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Ley antilavado definirá estabilidad financiera en Guatemala

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Reynaldo Rodríguez
26 de mayo, 2026

La discusión sobre la actualización de la Ley contra el Lavado de Dinero y Financiamiento del Terrorismo en Guatemala ha entrado en una fase decisiva, reconfigurando la evaluación, del riesgo sistémico desde la óptica del sector financiero. Las posturas del empresario financiero, Hermann Girón, y del presidente del CACIF, Carlos Arias, convergen en un punto central: la estabilidad macroeconómica del país depende directamente de la solidez, credibilidad y conexiones internacionales de nuestro sistema bancario.

Desde un enfoque técnico, Girón plantea que el sistema financiero guatemalteco opera dentro de una arquitectura global interdependiente. Bajo esta realidad de interconexión de mercados y corresponsalías, el país no puede aislarse de los estándares de cumplimiento establecidos por el Grupo de Acción Financiera de Latinoamérica (GAFILAT). Mantener reglas locales débiles no es una opción, ya que el lavado de dinero funciona como un delito transnacional: los recursos ilícitos se generan en un país, se mueven a través de varios territorios y buscan ingresar a otras jurisdicciones hacia economías formales.

El sistema bancario actúa como el filtro para estos flujos financieros. Aunque la banca no genera el problema, representa la última barrera de contención antes de que los capitales ilícitos se integren y contaminen el mercado formal. En consecuencia, la legislación actual, con casi 25 años de vigencia, presenta un desfase crítico frente a la velocidad de la tecnología, la digitalización de las transacciones y los nuevos y sofisticados esquemas de lavado.

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No obstante, el proceso legislativo en el Congreso de la República ha enfrentado obstáculos debido a la incorporación de reformas adicionales que no fueron consensuadas en la Comisión de Economía. Estas modificaciones alteraron el enfoque técnico original del proyecto, prolongando la incertidumbre regulatoria. En el mejor escenario, se esperaría una inminente aprobación de la ley basada en consensos sólidos dentro del Congreso, sin la introducción de enmiendas de último momento que pretendan bloquear el proceso.

Para el sector financiero, modernizar este marco legal no es un simple trámite burocrático, sino una urgencia operativa para mitigar riesgos de cumplimiento, reducir costos de supervisión y agilizar la coordinación con el Ministerio Público.

Girón destaca que, si bien la banca y la Intendencia de Verificación Especial (IVE) han operado con eficacia bajo las reglas vigentes, el desgaste de la ley actual limita la capacidad de prevenir riesgos futuros. En un entorno globalizado, la confianza en el país determina nuestra calificación de riesgo, el acceso a líneas de financiamiento del exterior y el mantenimiento de las corresponsalías bancarias. Cualquier señal de debilidad en la supervisión impacta de inmediato en la liquidez del sistema, eleva el costo del dinero y resta competitividad a las instituciones locales.

Ante este escenario, el CACIF, en representación de 52 organizaciones del sector privado, emitió un pronunciamiento contundente: “el país ya no tiene tiempo que perder”. La materialización del peor escenario —una eventual inclusión de Guatemala en la “lista gris” del GAFI— implicaría mayores costos de transacción para las entidades, controles de debida diligencia más estrictos y redundantes, y restricciones severas para acceder a los mercados internacionales. A esta advertencia se sumó la Embajada de EE. UU., la cual afirmó que “aprobar esta ley promoverá la prosperidad y seguridad tanto de Estados Unidos como de Guatemala”.

Por su parte, Carlos Arias advierte sobre los efectos macroeconómicos inmediatos de no actuar. El impacto más severo golpearía la economía real mediante el encarecimiento de las remesas de hasta un 40 %, lo que demuestra cómo una debilidad regulatoria encarece directamente los servicios financieros transfronterizos. A esto se sumarían restricciones en contratos de corresponsalía, una contracción en los flujos de inversión y presiones al alza en las tasas de interés internas, afectando la liquidez general y la capacidad de crecimiento del país.

El caso BANTRAB-DHK ilustra cómo los controles financieros funcionan como blindajes efectivos. La detección oportuna por parte de la IVE de una inversión de USD 20M de origen dudoso —vinculada a estructuras bajo investigación asociadas al régimen venezolano de Nicolás Maduro— y su posterior anulación judicial, demuestra el valor estratégico del compliance.

Una supervisión robusta protege la estabilidad de una institución en particular, y evita el riesgo de contagio en toda la plaza financiera, asegurando que Guatemala mantenga su acceso pleno y competitivo al sistema global.

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Ley antilavado definirá estabilidad financiera en Guatemala

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Reynaldo Rodríguez
26 de mayo, 2026

La discusión sobre la actualización de la Ley contra el Lavado de Dinero y Financiamiento del Terrorismo en Guatemala ha entrado en una fase decisiva, reconfigurando la evaluación, del riesgo sistémico desde la óptica del sector financiero. Las posturas del empresario financiero, Hermann Girón, y del presidente del CACIF, Carlos Arias, convergen en un punto central: la estabilidad macroeconómica del país depende directamente de la solidez, credibilidad y conexiones internacionales de nuestro sistema bancario.

Desde un enfoque técnico, Girón plantea que el sistema financiero guatemalteco opera dentro de una arquitectura global interdependiente. Bajo esta realidad de interconexión de mercados y corresponsalías, el país no puede aislarse de los estándares de cumplimiento establecidos por el Grupo de Acción Financiera de Latinoamérica (GAFILAT). Mantener reglas locales débiles no es una opción, ya que el lavado de dinero funciona como un delito transnacional: los recursos ilícitos se generan en un país, se mueven a través de varios territorios y buscan ingresar a otras jurisdicciones hacia economías formales.

El sistema bancario actúa como el filtro para estos flujos financieros. Aunque la banca no genera el problema, representa la última barrera de contención antes de que los capitales ilícitos se integren y contaminen el mercado formal. En consecuencia, la legislación actual, con casi 25 años de vigencia, presenta un desfase crítico frente a la velocidad de la tecnología, la digitalización de las transacciones y los nuevos y sofisticados esquemas de lavado.

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No obstante, el proceso legislativo en el Congreso de la República ha enfrentado obstáculos debido a la incorporación de reformas adicionales que no fueron consensuadas en la Comisión de Economía. Estas modificaciones alteraron el enfoque técnico original del proyecto, prolongando la incertidumbre regulatoria. En el mejor escenario, se esperaría una inminente aprobación de la ley basada en consensos sólidos dentro del Congreso, sin la introducción de enmiendas de último momento que pretendan bloquear el proceso.

Para el sector financiero, modernizar este marco legal no es un simple trámite burocrático, sino una urgencia operativa para mitigar riesgos de cumplimiento, reducir costos de supervisión y agilizar la coordinación con el Ministerio Público.

Girón destaca que, si bien la banca y la Intendencia de Verificación Especial (IVE) han operado con eficacia bajo las reglas vigentes, el desgaste de la ley actual limita la capacidad de prevenir riesgos futuros. En un entorno globalizado, la confianza en el país determina nuestra calificación de riesgo, el acceso a líneas de financiamiento del exterior y el mantenimiento de las corresponsalías bancarias. Cualquier señal de debilidad en la supervisión impacta de inmediato en la liquidez del sistema, eleva el costo del dinero y resta competitividad a las instituciones locales.

Ante este escenario, el CACIF, en representación de 52 organizaciones del sector privado, emitió un pronunciamiento contundente: “el país ya no tiene tiempo que perder”. La materialización del peor escenario —una eventual inclusión de Guatemala en la “lista gris” del GAFI— implicaría mayores costos de transacción para las entidades, controles de debida diligencia más estrictos y redundantes, y restricciones severas para acceder a los mercados internacionales. A esta advertencia se sumó la Embajada de EE. UU., la cual afirmó que “aprobar esta ley promoverá la prosperidad y seguridad tanto de Estados Unidos como de Guatemala”.

Por su parte, Carlos Arias advierte sobre los efectos macroeconómicos inmediatos de no actuar. El impacto más severo golpearía la economía real mediante el encarecimiento de las remesas de hasta un 40 %, lo que demuestra cómo una debilidad regulatoria encarece directamente los servicios financieros transfronterizos. A esto se sumarían restricciones en contratos de corresponsalía, una contracción en los flujos de inversión y presiones al alza en las tasas de interés internas, afectando la liquidez general y la capacidad de crecimiento del país.

El caso BANTRAB-DHK ilustra cómo los controles financieros funcionan como blindajes efectivos. La detección oportuna por parte de la IVE de una inversión de USD 20M de origen dudoso —vinculada a estructuras bajo investigación asociadas al régimen venezolano de Nicolás Maduro— y su posterior anulación judicial, demuestra el valor estratégico del compliance.

Una supervisión robusta protege la estabilidad de una institución en particular, y evita el riesgo de contagio en toda la plaza financiera, asegurando que Guatemala mantenga su acceso pleno y competitivo al sistema global.

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