Santa Fe pasó de ser un basurero a uno de los polos inmobiliarios y corporativos más visibles de la Ciudad de México. Su reconfiguración inicia en los 80, cuando se transforma de uno de los vertederos más grandes de Latinoamérica a un terreno listo para crear un centro urbano.
Carlos Hank González —político— fue quien expropió los terrenos utilizados para minería y basureros, y Ramón Aguirre Velázquez, quien cerró de forma definitiva el vertedero para dar paso a terrenos capaces de atraer inversión.
Los desechos se transformaron en edificios con la llegada de la Universidad Iberoamericana. Su ingreso atrajo usuarios, servicios y movimiento. Con el tiempo, desarrolladores consolidaron la conversión. En 1993, la zona pasó de depender del campus universitario a operar como destino comercial, con la inauguración del Centro Comercial Santa Fe.
“Los desarrolladores fueron el motor de inversión en Santa Fe”, destaca Federico Jiménez, socio regional de 4S Real Estate en Ciudad de México: No llegaron con todo resuelto, sino en una etapa especulativa, apoyados por promesas de conectividad y urbanización.
Un tesoro escondido
Santa Fe demuestra que un territorio depreciado gana valor si existe demanda, suelo y conectividad. El éxito se atribuye al boom inmobiliario y la economía creciente de aquella época.
El auge corporativo llegó después: entre 1995 y 2005, oficinas triple A y empresas reconocidas movieron sus corporativos, elevando el perfil de la zona, según Jiménez.
Luego del centro empresarial, inició la verticalización. Entre 2005 y 2025 terminó de afirmarse como una de las zonas más verticalizadas de la ciudad.
Así, de concentrar basura, ahora la zona condensa 150 corporativos, 2500 cuartos de hotel y seis universidades. Al día se reúnen hasta 350 000 personas, según datos de la Asociación de Colonos de Santa Fe.
Centro urbano con altas y bajas
Santa Fe es considerado por desarrolladores como uno de los centros urbanos más exitosos. Los espacios que se esperaban llenar en 50 años, lo hicieron en 15, demostrando una demanda que no se satisfacía.
No obstante, la reconversión tuvo un costo alto. Jiménez señala que las construcciones exigieron mayor inversión en preparación de tierra, estructuras y cimientos.
Además, el vertedero permanece identificado, cubierto y tratado como área especial, con respiraderos y controles para evitar concentración de gases.
La zona, para su crecimiento, necesitó una fuerte inversión vial. Santa Fe dejó atrás la periferia cuando se vinculó con Reforma y Toluca mediante nuevas vialidades y autopistas.
Oportunidad de la tierra
Guatemala podría analizar Santa Fe como inspiración. El cierre de vertederos obliga a discutir nuevos usos del suelo. No obstante, funcionó por una mezcla difícil: conectividad, anclas, permisos, capital privado y visión sostenida, externó Jiménez.
El modelo, para consolidarse, tomó más de 40 años. Para Guatemala, donde la conversación sobre cierre de vertederos se ha intensificado, el dato es clave: convertir un pasivo urbano en activo productivo exige continuidad.
Un antiguo vertedero puede ser oportunidad, pero no por sí mismo. Santa Fe no nació como extensión natural de una zona consolidada. Era periferia, barranca, mina y tiradero. Su punto de quiebre fue convertir geografía difícil en distrito.
Santa Fe pasó de ser un basurero a uno de los polos inmobiliarios y corporativos más visibles de la Ciudad de México. Su reconfiguración inicia en los 80, cuando se transforma de uno de los vertederos más grandes de Latinoamérica a un terreno listo para crear un centro urbano.
Carlos Hank González —político— fue quien expropió los terrenos utilizados para minería y basureros, y Ramón Aguirre Velázquez, quien cerró de forma definitiva el vertedero para dar paso a terrenos capaces de atraer inversión.
Los desechos se transformaron en edificios con la llegada de la Universidad Iberoamericana. Su ingreso atrajo usuarios, servicios y movimiento. Con el tiempo, desarrolladores consolidaron la conversión. En 1993, la zona pasó de depender del campus universitario a operar como destino comercial, con la inauguración del Centro Comercial Santa Fe.
“Los desarrolladores fueron el motor de inversión en Santa Fe”, destaca Federico Jiménez, socio regional de 4S Real Estate en Ciudad de México: No llegaron con todo resuelto, sino en una etapa especulativa, apoyados por promesas de conectividad y urbanización.
Un tesoro escondido
Santa Fe demuestra que un territorio depreciado gana valor si existe demanda, suelo y conectividad. El éxito se atribuye al boom inmobiliario y la economía creciente de aquella época.
El auge corporativo llegó después: entre 1995 y 2005, oficinas triple A y empresas reconocidas movieron sus corporativos, elevando el perfil de la zona, según Jiménez.
Luego del centro empresarial, inició la verticalización. Entre 2005 y 2025 terminó de afirmarse como una de las zonas más verticalizadas de la ciudad.
Así, de concentrar basura, ahora la zona condensa 150 corporativos, 2500 cuartos de hotel y seis universidades. Al día se reúnen hasta 350 000 personas, según datos de la Asociación de Colonos de Santa Fe.
Centro urbano con altas y bajas
Santa Fe es considerado por desarrolladores como uno de los centros urbanos más exitosos. Los espacios que se esperaban llenar en 50 años, lo hicieron en 15, demostrando una demanda que no se satisfacía.
No obstante, la reconversión tuvo un costo alto. Jiménez señala que las construcciones exigieron mayor inversión en preparación de tierra, estructuras y cimientos.
Además, el vertedero permanece identificado, cubierto y tratado como área especial, con respiraderos y controles para evitar concentración de gases.
La zona, para su crecimiento, necesitó una fuerte inversión vial. Santa Fe dejó atrás la periferia cuando se vinculó con Reforma y Toluca mediante nuevas vialidades y autopistas.
Oportunidad de la tierra
Guatemala podría analizar Santa Fe como inspiración. El cierre de vertederos obliga a discutir nuevos usos del suelo. No obstante, funcionó por una mezcla difícil: conectividad, anclas, permisos, capital privado y visión sostenida, externó Jiménez.
El modelo, para consolidarse, tomó más de 40 años. Para Guatemala, donde la conversación sobre cierre de vertederos se ha intensificado, el dato es clave: convertir un pasivo urbano en activo productivo exige continuidad.
Un antiguo vertedero puede ser oportunidad, pero no por sí mismo. Santa Fe no nació como extensión natural de una zona consolidada. Era periferia, barranca, mina y tiradero. Su punto de quiebre fue convertir geografía difícil en distrito.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: