Patrick Wilson: “Deberían duplicar la cantidad de ingenieros para atraer la industria de semiconductores”
Patrick Wilson propone duplicar la formación de ingenieros para que Guatemala aproveche las oportunidades de la industria de semiconductores.
Una fábrica de chips puede costar cinco veces más que una planta automotriz, pero Guatemala no necesita una inversión de esa magnitud para participar en la industria de semiconductores, según Patrick Wilson, el representante del Consejo Empresarial Estados Unidos-Taiwán.
Wilson considera que el país tiene oportunidades para competir, aunque el capital humano será determinante. Propone duplicar la formación de ingenieros, mejorar el clima de inversión y ampliar la transferencia tecnológica mediante la colaboración con Taiwán.
¿Por qué Guatemala puede ser importante para el tema de los semiconductores?
—Hace apenas cinco años, éramos una industria de USD 500 000M en EE. UU.
Hoy somos una industria de USD 1.5B. El ritmo de crecimiento es enorme. Esto representa una gran oportunidad para Guatemala porque el pastel está creciendo y su porción también puede aumentar.
¿Por qué Guatemala es estratégica y qué condiciones tiene para desarrollar esta tecnología?
—Lo primero es que tiene que ver con el papel que desempeña actualmente Guatemala en la industria de semiconductores y las razones por las que puede competir con sus aliados.
No estoy aquí para involucrarme en la política guatemalteca, pero sé que las decisiones de inversión y de asignación de capital dependen de la transparencia, el Estado de derecho y, sobre todo, la previsibilidad.
Guatemala ha experimentado reformas durante los últimos diez años. Era un lugar que generaba desconfianza y existía incertidumbre para las empresas intensivas en capital, como las de la industria de semiconductores.
No obstante, en años recientes, Guatemala ha avanzado enormemente en la mejora del entorno empresarial, las libertades políticas, la transparencia y el Estado de derecho. Todos estos elementos son sumamente importantes. Guatemala ha logrado posicionarse en una categoría superior como destino de inversión porque ha trabajado para conseguirlo.
Y quiero ir un paso más allá: esa es precisamente la razón por la que la relación con Taiwán es tan importante, porque Taiwán hizo exactamente lo mismo. Hace 35 años, Taiwán era un país corrupto. La corrupción estaba generalizada y no había transparencia.
Nadie quería invertir en Taiwán. Entonces, Taiwán comenzó a construir sistemáticamente un marco jurídico que promoviera la honestidad, la supervisión, la protección de quienes denuncian irregularidades y una cultura de confianza. Y Taiwán fue el mayor beneficiado.
Si hablas con cualquier taiwanés te dirá: “Somos más ricos, más libres y tenemos más éxito porque hicimos todos esos cambios para convertir nuestro país en un mejor lugar para trabajar, vivir e invertir”. Ha sido un éxito.
Lo positivo de la amistad entre Taiwán y Guatemala es que ambos trabajan por los mismos grandes objetivos: crear condiciones que hagan posible la inversión.
Pero, ¿por qué Guatemala no puede tener una fábrica de chips?
Es la misma pregunta que hacen todos los líderes políticos. Todos quieren tener fábricas de semiconductores. Y no me río por maldad, sino porque se trata de la inversión de capital más atractiva del mundo. No hay nada más costoso.
Para ponerlo en perspectiva, una planta de fabricación de chips como la que TSMC inauguró el año pasado en Arizona equivale aproximadamente a cinco fábricas de automóviles. Solo una de esas fábricas cuesta alrededor de USD 1500M. Una planta de chips cuesta unas cinco veces y media esa cantidad, y con cada nueva generación tecnológica se vuelve más cara.
Entonces, si te diera USD 10 000B y buscaras en el mapa en dónde instalar un activo extremadamente costoso, que requiere infraestructura y miles de trabajadores altamente calificados, encontrarías que solo unas pocas jurisdicciones en el mundo pueden atraer una inversión de esa magnitud.
Trabajo en Washington D. C., y aún así, es difícil decir que la gran mayoría de los estados tampoco conseguirán una fábrica de chips, exactamente por las mismas razones que Guatemala. No se trata de algo negativo para Guatemala. Simplemente, 40 de los 50 estados nunca tendrán una planta de fabricación de chips porque deben reunir las condiciones adecuadas para hacerlo posible.
La buena noticia es que la industria de semiconductores es enormemente diversa y necesita miles de componentes. Eso es lo que tanto me entusiasma de la hoja de ruta que está construyendo Guatemala, especialmente porque uno de los dos elementos más importantes es el talento.
Esto significa formar ingenieros guatemaltecos que puedan trabajar para empresas como la tuya, diseñar chips y participar en todas las demás actividades relacionadas. La fabricación de componentes microelectrónicos requiere muchísimas etapas, y muchas de ellas se realizan en distintas partes del mundo, según donde existan mejores capacidades. Se necesita la participación de muchas personas para desarrollar estos dispositivos de inteligencia artificial tan complejos.
Y creo que Guatemala podría desempeñar un papel en esa industria. Si se concentra en objetivos alcanzables, conseguirá resultados.
Volviendo al ejemplo de Taiwán, hace 40 años era un territorio rezagado en Asia. Era uno de los países más pobres. Fabricaba productos de muy poca relevancia tecnológica. Pero a lo largo de 35 años se transformó en el ecosistema tecnológico más avanzado del mundo. No simplemente uno bueno o uno que funciona bien, sino del que depende EE. UU.
Todos los dispositivos dependen de Taiwán, incluso los de las empresas estadounidenses.
Por eso, para mí es fácil representar a una alianza empresarial estadounidense. Alguien podría preguntar: “¿Por qué les importa Guatemala o Taiwán?”. Nos importa porque el éxito de Taiwán es importante para todas las empresas estadounidenses y para su propio éxito.
¿Cómo ayuda a Guatemala su relación política con Taiwán frente a Latinoamérica?
—Todos quieren establecer relaciones basadas en la amistad. Es mucho mejor trabajar con amigos que hacerlo por obligación. Más de alguna vez, a todos nos ha tocado trabajar con alguien que no nos agrada o con quien no compartimos valores.
Y lo lamentable para la República Popular China es que sus relaciones siempre se basan en la intimidación, la coerción, las amenazas o en presionar a las personas para que cedan.
Cuando vas a hacer negocios con otras personas, elegirás a alguien con quien compartas una cultura y una forma de pensar. Esa es la esencia de todos los negocios.
Sí, existen acuerdos comerciales en los que tienes que hacer negocios con alguien que realmente no te agrada, pero nadie prefiere esa situación.
Las personas prefieren hacer negocios con un verdadero socio, alguien con quien no tengas que preocuparte por cada detalle del contrato porque piensas: “Lo conozco y, si tengo un problema, voy a hablar con mi amigo y lo resolveremos”.
Solo en aquellos acuerdos en los que no existe confianza, en los que te preocupas mucho por los detalles del contrato.
Esos acuerdos son menos deseables. Y creo que la gran ventaja de Guatemala es que la situación sería distinta si Taiwán no fuera el actor tecnológico más importante del mundo y si no hubiera atravesado antes un proceso similar al nuestro. Creo que esa es la verdadera ventaja.
Y sin querer entrar demasiado en política, ¿China realmente quiere convertir a Guatemala en una democracia más exitosa? No creen en la democracia. Ni siquiera creen en ella para su propio país. Quieren ganar dinero. Quieren captar una mayor participación de mercado. Quieren vender más productos a Guatemala, pero no piensan en mejorar las condiciones internas del país de la misma manera que Taiwán lo hace cuando dice: “Queremos que se unan a nosotros y que sigan avanzando hasta convertirse en una democracia liberal exitosa”.
Considerando todos estos factores desde una perspectiva empresarial, creo que lo que se busca es aprovechar las ventajas propias para atender mejor a los clientes.
¿Qué debe priorizar Guatemala para desarrollar su industria de semiconductores?
—Guatemala tendrá que desarrollar proyectos. Eso fue exactamente lo que hizo Taiwán: asumir proyectos que otras personas no querían realizar.
El desafío de Guatemala es que no solo compite con México y Costa Rica, que son países comparables, sino también con otras jurisdicciones, Bangladesh, India y Vietnam, que también quieren participar en la industria de semiconductores.
Por lo tanto, la realidad política exige encontrar maneras de facilitar la colaboración y hacer que invertir sea más sencillo.
Por eso es tan importante mejorar el clima de negocios, porque lo que le estás diciendo a un inversionista es: “Podrías trabajar con cualquiera, pero elígeme a mí”.
Lo que le interesa a la comunidad empresarial es que Guatemala invierta en su gente para formar más ingenieros.
Deberían duplicar la cantidad de ingenieros que se forman aquí para atraer la industria de semiconductores. Y uno de los mejores ejemplos de lo que se puede lograr, que representa un éxito enorme y que no he visto en ningún otro país comparable con Guatemala: la colaboración que los gobiernos de Taiwán y Guatemala tienen con TSMC para permitir que estudiantes guatemaltecos diseñen aquí un chip destinado a utilizarse en el país y que luego sea fabricado en Taiwán, exactamente como lo hacen las empresas más importantes del mundo.
Y ese hito que alcanzó Guatemala es la semilla del éxito económico que puede conseguir el Gobierno: hacer mucho más de eso.
Enviar a más estudiantes. A lo largo de los años ya hemos tenido a cientos de guatemaltecos que han viajado a Taiwán para estudiar, trabajar y realizar prácticas profesionales. Necesitamos muchos más.
Si yo estuviera en el Gobierno, les diría que destinen más recursos a esos programas porque lo que se necesita es lograr la mayor transferencia posible de conocimientos tecnológicos hacia el país para impulsar el crecimiento de otras empresas.
Patrick Wilson: “Deberían duplicar la cantidad de ingenieros para atraer la industria de semiconductores”
Patrick Wilson propone duplicar la formación de ingenieros para que Guatemala aproveche las oportunidades de la industria de semiconductores.
Una fábrica de chips puede costar cinco veces más que una planta automotriz, pero Guatemala no necesita una inversión de esa magnitud para participar en la industria de semiconductores, según Patrick Wilson, el representante del Consejo Empresarial Estados Unidos-Taiwán.
Wilson considera que el país tiene oportunidades para competir, aunque el capital humano será determinante. Propone duplicar la formación de ingenieros, mejorar el clima de inversión y ampliar la transferencia tecnológica mediante la colaboración con Taiwán.
¿Por qué Guatemala puede ser importante para el tema de los semiconductores?
—Hace apenas cinco años, éramos una industria de USD 500 000M en EE. UU.
Hoy somos una industria de USD 1.5B. El ritmo de crecimiento es enorme. Esto representa una gran oportunidad para Guatemala porque el pastel está creciendo y su porción también puede aumentar.
¿Por qué Guatemala es estratégica y qué condiciones tiene para desarrollar esta tecnología?
—Lo primero es que tiene que ver con el papel que desempeña actualmente Guatemala en la industria de semiconductores y las razones por las que puede competir con sus aliados.
No estoy aquí para involucrarme en la política guatemalteca, pero sé que las decisiones de inversión y de asignación de capital dependen de la transparencia, el Estado de derecho y, sobre todo, la previsibilidad.
Guatemala ha experimentado reformas durante los últimos diez años. Era un lugar que generaba desconfianza y existía incertidumbre para las empresas intensivas en capital, como las de la industria de semiconductores.
No obstante, en años recientes, Guatemala ha avanzado enormemente en la mejora del entorno empresarial, las libertades políticas, la transparencia y el Estado de derecho. Todos estos elementos son sumamente importantes. Guatemala ha logrado posicionarse en una categoría superior como destino de inversión porque ha trabajado para conseguirlo.
Y quiero ir un paso más allá: esa es precisamente la razón por la que la relación con Taiwán es tan importante, porque Taiwán hizo exactamente lo mismo. Hace 35 años, Taiwán era un país corrupto. La corrupción estaba generalizada y no había transparencia.
Nadie quería invertir en Taiwán. Entonces, Taiwán comenzó a construir sistemáticamente un marco jurídico que promoviera la honestidad, la supervisión, la protección de quienes denuncian irregularidades y una cultura de confianza. Y Taiwán fue el mayor beneficiado.
Si hablas con cualquier taiwanés te dirá: “Somos más ricos, más libres y tenemos más éxito porque hicimos todos esos cambios para convertir nuestro país en un mejor lugar para trabajar, vivir e invertir”. Ha sido un éxito.
Lo positivo de la amistad entre Taiwán y Guatemala es que ambos trabajan por los mismos grandes objetivos: crear condiciones que hagan posible la inversión.
Pero, ¿por qué Guatemala no puede tener una fábrica de chips?
Es la misma pregunta que hacen todos los líderes políticos. Todos quieren tener fábricas de semiconductores. Y no me río por maldad, sino porque se trata de la inversión de capital más atractiva del mundo. No hay nada más costoso.
Para ponerlo en perspectiva, una planta de fabricación de chips como la que TSMC inauguró el año pasado en Arizona equivale aproximadamente a cinco fábricas de automóviles. Solo una de esas fábricas cuesta alrededor de USD 1500M. Una planta de chips cuesta unas cinco veces y media esa cantidad, y con cada nueva generación tecnológica se vuelve más cara.
Entonces, si te diera USD 10 000B y buscaras en el mapa en dónde instalar un activo extremadamente costoso, que requiere infraestructura y miles de trabajadores altamente calificados, encontrarías que solo unas pocas jurisdicciones en el mundo pueden atraer una inversión de esa magnitud.
Trabajo en Washington D. C., y aún así, es difícil decir que la gran mayoría de los estados tampoco conseguirán una fábrica de chips, exactamente por las mismas razones que Guatemala. No se trata de algo negativo para Guatemala. Simplemente, 40 de los 50 estados nunca tendrán una planta de fabricación de chips porque deben reunir las condiciones adecuadas para hacerlo posible.
La buena noticia es que la industria de semiconductores es enormemente diversa y necesita miles de componentes. Eso es lo que tanto me entusiasma de la hoja de ruta que está construyendo Guatemala, especialmente porque uno de los dos elementos más importantes es el talento.
Esto significa formar ingenieros guatemaltecos que puedan trabajar para empresas como la tuya, diseñar chips y participar en todas las demás actividades relacionadas. La fabricación de componentes microelectrónicos requiere muchísimas etapas, y muchas de ellas se realizan en distintas partes del mundo, según donde existan mejores capacidades. Se necesita la participación de muchas personas para desarrollar estos dispositivos de inteligencia artificial tan complejos.
Y creo que Guatemala podría desempeñar un papel en esa industria. Si se concentra en objetivos alcanzables, conseguirá resultados.
Volviendo al ejemplo de Taiwán, hace 40 años era un territorio rezagado en Asia. Era uno de los países más pobres. Fabricaba productos de muy poca relevancia tecnológica. Pero a lo largo de 35 años se transformó en el ecosistema tecnológico más avanzado del mundo. No simplemente uno bueno o uno que funciona bien, sino del que depende EE. UU.
Todos los dispositivos dependen de Taiwán, incluso los de las empresas estadounidenses.
Por eso, para mí es fácil representar a una alianza empresarial estadounidense. Alguien podría preguntar: “¿Por qué les importa Guatemala o Taiwán?”. Nos importa porque el éxito de Taiwán es importante para todas las empresas estadounidenses y para su propio éxito.
¿Cómo ayuda a Guatemala su relación política con Taiwán frente a Latinoamérica?
—Todos quieren establecer relaciones basadas en la amistad. Es mucho mejor trabajar con amigos que hacerlo por obligación. Más de alguna vez, a todos nos ha tocado trabajar con alguien que no nos agrada o con quien no compartimos valores.
Y lo lamentable para la República Popular China es que sus relaciones siempre se basan en la intimidación, la coerción, las amenazas o en presionar a las personas para que cedan.
Cuando vas a hacer negocios con otras personas, elegirás a alguien con quien compartas una cultura y una forma de pensar. Esa es la esencia de todos los negocios.
Sí, existen acuerdos comerciales en los que tienes que hacer negocios con alguien que realmente no te agrada, pero nadie prefiere esa situación.
Las personas prefieren hacer negocios con un verdadero socio, alguien con quien no tengas que preocuparte por cada detalle del contrato porque piensas: “Lo conozco y, si tengo un problema, voy a hablar con mi amigo y lo resolveremos”.
Solo en aquellos acuerdos en los que no existe confianza, en los que te preocupas mucho por los detalles del contrato.
Esos acuerdos son menos deseables. Y creo que la gran ventaja de Guatemala es que la situación sería distinta si Taiwán no fuera el actor tecnológico más importante del mundo y si no hubiera atravesado antes un proceso similar al nuestro. Creo que esa es la verdadera ventaja.
Y sin querer entrar demasiado en política, ¿China realmente quiere convertir a Guatemala en una democracia más exitosa? No creen en la democracia. Ni siquiera creen en ella para su propio país. Quieren ganar dinero. Quieren captar una mayor participación de mercado. Quieren vender más productos a Guatemala, pero no piensan en mejorar las condiciones internas del país de la misma manera que Taiwán lo hace cuando dice: “Queremos que se unan a nosotros y que sigan avanzando hasta convertirse en una democracia liberal exitosa”.
Considerando todos estos factores desde una perspectiva empresarial, creo que lo que se busca es aprovechar las ventajas propias para atender mejor a los clientes.
¿Qué debe priorizar Guatemala para desarrollar su industria de semiconductores?
—Guatemala tendrá que desarrollar proyectos. Eso fue exactamente lo que hizo Taiwán: asumir proyectos que otras personas no querían realizar.
El desafío de Guatemala es que no solo compite con México y Costa Rica, que son países comparables, sino también con otras jurisdicciones, Bangladesh, India y Vietnam, que también quieren participar en la industria de semiconductores.
Por lo tanto, la realidad política exige encontrar maneras de facilitar la colaboración y hacer que invertir sea más sencillo.
Por eso es tan importante mejorar el clima de negocios, porque lo que le estás diciendo a un inversionista es: “Podrías trabajar con cualquiera, pero elígeme a mí”.
Lo que le interesa a la comunidad empresarial es que Guatemala invierta en su gente para formar más ingenieros.
Deberían duplicar la cantidad de ingenieros que se forman aquí para atraer la industria de semiconductores. Y uno de los mejores ejemplos de lo que se puede lograr, que representa un éxito enorme y que no he visto en ningún otro país comparable con Guatemala: la colaboración que los gobiernos de Taiwán y Guatemala tienen con TSMC para permitir que estudiantes guatemaltecos diseñen aquí un chip destinado a utilizarse en el país y que luego sea fabricado en Taiwán, exactamente como lo hacen las empresas más importantes del mundo.
Y ese hito que alcanzó Guatemala es la semilla del éxito económico que puede conseguir el Gobierno: hacer mucho más de eso.
Enviar a más estudiantes. A lo largo de los años ya hemos tenido a cientos de guatemaltecos que han viajado a Taiwán para estudiar, trabajar y realizar prácticas profesionales. Necesitamos muchos más.
Si yo estuviera en el Gobierno, les diría que destinen más recursos a esos programas porque lo que se necesita es lograr la mayor transferencia posible de conocimientos tecnológicos hacia el país para impulsar el crecimiento de otras empresas.
