¿Lo sabía, presidente? ¿Sabía que su embajador en México es dueño de un medio de comunicación? ¿Sabía que desde ahí se ataca, con saña y vulgaridad, a funcionarios de oposición en Guatemala y hasta al presidente de los Estados Unidos? ¿O lo agarró de sorpresa? ¿O le pareció que no era importante? ¿O personas de su círculo cercano lo están usando, presidente, y por eso calla? ¿Lo sabe el canciller Carlos Ramiro Martínez? ¿Lo saben los voceros que su gobierno paga con los impuestos de todos los guatemaltecos y que, ante esta investigación, decidieron, una vez más, hacerse los desentendidos?
Porque lo que República documentó esta semana no admite interpretaciones: no es rumor, no es conjetura, no es cálculo malicioso. Son los registros públicos de Guatemala y de México, hablando con la frialdad de los documentos oficiales. Edgar Gutiérrez Girón, embajador de Guatemala en México, es el dueño —por medio de su fundación— del medio digital ePinvestiga. Punto. Y ese mismo embajador, pagado con el dinero de los guatemaltecos, sale en horas hábiles del despacho oficial para reunirse con los financistas históricos de su fundación.
En cualquier manual elemental de ética pública, eso tiene un nombre: conflicto de interés y malversación de la función diplomática. En cualquier país serio, un embajador no sobrevive veinticuatro horas a una revelación así.
¿Le indigna o no, presidente? Porque por mucho menos, hace pocos años, ustedes quemaron el Congreso, pidieron antejuicios, intervención internacional. Por mucho menos hablaron de captura del Estado, de impunidad, de una nueva era. Se erigieron —usted personalmente— en defensores del acceso a la información, de la libertad de prensa, de la transparencia. Hoy, cuando el escándalo lleva el nombre de uno de los suyos, no hay comunicado, no hay desautorización, no hay investigación, no hay una sola llamada de atención. Hay silencio. Un silencio sepulcral, ostentoso, casi insolente.
Y no es un silencio casual ni reciente. República buscó la postura del gobierno desde la semana pasada, antes de publicar. Nuestros periodistas fueron ignorados por el Departamento de Prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores.
La Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia ni siquiera respondió. Quien firma esta nota escribió personalmente al canciller Carlos Ramiro Martínez. Ni una línea.
La pregunta ya no es si el embajador Gutiérrez Girón debe ser removido. Eso lo dictan los hechos y la Ley del Servicio Diplomático. La pregunta es otra, más incómoda: ¿es esto un descuido suyo, o una operación encubierta de funcionarios de su gobierno?
Uno no quisiera creer que el presidente y su canciller sabían que un embajador usaba su cargo para financiar un medio que hace política a la sombra, ataca a los adversarios del oficialismo y hostiliza al principal aliado estratégico de Guatemala. Uno no quisiera creerlo. Pero el silencio empuja en esa dirección. Y el silencio, cuando es total y deliberado, es respuesta.
Quien calla, consiente. Quien consiente, legitima. Quien legitima, hace suya la falta. Si ustedes no dicen algo, son cómplices. Si ustedes no hacen algo, son cómplices. Y si la complicidad alcanza a las cabezas del Ejecutivo, lo que tiene enfrente el país no es la conducta de un embajador desbordado: es la conducta de un gobierno.
Queda una pregunta sobre la mesa, presidente Arévalo, y de su respuesta —o de su silencio— dependerá lo que el país concluya: ¿lo sabía, sí o no?
¿Lo sabía, presidente? ¿Sabía que su embajador en México es dueño de un medio de comunicación? ¿Sabía que desde ahí se ataca, con saña y vulgaridad, a funcionarios de oposición en Guatemala y hasta al presidente de los Estados Unidos? ¿O lo agarró de sorpresa? ¿O le pareció que no era importante? ¿O personas de su círculo cercano lo están usando, presidente, y por eso calla? ¿Lo sabe el canciller Carlos Ramiro Martínez? ¿Lo saben los voceros que su gobierno paga con los impuestos de todos los guatemaltecos y que, ante esta investigación, decidieron, una vez más, hacerse los desentendidos?
Porque lo que República documentó esta semana no admite interpretaciones: no es rumor, no es conjetura, no es cálculo malicioso. Son los registros públicos de Guatemala y de México, hablando con la frialdad de los documentos oficiales. Edgar Gutiérrez Girón, embajador de Guatemala en México, es el dueño —por medio de su fundación— del medio digital ePinvestiga. Punto. Y ese mismo embajador, pagado con el dinero de los guatemaltecos, sale en horas hábiles del despacho oficial para reunirse con los financistas históricos de su fundación.
En cualquier manual elemental de ética pública, eso tiene un nombre: conflicto de interés y malversación de la función diplomática. En cualquier país serio, un embajador no sobrevive veinticuatro horas a una revelación así.
¿Le indigna o no, presidente? Porque por mucho menos, hace pocos años, ustedes quemaron el Congreso, pidieron antejuicios, intervención internacional. Por mucho menos hablaron de captura del Estado, de impunidad, de una nueva era. Se erigieron —usted personalmente— en defensores del acceso a la información, de la libertad de prensa, de la transparencia. Hoy, cuando el escándalo lleva el nombre de uno de los suyos, no hay comunicado, no hay desautorización, no hay investigación, no hay una sola llamada de atención. Hay silencio. Un silencio sepulcral, ostentoso, casi insolente.
Y no es un silencio casual ni reciente. República buscó la postura del gobierno desde la semana pasada, antes de publicar. Nuestros periodistas fueron ignorados por el Departamento de Prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores.
La Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia ni siquiera respondió. Quien firma esta nota escribió personalmente al canciller Carlos Ramiro Martínez. Ni una línea.
La pregunta ya no es si el embajador Gutiérrez Girón debe ser removido. Eso lo dictan los hechos y la Ley del Servicio Diplomático. La pregunta es otra, más incómoda: ¿es esto un descuido suyo, o una operación encubierta de funcionarios de su gobierno?
Uno no quisiera creer que el presidente y su canciller sabían que un embajador usaba su cargo para financiar un medio que hace política a la sombra, ataca a los adversarios del oficialismo y hostiliza al principal aliado estratégico de Guatemala. Uno no quisiera creerlo. Pero el silencio empuja en esa dirección. Y el silencio, cuando es total y deliberado, es respuesta.
Quien calla, consiente. Quien consiente, legitima. Quien legitima, hace suya la falta. Si ustedes no dicen algo, son cómplices. Si ustedes no hacen algo, son cómplices. Y si la complicidad alcanza a las cabezas del Ejecutivo, lo que tiene enfrente el país no es la conducta de un embajador desbordado: es la conducta de un gobierno.
Queda una pregunta sobre la mesa, presidente Arévalo, y de su respuesta —o de su silencio— dependerá lo que el país concluya: ¿lo sabía, sí o no?
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: