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“Queremos traer tecnologías brasileñas e invertir en startups agro de Guatemala”: Francisco Jardim

.
Ximena Fernández
30 de mayo, 2026

Francisco Jardim encuentra algo familiar en el agro guatemalteco: un país donde el sector pesa 30 % del PIB, con clima tropical y productores presionados por costos. El cofundador de SP Ventures, firma brasileña de capital de riesgo en AgFoodTech y ClimateTech, propone usar a Guatemala como plataforma para llevar tecnología agrícola brasileña a Mesoamérica y el Caribe. 

La apuesta combina joint ventures con empresas locales, transferencia desde Brasil y, en cinco años, inversión directa en emprendedores nacionales. Las piezas que pueden acelerar al campo guatemalteco son los insumos biológicos, la agricultura digital, AgFintech e inteligencia artificial. 

¿Qué oportunidades ve Brasil en el agro guatemalteco? 

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—Brasil no es un suceso natural. Hasta los años 70 éramos un país agrícola de baja productividad. El gobierno creó Embrapa —Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria—, que hoy tiene 46 centros de investigación, cada uno especializado en un tipo de cultivo. Con eso conseguimos tropicalizar la soja y llevar agricultura de alta productividad al centro del país, antes inhóspito para ese tipo de cultivo. 

Pasamos de ser deficitarios en alimento a generar proteína y calorías para 1000M de personas, con una población de 220M. Hoy Brasil es el player más importante para sostener los precios de commodities agrícolas del mundo. Fue un fenómeno de 50 años sostenido por inversión en ciencia innovadora, no por avanzar sobre la Amazonía. 

A partir de esa historia, vemos oportunidad en analizar otros países con agricultura de enorme potencial, donde podemos llevar estos aprendizajes para acelerar una nueva revolución agrícola de altísima productividad. La agricultura en países tropicales como Guatemala y Brasil tiene que ser regenerativa, con diversidad de cultivo: así se consigue resiliencia climática, mejor calidad del suelo y prevención de plagas. 

Lo que nos llamó la atención de Guatemala es el tamaño de la oportunidad: 30 % del PIB es agricultura y agronegocio, frente a 25 % en Brasil. Compartimos una característica: el agronegocio es el business central. El pensamiento común es que Brasil es potencia agrícola porque avanza en la Amazonía, pero lo que hizo Brasil fue una revolución científica. 

¿Qué necesita Guatemala para pasar de agricultura tradicional a una agroindustria más productiva? 

—Para que un productor salga de su zona de confort, hacen falta amenazas externas, y hoy tenemos dos latentes. La primera es el cambio climático, que solo va a acelerar: ya tenemos sequías e inundaciones cada vez más frecuentes. La segunda es la disrupción geopolítica. 

En Brasil, un productor gasta hasta 40 % en insumos y fertilizantes. En marzo, el precio de nitrogenados como urea y amoniaco subió 65 % por la guerra en Irán. En los últimos siete años, los choques entre geopolítica y supply chain se volvieron frecuentes: pandemia, guerra de Ucrania y Rusia, y ahora este conflicto. La percepción es que seguirá pasando. 

Al mismo tiempo, la inteligencia artificial acelera el desarrollo tecnológico. La agricultura vive tres disrupciones simultáneas: climática, geopolítica y tecnológica, íntimamente asociadas. El fertilizante sube y los precios de commodities están bajos, pero la IA ofrece soluciones que permiten mayor productividad en el campo. 

Brasil es hoy un centro avanzado de desarrollo, implementación y validación tecnológica. Al ver emprendedores tecnológicos brasileños ocupando espacio, vemos en Guatemala una oportunidad, no solo para traer tecnologías, sino a largo plazo para estimular el emprendimiento agrícola-tecnológico local. En los próximos cinco años queremos invertir en emprendedores tecnológicos de Guatemala. 

.

¿Cómo acercar la tecnología a productores acostumbrados a métodos tradicionales? 

—Tuvimos el mismo desafío en Brasil. Cuando empezamos a invertir, se creía en un productor conservador, que no adoptaría tecnología. Pero descubrimos que sí la adopta: genética, química y automatización de maquinaria. Lo que requiere son vectores que traigan más innovación, y las startups son las mayores creadoras y diseminadoras. 

La velocidad del cambio tecnológico y la necesidad de innovación, no solo tecnológica sino en modelos de negocios, volvió a las startups más eficientes que las grandes empresas. Hoy, al buscar innovación, volteamos a ver a las pequeñas empresas que desarrollan nuevas tecnologías con IA. Guatemala debería hacer lo mismo. 

En Brasil trabajamos por distintos canales: partnerships con universidades y distribución de insumos digitales. Los servicios tecnológicos se volvieron clave para vender fertilizantes, semillas y químicos con valor agregado. Otro factor crítico fue WhatsApp: en 2020, 23 % de los productores compraba por esa aplicación; hoy es el 70 %. 

También trabajamos con grandes empresas que operan una cadena. En el café, por ejemplo, las industrias tienen una cadena de productores y, a través del dueño de la cadena, se exige u ofrece a sus suppliers. Esa estructura acelera la adopción tecnológica en la cadena productiva. 

¿Qué papel debe jugar el sector público para promover la innovación agrícola? 

—Contamos con inversiones públicas, principalmente al inicio. Hoy el 90 % del capital viene del sector privado, pero cuando empezamos, el sector público fue catalizador importante. Debería invertir en startups de tecnología agro y ofrecer líneas de financiamiento agrícola para adopción preferencial de prácticas sustentables. En Brasil se impulsa el financiamiento con tasas más bajas, solo si se sustituye un químico por un biológico. 

El ambiente regulatorio también es crítico. Aprobar la venta de un nuevo insumo biológico solía tardar entre cuatro y cinco años, porque el Ministerio de Agricultura no tenía un equipo especializado que entendiera el uso biológico. Intervino una regulación equivalente al USDA EPA en EE. UU. para que la aprobación de nuevas biotecnologías fuera más rápida. 

Con un ambiente de financiamiento y regulación pro innovación, el sector agro puede crecer. Eso es lo que el sector público debería promover. Además, no debe entrometerse: más que ayudar, no tiene que entrometerse. 

¿Cuáles son los primeros pasos para atraer emprendimientos agrotecnológicos al mercado guatemalteco? 

—Queremos encontrar empresas locales con las que hacer joint ventures y partnerships con empresas invertidas desde Brasil, Argentina o México. El primer paso es lograr esas fusiones entre empresas de allá y de aquí. Las brasileñas, argentinas o mexicanas traerían tecnología, conocimiento y experiencia; las guatemaltecas proveerían acceso al mercado. 

Con eso dejamos de pensar en Guatemala solo como mercado fin, y empezamos a verla como base para exportar tecnología a otros mercados. Guatemala es una base increíble en la región, principalmente por la masa crítica de talento humano y campo. 

.

¿Buscan convertir a Guatemala en base regional para exportar tecnología agrícola? 

—Exportar tecnología agrícola hacia Mesoamérica y el Caribe a través de Brasil es muy difícil. Si conseguimos tener un landing de esas tecnologías en Guatemala y desde ahí exportar a la región, es un camino mucho más eficaz. Esa es una oportunidad concreta para conectar innovación agrícola brasileña con mercados de Mesoamérica y el Caribe desde Guatemala. 

¿Qué tecnologías agrícolas podría exportar Guatemala junto a la experiencia brasileña? 

—Insumos biológicos, tecnologías de agricultura digital —que incluyen soluciones de nube y Cloud Computing—, y hardware como estaciones meteorológicas y sensores de suelo. También AgFintech, soluciones de tecnología financiera que permiten mantener un crédito que fluye, competitivo e inclusivo. Es un modelo en el que invertimos en Brasil y México, y que ahora queremos desarrollar en Guatemala. 

AgFintech trata préstamos y seguros tradicionales al agro, pero con nuevas innovaciones tecnológicas y modelos de negocio para proliferar, mesurar el riesgo y mejorar la distribución del crédito. Además está la IA: nunca se había visto una tecnología llegar tan rápido y con tanta fuerza transformacional al campo. 

¿Qué enseñanzas de Brasil pueden aplicar hoy los agricultores guatemaltecos? 

—Una primera recomendación es el mercado de insumo biológico, porque en Brasil es un mercado extremadamente validado y ya tiene un valor de más de USD 1000M. Los grandes usuarios son los productores más grandes y eficientes. Con la guerra y los choques ecológicos, los precios de insumos son variables y altos, y los productores necesitan seguridad para manejar sus precios y sus forecast. 

Brasil tiene una cadena de producción de insumo biológico que no depende del petróleo ni del dólar. Producimos en calidad eficiente y vendemos a las mejores empresas de insumo agrícola químico del mundo. El insumo biológico es un primer paso muy garantizado para reducir el costo de insumo, manejar con mejor previsibilidad y tener efficiency gains de medio y largo plazo. 

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“Queremos traer tecnologías brasileñas e invertir en startups agro de Guatemala”: Francisco Jardim

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Ximena Fernández
30 de mayo, 2026

Francisco Jardim encuentra algo familiar en el agro guatemalteco: un país donde el sector pesa 30 % del PIB, con clima tropical y productores presionados por costos. El cofundador de SP Ventures, firma brasileña de capital de riesgo en AgFoodTech y ClimateTech, propone usar a Guatemala como plataforma para llevar tecnología agrícola brasileña a Mesoamérica y el Caribe. 

La apuesta combina joint ventures con empresas locales, transferencia desde Brasil y, en cinco años, inversión directa en emprendedores nacionales. Las piezas que pueden acelerar al campo guatemalteco son los insumos biológicos, la agricultura digital, AgFintech e inteligencia artificial. 

¿Qué oportunidades ve Brasil en el agro guatemalteco? 

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—Brasil no es un suceso natural. Hasta los años 70 éramos un país agrícola de baja productividad. El gobierno creó Embrapa —Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria—, que hoy tiene 46 centros de investigación, cada uno especializado en un tipo de cultivo. Con eso conseguimos tropicalizar la soja y llevar agricultura de alta productividad al centro del país, antes inhóspito para ese tipo de cultivo. 

Pasamos de ser deficitarios en alimento a generar proteína y calorías para 1000M de personas, con una población de 220M. Hoy Brasil es el player más importante para sostener los precios de commodities agrícolas del mundo. Fue un fenómeno de 50 años sostenido por inversión en ciencia innovadora, no por avanzar sobre la Amazonía. 

A partir de esa historia, vemos oportunidad en analizar otros países con agricultura de enorme potencial, donde podemos llevar estos aprendizajes para acelerar una nueva revolución agrícola de altísima productividad. La agricultura en países tropicales como Guatemala y Brasil tiene que ser regenerativa, con diversidad de cultivo: así se consigue resiliencia climática, mejor calidad del suelo y prevención de plagas. 

Lo que nos llamó la atención de Guatemala es el tamaño de la oportunidad: 30 % del PIB es agricultura y agronegocio, frente a 25 % en Brasil. Compartimos una característica: el agronegocio es el business central. El pensamiento común es que Brasil es potencia agrícola porque avanza en la Amazonía, pero lo que hizo Brasil fue una revolución científica. 

¿Qué necesita Guatemala para pasar de agricultura tradicional a una agroindustria más productiva? 

—Para que un productor salga de su zona de confort, hacen falta amenazas externas, y hoy tenemos dos latentes. La primera es el cambio climático, que solo va a acelerar: ya tenemos sequías e inundaciones cada vez más frecuentes. La segunda es la disrupción geopolítica. 

En Brasil, un productor gasta hasta 40 % en insumos y fertilizantes. En marzo, el precio de nitrogenados como urea y amoniaco subió 65 % por la guerra en Irán. En los últimos siete años, los choques entre geopolítica y supply chain se volvieron frecuentes: pandemia, guerra de Ucrania y Rusia, y ahora este conflicto. La percepción es que seguirá pasando. 

Al mismo tiempo, la inteligencia artificial acelera el desarrollo tecnológico. La agricultura vive tres disrupciones simultáneas: climática, geopolítica y tecnológica, íntimamente asociadas. El fertilizante sube y los precios de commodities están bajos, pero la IA ofrece soluciones que permiten mayor productividad en el campo. 

Brasil es hoy un centro avanzado de desarrollo, implementación y validación tecnológica. Al ver emprendedores tecnológicos brasileños ocupando espacio, vemos en Guatemala una oportunidad, no solo para traer tecnologías, sino a largo plazo para estimular el emprendimiento agrícola-tecnológico local. En los próximos cinco años queremos invertir en emprendedores tecnológicos de Guatemala. 

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¿Cómo acercar la tecnología a productores acostumbrados a métodos tradicionales? 

—Tuvimos el mismo desafío en Brasil. Cuando empezamos a invertir, se creía en un productor conservador, que no adoptaría tecnología. Pero descubrimos que sí la adopta: genética, química y automatización de maquinaria. Lo que requiere son vectores que traigan más innovación, y las startups son las mayores creadoras y diseminadoras. 

La velocidad del cambio tecnológico y la necesidad de innovación, no solo tecnológica sino en modelos de negocios, volvió a las startups más eficientes que las grandes empresas. Hoy, al buscar innovación, volteamos a ver a las pequeñas empresas que desarrollan nuevas tecnologías con IA. Guatemala debería hacer lo mismo. 

En Brasil trabajamos por distintos canales: partnerships con universidades y distribución de insumos digitales. Los servicios tecnológicos se volvieron clave para vender fertilizantes, semillas y químicos con valor agregado. Otro factor crítico fue WhatsApp: en 2020, 23 % de los productores compraba por esa aplicación; hoy es el 70 %. 

También trabajamos con grandes empresas que operan una cadena. En el café, por ejemplo, las industrias tienen una cadena de productores y, a través del dueño de la cadena, se exige u ofrece a sus suppliers. Esa estructura acelera la adopción tecnológica en la cadena productiva. 

¿Qué papel debe jugar el sector público para promover la innovación agrícola? 

—Contamos con inversiones públicas, principalmente al inicio. Hoy el 90 % del capital viene del sector privado, pero cuando empezamos, el sector público fue catalizador importante. Debería invertir en startups de tecnología agro y ofrecer líneas de financiamiento agrícola para adopción preferencial de prácticas sustentables. En Brasil se impulsa el financiamiento con tasas más bajas, solo si se sustituye un químico por un biológico. 

El ambiente regulatorio también es crítico. Aprobar la venta de un nuevo insumo biológico solía tardar entre cuatro y cinco años, porque el Ministerio de Agricultura no tenía un equipo especializado que entendiera el uso biológico. Intervino una regulación equivalente al USDA EPA en EE. UU. para que la aprobación de nuevas biotecnologías fuera más rápida. 

Con un ambiente de financiamiento y regulación pro innovación, el sector agro puede crecer. Eso es lo que el sector público debería promover. Además, no debe entrometerse: más que ayudar, no tiene que entrometerse. 

¿Cuáles son los primeros pasos para atraer emprendimientos agrotecnológicos al mercado guatemalteco? 

—Queremos encontrar empresas locales con las que hacer joint ventures y partnerships con empresas invertidas desde Brasil, Argentina o México. El primer paso es lograr esas fusiones entre empresas de allá y de aquí. Las brasileñas, argentinas o mexicanas traerían tecnología, conocimiento y experiencia; las guatemaltecas proveerían acceso al mercado. 

Con eso dejamos de pensar en Guatemala solo como mercado fin, y empezamos a verla como base para exportar tecnología a otros mercados. Guatemala es una base increíble en la región, principalmente por la masa crítica de talento humano y campo. 

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¿Buscan convertir a Guatemala en base regional para exportar tecnología agrícola? 

—Exportar tecnología agrícola hacia Mesoamérica y el Caribe a través de Brasil es muy difícil. Si conseguimos tener un landing de esas tecnologías en Guatemala y desde ahí exportar a la región, es un camino mucho más eficaz. Esa es una oportunidad concreta para conectar innovación agrícola brasileña con mercados de Mesoamérica y el Caribe desde Guatemala. 

¿Qué tecnologías agrícolas podría exportar Guatemala junto a la experiencia brasileña? 

—Insumos biológicos, tecnologías de agricultura digital —que incluyen soluciones de nube y Cloud Computing—, y hardware como estaciones meteorológicas y sensores de suelo. También AgFintech, soluciones de tecnología financiera que permiten mantener un crédito que fluye, competitivo e inclusivo. Es un modelo en el que invertimos en Brasil y México, y que ahora queremos desarrollar en Guatemala. 

AgFintech trata préstamos y seguros tradicionales al agro, pero con nuevas innovaciones tecnológicas y modelos de negocio para proliferar, mesurar el riesgo y mejorar la distribución del crédito. Además está la IA: nunca se había visto una tecnología llegar tan rápido y con tanta fuerza transformacional al campo. 

¿Qué enseñanzas de Brasil pueden aplicar hoy los agricultores guatemaltecos? 

—Una primera recomendación es el mercado de insumo biológico, porque en Brasil es un mercado extremadamente validado y ya tiene un valor de más de USD 1000M. Los grandes usuarios son los productores más grandes y eficientes. Con la guerra y los choques ecológicos, los precios de insumos son variables y altos, y los productores necesitan seguridad para manejar sus precios y sus forecast. 

Brasil tiene una cadena de producción de insumo biológico que no depende del petróleo ni del dólar. Producimos en calidad eficiente y vendemos a las mejores empresas de insumo agrícola químico del mundo. El insumo biológico es un primer paso muy garantizado para reducir el costo de insumo, manejar con mejor previsibilidad y tener efficiency gains de medio y largo plazo. 

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