El comandante de la aeronave ajustó los controles por última vez mientras el rugido de los motores inundaba la cabina.
Sí, pero. Aquel lunes 23 de marzo de 2026, el calor denso de Puerto Leguízamo pesaba sobre el fuselaje del Hércules C-130.
En su interior, 128 personas se acomodaban para un vuelo que prometía ser rutinario hacia Puerto Asís. La mayoría eran soldados del Ejército Nacional, jóvenes uniformados que compartían el espacio con la tripulación de la Fuerza Aeroespacial y dos policías.
- El despegue fue potente y el gigante de acero, identificado con la matrícula FAC 1016, se elevó sobre el manto verde del Putumayo.
- Sin embargo, la normalidad se quebró apenas unos minutos después de ganar altura. Sobre el sector de La Tagua, el avión experimentó una falla crítica que lo obligó a descender de forma violenta.
- El impacto contra la selva fue seco y brutal, partiendo la estructura y sembrando el caos en la espesura.
En el radar. Lo que siguió al choque fue un escenario de horror. Un incendio voraz se desató de inmediato y alcanzó la munición que la tropa transportaba para sus misiones.
- Las explosiones internas convirtieron los restos del avión en una trampa de fuego, impidiendo que muchos pudieran escapar de los hierros retorcidos.
- El estruendo de las detonaciones se escuchó a kilómetros de distancia, marcando el inicio de una de las peores tragedias aéreas militares del país.
- El balance de la jornada ha dejado un vacío inmenso: al menos 66 muertos han sido confirmados por las autoridades.
Entre líneas. En medio del humo y el metal calcinado, los equipos de socorro lograron rescatar a 48 sobrevivientes.
- Estos uniformados, con heridas de extrema gravedad y quemaduras profundas, fueron evacuados en vuelos de emergencia hacia hospitales de alta complejidad en Bogotá y Cali.
- Hoy, el silencio reina en la zona del desastre mientras los investigadores analizan los restos del motor y la carga. Colombia llora a sus hijos en una jornada de luto nacional, buscando respuestas sobre qué falló en el aire aquel lunes trágico.
- La historia de los 66 que no regresaron queda grabada en la selva, como un recordatorio del sacrificio constante de quienes vigilan el territorio desde el cielo.
El comandante de la aeronave ajustó los controles por última vez mientras el rugido de los motores inundaba la cabina.
Sí, pero. Aquel lunes 23 de marzo de 2026, el calor denso de Puerto Leguízamo pesaba sobre el fuselaje del Hércules C-130.
En su interior, 128 personas se acomodaban para un vuelo que prometía ser rutinario hacia Puerto Asís. La mayoría eran soldados del Ejército Nacional, jóvenes uniformados que compartían el espacio con la tripulación de la Fuerza Aeroespacial y dos policías.
- El despegue fue potente y el gigante de acero, identificado con la matrícula FAC 1016, se elevó sobre el manto verde del Putumayo.
- Sin embargo, la normalidad se quebró apenas unos minutos después de ganar altura. Sobre el sector de La Tagua, el avión experimentó una falla crítica que lo obligó a descender de forma violenta.
- El impacto contra la selva fue seco y brutal, partiendo la estructura y sembrando el caos en la espesura.
En el radar. Lo que siguió al choque fue un escenario de horror. Un incendio voraz se desató de inmediato y alcanzó la munición que la tropa transportaba para sus misiones.
- Las explosiones internas convirtieron los restos del avión en una trampa de fuego, impidiendo que muchos pudieran escapar de los hierros retorcidos.
- El estruendo de las detonaciones se escuchó a kilómetros de distancia, marcando el inicio de una de las peores tragedias aéreas militares del país.
- El balance de la jornada ha dejado un vacío inmenso: al menos 66 muertos han sido confirmados por las autoridades.
Entre líneas. En medio del humo y el metal calcinado, los equipos de socorro lograron rescatar a 48 sobrevivientes.
- Estos uniformados, con heridas de extrema gravedad y quemaduras profundas, fueron evacuados en vuelos de emergencia hacia hospitales de alta complejidad en Bogotá y Cali.
- Hoy, el silencio reina en la zona del desastre mientras los investigadores analizan los restos del motor y la carga. Colombia llora a sus hijos en una jornada de luto nacional, buscando respuestas sobre qué falló en el aire aquel lunes trágico.
- La historia de los 66 que no regresaron queda grabada en la selva, como un recordatorio del sacrificio constante de quienes vigilan el territorio desde el cielo.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: