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El mayor riesgo para las elecciones colombianas

.
Reynaldo Rodríguez
16 de febrero, 2026

Iván Cepeda Castro ha trascendido su rol histórico de control político asambleísta para consolidarse como el precandidato hegemónico de la continuidad de la izquierda. Su aspiración, no obstante, enfrenta una serie de presiones en múltiples frentes: una ofensiva judicial administrativa, la polarización asimétrica de bloques ideológicos y la presión geopolítica internacional. 

En perspectiva. Cepeda es producto de una bifurcación académica entre el marxismo de Europa del Este y el formalismo jurídico francés, donde se educó en el exilio. 

  • Se licenció en filosofía en la Bulgaria socialista para luego especializarse en derecho internacional en Lyon, lo que formó en él un perfil técnico de la izquierda que traduce la contienda al área de la narrativa a través de los tribunales internacionales y la justicia transicional.   

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  • Sus raíces se hunden en el Partido Comunista y la Unión Patriótica, pero su evolución fue fuertemente dirigida hacia el ámbito institucional a través del uso del lawfare inverso y el control político de alta intensidad para fiscalizar a las élites, método evidenciado en su litigio de 13 años contra Álvaro Uribe.   

  • Su legitimidad como interlocutor con grupos extremistas (FARC, ELN) deriva de su “autoridad moral” como víctima de crímenes de Estado, fungiendo como un facilitador entre grupos de presión capaz de destrabar crisis de confianza entre el establecimiento y las guerrillas.   

Lo indispensable. La carrera hacia la presidencia en 2026 ha forzado una radicalización táctica ante lo que su entorno califica como un bloqueo institucional deliberado.   

  • Tras la anulación de su inscripción interpartidista por parte del Consejo Nacional Electoral, optó por una estrategia de choque: inscribirse directamente a la primera vuelta para capitalizar el discurso del candidato censurado y radicalizar a sus bases frente a la narrativa de un “golpe técnico".   

  • El escenario político muestra una polarización profunda donde Cepeda lidera la intención de voto —entre 28 % y 33 %— frente al ascenso de la derecha dirigida por Abelardo de la Espriella. Sin embargo, enfrenta un techo con un índice de rechazo del 43.9 %, dejando la decisión final en manos del voto de centro que la derecha deberá capitalizar. 

  • El discurso de Cepeda ha sido altamente polarizante debido a que propone una reestructuración profunda: una reforma agraria que involucre la propiedad de la tierra y el agua, la promoción de un salario universal y el uso continuo de la consulta a los sectores organizados de la sociedad como “poder constituyente”. 

Entre líneas. La viabilidad de un posible gobierno de Cepeda enfrenta un jaque potencial entre sus promesas de expansión social y un entorno geopolítico hostil que imposibilita la solvencia del Estado. 

  • La implementación del salario universal y la democratización del agua dependen de un flujo de caja que corre peligro ante la política exterior de Washington. La amenaza de descertificación en la lucha contra las drogas y la imposición de barreras arancelarias por parte de la administración Trump podrían drenar los recursos necesarios para su política económica, haciendo insostenible el gasto público “progresista”.   

  • Mientras Cepeda defiende una diplomacia soberana y desmilitarizada, EE. UU. presiona por recuperar a Colombia como su principal plataforma de seguridad en la región andina. Esto implica una exigencia tácita de realineamiento en el Caribe para garantizar el control hegemónico frente a potencias rivales, chocando con la negativa de Cepeda a la subordinación.   

  • Por último, también existe un riesgo elevado de estancamiento administrativo. La propuesta de Cepeda de activar consultas permanentes para auditar instituciones podría colisionar frontalmente con un lawfare intensificado desde los organismos de control conservadores, derivando en una crisis de gobernabilidad.  

En conclusión. La elección de 2026 gira alrededor de la capacidad de Colombia para operar fuera de la órbita de seguridad de Washington sin colapsar su economía.

  • Una administración de Cepeda, caracterizada por la soberanía desafiante al nuevo orden, enfrentaría un alto riesgo de asfixia fiscal y aislamiento comercial ante un Norte que exige alineamiento total.  
  • En este contexto, la continuidad de la izquierda radical no solo pone a prueba la gobernabilidad interna, sino que amenaza con alterar el equilibrio de seguridad hemisférica, situando a la nación en una posición de vulnerabilidad insostenible frente a la nueva configuración geopolítica de la región. 

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El mayor riesgo para las elecciones colombianas

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Reynaldo Rodríguez
16 de febrero, 2026

Iván Cepeda Castro ha trascendido su rol histórico de control político asambleísta para consolidarse como el precandidato hegemónico de la continuidad de la izquierda. Su aspiración, no obstante, enfrenta una serie de presiones en múltiples frentes: una ofensiva judicial administrativa, la polarización asimétrica de bloques ideológicos y la presión geopolítica internacional. 

En perspectiva. Cepeda es producto de una bifurcación académica entre el marxismo de Europa del Este y el formalismo jurídico francés, donde se educó en el exilio. 

  • Se licenció en filosofía en la Bulgaria socialista para luego especializarse en derecho internacional en Lyon, lo que formó en él un perfil técnico de la izquierda que traduce la contienda al área de la narrativa a través de los tribunales internacionales y la justicia transicional.   

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  • Sus raíces se hunden en el Partido Comunista y la Unión Patriótica, pero su evolución fue fuertemente dirigida hacia el ámbito institucional a través del uso del lawfare inverso y el control político de alta intensidad para fiscalizar a las élites, método evidenciado en su litigio de 13 años contra Álvaro Uribe.   

  • Su legitimidad como interlocutor con grupos extremistas (FARC, ELN) deriva de su “autoridad moral” como víctima de crímenes de Estado, fungiendo como un facilitador entre grupos de presión capaz de destrabar crisis de confianza entre el establecimiento y las guerrillas.   

Lo indispensable. La carrera hacia la presidencia en 2026 ha forzado una radicalización táctica ante lo que su entorno califica como un bloqueo institucional deliberado.   

  • Tras la anulación de su inscripción interpartidista por parte del Consejo Nacional Electoral, optó por una estrategia de choque: inscribirse directamente a la primera vuelta para capitalizar el discurso del candidato censurado y radicalizar a sus bases frente a la narrativa de un “golpe técnico".   

  • El escenario político muestra una polarización profunda donde Cepeda lidera la intención de voto —entre 28 % y 33 %— frente al ascenso de la derecha dirigida por Abelardo de la Espriella. Sin embargo, enfrenta un techo con un índice de rechazo del 43.9 %, dejando la decisión final en manos del voto de centro que la derecha deberá capitalizar. 

  • El discurso de Cepeda ha sido altamente polarizante debido a que propone una reestructuración profunda: una reforma agraria que involucre la propiedad de la tierra y el agua, la promoción de un salario universal y el uso continuo de la consulta a los sectores organizados de la sociedad como “poder constituyente”. 

Entre líneas. La viabilidad de un posible gobierno de Cepeda enfrenta un jaque potencial entre sus promesas de expansión social y un entorno geopolítico hostil que imposibilita la solvencia del Estado. 

  • La implementación del salario universal y la democratización del agua dependen de un flujo de caja que corre peligro ante la política exterior de Washington. La amenaza de descertificación en la lucha contra las drogas y la imposición de barreras arancelarias por parte de la administración Trump podrían drenar los recursos necesarios para su política económica, haciendo insostenible el gasto público “progresista”.   

  • Mientras Cepeda defiende una diplomacia soberana y desmilitarizada, EE. UU. presiona por recuperar a Colombia como su principal plataforma de seguridad en la región andina. Esto implica una exigencia tácita de realineamiento en el Caribe para garantizar el control hegemónico frente a potencias rivales, chocando con la negativa de Cepeda a la subordinación.   

  • Por último, también existe un riesgo elevado de estancamiento administrativo. La propuesta de Cepeda de activar consultas permanentes para auditar instituciones podría colisionar frontalmente con un lawfare intensificado desde los organismos de control conservadores, derivando en una crisis de gobernabilidad.  

En conclusión. La elección de 2026 gira alrededor de la capacidad de Colombia para operar fuera de la órbita de seguridad de Washington sin colapsar su economía.

  • Una administración de Cepeda, caracterizada por la soberanía desafiante al nuevo orden, enfrentaría un alto riesgo de asfixia fiscal y aislamiento comercial ante un Norte que exige alineamiento total.  
  • En este contexto, la continuidad de la izquierda radical no solo pone a prueba la gobernabilidad interna, sino que amenaza con alterar el equilibrio de seguridad hemisférica, situando a la nación en una posición de vulnerabilidad insostenible frente a la nueva configuración geopolítica de la región. 

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