El Paredón —Escuintla— empieza a incorporar vivienda a su economía turística. El comprador que llega combina segunda casa con renta corta y la oferta que toma forma son viviendas horizontales. El mercado parece estar pasando de vender estadías a vender propiedad.
Por qué importa. El cambio no está en la postal de El Paredón, sino en su uso: ahora aparece un mercado para comprar. En la demanda sobresalen capitalinos que buscan tener una propiedad a la cual darle un uso mixto, influenciados por los visitantes extranjeros.
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Jorge Rodas, desarrollador inmobiliario en Cronos Construction, ubica la oportunidad en un sitio “emergente” con extranjeros y atributos de ocio que empujan la decisión de compra: olas, vida social y tranquilidad.
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La primera ola de compradores viene principalmente de la Ciudad de Guatemala. “Un 80 % de clientes capitalinos quieren tener un lugar para ir ‘un par de días’”, menciona. El área destaca por estar cerca del centro.
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Valeria Maza, agente inmobiliaria en Ricardo Fish, describe que el desarrollo residencial se vio influenciado alrededor del surf, hoteles, hostales y restaurantes que elevaron el estándar y flujo en la Costa Sur.
Qué destacar. El producto que se está asentando es la vivienda horizontal. Esto no es una preferencia estética, sino que responde al uso. Se compra para uso propio en fines de semana y temporadas, y el resto del tiempo se renta. Esa combinación moldea el tipo de desarrollo que se ofrece y la forma de operarlo.
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Zury Berganza de Ruano, inversionista inmobiliaria en El Paredón, sostiene que una casa horizontal funciona mejor “por el uso de movilidad” y logística de playa. El enfoque son casas de 1 a 2.5 niveles con metrajes desde los 180 a 500 m².
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El mercado en El Paredón se organiza por escala. Actualmente, destacan tres proyectos: un condominio grande, clústeres pequeños y un formato mixto (casas horizontales y apartamentos).
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Maza explica que parte del mercado busca estos espacios cerrados con lineamientos de fachada/materiales. “Quieren tener claridad sobre quién va a ser su vecino”, agrega.
Visto y no visto. En el área existe el diferencial. No es solo la ubicación, también la operación y construcción. Por eso, el mercado “empuja vivienda lista” y estandarizada. Es menos construcción y más producto terminado con decisiones técnicas desde el inicio.
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“Nuestro reto principal es el clima”, explica el arquitecto Ricardo Mota. La salinidad obliga a escoger materiales, ventilación e iluminación pensadas en confort y durabilidad. No es solo estética.
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Además, existe la barrera práctica de construir en la playa, según Maza. Esa fricción empuja una demanda por casas terminadas y modelos operables, con menos improvisación en obra.
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“El Paredón creció de adentro para afuera y un poco desordenado”, añade Maza. La respuesta del nuevo comprador es buscar lineamientos de construcción y una comunidad con reglas.
Ahora qué. El mercado se está definiendo por tres variables: demanda capitalina, uso mixto (descanso + renta) y condiciones de propiedad que permitan formalidad. La prueba será la capacidad de sostener precios y operación cuando pase el entusiasmo inicial.
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Maza explica que buena parte de la costa opera con derechos posesorios y arrendamientos a renovar. Eso reduce el acceso a financiamiento bancario y eleva el peso del pago al contado.
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Otra señal de etapa temprana para Berganza es el “flip” de comprar en lanzamiento y revender con avance del desarrollo inmobiliario.
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“En cinco años será muy tarde entrar”, opina Rodas. Si esa lectura de ciclo se confirma, la vivienda no solo acompañará al turismo, se instalaría en los motores de la región.
El Paredón —Escuintla— empieza a incorporar vivienda a su economía turística. El comprador que llega combina segunda casa con renta corta y la oferta que toma forma son viviendas horizontales. El mercado parece estar pasando de vender estadías a vender propiedad.
Por qué importa. El cambio no está en la postal de El Paredón, sino en su uso: ahora aparece un mercado para comprar. En la demanda sobresalen capitalinos que buscan tener una propiedad a la cual darle un uso mixto, influenciados por los visitantes extranjeros.
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Jorge Rodas, desarrollador inmobiliario en Cronos Construction, ubica la oportunidad en un sitio “emergente” con extranjeros y atributos de ocio que empujan la decisión de compra: olas, vida social y tranquilidad.
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La primera ola de compradores viene principalmente de la Ciudad de Guatemala. “Un 80 % de clientes capitalinos quieren tener un lugar para ir ‘un par de días’”, menciona. El área destaca por estar cerca del centro.
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Valeria Maza, agente inmobiliaria en Ricardo Fish, describe que el desarrollo residencial se vio influenciado alrededor del surf, hoteles, hostales y restaurantes que elevaron el estándar y flujo en la Costa Sur.
Qué destacar. El producto que se está asentando es la vivienda horizontal. Esto no es una preferencia estética, sino que responde al uso. Se compra para uso propio en fines de semana y temporadas, y el resto del tiempo se renta. Esa combinación moldea el tipo de desarrollo que se ofrece y la forma de operarlo.
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Zury Berganza de Ruano, inversionista inmobiliaria en El Paredón, sostiene que una casa horizontal funciona mejor “por el uso de movilidad” y logística de playa. El enfoque son casas de 1 a 2.5 niveles con metrajes desde los 180 a 500 m².
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El mercado en El Paredón se organiza por escala. Actualmente, destacan tres proyectos: un condominio grande, clústeres pequeños y un formato mixto (casas horizontales y apartamentos).
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Maza explica que parte del mercado busca estos espacios cerrados con lineamientos de fachada/materiales. “Quieren tener claridad sobre quién va a ser su vecino”, agrega.
Visto y no visto. En el área existe el diferencial. No es solo la ubicación, también la operación y construcción. Por eso, el mercado “empuja vivienda lista” y estandarizada. Es menos construcción y más producto terminado con decisiones técnicas desde el inicio.
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“Nuestro reto principal es el clima”, explica el arquitecto Ricardo Mota. La salinidad obliga a escoger materiales, ventilación e iluminación pensadas en confort y durabilidad. No es solo estética.
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Además, existe la barrera práctica de construir en la playa, según Maza. Esa fricción empuja una demanda por casas terminadas y modelos operables, con menos improvisación en obra.
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“El Paredón creció de adentro para afuera y un poco desordenado”, añade Maza. La respuesta del nuevo comprador es buscar lineamientos de construcción y una comunidad con reglas.
Ahora qué. El mercado se está definiendo por tres variables: demanda capitalina, uso mixto (descanso + renta) y condiciones de propiedad que permitan formalidad. La prueba será la capacidad de sostener precios y operación cuando pase el entusiasmo inicial.
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Maza explica que buena parte de la costa opera con derechos posesorios y arrendamientos a renovar. Eso reduce el acceso a financiamiento bancario y eleva el peso del pago al contado.
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Otra señal de etapa temprana para Berganza es el “flip” de comprar en lanzamiento y revender con avance del desarrollo inmobiliario.
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“En cinco años será muy tarde entrar”, opina Rodas. Si esa lectura de ciclo se confirma, la vivienda no solo acompañará al turismo, se instalaría en los motores de la región.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: