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Plenitud escondida en La Limonada

Redacción República
03 de octubre, 2014

Todo empezó cuando Tita Evertsz estuvo como



voluntaria en el intensivo del Hospital General San Juan de Dios. Su corazón se



conmovió al ver tantas escenas impactantes en ese lugar. Uno de los pacientes



que atendió era un pandillero, y le llamó la atención saber las circunstancias



que lo convirtieron en alguien rechazado por la sociedad. Fue así como decidió



conocer más sobre su vida y entorno para saber de qué manera podía ayudarlo a



salir del camino en que se encontraba.

Quiso visitarlo y convivir con su familia después



de salir del hospital y poco a poco conoció a otras personas con las mismas



condiciones de vida, y así pasó el tiempo. A Tita ese lugar le



pareció hermoso desde el principio
, estaba impactada por la forma en que la



gente la trataba y la disposición que tuvieron de dar lo poco que tenían.

Un día solicitó una dirección para que le enviaran



algo y fue hasta entonces, a los seis meses de estar allí, cuando se dio cuenta



que aquel lugar era La Limonada, una de las colonias catalogada como zona roja



de Guatemala
, ubicada en un barranco entre las zonas 1 y 5 de la ciudad capital.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER

Tita dice que había escuchado sobre esa



colonia y “su mala fama” pero nunca puso mayor atención a los comentarios. Nos



cuenta que a pesar de descubrir dónde se encontraba decidió quedarse y conocer



a profundidad lo que allí sucedía. “Mi ignorancia no me permitió medir el



peligro”,
confiesa.



Conforme pasaron los días Tita observaba todo



a su alrededor. El canto de los gallos, los perros ladrando, gente teniendo su



ropa, niños corriendo por los callejones, etc. Todo le parecía cotidiano pero



se dio cuenta que la gente tenía muchas necesidades, principalmente emocionales y espirituales, por lo que buscó la manera de ayudarlos.

Su trato con los pandilleros la hizo



reflexionar y descubrir que todos esos niños y adolescentes que veía por las



calles de La Limonada eran vulnerables a escoger ese camino equivocado.
Por lo



que decidió enfocarse en ellos.

Atención integral para un vida plena

Fundación Vidas Plenas,



una organización sin fines de lucro, nace con el objetivo de darles acompañamiento y



atención integral a los niños para prevenir que se involucren en pandillas y drogadicción,




indica Tita. Enfatiza que la infancia de una persona marca por completo su vida,



por eso es importante que desde pequeños sean instruidos por un buen camino.

Tita explica que decidió nombrar Vidas Plenas



a la Fundación porque cree firmemente en que todo ser humano necesita plenitud



en su alma, cuerpo y espíritu. Es una mujer con mucha fe, al escucharla hablar



puede saberse lo que hay en su corazón: Un total amor por el prójimo.

La Fundación Vidas Plenas cuenta con tres



instalaciones, ubicadas en La Limonada, a las que llaman Academias para la Vida,



donde atienden bebés, niños y adolescentes, de lunes a viernes en dos jornadas.



La primera de 8:20 a 11:00 horas y la segunda de 13:20 a 16:00 horas. Los bebés



permanecen todo el día.

A los niños que llegan por la mañana les dan



desayuno antes de ir a la escuela y a los de la tarde, almuerzo, incluido un



suplemento vitamínico. También reciben hábitos de higiene personal y



construcción de valores y creencias
. Asimismo, refuerzo académico en matemáticas



y lenguaje, así como tutorías en arte, música, inglés y Biblia. También tienen



actividades recreacionales, entre ellas, dar paseos fuera de la comunidad.

Además, la Fundación les brinda chequeos



médicos y apoyo psicológico, tanto a los niños como a sus papás, quienes también



asisten a una Escuela para Padres cada 15 días. Todo sin ningún costo.

“Es una escuela de apoyo comunitario para que



niños y adolescentes ocupen su tiempo en cosas productivas y dejen de andar por



las calles sin nada que hacer. Lo que queremos es prepararlos para la vida”
, refiere



Priscila Yool, una de las psicólogas.

Priscila dice que la mayor satisfacción para



la Fundación es ver que ese acompañamiento da buenos resultados, ya que los niños y



adolescentes al crecer continúan con sus estudios, se convierten en



profesionales y encuentran un buen trabajo.
Y aunque para la mayoría es un reto



conseguir empleo por vivir en esa colonia por ser catalogada una zona roja, se



esfuerzan hasta lograrlo.

Alrededor de 54 personas colaboran para



atender a más de 200 niños. Entre ellas, maestras, psicólogas, personal de



cocina, limpieza y mantenimiento. La mayoría son voluntarios residentes de la



Limonada.

Para recaudar fondos reciben donativos, hacen



rifas o cualquier otra actividad, con el objetivo involucrar a los habitantes



de la colonia. También cuenta con el programa de apadrinamiento. El dinero



además de servir para la compra de comida y pago de servicios, también lo



utilizan para ayudar a los padres de familia con útiles escolares o la compra de alguna medicina.

Tita Evertsz concluye en que tanto los



habitantes de La Limonada, como de cualquier otra zona catalogada como roja en



el país, necesitan una oportunidad para demostrar lo que son capaces de lograr



y enfatiza que con el involucramiento de la sociedad muchas personas que han



sido olvidadas pueden tener una vida plena.

Plenitud escondida en La Limonada

Redacción República
03 de octubre, 2014

Todo empezó cuando Tita Evertsz estuvo como



voluntaria en el intensivo del Hospital General San Juan de Dios. Su corazón se



conmovió al ver tantas escenas impactantes en ese lugar. Uno de los pacientes



que atendió era un pandillero, y le llamó la atención saber las circunstancias



que lo convirtieron en alguien rechazado por la sociedad. Fue así como decidió



conocer más sobre su vida y entorno para saber de qué manera podía ayudarlo a



salir del camino en que se encontraba.

Quiso visitarlo y convivir con su familia después



de salir del hospital y poco a poco conoció a otras personas con las mismas



condiciones de vida, y así pasó el tiempo. A Tita ese lugar le



pareció hermoso desde el principio
, estaba impactada por la forma en que la



gente la trataba y la disposición que tuvieron de dar lo poco que tenían.

Un día solicitó una dirección para que le enviaran



algo y fue hasta entonces, a los seis meses de estar allí, cuando se dio cuenta



que aquel lugar era La Limonada, una de las colonias catalogada como zona roja



de Guatemala
, ubicada en un barranco entre las zonas 1 y 5 de la ciudad capital.

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Tita dice que había escuchado sobre esa



colonia y “su mala fama” pero nunca puso mayor atención a los comentarios. Nos



cuenta que a pesar de descubrir dónde se encontraba decidió quedarse y conocer



a profundidad lo que allí sucedía. “Mi ignorancia no me permitió medir el



peligro”,
confiesa.



Conforme pasaron los días Tita observaba todo



a su alrededor. El canto de los gallos, los perros ladrando, gente teniendo su



ropa, niños corriendo por los callejones, etc. Todo le parecía cotidiano pero



se dio cuenta que la gente tenía muchas necesidades, principalmente emocionales y espirituales, por lo que buscó la manera de ayudarlos.

Su trato con los pandilleros la hizo



reflexionar y descubrir que todos esos niños y adolescentes que veía por las



calles de La Limonada eran vulnerables a escoger ese camino equivocado.
Por lo



que decidió enfocarse en ellos.

Atención integral para un vida plena

Fundación Vidas Plenas,



una organización sin fines de lucro, nace con el objetivo de darles acompañamiento y



atención integral a los niños para prevenir que se involucren en pandillas y drogadicción,




indica Tita. Enfatiza que la infancia de una persona marca por completo su vida,



por eso es importante que desde pequeños sean instruidos por un buen camino.

Tita explica que decidió nombrar Vidas Plenas



a la Fundación porque cree firmemente en que todo ser humano necesita plenitud



en su alma, cuerpo y espíritu. Es una mujer con mucha fe, al escucharla hablar



puede saberse lo que hay en su corazón: Un total amor por el prójimo.

La Fundación Vidas Plenas cuenta con tres



instalaciones, ubicadas en La Limonada, a las que llaman Academias para la Vida,



donde atienden bebés, niños y adolescentes, de lunes a viernes en dos jornadas.



La primera de 8:20 a 11:00 horas y la segunda de 13:20 a 16:00 horas. Los bebés



permanecen todo el día.

A los niños que llegan por la mañana les dan



desayuno antes de ir a la escuela y a los de la tarde, almuerzo, incluido un



suplemento vitamínico. También reciben hábitos de higiene personal y



construcción de valores y creencias
. Asimismo, refuerzo académico en matemáticas



y lenguaje, así como tutorías en arte, música, inglés y Biblia. También tienen



actividades recreacionales, entre ellas, dar paseos fuera de la comunidad.

Además, la Fundación les brinda chequeos



médicos y apoyo psicológico, tanto a los niños como a sus papás, quienes también



asisten a una Escuela para Padres cada 15 días. Todo sin ningún costo.

“Es una escuela de apoyo comunitario para que



niños y adolescentes ocupen su tiempo en cosas productivas y dejen de andar por



las calles sin nada que hacer. Lo que queremos es prepararlos para la vida”
, refiere



Priscila Yool, una de las psicólogas.

Priscila dice que la mayor satisfacción para



la Fundación es ver que ese acompañamiento da buenos resultados, ya que los niños y



adolescentes al crecer continúan con sus estudios, se convierten en



profesionales y encuentran un buen trabajo.
Y aunque para la mayoría es un reto



conseguir empleo por vivir en esa colonia por ser catalogada una zona roja, se



esfuerzan hasta lograrlo.

Alrededor de 54 personas colaboran para



atender a más de 200 niños. Entre ellas, maestras, psicólogas, personal de



cocina, limpieza y mantenimiento. La mayoría son voluntarios residentes de la



Limonada.

Para recaudar fondos reciben donativos, hacen



rifas o cualquier otra actividad, con el objetivo involucrar a los habitantes



de la colonia. También cuenta con el programa de apadrinamiento. El dinero



además de servir para la compra de comida y pago de servicios, también lo



utilizan para ayudar a los padres de familia con útiles escolares o la compra de alguna medicina.

Tita Evertsz concluye en que tanto los



habitantes de La Limonada, como de cualquier otra zona catalogada como roja en



el país, necesitan una oportunidad para demostrar lo que son capaces de lograr



y enfatiza que con el involucramiento de la sociedad muchas personas que han



sido olvidadas pueden tener una vida plena.

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