La obra data de 1952, y le valió el Premio Nacional de Literatura de ese mismo año a López-Amo. El filósofo español construye una defensa de la monarquía tradicional frente a la democracia moderna. Para explicarlo, utiliza un método histórico-sociológico. Analiza las relaciones entre poder político y fuerzas sociales desde la antigüedad hasta el siglo XX. La última edición de la obra es de 2023.
El autor parte de la noción de legitimidad desarrollada por el historiador italiano Guillermo Ferrero: un gobierno legítimo logra la conformidad general sin recurrir al miedo. Es decir, se busca el respeto a principios consagrados por la tradición. La obra distingue entre el principio monárquico y el democrático. Señala que el primero fue el único capaz de sostener estados duraderos en la historia europea.
La tesis central sostiene que el Estado debe ser independiente de las fuerzas sociales para cumplir su función de arbitraje y justicia. Cuando la sociedad se apodera del Estado, este se convierte en instrumento de dominación de clase. La monarquía germánica medieval logró esta independencia mediante el poder personal hereditario del rey, situado por encima de los intereses aristocráticos y populares. La nobleza representaba la autonomía social, mientras la realeza encarnaba la unidad política. Esta dualidad equilibraba libertad y autoridad sin destruir ninguna.
López-Amo critica la democracia moderna por confundir Estado y sociedad. El principio de soberanía popular entrega el poder a grupos que lo utilizan para sus intereses particulares: el Estado se convierte en campo de batalla social. El resultado es el absolutismo democrático: un Estado omnipotente que devora la sociedad orgánica y concentra todos los poderes sin límites efectivos.
El poder político y la libertad explica que la Revolución francesa proclamó la soberanía popular, pero entregó el poder a la burguesía. Las sucesivas revoluciones del siglo XIX fueron luchas sociales disfrazadas de cambios políticos. La monarquía constitucional intentó conciliar el principio monárquico con el democrático, pero fracasó por su naturaleza contradictoria. La república finalmente triunfó; consagró el dominio de clase y cerró el camino de la reforma social pacífica.
El autor dedica páginas importantes al concepto de libertad. Distingue entre libertad antigua (participación política) y libertad moderna (autonomía individual), entre libertad aristocrática (privilegio de clase) y libertad democrática (igualdad formal). El autor hace gala de conocimiento de la historia europea y teoría política. Cita extensamente a autores como Tácito, Tocqueville, Constant, Renán, Ferrero y Jouvenel.
Las limitaciones son evidentes. El poder político y la libertad se publicó bajo el régimen de Franco con un estilo claro y argumentativo. Esto condiciona necesariamente el discurso; el tono es polémico. Algunas afirmaciones sobre la democracia resultan exageradas o unilaterales, aunque evitan la retórica vacía.
La obra permanece como referencia del pensamiento político tradicional español. Plantea cuestiones sobre la relación entre poder y sociedad. Ambas conservan vigencia más allá de preferencias sobre formas del gobierno actual. La crítica al absolutismo democrático y la defensa de cuerpos intermedios resuenan en debates de hoy. Se discute sobre subsidiariedad —todo lo tiene que resolver el gobierno— y pluralismo institucional —diversidad de entidades—. Guatemala no es la excepción.
La obra data de 1952, y le valió el Premio Nacional de Literatura de ese mismo año a López-Amo. El filósofo español construye una defensa de la monarquía tradicional frente a la democracia moderna. Para explicarlo, utiliza un método histórico-sociológico. Analiza las relaciones entre poder político y fuerzas sociales desde la antigüedad hasta el siglo XX. La última edición de la obra es de 2023.
El autor parte de la noción de legitimidad desarrollada por el historiador italiano Guillermo Ferrero: un gobierno legítimo logra la conformidad general sin recurrir al miedo. Es decir, se busca el respeto a principios consagrados por la tradición. La obra distingue entre el principio monárquico y el democrático. Señala que el primero fue el único capaz de sostener estados duraderos en la historia europea.
La tesis central sostiene que el Estado debe ser independiente de las fuerzas sociales para cumplir su función de arbitraje y justicia. Cuando la sociedad se apodera del Estado, este se convierte en instrumento de dominación de clase. La monarquía germánica medieval logró esta independencia mediante el poder personal hereditario del rey, situado por encima de los intereses aristocráticos y populares. La nobleza representaba la autonomía social, mientras la realeza encarnaba la unidad política. Esta dualidad equilibraba libertad y autoridad sin destruir ninguna.
López-Amo critica la democracia moderna por confundir Estado y sociedad. El principio de soberanía popular entrega el poder a grupos que lo utilizan para sus intereses particulares: el Estado se convierte en campo de batalla social. El resultado es el absolutismo democrático: un Estado omnipotente que devora la sociedad orgánica y concentra todos los poderes sin límites efectivos.
El poder político y la libertad explica que la Revolución francesa proclamó la soberanía popular, pero entregó el poder a la burguesía. Las sucesivas revoluciones del siglo XIX fueron luchas sociales disfrazadas de cambios políticos. La monarquía constitucional intentó conciliar el principio monárquico con el democrático, pero fracasó por su naturaleza contradictoria. La república finalmente triunfó; consagró el dominio de clase y cerró el camino de la reforma social pacífica.
El autor dedica páginas importantes al concepto de libertad. Distingue entre libertad antigua (participación política) y libertad moderna (autonomía individual), entre libertad aristocrática (privilegio de clase) y libertad democrática (igualdad formal). El autor hace gala de conocimiento de la historia europea y teoría política. Cita extensamente a autores como Tácito, Tocqueville, Constant, Renán, Ferrero y Jouvenel.
Las limitaciones son evidentes. El poder político y la libertad se publicó bajo el régimen de Franco con un estilo claro y argumentativo. Esto condiciona necesariamente el discurso; el tono es polémico. Algunas afirmaciones sobre la democracia resultan exageradas o unilaterales, aunque evitan la retórica vacía.
La obra permanece como referencia del pensamiento político tradicional español. Plantea cuestiones sobre la relación entre poder y sociedad. Ambas conservan vigencia más allá de preferencias sobre formas del gobierno actual. La crítica al absolutismo democrático y la defensa de cuerpos intermedios resuenan en debates de hoy. Se discute sobre subsidiariedad —todo lo tiene que resolver el gobierno— y pluralismo institucional —diversidad de entidades—. Guatemala no es la excepción.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: