En Jocotenango, Sacatepéquez, hay un proyecto que cambia por completo el rostro de los jóvenes que ahí se forman y es que los métodos, la convivencia, las experiencias y las alegrías lograron formar futuros profesionales que en su momento, no habían tenido oportunidades.
A Romero se le reconoce ser el promotor de una escuela que atiende niños con problemas de todo tipo, ahí estudian “patojos” con Síndrome de Down, cáncer, Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH), otros fueron expulsados de otras instituciones educativas y algunos viven la experiencia que es una lección de vida de tolerancia y amor.
La calle que alberga la escuela era anteriormente un paso peligroso, robos, violaciones y demás prácticas delictivas estaban a la orden del día. Ahora el lugar es un centro de encuentro que próximamente brindará servicios a los visitantes como cafetería y otras entretenciones.
La pedagogía lúdica implementada permitirá entre otras cosas, afianzar una línea de ropa e incluso un banco porque quienes estudian en el lugar son formados para convertirse en empresarios juveniles. Romero describe que cumplen con el Curriculum Nacional Base (CNB) el cual al ser atendido, es un formato adecuado para una formación integral.
En algunos grados, las divisiones entre salones son de vidrio, los niños que están por ingresar en la pubertad pueden observarse entre sí y es que se enamoran, explica el fundador, quien refiere que el amor es visto como algo natural y hermoso.
Afuera del establecimiento se observa el paso de ancianos, mujeres, a veces se colocan ventas y eso forma parte de la recuperación del entorno que se logró en el sector, referencia ahora para otros centros escolares por la funcionalidad de la técnica que se emplea. “Los vecinos se lo merecen”, refiere Romero, mientras juega con no de los perros de la comunidad fue bautizado con el nombre de “Justicia”.
El proyecto de educación alternativa ya es referencia internacional y es que en varios países se usa dicha modalidad. Romero describe que hay unos 200 estudiantes cuyos padres ven progreso en el aprendizaje que por lo demás, no tiene nada de tradicional.
Los servicios
Actualmente, el proyecto que se consolidó en una parte de la vivienda de la familia de Romero es un comedor escolar, centro de asistencia médica, espacio musical y un instituto de acción cultural, en otras palabras, un lugar de confianza y amistad. Algunas de las actividades son artes gráficas, periodismo, ballet, break dance, fotografía, malabares, música y teatro.
La misión es involcrar activamente a la niñez en una formación crítica y responsable. “El aprendizaje se adapta al contexto, brindando opciones para desaprender los malos patrones aprendidos, sin imposiciones, pues cada niño y niña tiene la capacidad y libertad de elegir”, indican los preceptos establecidos en el centro.
La clínica médica instalada brinda servicio al público en general a un costo de Q15, aunque hay apoyo a las personas de escasos recursos con atención gratuita. Los fondos obtenidos son utilizados para mantenimiento y para atender las emergencias de estudiantes e integrantes del equipo.
La seguridad alimentaria forma parte de los pilares de la formación y para ello se concede acceso gratuito a desayunos y almuerzos para unos 168 niños y más la cena de otros 70 jóvenes diariamente. Lo más importante del menú es que sea rico y nutritivo, describen los miembros de Los Patojos.
“Creemos en un mundo más justo y más libre, creemos en lo colectivo como otra forma de vida posible”, finaliza Romero, a quien continuamente buscan los visitantes y jóvenes que desean resolver dudas o simplemente conocer más del proyecto que atrae cada vez más a organizaciones y jóvenes interesados en superarse.
En Jocotenango, Sacatepéquez, hay un proyecto que cambia por completo el rostro de los jóvenes que ahí se forman y es que los métodos, la convivencia, las experiencias y las alegrías lograron formar futuros profesionales que en su momento, no habían tenido oportunidades.
A Romero se le reconoce ser el promotor de una escuela que atiende niños con problemas de todo tipo, ahí estudian “patojos” con Síndrome de Down, cáncer, Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH), otros fueron expulsados de otras instituciones educativas y algunos viven la experiencia que es una lección de vida de tolerancia y amor.
La calle que alberga la escuela era anteriormente un paso peligroso, robos, violaciones y demás prácticas delictivas estaban a la orden del día. Ahora el lugar es un centro de encuentro que próximamente brindará servicios a los visitantes como cafetería y otras entretenciones.
La pedagogía lúdica implementada permitirá entre otras cosas, afianzar una línea de ropa e incluso un banco porque quienes estudian en el lugar son formados para convertirse en empresarios juveniles. Romero describe que cumplen con el Curriculum Nacional Base (CNB) el cual al ser atendido, es un formato adecuado para una formación integral.
En algunos grados, las divisiones entre salones son de vidrio, los niños que están por ingresar en la pubertad pueden observarse entre sí y es que se enamoran, explica el fundador, quien refiere que el amor es visto como algo natural y hermoso.
Afuera del establecimiento se observa el paso de ancianos, mujeres, a veces se colocan ventas y eso forma parte de la recuperación del entorno que se logró en el sector, referencia ahora para otros centros escolares por la funcionalidad de la técnica que se emplea. “Los vecinos se lo merecen”, refiere Romero, mientras juega con no de los perros de la comunidad fue bautizado con el nombre de “Justicia”.
El proyecto de educación alternativa ya es referencia internacional y es que en varios países se usa dicha modalidad. Romero describe que hay unos 200 estudiantes cuyos padres ven progreso en el aprendizaje que por lo demás, no tiene nada de tradicional.
Los servicios
Actualmente, el proyecto que se consolidó en una parte de la vivienda de la familia de Romero es un comedor escolar, centro de asistencia médica, espacio musical y un instituto de acción cultural, en otras palabras, un lugar de confianza y amistad. Algunas de las actividades son artes gráficas, periodismo, ballet, break dance, fotografía, malabares, música y teatro.
La misión es involcrar activamente a la niñez en una formación crítica y responsable. “El aprendizaje se adapta al contexto, brindando opciones para desaprender los malos patrones aprendidos, sin imposiciones, pues cada niño y niña tiene la capacidad y libertad de elegir”, indican los preceptos establecidos en el centro.
La clínica médica instalada brinda servicio al público en general a un costo de Q15, aunque hay apoyo a las personas de escasos recursos con atención gratuita. Los fondos obtenidos son utilizados para mantenimiento y para atender las emergencias de estudiantes e integrantes del equipo.
La seguridad alimentaria forma parte de los pilares de la formación y para ello se concede acceso gratuito a desayunos y almuerzos para unos 168 niños y más la cena de otros 70 jóvenes diariamente. Lo más importante del menú es que sea rico y nutritivo, describen los miembros de Los Patojos.
“Creemos en un mundo más justo y más libre, creemos en lo colectivo como otra forma de vida posible”, finaliza Romero, a quien continuamente buscan los visitantes y jóvenes que desean resolver dudas o simplemente conocer más del proyecto que atrae cada vez más a organizaciones y jóvenes interesados en superarse.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: