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Miedo a la inseguridad acelera la desaprobación de Bernardo Arévalo

El 68 % considera que la delincuencia aumentó, el nivel más alto desde 2020, según una encuesta de Cid Gallup para la Fundación Libertad y Desarrollo.

Luis Gonzalez
14 de octubre, 2026

La sensación de inseguridad crece más rápido que los delitos reportados y coincide con el momento de mayor desgaste político para el presidente Bernardo Arévalo. El 68 % de los guatemaltecos considera que la delincuencia aumentó, el nivel más alto registrado desde 2020.  

Sin embargo, la cantidad de hogares que reportan haber sido víctimas de robo o asalto se mantiene en un 19 %, uno de los niveles más bajos de la serie histórica. La brecha entre percepción y realidad refleja un fenómeno que hoy pesa sobre la evaluación del Gobierno. Los datos forman parte de la más reciente encuesta realizada para la Fundación Libertad y Desarrollo por Cid Gallup. 

La seguridad aparece como uno de los elementos que ayudan a entender el deterioro de la percepción ciudadana. La preocupación por la delincuencia domina la conversación pública y se suma a otros problemas que inquietan a la población. Incluso, el 45 % de los entrevistados considera que la cobertura de los medios contribuye al aumento de la sensación de inseguridad. 

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Pero el temor al crimen no explica por sí solo la magnitud del desgaste presidencial. Lo más llamativo de la encuesta es la velocidad del desplome ocurrido entre mayo y septiembre. En apenas cuatro meses se registró el deterioro más acelerado de varios indicadores relacionados con la gestión gubernamental. 

La percepción de que Guatemala va por buen rumbo cayó de un 19 % a un 9 %. La opinión favorable sobre la economía nacional pasó de un 25 % a un 11 %. Al mismo tiempo, la imagen favorable del mandatario descendió de un 40 % a un 24 %. El resultado refleja un cambio abrupto en el estado de ánimo de los ciudadanos. 

Lo ocurrido durante esos meses parece responder a una acumulación de frustraciones. Los guatemaltecos esperaban avances más visibles en temas que afectan su vida cotidiana. Seguridad, empleo, costo de vida y lucha contra la corrupción son los ámbitos donde persiste la sensación de estancamiento. 

La corrupción golpea la principal bandera del Gobierno 

El dato más sensible para el oficialismo aparece precisamente en el tema que llevó a Arévalo a la presidencia. La corrupción se convirtió en el principal problema nacional para el 45 % de los encuestados, el porcentaje más alto registrado por la serie. Sin embargo, únicamente el 16 % aprueba la gestión gubernamental en esta materia. 

Se trata de una paradoja política. El principal activo electoral de Arévalo fue la promesa de combatir la corrupción y promover cambios institucionales. Sin embargo, dos años después de haber llegado al poder, una parte importante de la población considera que los avances son insuficientes. 

Los indicadores económicos también ayudan a explicar el descontento. Las expectativas para adquirir bienes duraderos, como muebles o electrodomésticos, cayeron de 47 % a un 31 %. Además, el 56 % considera que sus posibilidades económicas son peores que antes. La percepción negativa sobre el costo de vida continúa siendo una de las principales preocupaciones de las familias. 

Los resultados sugieren que el problema del Gobierno no radica únicamente en hechos concretos, sino en la pérdida de confianza sobre su capacidad para resolver problemas. La caída de los indicadores fue simultánea en varias áreas. Eso ayuda a explicar por qué la desaprobación presidencial aumentó con tanta rapidez entre mayo y septiembre. 

Figuras políticas comienzan a moverse 

La encuesta también ofrece señales sobre el panorama político. Aunque las elecciones generales de 2027 están cada vez más cerca, los movimientos en la opinión pública ya muestran ganadores y perdedores. 

Entre las figuras con mejor evaluación destaca Neto Bran, quien encabeza varios de los indicadores de opinión favorable. También mantienen niveles importantes de reconocimiento otros actores políticos que han permanecido activos en el debate público nacional. 

En contraste, algunos dirigentes muestran signos de desgaste. Uno de los casos más notorios es el de Roberto Arzú. Su valoración favorable retrocedió respecto a mediciones anteriores, reflejando una pérdida de impulso en comparación con meses previos. Aunque sigue siendo una figura visible dentro del espectro opositor, los datos muestran que no ha logrado capitalizar plenamente el descontento hacia el Gobierno. 

La encuesta también evidencia que todavía no existe un liderazgo dominante capaz de concentrar el voto inconforme. Más que una figura específica, lo que crece es el grupo de ciudadanos decepcionados con la situación del país. Ese segmento podría convertirse en el principal campo de disputa política durante los próximos meses, conforme se acerque el proceso electoral. 

Otro resultado significativo es la debilidad del respaldo partidario al oficialismo. A pesar de controlar el Ejecutivo, el Movimiento Semilla aparece con apenas 1 % de preferencia partidaria. La cifra refleja que el desgaste no afecta únicamente al presidente, sino también al proyecto político que lo llevó al poder. 

Las mediciones también muestran que algunos liderazgos locales y figuras tradicionales conservan espacios importantes de simpatía, mientras otros actores emergentes intentan posicionarse en un escenario marcado por el desencanto ciudadano. La insatisfacción con el rumbo del país abre oportunidades políticas, pero todavía no hay señales de un claro beneficiario de ese malestar. 

La encuesta de Cid Gallup para la Fundación Libertad y Desarrollo deja una conclusión contundente. La desaprobación de Bernardo Arévalo parece estar alimentada por tres factores principales: el miedo a la inseguridad, el deterioro de las expectativas económicas y la decepción en el combate a la corrupción. El dato más relevante no es únicamente el nivel de desaprobación, sino la velocidad con que creció. Entre mayo y septiembre se produjo un desplome que ningún otro tema logró opacar. Ese cambio de ánimo comienza a reconfigurar el escenario político de cara a las elecciones generales de 2027. 

La encuesta fue realizada para la Fundación Libertad y Desarrollo por Cid Gallup mediante entrevistas presenciales efectuadas entre el 12 de septiembre y el 1 de octubre de 2026. 

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Miedo a la inseguridad acelera la desaprobación de Bernardo Arévalo

El 68 % considera que la delincuencia aumentó, el nivel más alto desde 2020, según una encuesta de Cid Gallup para la Fundación Libertad y Desarrollo.

Luis Gonzalez
14 de octubre, 2026

La sensación de inseguridad crece más rápido que los delitos reportados y coincide con el momento de mayor desgaste político para el presidente Bernardo Arévalo. El 68 % de los guatemaltecos considera que la delincuencia aumentó, el nivel más alto registrado desde 2020.  

Sin embargo, la cantidad de hogares que reportan haber sido víctimas de robo o asalto se mantiene en un 19 %, uno de los niveles más bajos de la serie histórica. La brecha entre percepción y realidad refleja un fenómeno que hoy pesa sobre la evaluación del Gobierno. Los datos forman parte de la más reciente encuesta realizada para la Fundación Libertad y Desarrollo por Cid Gallup. 

La seguridad aparece como uno de los elementos que ayudan a entender el deterioro de la percepción ciudadana. La preocupación por la delincuencia domina la conversación pública y se suma a otros problemas que inquietan a la población. Incluso, el 45 % de los entrevistados considera que la cobertura de los medios contribuye al aumento de la sensación de inseguridad. 

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Pero el temor al crimen no explica por sí solo la magnitud del desgaste presidencial. Lo más llamativo de la encuesta es la velocidad del desplome ocurrido entre mayo y septiembre. En apenas cuatro meses se registró el deterioro más acelerado de varios indicadores relacionados con la gestión gubernamental. 

La percepción de que Guatemala va por buen rumbo cayó de un 19 % a un 9 %. La opinión favorable sobre la economía nacional pasó de un 25 % a un 11 %. Al mismo tiempo, la imagen favorable del mandatario descendió de un 40 % a un 24 %. El resultado refleja un cambio abrupto en el estado de ánimo de los ciudadanos. 

Lo ocurrido durante esos meses parece responder a una acumulación de frustraciones. Los guatemaltecos esperaban avances más visibles en temas que afectan su vida cotidiana. Seguridad, empleo, costo de vida y lucha contra la corrupción son los ámbitos donde persiste la sensación de estancamiento. 

La corrupción golpea la principal bandera del Gobierno 

El dato más sensible para el oficialismo aparece precisamente en el tema que llevó a Arévalo a la presidencia. La corrupción se convirtió en el principal problema nacional para el 45 % de los encuestados, el porcentaje más alto registrado por la serie. Sin embargo, únicamente el 16 % aprueba la gestión gubernamental en esta materia. 

Se trata de una paradoja política. El principal activo electoral de Arévalo fue la promesa de combatir la corrupción y promover cambios institucionales. Sin embargo, dos años después de haber llegado al poder, una parte importante de la población considera que los avances son insuficientes. 

Los indicadores económicos también ayudan a explicar el descontento. Las expectativas para adquirir bienes duraderos, como muebles o electrodomésticos, cayeron de 47 % a un 31 %. Además, el 56 % considera que sus posibilidades económicas son peores que antes. La percepción negativa sobre el costo de vida continúa siendo una de las principales preocupaciones de las familias. 

Los resultados sugieren que el problema del Gobierno no radica únicamente en hechos concretos, sino en la pérdida de confianza sobre su capacidad para resolver problemas. La caída de los indicadores fue simultánea en varias áreas. Eso ayuda a explicar por qué la desaprobación presidencial aumentó con tanta rapidez entre mayo y septiembre. 

Figuras políticas comienzan a moverse 

La encuesta también ofrece señales sobre el panorama político. Aunque las elecciones generales de 2027 están cada vez más cerca, los movimientos en la opinión pública ya muestran ganadores y perdedores. 

Entre las figuras con mejor evaluación destaca Neto Bran, quien encabeza varios de los indicadores de opinión favorable. También mantienen niveles importantes de reconocimiento otros actores políticos que han permanecido activos en el debate público nacional. 

En contraste, algunos dirigentes muestran signos de desgaste. Uno de los casos más notorios es el de Roberto Arzú. Su valoración favorable retrocedió respecto a mediciones anteriores, reflejando una pérdida de impulso en comparación con meses previos. Aunque sigue siendo una figura visible dentro del espectro opositor, los datos muestran que no ha logrado capitalizar plenamente el descontento hacia el Gobierno. 

La encuesta también evidencia que todavía no existe un liderazgo dominante capaz de concentrar el voto inconforme. Más que una figura específica, lo que crece es el grupo de ciudadanos decepcionados con la situación del país. Ese segmento podría convertirse en el principal campo de disputa política durante los próximos meses, conforme se acerque el proceso electoral. 

Otro resultado significativo es la debilidad del respaldo partidario al oficialismo. A pesar de controlar el Ejecutivo, el Movimiento Semilla aparece con apenas 1 % de preferencia partidaria. La cifra refleja que el desgaste no afecta únicamente al presidente, sino también al proyecto político que lo llevó al poder. 

Las mediciones también muestran que algunos liderazgos locales y figuras tradicionales conservan espacios importantes de simpatía, mientras otros actores emergentes intentan posicionarse en un escenario marcado por el desencanto ciudadano. La insatisfacción con el rumbo del país abre oportunidades políticas, pero todavía no hay señales de un claro beneficiario de ese malestar. 

La encuesta de Cid Gallup para la Fundación Libertad y Desarrollo deja una conclusión contundente. La desaprobación de Bernardo Arévalo parece estar alimentada por tres factores principales: el miedo a la inseguridad, el deterioro de las expectativas económicas y la decepción en el combate a la corrupción. El dato más relevante no es únicamente el nivel de desaprobación, sino la velocidad con que creció. Entre mayo y septiembre se produjo un desplome que ningún otro tema logró opacar. Ese cambio de ánimo comienza a reconfigurar el escenario político de cara a las elecciones generales de 2027. 

La encuesta fue realizada para la Fundación Libertad y Desarrollo por Cid Gallup mediante entrevistas presenciales efectuadas entre el 12 de septiembre y el 1 de octubre de 2026. 

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