones de Paz. Después recibimos la clase de Diversidad Cultural, que nos permitió comprender cómo es la vida en los países donde Guatemala mantiene contingentes y los retos de adaptación que enfrentan nuestros soldados. No es lo mismo desempeñar una misión en Guatemala que hacerlo en escenarios como la República Democrática del Congo o Haití, donde el país participa con cascos azules.

Más tarde llegó el turno del camuflaje. La instrucción combinó teoría y práctica, y cada participante elaboró su propio patrón de pintura facial. Posteriormente recreamos el acompañamiento que realiza un corresponsal de guerra junto a una unidad militar en un escenario de combate. El ejercicio simuló un ambiente donde los disparos y los ataques eran constantes. El desafío consistía en mantener el teléfono grabando, narrar lo que ocurría alrededor, proteger la propia integridad y, al mismo tiempo, seguir las instrucciones de los soldados que integraban la misión. La experiencia permitió comprender, aunque fuera de manera controlada, las exigencias que enfrenta un periodista en una zona de conflicto.

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La jornada vespertina estuvo dedicada a los primeros auxilios. Además de recibir la formación teórica, realizamos distintos ejercicios para poner en práctica los conocimientos adquiridos. Es una preparación útil para cualquier persona, ya que nunca se sabe cuándo será necesario actuar en una situación de emergencia.

Al concluir las actividades académicas dispusimos de unas horas libres. Aprovechamos para visitar una plaza comercial, realizar algunas compras pendientes y compartir entre colegas. Al caer la noche regresamos al comando para descansar, antes de iniciar una nueva jornada de aprendizaje.

El miércoles comenzó con una sesión sobre asistencia humanitaria, impartida por la Escuela de Coordinación Civil Militar y Asistencia Humanitaria. La exposición permitió comprender cómo responde el Ejército de Guatemala ante desastres naturales y otras situaciones de emergencia.

Más adelante recibimos la instrucción sobre Operación con Asistentes de Idioma. El instructor compartió varias de sus experiencias como observador en Misiones de Paz y explicó que, en esos escenarios, el apoyo de un asistente de idioma resulta indispensable para coordinar con la población local, comprender el contexto y facilitar el desarrollo de la misión. En la práctica, esa figura se convierte en un puente de comunicación entre las fuerzas desplegadas y la comunidad.

Preparación para el ejercicio nocturno

La mañana concluyó con la cátedra de Geopolítica Militar Contemporánea, impartida por el coronel de infantería Luis Miguel Díaz Monzón, comandante accidental de CREOMPAZ. Durante la exposición analizó la evolución del escenario geopolítico desde el siglo pasado hasta la actualidad y explicó cómo los conflictos internacionales han adquirido nuevas dimensiones. Una lección especialmente pertinente en un contexto marcado por el incremento de las tensiones entre Estados y actores armados.

Por la tarde recibimos dos capacitaciones que resultarían fundamentales para el ejercicio práctico programado esa misma noche. La primera abordó las técnicas de supervivencia en caso de secuestro; la segunda, la orientación en el terreno mediante el uso de mapas. Además de aprender a ubicarnos en distintos escenarios, conocimos protocolos para aumentar las probabilidades de supervivencia en una situación de cautiverio.

Las actividades concluyeron con una demostración de los kaibiles, la unidad de élite del Ejército de Guatemala, cuyas capacidades operativas y nivel de entrenamiento quedaron en evidencia durante la exhibición.

Esa noche nos tocaba dormir fuera de nuestro cuartel. La finalidad era experimentar, lo más cerca posible, escenarios de conflicto. Armamos nuestras tiendas de acampar y pasamos una prueba práctica de sentidos. Nos tocó confiar en nuestra intuición al probar sabores e identificar olores. Sin dejar, por un lado, la necesidad de identificar sonidos de armas. Todo sucedió mientras teníamos los ojos vendados. Al final, fue una excelente experiencia que nos preparó para lo que venía en la noche.

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Dormimos a las 22 horas. En la madrugada del jueves vivimos en carne propia lo que era un rapto de las fuerzas enemigas. Aunque el escenario era controlado, simuló muy bien lo que podría pasar al caer “en garras de los enemigos de la patria”. Teníamos la confianza de que nada pasaría, pues era parte de la formación que nos ofrecía el comando. Sin embargo, nos dio miedo. Era la oportunidad para poner a prueba nuestro sistema de respuesta ante tal escenario. Todo partía de controlar nuestra psicología y estrés.

Las últimas lecciones

El jueves amaneció con nuevos miedos vencidos. Entramos a clases de terreno para practicar nuestra geolocalización. Posteriormente, se nos dio un taller para manejar el estrés. Quedó oportuna para evaluar nuestro desempeño de la madrugada. Muchos pensamos que la clase tendría que haber sido el miércoles, y así, tener mejores resultados en el ejercicio de las fuerzas enemigas. En lo personal, creo que no. El jueves fue estupendo.

Nuestra última clase de teoría fue con el vocero del Ejército, el coronel de artillería Daniel Reinaldo Martínez Escobar. Nos habló de ética periodística y de los retos actuales de la comunicación. Aprovechó para hablarnos de sus experiencias. Sirvió para entender el rol de la vocería en las instituciones. La tarde de ese día fue para ejercicios prácticos en la ciudad de Cobán. Nos tocó hacer trabajo de campo y poner a prueba nuestra capacidad de geolocalización. Anteriormente lo hicimos en el comando, pero ahora era en un lugar no controlado, como la ciudad.

Terminamos el día con una convivencia de graduación. Se nos entregaron reconocimientos y platicamos con varios militares. Fue interesante saber más de su día a día y de cómo se adentraron en la carrera de armas. Al terminar, regresamos a nuestro cuartel para descansar. El día siguiente, viernes, sería el último de nuestra experiencia militar.

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El casco como símbolo de corresponsal de guerra

Nos tocó madrugar. Nos levantamos a las tres de la madrugada, con incertidumbre por la jornada que nos esperaba. Nos reunimos frente a nuestro cuartel para adentrarnos en una de las áreas boscosas de CREOMPAZ, acompañados por el alto mando militar. Allí recibimos las últimas instrucciones sobre técnicas de orientación. Después llegó nuestra graduación de campo como corresponsales de guerra.

Fue una ceremonia inolvidable, durante la cual recibimos el casco que nos acredita como corresponsales de guerra. Mientras vivía ese momento, recordé las ceremonias de graduación de los kaibiles, las únicas que hasta entonces conocía. En mi caso, el casco me fue impuesto por el comandante accidental de CREOMPAZ, coronel de infantería Luis Miguel Díaz Monzón.

Regresamos al cuartel a las 4:40 horas para descansar unas horas. A las 9 de la mañana se realizó la graduación oficial, amenizada por la marimba de CREOMPAZ. Durante el acto tuve el honor de pronunciar el discurso en representación de mis compañeros de la XI edición del Curso de Corresponsal de Guerra. Después de recibir nuestros diplomas, agradecí, en nombre del grupo, la experiencia y los conocimientos compartidos a lo largo de la semana. La ceremonia concluyó a las 10 de la mañana.

.

Una hora después, a las 11 de la mañana, emprendimos el regreso desde el comando, en Cobán, hacia la ciudad de Guatemala. El recorrido tomó más tiempo del previsto y llegamos al Estado Mayor a las 19 horas.

Así concluyó mi semana al estilo militar. Estas líneas apenas alcanzan para relatar una parte de lo vivido durante el XI Curso de Corresponsal de Guerra. Fue una experiencia única, enriquecedora e inolvidable, por la que solo queda expresar mi agradecimiento a CREOMPAZ y al Ejército de Guatemala por la invitación y la oportunidad de participar.

P. D.: Aunque no mencioné en la crónica al jefe de la Escuela de Operaciones de Paz, el coronel de infantería Rubén Antonio Telles Cabrera, mi más sincero agradecimiento por todo el acompañamiento que nos brindó. Toda la semana nos ayudó y guió para lograr que nuestra estadía en el CREOMPAZ fuera la mejor. Además, de motivarnos para culminar el curso. ¡Gracias, estimado! Quería dejarlo en las últimas líneas a modo de reconocimiento.

CREOMPAZ: así se forma un corresponsal de guerra en Guatemala

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Gérman Gómez
28 de junio, 2026

Una vez al año, en Cobán, Alta Verapaz, el Comando Regional de Entrenamiento de Operaciones de Mantenimiento de Paz (CREOMPAZ) abre sus puertas a periodistas de todo el país para formarlos como corresponsales de guerra. Allí, entre aulas, ejercicios prácticos y entrenamientos especializados, los participantes se preparan para acompañar misiones de paz, asistencia humanitaria y operaciones multinacionales avaladas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

CREOMPAZ busca fortalecer el criterio, la disciplina y la capacidad de respuesta ante escenarios complejos. Ese trabajo lo ha consolidado como un centro regional con proyección internacional, alineado con los estándares y la doctrina de las operaciones de paz. En la XI edición del Curso de Corresponsal de Guerra tuve la oportunidad de participar como periodista de República.

La formación se desarrolló del lunes 18 al viernes 22 de mayo, aunque el viaje hacia Cobán comenzó un día antes. Éramos 11 periodistas —seis hombres y cinco mujeres—. Nos reunimos el domingo a las 14:00 horas en el Estado Mayor y una hora después emprendimos el recorrido por vía terrestre. Viajamos junto a un grupo de oficiales que también asistiría a una capacitación: el XXIX Curso Internacional de Operaciones Psicológicas para Oficiales.

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Primer contacto con la vida militar

El viaje tomó más tiempo del previsto. Llegamos al comando a las 21:00 horas. Pese al cansancio del trayecto, el personal de CREOMPAZ nos recibió con la cena y los altos mandos nos dieron la bienvenida. Una hora después ya nos encontrábamos en los dormitorios, separados por grupos de hombres y mujeres. La jornada iniciaría al día siguiente, lunes, a las 6:30 de la mañana con el desayuno.

El desayuno se servía en el "Rancho", como se conoce al comedor de oficiales. Durante toda la semana, ese fue el punto de encuentro para desayunar, almorzar y cenar. Solo en dos ocasiones el esquema cambió. La comida era de buena calidad y la atención del personal, siempre amable. El almuerzo se servía a las 12:30 y la cena a las 18:30. Los horarios debían cumplirse con puntualidad, ya que antes y después de nosotros otros grupos utilizaban las instalaciones. Cada turno disponía de 30 minutos para comer.

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Las actividades académicas comenzaron el lunes. Recibimos clases teóricas y prácticas sobre la historia y el mandato de las operaciones de paz. También aprendimos conceptos de geolocalización y los diferentes estilos de comunicación empleados en el ámbito militar. La primera jornada concluyó a las 16:00 horas y, a partir de ese momento, tuvimos un espacio para realizar actividad física. Periodistas y militares compartimos una partida de voleibol.

Durante dos horas dejamos a un lado las aulas para competir en la cancha. Más tarde participamos en un espacio de convivencia en el Club de Oficiales de CREOMPAZ. Aquellas conversaciones, que se extendieron hasta las 21:00 horas, nos permitieron conocer mejor la vida militar y estrechar la relación con quienes compartían la capacitación. Después regresamos a los dormitorios y las pláticas entre periodistas continuaron hasta las 22:30 horas, e incluso más tarde. Esa dinámica se repetiría durante el resto de la semana.

El periodista entra al campo de combate

El martes inició con las últimas sesiones dedicadas a las Misiones de Paz. Después recibimos la clase de Diversidad Cultural, que nos permitió comprender cómo es la vida en los países donde Guatemala mantiene contingentes y los retos de adaptación que enfrentan nuestros soldados. No es lo mismo desempeñar una misión en Guatemala que hacerlo en escenarios como la República Democrática del Congo o Haití, donde el país participa con cascos azules.

Más tarde llegó el turno del camuflaje. La instrucción combinó teoría y práctica, y cada participante elaboró su propio patrón de pintura facial. Posteriormente recreamos el acompañamiento que realiza un corresponsal de guerra junto a una unidad militar en un escenario de combate. El ejercicio simuló un ambiente donde los disparos y los ataques eran constantes. El desafío consistía en mantener el teléfono grabando, narrar lo que ocurría alrededor, proteger la propia integridad y, al mismo tiempo, seguir las instrucciones de los soldados que integraban la misión. La experiencia permitió comprender, aunque fuera de manera controlada, las exigencias que enfrenta un periodista en una zona de conflicto.

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La jornada vespertina estuvo dedicada a los primeros auxilios. Además de recibir la formación teórica, realizamos distintos ejercicios para poner en práctica los conocimientos adquiridos. Es una preparación útil para cualquier persona, ya que nunca se sabe cuándo será necesario actuar en una situación de emergencia.

Al concluir las actividades académicas dispusimos de unas horas libres. Aprovechamos para visitar una plaza comercial, realizar algunas compras pendientes y compartir entre colegas. Al caer la noche regresamos al comando para descansar, antes de iniciar una nueva jornada de aprendizaje.

El miércoles comenzó con una sesión sobre asistencia humanitaria, impartida por la Escuela de Coordinación Civil Militar y Asistencia Humanitaria. La exposición permitió comprender cómo responde el Ejército de Guatemala ante desastres naturales y otras situaciones de emergencia.

Más adelante recibimos la instrucción sobre Operación con Asistentes de Idioma. El instructor compartió varias de sus experiencias como observador en Misiones de Paz y explicó que, en esos escenarios, el apoyo de un asistente de idioma resulta indispensable para coordinar con la población local, comprender el contexto y facilitar el desarrollo de la misión. En la práctica, esa figura se convierte en un puente de comunicación entre las fuerzas desplegadas y la comunidad.

Preparación para el ejercicio nocturno

La mañana concluyó con la cátedra de Geopolítica Militar Contemporánea, impartida por el coronel de infantería Luis Miguel Díaz Monzón, comandante accidental de CREOMPAZ. Durante la exposición analizó la evolución del escenario geopolítico desde el siglo pasado hasta la actualidad y explicó cómo los conflictos internacionales han adquirido nuevas dimensiones. Una lección especialmente pertinente en un contexto marcado por el incremento de las tensiones entre Estados y actores armados.

Por la tarde recibimos dos capacitaciones que resultarían fundamentales para el ejercicio práctico programado esa misma noche. La primera abordó las técnicas de supervivencia en caso de secuestro; la segunda, la orientación en el terreno mediante el uso de mapas. Además de aprender a ubicarnos en distintos escenarios, conocimos protocolos para aumentar las probabilidades de supervivencia en una situación de cautiverio.

Las actividades concluyeron con una demostración de los kaibiles, la unidad de élite del Ejército de Guatemala, cuyas capacidades operativas y nivel de entrenamiento quedaron en evidencia durante la exhibición.

Esa noche nos tocaba dormir fuera de nuestro cuartel. La finalidad era experimentar, lo más cerca posible, escenarios de conflicto. Armamos nuestras tiendas de acampar y pasamos una prueba práctica de sentidos. Nos tocó confiar en nuestra intuición al probar sabores e identificar olores. Sin dejar, por un lado, la necesidad de identificar sonidos de armas. Todo sucedió mientras teníamos los ojos vendados. Al final, fue una excelente experiencia que nos preparó para lo que venía en la noche.

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Dormimos a las 22 horas. En la madrugada del jueves vivimos en carne propia lo que era un rapto de las fuerzas enemigas. Aunque el escenario era controlado, simuló muy bien lo que podría pasar al caer “en garras de los enemigos de la patria”. Teníamos la confianza de que nada pasaría, pues era parte de la formación que nos ofrecía el comando. Sin embargo, nos dio miedo. Era la oportunidad para poner a prueba nuestro sistema de respuesta ante tal escenario. Todo partía de controlar nuestra psicología y estrés.

Las últimas lecciones

El jueves amaneció con nuevos miedos vencidos. Entramos a clases de terreno para practicar nuestra geolocalización. Posteriormente, se nos dio un taller para manejar el estrés. Quedó oportuna para evaluar nuestro desempeño de la madrugada. Muchos pensamos que la clase tendría que haber sido el miércoles, y así, tener mejores resultados en el ejercicio de las fuerzas enemigas. En lo personal, creo que no. El jueves fue estupendo.

Nuestra última clase de teoría fue con el vocero del Ejército, el coronel de artillería Daniel Reinaldo Martínez Escobar. Nos habló de ética periodística y de los retos actuales de la comunicación. Aprovechó para hablarnos de sus experiencias. Sirvió para entender el rol de la vocería en las instituciones. La tarde de ese día fue para ejercicios prácticos en la ciudad de Cobán. Nos tocó hacer trabajo de campo y poner a prueba nuestra capacidad de geolocalización. Anteriormente lo hicimos en el comando, pero ahora era en un lugar no controlado, como la ciudad.

Terminamos el día con una convivencia de graduación. Se nos entregaron reconocimientos y platicamos con varios militares. Fue interesante saber más de su día a día y de cómo se adentraron en la carrera de armas. Al terminar, regresamos a nuestro cuartel para descansar. El día siguiente, viernes, sería el último de nuestra experiencia militar.

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El casco como símbolo de corresponsal de guerra

Nos tocó madrugar. Nos levantamos a las tres de la madrugada, con incertidumbre por la jornada que nos esperaba. Nos reunimos frente a nuestro cuartel para adentrarnos en una de las áreas boscosas de CREOMPAZ, acompañados por el alto mando militar. Allí recibimos las últimas instrucciones sobre técnicas de orientación. Después llegó nuestra graduación de campo como corresponsales de guerra.

Fue una ceremonia inolvidable, durante la cual recibimos el casco que nos acredita como corresponsales de guerra. Mientras vivía ese momento, recordé las ceremonias de graduación de los kaibiles, las únicas que hasta entonces conocía. En mi caso, el casco me fue impuesto por el comandante accidental de CREOMPAZ, coronel de infantería Luis Miguel Díaz Monzón.

Regresamos al cuartel a las 4:40 horas para descansar unas horas. A las 9 de la mañana se realizó la graduación oficial, amenizada por la marimba de CREOMPAZ. Durante el acto tuve el honor de pronunciar el discurso en representación de mis compañeros de la XI edición del Curso de Corresponsal de Guerra. Después de recibir nuestros diplomas, agradecí, en nombre del grupo, la experiencia y los conocimientos compartidos a lo largo de la semana. La ceremonia concluyó a las 10 de la mañana.

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Una hora después, a las 11 de la mañana, emprendimos el regreso desde el comando, en Cobán, hacia la ciudad de Guatemala. El recorrido tomó más tiempo del previsto y llegamos al Estado Mayor a las 19 horas.

Así concluyó mi semana al estilo militar. Estas líneas apenas alcanzan para relatar una parte de lo vivido durante el XI Curso de Corresponsal de Guerra. Fue una experiencia única, enriquecedora e inolvidable, por la que solo queda expresar mi agradecimiento a CREOMPAZ y al Ejército de Guatemala por la invitación y la oportunidad de participar.

P. D.: Aunque no mencioné en la crónica al jefe de la Escuela de Operaciones de Paz, el coronel de infantería Rubén Antonio Telles Cabrera, mi más sincero agradecimiento por todo el acompañamiento que nos brindó. Toda la semana nos ayudó y guió para lograr que nuestra estadía en el CREOMPAZ fuera la mejor. Además, de motivarnos para culminar el curso. ¡Gracias, estimado! Quería dejarlo en las últimas líneas a modo de reconocimiento.

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