El 28 de diciembre de 2003, Vanessa Faggiolly aterrizó en California con apenas 20 años y USD 250 en la bolsa. No olvida las palabras de su papá al despedirla: “Es lo último que tengo. Sé que vas a triunfar, como siempre”. No era una apuesta ingenua. Quien se lo decía había empezado arreglando bicicletas bajo un árbol y terminó con uno de los talleres de enderezado y pintura más grandes de El Salvador. Ella creció ahí, ayudándole.
El 7 de enero ya vendía ropa en Express. El lunes siguiente empezó clases en un community college. A partir de ahí se impuso una rutina de turnos largos, trabajo constante y asistencia inflexible a la universidad. Más adelante se graduó de California State University con un Bachelor of Science in Business Administration.
Cinco años después, su mamá, Nora Saca, aterrizó en Los Ángeles recién divorciada. Llegaba en un momento de quiebre, pero con algo más valioso: una vida entera haciendo empresa. Había crecido entre comercio, levantado una casa de modas, trabajado en costura a la medida y pasado por TACA. Sabía empezar de cero.
En 2008 surgió la oportunidad de comprar Amerisal Foods, la primera empresa fundada bajo el CAFTA-DR para importar productos salvadoreños a EE. UU. Para entonces, la empresa ya estaba en bancarrota. Apenas conservaba un empleado, una camioneta vieja y 80 000 libras de queso a punto de caducar.
La noche antes de firmar la adquisición, madre e hija repasaron lo que tenían delante: no había dinero, clientes ni experiencia en el mercado estadounidense. Desde fuera, parecía una locura. Ellas vieron una oportunidad. “No, no la cierren. Véndannosla. Sabíamos el potencial: los salvadoreños querían un pedacito de su tierra”, relata Nora en conversación telefónica desde Los Ángeles, California.
Ocho años detrás de Costco
Firmaron. Después salieron a la calle. Peinaron Pico Boulevard cuadra por cuadra, siete días seguidos, porque el queso se vencía. Las grandes cadenas no las recibían: para ellas, el consumidor latino era, sobre todo, mexicano. Hasta que Liborio Market abrió la primera puerta. Después vinieron Vallarta, Northgate, Superior y Super King.
En 2012 registraron Perla, una marca con bandera salvadoreña. Nora diseñó el primer empaque y todavía lo rediseña. El recorrido de ese paquete resume bastante de la lógica del negocio: viaja a China para imprimirse, regresa a El Salvador para empacarse y vuelve a cruzar el Pacífico hacia EE. UU. “Voy a hacer un libro de todos los empaques que he cambiado”, dice la actual CEO de la compañía.
Hoy Amerisal Foods opera en cinco estados y pasó de cuatro a más de 60 productos. Pero entrar a Costco no fue un salto: fue una insistencia. Vanessa tocó esa puerta durante ocho años. Hubo certificaciones, permisos, auditorías y rechazos. “Te piden hasta la camándula”, bromea Nora, que desarrolla las recetas y supervisa la calidad. “Duermo tranquila sabiendo que todo lo que sube a mi contenedor no va a enfermar a nadie. No por miedo a una demanda, sino por cuestión moral”.
Vanessa, CFO y graduada del Executive MBA de la Universidad Pepperdine —la primera de su familia con título universitario—, se encarga de las finanzas, la logística y las negociaciones con las cadenas. Pero los fines de semana, ambas vuelven a las demos para repartir muestras de frijol negro refrito. La gente llega y dice: “Oh my God, they did it. They’re at Costco.”
En una de esas demostraciones, un camionero se les acercó. Llevaba un empaque de Perla en su camión y lo calentaba en el microondas para almorzar. “Son como los frijoles que hacía mi mamá”, les dijo. Para Nora, ahí se resume el negocio: “En una librita de queso hay tanta gente detrás”. También por esa red de trabajo, Vanessa confiesa que han rechazado ofertas de compra. Vender Amerisal Foods sería desarmarla.
Dieciocho años de sociedad
Llevan 18 años siendo socias: madre e hija, una fórmula que a menudo tensa familias y rompe negocios. El de ellas sigue creciendo. Vanessa lo resume en dos palabras: respeto y gratitud. No hay pacto escrito ni reglamento. Hay una madre que valora lo que hace su hija y una hija que entiende que la experiencia de su mamá no se enseña en ninguna universidad.
Durante años, Amerisal cargó con la etiqueta heredada de ser la primera empresa fundada bajo el CAFTA-DR. La encontraron quebrada, con una camioneta vieja —que recuerdan con cariño— y un queso a punto de vencerse. Hoy pueden estrenar otra, construida por mérito propio: la primera marca centroamericana en los anaqueles de Costco.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: