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La primavera marchita de Arévalo

.
Natalie Chang
04 de febrero, 2026

La luna de miel terminó hace tiempo. Y hoy, los datos lo confirman con crudeza. A enero de 2026, el presidente Bernardo Arévalo se ubica entre los tres mandatarios más impopulares de la historia democrática reciente de Guatemala. No por un escándalo aislado ni por una crisis puntual, sino por una erosión sostenida de confianza que, medición tras medición, ha ido cerrando cualquier margen de maniobra política, pese a sus intentos.

Qué destacar. Un 78 % de los encuestados cree que el país va por el rumbo equivocado, según el más reciente estudio de opinión pública desarrollado por la Fundación Libertad y Desarrollo y CID Gallup en enero de 2026.

  • El 56 % de los ciudadanos evalúa la labor de la administración Arévalo como mala o muy mala, consolidando una tendencia negativa que se arrastra desde septiembre de 2024.  
  • El deterioro es claro: el presidente pasó de una aprobación inicial del 54 % en mayo de 2024 a una desaprobación del 62 % en enero de 2026. 

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  • La narrativa del “Gobierno distinto” no logró sostenerse frente a la incapacidad de ejecución y falta de resultados. En términos históricos, Arévalo se posiciona como el tercer presidente peor calificado en un periodo comparable, solo detrás de Alfonso Portillo y Alejandro Giammattei, y con evaluaciones incluso más negativas que las registradas por Otto Pérez Molina, Jimmy Morales o Jorge Serrano.  

Datos clave. La seguridad se consolida como el flanco más débil de la administración de Arévalo, tan solo el 29 % evalúa favorablemente su gestión. Asimismo, la inseguridad se posiciona como la principal preocupación nacional con un 32 %, incluso por encima del costo de la vida (28 %) y del desempleo (15 %). 

  • El 57 % de los encuestados percibe un aumento del crimen en su comunidad, consolidando a la violencia como la principal preocupación en los hogares, especialmente en el área metropolitana con un 50 %, muy por encima del costo de vida (33 %) y del desempleo (10 %). 

  • Vale recalcar que, la encuesta fue levantada antes del domingo 18 de enero, fecha en la que el asesinato de agentes policiales y un repunte visible de la violencia detonaron una crisis de seguridad, hecho reiterado en varias ocasiones por Paul Boteo, director de la fundación. 

  • El mensaje es claro, si la fotografía previa ya era negativa, el contexto actual solo profundiza la crisis de ingobernabilidad, inacción y falta de concreción de resultados que ya se refleja en un malestar generalizado dentro de la población. 

Sí, pero. Paradójicamente, uno de los pocos terrenos donde el Gobierno conserva oxígeno es en el sector educativo. Con un 49 % de evaluación positiva, este sector se ha convertido en la medalla de oro de la administración.  

  • El aumento salarial de un 5 % al magisterio —leído también como un movimiento para aislar a Joviel Acevedo— generó réditos políticos. 

  • Sin embargo, las negociaciones con Acevedo se han mantenido fuera del escrutinio público y el Pacto Colectivo continúa en negociación; mientras que los avances en educación se concentran en remozamientos, sin reflejar mejoras sustantivas en calidad educativa, permanencia escolar o resultados de aprendizaje.

  • Como resultado, los problemas estructurales persisten, y el énfasis discursivo en educación ha servido, en los hechos, como punta de lanza para justificar rezagos en seguridad, salud e infraestructura.

En el radar. A ello se suma un malestar emergente que ya no puede ignorarse: la movilidad. El tráfico aparece por primera vez como una preocupación ciudadana relevante, reflejando un deterioro palpable en la calidad de vida urbana.  

  • El contraste es difícil de eludir, mientras el congestionamiento se convierte en símbolo cotidiano del colapso vial con un promedio diario de tres horas que representa una pérdida de GTQ 23 000 M, el Gobierno recortó cerca de GTQ 600 millones al proyecto del MetroRiel, empujando su posible inicio hacia finales de 2027. 

  • Además, la infraestructura no solo no avanzó; empeoró, con carreteras al borde del colapso y una velocidad promedio de transporte de carga 10-12 km/hora, frente a países vecinos como Costa Rica o Panamá,  que promedian un 18-20 km/hora o Colombia que registra 72 km/hora. Además, el gobierno recortó el presupuesto del Ministerio de Comunicaciones en GTQ 1105M, equivalente a un 12.3 %.

  • Desde la torre de marfil del Ejecutivo, las quejas y súplicas de la población parecen pasar desapercibidas. El dato más insólito no resulta solo en la desaprobación, sino en la desesperanza: un 76 % de los guatemaltecos cree que el presidente no resolverá las principales preocupaciones de su familia. Es un indicador de desconexión política, no solo de desgaste. 

Por qué importa. En el plano político, el desencanto es transversal. Pese a una inicial popularidad del Movimiento Semilla, hoy el 87 % de los ciudadanos no se identifica con ningún partido político, y Semilla apenas alcanza un 2 %. El oficialismo no logró traducir capital moral en identidad partidaria.  

  • La antipolítica se consolida con el 76 % de los encuestados otorgando poca o ninguna importancia a los asuntos políticos, mientras el partido se fragmenta con la escisión de Raíces, que no solo anticipa una repetición de dinámicas fallidas, sino que agrava las señales de preocupación. 

  • A ello se suma la corrupción como perpetuo fantasma, donde la “primavera” prometida no termina de materializarse. Aunque los diputados lideran la percepción de corrupción en actores públicos con 7.87, el Presidente tampoco escapa al descrédito, con una calificación de corrupción de 7.05 sobre 10. 

  • De hecho, un 59 % de los ciudadanos considera que la corrupción impacta su vida cotidiana, aunque la encuesta no identifique cómo. No obstante, la promesa fundacional de Arévalo de combatir la corrupción se diluye en la percepción de impunidad. 

En conclusión. Entre promesas incumplidas, violencia persistente y un Estado invisible, el balance es ineludible: la falta de resultados del Gobierno de Bernardo Arévalo ya no es la narrativa, sino una realidad. Y los números, esta vez, no dejan espacio para el autoengaño. 

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La luna de miel terminó hace tiempo. Y hoy, los datos lo confirman con crudeza. A enero de 2026, el presidente Bernardo Arévalo se ubica entre los tres mandatarios más impopulares de la historia democrática reciente de Guatemala. No por un escándalo aislado ni por una crisis puntual, sino por una erosión sostenida de confianza que, medición tras medición, ha ido cerrando cualquier margen de maniobra política, pese a sus intentos.

Qué destacar. Un 78 % de los encuestados cree que el país va por el rumbo equivocado, según el más reciente estudio de opinión pública desarrollado por la Fundación Libertad y Desarrollo y CID Gallup en enero de 2026.

  • El 56 % de los ciudadanos evalúa la labor de la administración Arévalo como mala o muy mala, consolidando una tendencia negativa que se arrastra desde septiembre de 2024.  
  • El deterioro es claro: el presidente pasó de una aprobación inicial del 54 % en mayo de 2024 a una desaprobación del 62 % en enero de 2026. 

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  • La narrativa del “Gobierno distinto” no logró sostenerse frente a la incapacidad de ejecución y falta de resultados. En términos históricos, Arévalo se posiciona como el tercer presidente peor calificado en un periodo comparable, solo detrás de Alfonso Portillo y Alejandro Giammattei, y con evaluaciones incluso más negativas que las registradas por Otto Pérez Molina, Jimmy Morales o Jorge Serrano.  

Datos clave. La seguridad se consolida como el flanco más débil de la administración de Arévalo, tan solo el 29 % evalúa favorablemente su gestión. Asimismo, la inseguridad se posiciona como la principal preocupación nacional con un 32 %, incluso por encima del costo de la vida (28 %) y del desempleo (15 %). 

  • El 57 % de los encuestados percibe un aumento del crimen en su comunidad, consolidando a la violencia como la principal preocupación en los hogares, especialmente en el área metropolitana con un 50 %, muy por encima del costo de vida (33 %) y del desempleo (10 %). 

  • Vale recalcar que, la encuesta fue levantada antes del domingo 18 de enero, fecha en la que el asesinato de agentes policiales y un repunte visible de la violencia detonaron una crisis de seguridad, hecho reiterado en varias ocasiones por Paul Boteo, director de la fundación. 

  • El mensaje es claro, si la fotografía previa ya era negativa, el contexto actual solo profundiza la crisis de ingobernabilidad, inacción y falta de concreción de resultados que ya se refleja en un malestar generalizado dentro de la población. 

Sí, pero. Paradójicamente, uno de los pocos terrenos donde el Gobierno conserva oxígeno es en el sector educativo. Con un 49 % de evaluación positiva, este sector se ha convertido en la medalla de oro de la administración.  

  • El aumento salarial de un 5 % al magisterio —leído también como un movimiento para aislar a Joviel Acevedo— generó réditos políticos. 

  • Sin embargo, las negociaciones con Acevedo se han mantenido fuera del escrutinio público y el Pacto Colectivo continúa en negociación; mientras que los avances en educación se concentran en remozamientos, sin reflejar mejoras sustantivas en calidad educativa, permanencia escolar o resultados de aprendizaje.

  • Como resultado, los problemas estructurales persisten, y el énfasis discursivo en educación ha servido, en los hechos, como punta de lanza para justificar rezagos en seguridad, salud e infraestructura.

En el radar. A ello se suma un malestar emergente que ya no puede ignorarse: la movilidad. El tráfico aparece por primera vez como una preocupación ciudadana relevante, reflejando un deterioro palpable en la calidad de vida urbana.  

  • El contraste es difícil de eludir, mientras el congestionamiento se convierte en símbolo cotidiano del colapso vial con un promedio diario de tres horas que representa una pérdida de GTQ 23 000 M, el Gobierno recortó cerca de GTQ 600 millones al proyecto del MetroRiel, empujando su posible inicio hacia finales de 2027. 

  • Además, la infraestructura no solo no avanzó; empeoró, con carreteras al borde del colapso y una velocidad promedio de transporte de carga 10-12 km/hora, frente a países vecinos como Costa Rica o Panamá,  que promedian un 18-20 km/hora o Colombia que registra 72 km/hora. Además, el gobierno recortó el presupuesto del Ministerio de Comunicaciones en GTQ 1105M, equivalente a un 12.3 %.

  • Desde la torre de marfil del Ejecutivo, las quejas y súplicas de la población parecen pasar desapercibidas. El dato más insólito no resulta solo en la desaprobación, sino en la desesperanza: un 76 % de los guatemaltecos cree que el presidente no resolverá las principales preocupaciones de su familia. Es un indicador de desconexión política, no solo de desgaste. 

Por qué importa. En el plano político, el desencanto es transversal. Pese a una inicial popularidad del Movimiento Semilla, hoy el 87 % de los ciudadanos no se identifica con ningún partido político, y Semilla apenas alcanza un 2 %. El oficialismo no logró traducir capital moral en identidad partidaria.  

  • La antipolítica se consolida con el 76 % de los encuestados otorgando poca o ninguna importancia a los asuntos políticos, mientras el partido se fragmenta con la escisión de Raíces, que no solo anticipa una repetición de dinámicas fallidas, sino que agrava las señales de preocupación. 

  • A ello se suma la corrupción como perpetuo fantasma, donde la “primavera” prometida no termina de materializarse. Aunque los diputados lideran la percepción de corrupción en actores públicos con 7.87, el Presidente tampoco escapa al descrédito, con una calificación de corrupción de 7.05 sobre 10. 

  • De hecho, un 59 % de los ciudadanos considera que la corrupción impacta su vida cotidiana, aunque la encuesta no identifique cómo. No obstante, la promesa fundacional de Arévalo de combatir la corrupción se diluye en la percepción de impunidad. 

En conclusión. Entre promesas incumplidas, violencia persistente y un Estado invisible, el balance es ineludible: la falta de resultados del Gobierno de Bernardo Arévalo ya no es la narrativa, sino una realidad. Y los números, esta vez, no dejan espacio para el autoengaño. 

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