El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf
25 de marzo, 2026
Irán rechazó de forma categórica el plan de 15 puntos impulsado por Donald Trump y negó estar en negociaciones directas con Washington. Teherán exige garantías de que EE. UU. no reanudará el conflicto y reclama el fin de la ofensiva israelí en Líbano. La tensión aumenta mientras mediadores regionales intentan evitar una escalada mayor.
Es noticia. Teherán afirma que “Washington está negociando consigo mismo”, una fórmula que distintos portavoces han repetido para subrayar la desconfianza hacia cualquier iniciativa estadounidense.
- El portavoz de Exteriores, Esmaeil Baqaei, recordó que su país sufrió ataques durante procesos de diálogo previos y calificó esas experiencias como una doble “traición a la diplomacia”.
- Aunque insiste en que no hay conversaciones con EE. UU., reconoció que países vecinos han transmitido mensajes y que Teherán ha respondido dentro de canales indirectos.
- Desde el ala militar, Ebrahim Zolfaghari atribuyó a Washington un intento de ocultar una “derrota estratégica”, y señaló que una superpotencia real habría resuelto el conflicto si tuviera capacidad de hacerlo. Entre voces reformistas también emergen críticas, insistiendo en que esta vez Irán no cederá bajo presión.
Qué destacar. El plan de 15 puntos presentado por la administración Trump retoma exigencias históricas de Washington: desmantelar el programa de enriquecimiento de uranio, limitar el desarrollo de misiles balísticos y asegurar el tránsito libre por el estrecho de Ormuz.
- Desde una óptica estadounidense, el objetivo es restaurar la seguridad regional y reducir la capacidad militar iraní, alineado con una visión de estabilidad basada en la supremacía militar y la protección de intereses energéticos.
- Sin embargo, funcionarios iraníes consideran que las condiciones son excesivas, interpretándolas como un intento de imponer la rendición más que de negociar. Fuentes de Teherán señalan que cualquier acuerdo debe incluir el levantamiento de sanciones, garantías de no agresión y reconocimiento del derecho iraní a un programa nuclear de carácter pacífico.
- La desconfianza se agrava ante el despliegue continuo de tropas estadounidenses en la región, percibido como una señal contradictoria respecto a una verdadera voluntad de diálogo.
En el radar. La Guardia Revolucionaria ha trasladado sus propias demandas: garantías de que el conflicto no se reanudará, cierre de bases estadounidenses en el Golfo, mantenimiento de tarifas impuestas en Ormuz y levantamiento total de sanciones internacionales.
- A ello se suma la exigencia de que Israel detenga su ofensiva en Líbano contra Hizbulá, considerado un socio estratégico de Teherán. Mediadores como Turquía, Egipto y Pakistán presionan para lograr conversaciones indirectas antes de que venza el ultimátum estadounidense para atacar infraestructura energética iraní.
- En este terreno, la posición republicana moderada en EE. UU. tiende a priorizar la búsqueda de garantías verificables, estabilidad comercial y protección de rutas estratégicas, evaluando con cautela cualquier concesión que comprometa seguridad nacional o libertad económica.
Lo que sigue. Mientras continúan los mensajes cruzados, la situación militar en el terreno se deteriora. Bombardeos israelíes sobre Teherán causaron múltiples víctimas, incluido un ataque contra un edificio residencial en Karaj. Irán, por su parte, endurece su retórica y condiciona cualquier avance a una retirada de presiones militares y económicas.
- El control del estrecho de Ormuz —crucial para el mercado energético global— se convierte en un eje de la disputa, con impactos inmediatos en precios internacionales y riesgos para la libre circulación marítima.
- Para una visión republicana moderada, este escenario reafirma la necesidad de un acuerdo que limite la capacidad iraní de emplear la interrupción energética como herramienta de presión, al tiempo que fomente una desescalada que restaure previsibilidad en los mercados.
- Sin avances concretos, la posibilidad de una ofensiva ampliada permanece abierta, alimentada por la brecha entre expectativas estadounidenses y condiciones impuestas por Teherán.
Noticia de última hora en desarrollo. Este reporte se irá actualizando.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf
25 de marzo, 2026
Irán rechazó de forma categórica el plan de 15 puntos impulsado por Donald Trump y negó estar en negociaciones directas con Washington. Teherán exige garantías de que EE. UU. no reanudará el conflicto y reclama el fin de la ofensiva israelí en Líbano. La tensión aumenta mientras mediadores regionales intentan evitar una escalada mayor.
Es noticia. Teherán afirma que “Washington está negociando consigo mismo”, una fórmula que distintos portavoces han repetido para subrayar la desconfianza hacia cualquier iniciativa estadounidense.
- El portavoz de Exteriores, Esmaeil Baqaei, recordó que su país sufrió ataques durante procesos de diálogo previos y calificó esas experiencias como una doble “traición a la diplomacia”.
- Aunque insiste en que no hay conversaciones con EE. UU., reconoció que países vecinos han transmitido mensajes y que Teherán ha respondido dentro de canales indirectos.
- Desde el ala militar, Ebrahim Zolfaghari atribuyó a Washington un intento de ocultar una “derrota estratégica”, y señaló que una superpotencia real habría resuelto el conflicto si tuviera capacidad de hacerlo. Entre voces reformistas también emergen críticas, insistiendo en que esta vez Irán no cederá bajo presión.
Qué destacar. El plan de 15 puntos presentado por la administración Trump retoma exigencias históricas de Washington: desmantelar el programa de enriquecimiento de uranio, limitar el desarrollo de misiles balísticos y asegurar el tránsito libre por el estrecho de Ormuz.
- Desde una óptica estadounidense, el objetivo es restaurar la seguridad regional y reducir la capacidad militar iraní, alineado con una visión de estabilidad basada en la supremacía militar y la protección de intereses energéticos.
- Sin embargo, funcionarios iraníes consideran que las condiciones son excesivas, interpretándolas como un intento de imponer la rendición más que de negociar. Fuentes de Teherán señalan que cualquier acuerdo debe incluir el levantamiento de sanciones, garantías de no agresión y reconocimiento del derecho iraní a un programa nuclear de carácter pacífico.
- La desconfianza se agrava ante el despliegue continuo de tropas estadounidenses en la región, percibido como una señal contradictoria respecto a una verdadera voluntad de diálogo.
En el radar. La Guardia Revolucionaria ha trasladado sus propias demandas: garantías de que el conflicto no se reanudará, cierre de bases estadounidenses en el Golfo, mantenimiento de tarifas impuestas en Ormuz y levantamiento total de sanciones internacionales.
- A ello se suma la exigencia de que Israel detenga su ofensiva en Líbano contra Hizbulá, considerado un socio estratégico de Teherán. Mediadores como Turquía, Egipto y Pakistán presionan para lograr conversaciones indirectas antes de que venza el ultimátum estadounidense para atacar infraestructura energética iraní.
- En este terreno, la posición republicana moderada en EE. UU. tiende a priorizar la búsqueda de garantías verificables, estabilidad comercial y protección de rutas estratégicas, evaluando con cautela cualquier concesión que comprometa seguridad nacional o libertad económica.
Lo que sigue. Mientras continúan los mensajes cruzados, la situación militar en el terreno se deteriora. Bombardeos israelíes sobre Teherán causaron múltiples víctimas, incluido un ataque contra un edificio residencial en Karaj. Irán, por su parte, endurece su retórica y condiciona cualquier avance a una retirada de presiones militares y económicas.
- El control del estrecho de Ormuz —crucial para el mercado energético global— se convierte en un eje de la disputa, con impactos inmediatos en precios internacionales y riesgos para la libre circulación marítima.
- Para una visión republicana moderada, este escenario reafirma la necesidad de un acuerdo que limite la capacidad iraní de emplear la interrupción energética como herramienta de presión, al tiempo que fomente una desescalada que restaure previsibilidad en los mercados.
- Sin avances concretos, la posibilidad de una ofensiva ampliada permanece abierta, alimentada por la brecha entre expectativas estadounidenses y condiciones impuestas por Teherán.
Noticia de última hora en desarrollo. Este reporte se irá actualizando.
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