La competencia por atraer IED ya no se define solo por ubicación, costos o cercanía con EE. UU. Para Sergio Ponce, director ejecutivo de la Cámara de Comercio México-Estados Unidos, capítulo Guanajuato, la sostenibilidad se convirtió en una condición de acceso a mercados, cadenas de suministro y financiamiento.
Desde la experiencia mexicana, advierte que ningún país tiene garantizado su lugar en el mapa industrial. Guanajuato lo muestra con claridad: atraer grandes empresas puede transformar una economía local, pero no asegura que la riqueza se quede en el territorio si proveedores, talento y estándares no están preparados.
¿Cómo se conecta la sostenibilidad con la competencia regional por atraer IED?
—Toda Latinoamérica está compitiendo por lo mismo: atraer inversiones y financiamiento. Si Guatemala no se prepara, lo hará Honduras, Costa Rica, Panamá o México. Y si Centroamérica no se prepara, lo harán otros países de Sudamérica, como Colombia, Perú o Chile. Eso ya le pasó a México.
Durante mucho tiempo pensamos que éramos el destino natural para muchas inversiones. Pero otros países empezaron a trabajar, desarrollarse y competir. Hoy, una empresa que antes solo habría considerado a México también puede mirar a Guatemala o El Salvador.
Un ejemplo está en el sector aeronáutico. En México hay una aerolínea que envía parte de su mantenimiento a El Salvador porque encuentra mejor precio, mejor servicio y mayor rapidez. Eso pasa cuando un país se duerme en los laureles: cree que es el mejor, deja de prepararse y otros empiezan a ganarle terreno.
¿El nearshoring elevó las exigencias para proveedores y parques industriales?
—El nearshoring nos da una ventaja competitiva por la cercanía con EE. UU., pero también plantea un riesgo: las políticas nacionalistas estadounidenses pueden afectar a toda la región.
EE. UU. les está diciendo a las empresas: “No se vayan a otro país, vengan aquí, yo les doy facilidades”. Si esas políticas se implementan con fuerza, no solo afectarán a México, sino a toda Latinoamérica.
Aun así, producir en suelo estadounidense sigue siendo muy costoso, incluso con salarios más altos. Por eso la región todavía conserva una ventaja, pero necesita prepararse mejor.
El mercado principal es EE. UU. Entonces la pregunta es cómo hacerle llegar, más rápido y más fácil, el producto o servicio que necesita. También está el caso de China.
China está entrando en Latinoamérica para usar la región como plataforma de venta hacia EE. UU. Si ellos lo están haciendo desde el otro lado del mundo, nosotros deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo para responder mejor a nuestro principal cliente.
¿Cuál es la tarea de los parques industriales en esta ecuación?
—Los parques industriales funcionan como nodos de concentración para el sector productivo. Evitan esfuerzos aislados y crean espacios donde varias empresas pueden operar con objetivos comunes.
En un parque industrial se puede desarrollar infraestructura adecuada, impulsar procesos de formación, elevar estándares de calidad y mejorar no solo a una empresa, sino a todo un sector.
También permiten aplicar estrategias de economía circular, análisis de ciclo de vida y servicios industriales compartidos. Eso es mucho más difícil cuando las industrias están dispersas.
Además, aportan en seguridad y logística. Un trabajador puede sentirse más seguro dentro de una infraestructura preparada que en una empresa aislada, lejana o con accesos complicados.
También se pueden organizar soluciones comunes: transporte para trabajadores, alimentación, tratamiento de aguas residuales y otros servicios compartidos. En vez de que cada empresa resuelva todo por separado, el parque puede profesionalizar esos servicios.
Cuando la industria se concentra en un mismo lugar, es más fácil coordinar, medir, mejorar y elevar estándares.
¿La sostenibilidad funciona como pasaporte comercial hacia cadenas de suministro internacionales?
—Sí. Los requerimientos legales internacionales están obligando a las empresas a adoptar estándares más altos. Y esos estándares tienen un costo.
Los países que más han impulsado esas regulaciones son, principalmente, los europeos. Ellos ya padecen efectos concretos: aumento del nivel del mar, inundaciones en ciudades, escasez de frutas y legumbres, y cambios en el clima.
Como ya lo están viviendo, son quienes empujan nuevos estándares, que luego se trasladan a otros mercados. Si una empresa latinoamericana quiere venderles, debe cumplir. Si no lo hace, simplemente deja de ser proveedor.
También ocurre con Canadá, Japón y otros países desarrollados. Necesitan que sus proveedores cumplan ciertos requisitos porque sus economías ya están siendo afectadas.
Latinoamérica es una de las regiones más ricas en biodiversidad y recursos naturales. Tiene ríos, agua, árboles y producción natural en una escala que otros países no tienen. Por eso el mensaje es claro: “Si me vas a vender productos o servicios, ayúdame a cumplir estándares que no agraven mis problemas ambientales”.
¿Qué lecciones dejó Guanajuato sobre sostenibilidad y localización industrial?
—México tiene 32 estados, y Guanajuato fue durante muchos años uno de los más pobres del país. Entre 1900 y 1960 fue un estado principalmente agrícola. Después se reenfocó hacia la producción de cuero: calzado, chamarras, bolsas y carteras.
El cambio más fuerte llegó en 1991, con la instalación de General Motors. Esa inversión transformó la vocación económica del estado. Hoy Guanajuato es la quinta economía más importante de México y tiene alrededor de seis millones de habitantes.
También se convirtió en uno de los principales polos automotrices del país. Tenemos plantas de Honda, Mazda, Toyota, General Motors, Michelin y Pirelli, entre otras empresas. Pero ese cambio también dejó retos. Llegaron grandes compañías, pero no había suficientes proveedores locales capaces de integrarse a sus cadenas de valor con los estándares que ellas exigen.
Entonces ocurre algo muy duro: tienes grandes empresas enfrente, pero no necesariamente te compran. Y si no te compran, la riqueza y el desarrollo no se quedan plenamente en el territorio.
Eso pasó porque muchas empresas locales no estaban preparadas para responder a esos estándares. Guanajuato tuvo que empezar a trabajar en su cadena de valor: idiomas, calidad, entregas, estándares internacionales y formación técnica.
También cambió la demanda educativa. Ahora hacen falta ingenieros, técnicos y perfiles especializados para responder a las industrias que llegaron.
El estado avanzó, pero todavía falta mucho. También se han implementado estrategias vinculadas con economía circular, impuestos ecológicos y normas ISO 14000, 26000 y 50001, relacionadas con medioambiente, responsabilidad social y energía.
No ha sido fácil. Guanajuato va en camino, pero todavía tiene mucho por hacer, sobre todo porque se trata de una población grande.
¿Qué debe hacer un país para atraer IED de forma sostenible?
—Lo primero son las políticas. Políticas de atracción de inversión, pero también de calidad, protección ambiental, seguridad, formación y competitividad.
Un país debe facilitar herramientas para que sus empresas puedan cumplir. Si necesitan una planta de tratamiento, debe facilitarla. Si necesitan personal especializado, debe adaptar el modelo educativo. Si esos perfiles no existen, el país pierde competitividad.
También hay que pensar en tecnología, información, inteligencia artificial, modernización e infraestructura digital. Si una empresa no tiene conectividad o herramientas digitales, pierde productividad.
En lo macroeconómico ocurre lo mismo. Un país debe preguntarse si tiene la infraestructura tecnológica, digital y educativa necesaria para recibir empresas que compiten globalmente. Ahí se juega buena parte de la atracción de inversión.
La competencia por atraer IED ya no se define solo por ubicación, costos o cercanía con EE. UU. Para Sergio Ponce, director ejecutivo de la Cámara de Comercio México-Estados Unidos, capítulo Guanajuato, la sostenibilidad se convirtió en una condición de acceso a mercados, cadenas de suministro y financiamiento.
Desde la experiencia mexicana, advierte que ningún país tiene garantizado su lugar en el mapa industrial. Guanajuato lo muestra con claridad: atraer grandes empresas puede transformar una economía local, pero no asegura que la riqueza se quede en el territorio si proveedores, talento y estándares no están preparados.
¿Cómo se conecta la sostenibilidad con la competencia regional por atraer IED?
—Toda Latinoamérica está compitiendo por lo mismo: atraer inversiones y financiamiento. Si Guatemala no se prepara, lo hará Honduras, Costa Rica, Panamá o México. Y si Centroamérica no se prepara, lo harán otros países de Sudamérica, como Colombia, Perú o Chile. Eso ya le pasó a México.
Durante mucho tiempo pensamos que éramos el destino natural para muchas inversiones. Pero otros países empezaron a trabajar, desarrollarse y competir. Hoy, una empresa que antes solo habría considerado a México también puede mirar a Guatemala o El Salvador.
Un ejemplo está en el sector aeronáutico. En México hay una aerolínea que envía parte de su mantenimiento a El Salvador porque encuentra mejor precio, mejor servicio y mayor rapidez. Eso pasa cuando un país se duerme en los laureles: cree que es el mejor, deja de prepararse y otros empiezan a ganarle terreno.
¿El nearshoring elevó las exigencias para proveedores y parques industriales?
—El nearshoring nos da una ventaja competitiva por la cercanía con EE. UU., pero también plantea un riesgo: las políticas nacionalistas estadounidenses pueden afectar a toda la región.
EE. UU. les está diciendo a las empresas: “No se vayan a otro país, vengan aquí, yo les doy facilidades”. Si esas políticas se implementan con fuerza, no solo afectarán a México, sino a toda Latinoamérica.
Aun así, producir en suelo estadounidense sigue siendo muy costoso, incluso con salarios más altos. Por eso la región todavía conserva una ventaja, pero necesita prepararse mejor.
El mercado principal es EE. UU. Entonces la pregunta es cómo hacerle llegar, más rápido y más fácil, el producto o servicio que necesita. También está el caso de China.
China está entrando en Latinoamérica para usar la región como plataforma de venta hacia EE. UU. Si ellos lo están haciendo desde el otro lado del mundo, nosotros deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo para responder mejor a nuestro principal cliente.
¿Cuál es la tarea de los parques industriales en esta ecuación?
—Los parques industriales funcionan como nodos de concentración para el sector productivo. Evitan esfuerzos aislados y crean espacios donde varias empresas pueden operar con objetivos comunes.
En un parque industrial se puede desarrollar infraestructura adecuada, impulsar procesos de formación, elevar estándares de calidad y mejorar no solo a una empresa, sino a todo un sector.
También permiten aplicar estrategias de economía circular, análisis de ciclo de vida y servicios industriales compartidos. Eso es mucho más difícil cuando las industrias están dispersas.
Además, aportan en seguridad y logística. Un trabajador puede sentirse más seguro dentro de una infraestructura preparada que en una empresa aislada, lejana o con accesos complicados.
También se pueden organizar soluciones comunes: transporte para trabajadores, alimentación, tratamiento de aguas residuales y otros servicios compartidos. En vez de que cada empresa resuelva todo por separado, el parque puede profesionalizar esos servicios.
Cuando la industria se concentra en un mismo lugar, es más fácil coordinar, medir, mejorar y elevar estándares.
¿La sostenibilidad funciona como pasaporte comercial hacia cadenas de suministro internacionales?
—Sí. Los requerimientos legales internacionales están obligando a las empresas a adoptar estándares más altos. Y esos estándares tienen un costo.
Los países que más han impulsado esas regulaciones son, principalmente, los europeos. Ellos ya padecen efectos concretos: aumento del nivel del mar, inundaciones en ciudades, escasez de frutas y legumbres, y cambios en el clima.
Como ya lo están viviendo, son quienes empujan nuevos estándares, que luego se trasladan a otros mercados. Si una empresa latinoamericana quiere venderles, debe cumplir. Si no lo hace, simplemente deja de ser proveedor.
También ocurre con Canadá, Japón y otros países desarrollados. Necesitan que sus proveedores cumplan ciertos requisitos porque sus economías ya están siendo afectadas.
Latinoamérica es una de las regiones más ricas en biodiversidad y recursos naturales. Tiene ríos, agua, árboles y producción natural en una escala que otros países no tienen. Por eso el mensaje es claro: “Si me vas a vender productos o servicios, ayúdame a cumplir estándares que no agraven mis problemas ambientales”.
¿Qué lecciones dejó Guanajuato sobre sostenibilidad y localización industrial?
—México tiene 32 estados, y Guanajuato fue durante muchos años uno de los más pobres del país. Entre 1900 y 1960 fue un estado principalmente agrícola. Después se reenfocó hacia la producción de cuero: calzado, chamarras, bolsas y carteras.
El cambio más fuerte llegó en 1991, con la instalación de General Motors. Esa inversión transformó la vocación económica del estado. Hoy Guanajuato es la quinta economía más importante de México y tiene alrededor de seis millones de habitantes.
También se convirtió en uno de los principales polos automotrices del país. Tenemos plantas de Honda, Mazda, Toyota, General Motors, Michelin y Pirelli, entre otras empresas. Pero ese cambio también dejó retos. Llegaron grandes compañías, pero no había suficientes proveedores locales capaces de integrarse a sus cadenas de valor con los estándares que ellas exigen.
Entonces ocurre algo muy duro: tienes grandes empresas enfrente, pero no necesariamente te compran. Y si no te compran, la riqueza y el desarrollo no se quedan plenamente en el territorio.
Eso pasó porque muchas empresas locales no estaban preparadas para responder a esos estándares. Guanajuato tuvo que empezar a trabajar en su cadena de valor: idiomas, calidad, entregas, estándares internacionales y formación técnica.
También cambió la demanda educativa. Ahora hacen falta ingenieros, técnicos y perfiles especializados para responder a las industrias que llegaron.
El estado avanzó, pero todavía falta mucho. También se han implementado estrategias vinculadas con economía circular, impuestos ecológicos y normas ISO 14000, 26000 y 50001, relacionadas con medioambiente, responsabilidad social y energía.
No ha sido fácil. Guanajuato va en camino, pero todavía tiene mucho por hacer, sobre todo porque se trata de una población grande.
¿Qué debe hacer un país para atraer IED de forma sostenible?
—Lo primero son las políticas. Políticas de atracción de inversión, pero también de calidad, protección ambiental, seguridad, formación y competitividad.
Un país debe facilitar herramientas para que sus empresas puedan cumplir. Si necesitan una planta de tratamiento, debe facilitarla. Si necesitan personal especializado, debe adaptar el modelo educativo. Si esos perfiles no existen, el país pierde competitividad.
También hay que pensar en tecnología, información, inteligencia artificial, modernización e infraestructura digital. Si una empresa no tiene conectividad o herramientas digitales, pierde productividad.
En lo macroeconómico ocurre lo mismo. Un país debe preguntarse si tiene la infraestructura tecnológica, digital y educativa necesaria para recibir empresas que compiten globalmente. Ahí se juega buena parte de la atracción de inversión.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: