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La letra escarlata de los magistrados

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Redacción República
09 de abril, 2026

Al estilo de Walter Mazariegos, entre corrupción, el usurpador se robó, nuevamente, la elección de rectoría de la Universidad de San Carlos (USAC). La “elección”, que consumó el segundo fraude de Mazariegos —como en 2022—, se realizó sin acceso a la prensa. Además, contó con un fuerte escuadrón de seguridad privada que incluso atentó contra los manifestantes. 

A diferencia de 2022, —elección que se realizó en El Parque de la Industria—, ayer se efectuó en un hotel de Antigua Guatemala. No entraron todos los cuerpos electores elegidos. El Consejo Superior Universitario (CSU) solo acreditó a 15. De ellos, cinco eran de una aparente oposición. En total, 75 electores, más el voto del usurpador, sumarían 76 votos. 

Algunos integrantes de la oposición intentaron frenar el fraude; fue inútil. Solo criticaron el proceso, pero no propusieron alternativa; el único candidato fue Mazariegos. 

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No se supo cómo ingresó Mazariegos y su comitiva —también los electores— al hotel de la Antigua Guatemala. Lo mismo sucedió para su salida. Sin embargo, el equipo de República identificó que ingresó por una casa particular que conecta con el recinto. 

El fraude se consumó en menos de 30 minutos. El resultado ya estaba dado; fue pantomima. Los electores de oposición fueron retenidos y tuvieron problemas para salir del hotel luego de la validación oficial de los resultados.  

No a modo de consuelo, sino más bien de vergüenza, lo ocurrido ayer no sorprendió a nadie; durante varios meses —si no años— se advirtió que esto o algo similar ocurriría. Muchas críticas en redes y en medios, pero las autoridades que pudieron hacer algo —enderezar el entuerto o frenar el fraude— no hicieron mayor cosa.  

Magistrados que conocieron de acciones en contra de ello fueron cómplices. En medio de procesos de designación de magistrados a la CC y al TSE, además de fiscal general —donde el rector de la USAC tiene injerencia directa o mediata— hicieron que autoridades judiciales lo tratasen [a Mazariegos] con guantes de seda. Miedosos o interesados, permitieron el fraude. 

Porque, no es como que el asunto requiriese un sesudo análisis o contraste exegético de normas; bastaba ver el proceder de las autoridades universitarias para que, en aplicación de la ley —pero sobre todo del Derecho—, resolviesen adecuadamente. No lo hicieron. Vergonzoso. 

Porque, que existan hampones que violen la ley es casi imposible de limitar, pero pudiesen ser disuadidos por un sistema de justicia operante y que garantice certeza de castigo. Claramente no lo tenemos en Guatemala y, por ello, es que personajes como Mazariegos se animan a hacer lo que se les venga en gana; las —pocas— resoluciones que lo obligaban a repetir elecciones o acreditar electores le valieron un pepino. 

Así, Mazariegos, el corrupto, contó con la connivencia de otros como él en el sistema de justicia —además de políticos— que, con su ilegal reelección, podrán tener acceso a contratos, a cátedras y a posiciones que despenderá el usurpador. Todos ellos, aunque de manera simbólica, llevarán de ahora en adelante una letra escarlata que evidencie su pecado. 

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09 de abril, 2026

Al estilo de Walter Mazariegos, entre corrupción, el usurpador se robó, nuevamente, la elección de rectoría de la Universidad de San Carlos (USAC). La “elección”, que consumó el segundo fraude de Mazariegos —como en 2022—, se realizó sin acceso a la prensa. Además, contó con un fuerte escuadrón de seguridad privada que incluso atentó contra los manifestantes. 

A diferencia de 2022, —elección que se realizó en El Parque de la Industria—, ayer se efectuó en un hotel de Antigua Guatemala. No entraron todos los cuerpos electores elegidos. El Consejo Superior Universitario (CSU) solo acreditó a 15. De ellos, cinco eran de una aparente oposición. En total, 75 electores, más el voto del usurpador, sumarían 76 votos. 

Algunos integrantes de la oposición intentaron frenar el fraude; fue inútil. Solo criticaron el proceso, pero no propusieron alternativa; el único candidato fue Mazariegos. 

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El fraude se consumó en menos de 30 minutos. El resultado ya estaba dado; fue pantomima. Los electores de oposición fueron retenidos y tuvieron problemas para salir del hotel luego de la validación oficial de los resultados.  

No a modo de consuelo, sino más bien de vergüenza, lo ocurrido ayer no sorprendió a nadie; durante varios meses —si no años— se advirtió que esto o algo similar ocurriría. Muchas críticas en redes y en medios, pero las autoridades que pudieron hacer algo —enderezar el entuerto o frenar el fraude— no hicieron mayor cosa.  

Magistrados que conocieron de acciones en contra de ello fueron cómplices. En medio de procesos de designación de magistrados a la CC y al TSE, además de fiscal general —donde el rector de la USAC tiene injerencia directa o mediata— hicieron que autoridades judiciales lo tratasen [a Mazariegos] con guantes de seda. Miedosos o interesados, permitieron el fraude. 

Porque, no es como que el asunto requiriese un sesudo análisis o contraste exegético de normas; bastaba ver el proceder de las autoridades universitarias para que, en aplicación de la ley —pero sobre todo del Derecho—, resolviesen adecuadamente. No lo hicieron. Vergonzoso. 

Porque, que existan hampones que violen la ley es casi imposible de limitar, pero pudiesen ser disuadidos por un sistema de justicia operante y que garantice certeza de castigo. Claramente no lo tenemos en Guatemala y, por ello, es que personajes como Mazariegos se animan a hacer lo que se les venga en gana; las —pocas— resoluciones que lo obligaban a repetir elecciones o acreditar electores le valieron un pepino. 

Así, Mazariegos, el corrupto, contó con la connivencia de otros como él en el sistema de justicia —además de políticos— que, con su ilegal reelección, podrán tener acceso a contratos, a cátedras y a posiciones que despenderá el usurpador. Todos ellos, aunque de manera simbólica, llevarán de ahora en adelante una letra escarlata que evidencie su pecado. 

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