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Residuos sólidos en América Latina: se recolecta más, pero el valor sigue enterrado

La región avanza en recolección, pero el negocio del reciclaje aún no despega.
Braulio Palacios
09 de abril, 2026

Latinoamérica mejoró su cobertura de recolección, pero sigue gestionando buena parte de sus residuos sólidos con lógica de vertedero, no de economía circular. El informe What a Waste 3.0, del Banco Mundial, retrata una región que recoge bastante más de lo que aprovecha. El rezago, por tanto, ya no es solo sanitario: también implica valor enterradoempleo desaprovechado y espacio abierto para nuevos negocios.

Se recoge más, pero el sistema sigue diseñado para enterrar

Latinoamérica genera 249M de toneladas de residuos al año y promedia 1.05 kilos diarios por persona. El problema ya no pasa tanto por cuánto recoge, sino por lo que hace después con eso. La cobertura regional alcanza 86 %, pero el sistema todavía descansa en la disposición final, no en el aprovechamiento.

Dos tercios de los residuos terminan en rellenos sanitarios o controlados. Solo 6 % se recicla y apenas 0.3 % se composta o pasa por digestión anaerobia. La región recoge, sí, pero todavía recupera muy poco valor.

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Esa brecha importa porque casi la mitad del residuo regional es orgánico y la proporción de plástico ronda 15 %, la más alta entre regiones. Ahí hay materiales, energía potencial y cadenas de negocio que siguen subdesarrolladas.

Para el sector privado, la señal es clara: más relleno significa más costo de disposición y menos captura de valor. Menos entierro abre espacio para reciclajecompostajetrazabilidad, tratamiento y tecnología aplicada a la gestión.

Reciclaje y compostaje: la estructura existe, pero no escala

La lógica de vertedero no implica ausencia total de gestión. Implica, más bien, un sistema que actúa tarde y aprovecha poco. La región ya resolvió una parte de la recolección, pero todavía no convierte ese avance en una plataforma amplia de recuperación, transformación y mercado secundario de materiales.

El informe advierte que los sistemas formales de reciclaje apenas comienzan a tomar forma. De 39 ciudades analizadas, solo ocho tenían reciclaje y apenas dos compostaban. La estructura existe, pero todavía no escala.

A eso se suma otro freno: 14 % de los residuos ni siquiera se recolecta y 12 % aún termina en basurales. Ese doble rezago reduce escala, deteriora la calidad del material recuperable y encarece cualquier modelo serio de valorización.

Además, casi 80 % del residuo no recolectado que sí se autogestiona se quema a cielo abierto. El costo no es solo ambiental. También expresa ineficiencia operativa, pérdida de insumos y deterioro del entorno donde debería surgir mercado.

Guatemala y la brecha territorial: cobertura desigual, escala difícil

Guatemala entra con naturalidad en esta historia porque muestra una brecha que no es exclusiva del país: una capital con mejor cobertura y un territorio nacional mucho más rezagado. Esa diferencia complica la escala, frena la inversión y dificulta la construcción de cadenas estables de recuperación.

A nivel nacional, Guatemala aparece entre los países latinoamericanos con menos de 50 % de cobertura de recolección. Pero Ciudad de Guatemala reporta 93 % en 2021 entre las urbes seleccionadas. La distancia entre ambas cifras dice mucho.

La lectura de fondo es territorial. Donde la recolección no llega, tampoco despegan bien la separación, la logística de materiales ni los volúmenes que pueden volver atractivo un negocio de recuperación.

Para un decision maker, eso importa porque no todas las oportunidades del sector son país completo. Habrá mercados urbanos más maduros y otros que primero dependen de cerrar brechas básicas de servicio.

Balance: el mercado existe, pero está incompleto

El informe no presenta los residuos solo como un pasivo. Presenta, más bien, un mercado incompleto. La gestión de residuos ya mueve empleo, contratos, infraestructura y financiamiento; a escala global cuesta más de USD 250 000M al año y absorbe, en promedio, 6 % de los presupuestos municipales.

Ahí aparecen oportunidades en operación de plantas, clasificación, reciclaje, compostaje, captura de biogás, digitalización de rutas, cobro, trazabilidad y esquemas donde el capital privado entra si encuentra ingresos previsibles y reglas claras.

También hay una señal de fondo que conviene no perder de vista: el Banco Mundial estima 18 millones de trabajadores urbanos vinculados al sector. Pasar de vertedero a circularidad no solo ordena ciudades; también formaliza actividad y crea mercado.

Ming Zhang, director del Grupo Banco Mundial, lo resumió con una frase: los residuos son “una de las amenazas más subestimadas para nuestro futuro común”. En América Latina, esa amenaza también debería leerse como una oportunidad de negocio que sigue enterrada.

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Residuos sólidos en América Latina: se recolecta más, pero el valor sigue enterrado

La región avanza en recolección, pero el negocio del reciclaje aún no despega.
Braulio Palacios
09 de abril, 2026

Latinoamérica mejoró su cobertura de recolección, pero sigue gestionando buena parte de sus residuos sólidos con lógica de vertedero, no de economía circular. El informe What a Waste 3.0, del Banco Mundial, retrata una región que recoge bastante más de lo que aprovecha. El rezago, por tanto, ya no es solo sanitario: también implica valor enterradoempleo desaprovechado y espacio abierto para nuevos negocios.

Se recoge más, pero el sistema sigue diseñado para enterrar

Latinoamérica genera 249M de toneladas de residuos al año y promedia 1.05 kilos diarios por persona. El problema ya no pasa tanto por cuánto recoge, sino por lo que hace después con eso. La cobertura regional alcanza 86 %, pero el sistema todavía descansa en la disposición final, no en el aprovechamiento.

Dos tercios de los residuos terminan en rellenos sanitarios o controlados. Solo 6 % se recicla y apenas 0.3 % se composta o pasa por digestión anaerobia. La región recoge, sí, pero todavía recupera muy poco valor.

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Esa brecha importa porque casi la mitad del residuo regional es orgánico y la proporción de plástico ronda 15 %, la más alta entre regiones. Ahí hay materiales, energía potencial y cadenas de negocio que siguen subdesarrolladas.

Para el sector privado, la señal es clara: más relleno significa más costo de disposición y menos captura de valor. Menos entierro abre espacio para reciclajecompostajetrazabilidad, tratamiento y tecnología aplicada a la gestión.

Reciclaje y compostaje: la estructura existe, pero no escala

La lógica de vertedero no implica ausencia total de gestión. Implica, más bien, un sistema que actúa tarde y aprovecha poco. La región ya resolvió una parte de la recolección, pero todavía no convierte ese avance en una plataforma amplia de recuperación, transformación y mercado secundario de materiales.

El informe advierte que los sistemas formales de reciclaje apenas comienzan a tomar forma. De 39 ciudades analizadas, solo ocho tenían reciclaje y apenas dos compostaban. La estructura existe, pero todavía no escala.

A eso se suma otro freno: 14 % de los residuos ni siquiera se recolecta y 12 % aún termina en basurales. Ese doble rezago reduce escala, deteriora la calidad del material recuperable y encarece cualquier modelo serio de valorización.

Además, casi 80 % del residuo no recolectado que sí se autogestiona se quema a cielo abierto. El costo no es solo ambiental. También expresa ineficiencia operativa, pérdida de insumos y deterioro del entorno donde debería surgir mercado.

Guatemala y la brecha territorial: cobertura desigual, escala difícil

Guatemala entra con naturalidad en esta historia porque muestra una brecha que no es exclusiva del país: una capital con mejor cobertura y un territorio nacional mucho más rezagado. Esa diferencia complica la escala, frena la inversión y dificulta la construcción de cadenas estables de recuperación.

A nivel nacional, Guatemala aparece entre los países latinoamericanos con menos de 50 % de cobertura de recolección. Pero Ciudad de Guatemala reporta 93 % en 2021 entre las urbes seleccionadas. La distancia entre ambas cifras dice mucho.

La lectura de fondo es territorial. Donde la recolección no llega, tampoco despegan bien la separación, la logística de materiales ni los volúmenes que pueden volver atractivo un negocio de recuperación.

Para un decision maker, eso importa porque no todas las oportunidades del sector son país completo. Habrá mercados urbanos más maduros y otros que primero dependen de cerrar brechas básicas de servicio.

Balance: el mercado existe, pero está incompleto

El informe no presenta los residuos solo como un pasivo. Presenta, más bien, un mercado incompleto. La gestión de residuos ya mueve empleo, contratos, infraestructura y financiamiento; a escala global cuesta más de USD 250 000M al año y absorbe, en promedio, 6 % de los presupuestos municipales.

Ahí aparecen oportunidades en operación de plantas, clasificación, reciclaje, compostaje, captura de biogás, digitalización de rutas, cobro, trazabilidad y esquemas donde el capital privado entra si encuentra ingresos previsibles y reglas claras.

También hay una señal de fondo que conviene no perder de vista: el Banco Mundial estima 18 millones de trabajadores urbanos vinculados al sector. Pasar de vertedero a circularidad no solo ordena ciudades; también formaliza actividad y crea mercado.

Ming Zhang, director del Grupo Banco Mundial, lo resumió con una frase: los residuos son “una de las amenazas más subestimadas para nuestro futuro común”. En América Latina, esa amenaza también debería leerse como una oportunidad de negocio que sigue enterrada.

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